miércoles, 2 de marzo de 2016

ANDREW BLAQUE, LA SALUD MENTAL DEL PAÍS A CARGO DE UN PERVERSO

El audio de la reunión de Andrew Blake y su asistente con el personal que decide "discontinuar" de la Dirección Nacional de Salud Mental es todo un testimonio de época.
En un país en el que se produjo un genocidio hace cuatro décadas, se agregó una Guerra de Malvinas  que vino a proyectar en el tiempo la liquidación de nuevas generaciones, se le sumo un proceso de destrucción productiva y desempleo que derivó en la ruptura de los lazos sociales y familiares más básicos, el Director Nacional de Salud Mental considera que contar con 600 profesionales en su repartición es "un exceso de personal".
Esto implica al menos tres cuestiones:
- El funcionario cree que su Dirección no tiene que hacer nada respecto a estas referencias históricas, sociales y de deterioro de la salud mental colectiva e iindividual que motivaron la ampliación de la planta de esa dirección.
- Considera que su dirección tiene que dedicarse a tareas "superestructurales" y no a tareas "de infraestructura" como las de ir a barrios y provincias más afectadas por el Terrorismo de Estado y el desguace neoliberal. 

- Es y se muestra tan bruto como para reconocer de modo explícito que quiere de este modo convertir a su oficina en "superestructura", es decir un espacio burocrático sin más incidencia santaria que la de emitir informes, memorandums mientras sigue rastreando personal a echar y toma algunos borócratas propios para relleno. La contracara de esa poca profesionalidad es llamar "infraestructura" al trabajo en espacios sociales marginados. Por supuesto, decir las cosas claramente: "desguace" de la Dirección de Salud Mental, resonaría con el eco de otros desguaces y desgracias colectivas cuyos efectos aún estamos tratando de restañar.
- Comunica a los compañeros echados que inicialmente tenía otra perspectiva: trasladar a provincias y gobiernos locales las funciones que el personal realizaba, ¿cuando provincias y municipios están siendo ahogados por el gobinerno nacional? Con la misma bohonomía les dice que como eso no funcionó los rajan sin haber revisado sus expedientes ni controlado la actividad de cada uno.
- Por si faltaba algo que agrave lo que sucede, esta discusión se produce a seis años de vigencia de la Ley nacional de salud mental n° 26.657, instrumento por el cual un estado presente comenzaba a hacerse cargo de desmantelar el aparato manicomial y a responsabilizarse de los males que habían producido décadas de gestiones anteriores. Como otros funcionarios, Blake viene a destruir el marco legal del espacio institucional que toma a su cargo.
En estos tiempos de retorno del relativismo neoliberal, alguien podría decir que es lo esperable de un funcionario del PRO y que no hay por qué sorprenderse ni se comprendería por qué, los compañeros se resienten y mortifican por el trato que reciben, las actividades que se eliminan, las personas que dejan de recibir atención.
No es mi caso. 

Hay algo que diferencia a los trabajadores que discuten y el funcionario y su asistente. 
Los compañeros saben que sus argumentos deben estar del lado de la salud mental, es decir, conformes a criterios de verdad, de responsabilidad social, de ejercicio profesional y por lo tanto no pueden ponerse del lado del cinismo. 
Al contrario, buscan argumentos, se amocionan, hasta las lágrimas alguno. En cambio Blake, un profesional de salud mental que hace de esto un trámite cuando su mayor o menor formación profesional debería indicarle que que está atentando contra la salud mental de quienes dialogan con él, contra la salud mental de quienes dejan de recibir la atención de estos profesionales, quien en ejercicio de esa Dirección hace esto es simplemente un perverso y no hay nada que lo excuse.

martes, 1 de marzo de 2016

CHUANISIN: LA ABUNDANCIA PERDIDA

 Viendo la maravillosa serie documental "ATLÁNTICO SUR en Canal Encuentro, me entero que los yamanas llamaban a la Isla de los Estados Chuanisin, "isla de la abundancia" . 
Si uno viera ese lugar con ojos de gente urbana de hoy, probablemente pensaría en otras cosas antes que en abundancia: desolación, paisaje desconocido, clima hostil, aislamiento. 
Muchas cosas cambiaron entre aquella cultura y la nuestra.  Dos, creo, son las principales. 
- Para una comunidad que solo buscaba lo que necesitaba para vivir y prosperar como tal, caza para abrigo y alimento, refugio natural, agua potable, algún vegetal, minerales para sus arrestos artísticos, esto que brindaba la isla era LA abundancia. 
En una cultura como la capitalista, en la que todo es ajeno, salvo para una minoria, unos nos matamos trabajando para acceder a lo que siempre parece poco, otros acumulan y explotan porque siendo propietarios de casi todo, también todo les parece poco. Quien explota, quien es explotado, ni uno ni otro puede sentir la abundancia más que en momentos fugaces. Nada más efímero que la satisfacción, la sensación de estar frente a la abundancia. Esa es una de las diferencias.
- La otra diferencia: ningún fenómeno natural, ningún artificio técnico, sacaron a aquellas comunidades de su convivencia con la abundancia. Fue el genocidio perpetrado por gentes empujadas al límite del mundo para sobrevivir, proveedores lejanos de aquellos que se apropiaron de todo en sus tierras de origen. Un poco fueron matanzas acometidas para convertir en desierto lo que no era desierto, apropiar de este modo aquello que ya pertenecía a pueblos que se exterminaba. Otro poco fue exterminio de los animales de que vivían los originarios: lobos de dos pelos, peces, ballenas, pingüinos. Lo que alimentaba a una familia entera por semanas eran dos pesos en el bolsillo de los que cazaban para las factorias de aceite o los comerciantes de pieles. 

La mayor parte de quienes poblamos la Argentina somos descendientes de gente de trabajo, originaria y europea. La gran mayoria. 
Pero todos convivimos con trazas de genocidios que reviven y merodean de época en epoca. A veces como angustia, fantasmas inexplicables, a veces como nuevas matanzas: la colonia, la triple infamia, la "campaña al desierto", la semana trágica, los fusilados de la Patagonia, el Proceso. 
Es entre tanto sufrimiento perpetrado y silenciado que se tejió esta barrera entre los contemporáneos y su posibilidad de ver en aquellas tierras más que pintoresquismo y disfrute estético. 
La abundancia ya no es ni siquiera una ilusion a nuestro alcance.

miércoles, 3 de febrero de 2016

DE BUITRES, AGUAS Y TITANIC

Si se pagara a los buitres italianos en las condiciones que anunciaron Prat Gay y Peña no sólo seria una rendición del actual gobierno, Macri y los suyos se estarían sumando al ejército invasor y sauqueándonos para su corona: el capital financiero internacional. 
Son 1350 millones hoy y un futuro de 200 mil o la cifra que seamos capaces de pensar para nuestros hijos, nietos y los que vengan después. 
Si pagáramos -todos los argentinos, no sólo el gobierno- el 150% del capital que reclaman estos bonistas que no acordaron quita, vendrían todos los que acordaron quitas y reclamarían al menos su 100%. Grecia en América del Sur. 
¿Y las aguas? 
Del lado del pueblo estarán los dirigentes que hoy convoquen a impedir esta entrega, los que no la habiliten en el Parlamento, los que ionterrumpan vacacionese internas y se la jueguen unidos y los que se la jueguen por una repuesta UNIDA, en cada puesto en que se encuentren. 
¿Y el Titanic? 
Discutir hoy otra cosa, sea cual sea, sería discutir con qué música bailar mientras el agua nos va tragando. Internas, resistencia, despidos, represión, cuadros bajados, genocidas reciclados, todo se subsume en estos dólares comprometidos y todo se podrá realizar si damos el primer paso de no permitirlo.
(Con la esperanza de que estos inmensos, maravillosos doce años tengan mejor destino que el musgo y que estas reflexiones no sean esas las botellas al mar de las que hablaba Marechal)

lunes, 1 de febrero de 2016

ES LA DERECHA, ¿VISTE?



La derecha es eso que restaura el dominio del capital concentrado mientras muchos nos preguntamos qué es.
Fascismo en las crisis terminales, terrorismo de Estado en las crisis de aquellos países que llegaron tarde al reparto del mundo, neoliberalismo con el avance del complejo militar- financiero sobre el debilitado Estado de bienestar DESDE LOS ´70/´80, , estatismo y negocios para la oligarquía en recomposición de los ´30, desarrollismo multinacional y entregador para los vencedores finales de lo que inició la “Libertadora” , menemismo de lumpen gobernantes y liquidadores eficaces en la captura parcial y temporaria del peronismo en crisis en los ´90.
Deteniéndonos un poco más en la Libertadora, sus poderes en las sombras fueron los mismos que diez años antes soñaron con un gobierno de la Suprema Corte y sólo a regañadientes aceptaron la salida electoral cuando la movilización del 17 de octubre cercó la Rosada. Golpe, gobierno de la Corte, salida electoral aunque gane un enemigo. La derecha es  cualquier cosa menos rígida. Con el poder económico en sus manos puede darse tiempo y encarar salidas a cada crisis.
Si la dominación es clara y la hegemonía del Gran Capital posible, la derecha es eso que sobrevuela y ronda mientras partidos y políticos en decadencia le hacen el trabajo sucio y tratan de entibiarlo con discursos republicanos.
Si la dominación ha sido puesta en peligro y la hegemonía cuestionada, como es el caso de los últimos doce años, al no estar presente la alternativa militar los dueños del país tienen que tomar cartas en el asunto y apelar a sus hombres de confianza absoluta. Como es el caso actual. Cada ministro, secretario, funcionario de mayor o menor rango, debe su lugar y lo ejercita  antes que por su capacidad de manejar lo virtual o disfrazar los obvio, a su incondicionalidad para con la restauración conservadora y con la liquidación de toda traza del Estado de bienestar que kirchnerismo vino a reinstalar aprovechando el vació de hegemonía en que nos sumiera la decadencia del menemismo y la triste experiencia de la Alianza.No son brutos,  bocones ni insensibles: son soldados de una restauración conservadora absoluta.
Entre los muchos debates que abre el traspié de un gobierno popular, nuestro gobierno popular, está el de definir a qué nos enfrentamos, cuáles son los rasgos salientes de ese adversario que ha venido a ocupar nuestro lugar, sus métodos, objetivos, perspectivas, su identidad al fin. Hay compañeros que se sorprenden por la virulencia de estos cincuenta días, otros que aún en su perplejidad ensayan formas de resistencia con los métodos habituales, otros arriesgan que el macrismo no podrá sostener el ritmo actual, otros en fin suponen que el futuro inmediato será más virulento que el actual.
Cada momento dota a las derechas de una impronta, modalidades, sesgos, tics, así como desafecta otros. Lo que no varía es el objetivo central –consolidar el poder del Gran Capital- y el manejo de los tiempos: si la Libertadora ya se planeaba antes del primer triunfo electoral de Perón, este gobierno ya se pensaba en el 2001 y antes aunque con variantes que la política fue descartando. Los dichos de Melconian que durante años se difundieron para solaz de muchos compañeros (“si este modelo se sostiene se va a exportar”) ya lo anticipaban en el 2000. Claro que en aquel tiempo este coestatizador de deuda privada soñaba con un triunvirato dirigido por el FMI mientras ahora vive, desde la presidencia del principal banco oficial, la realidad de un gobierno de derechas electo por la derrota electoral de un gobierno popular.
En un inteligente artículo, "Son otra cosa", Gustavo Varela hace un desarrollo creativo, perspicaz sobre aquellos que enfrentamos. Muchos personajes responden a la impronta que desarrolla, pero  no acuerdo con lo central: no "Son otra cosa” . Este es un gobierno de derecha, de la derecha más recalcitrante que se pueda recordar en un recambio democrático. Viene, vale la pena repetirse, a restaurar el poder absoluto del Gran Capital y a destruir toda la malla de reparación, inclusión y soberanía laboriosamente construida por el kirchnerismo en doce años.
Sus sujetos, los verdaderos artífices de este gobierno, no son los que nos entibian las orejas mientras nos desocupan, nos basurean y amenazan, en fin nos excluyen. Sus verdaderos sujetos son los que hacen esto último, despedir, entregar patrimonio y soberanía, endeudarnos, conculcar derechos, discriminar, demonizar. Y lo hacen tanto por necesidades del frente interno de la Alianza conservadora (todos quieren más de lo que el gobierno les asigna, todos creen merecer más de lo que les toca) como y principalmente por la tarea que se han asignado: eliminar, esta vez con relativa legalidad institucional, toda esperanza de democracia inclusiva y toda identidad protagónica en las mayorías populares. No pueden hacer otra cosa: o nos derrotan en toda la línea y trasladan la derrota al conjunto del pueblo o volvemos y el reclamo popular será mucho mayor. Más inclusión = menos privilegios. Es la ecuación que vienen a destruir
Cierto que esta coyuntura nos llama a ser creativos y saber leer el discurso y los modos de quienes nos despiertan a la mayoría de los argentinos cada día con una batería de agresiones. Unos con el tono de las telefonistas que te explican por qué está cortada la luz, internet o el teléfono y no se sabe cuándo vuelva. Otros con el tono de “se acabó la fiesta”. Lo primero es no calentarse y no perder de vista que la discusión está en lo que este gobierno está haciéndole al pueblo, a la Nación, a la democracia, antes que en sus modos. En lo segundo está el quid de la cuestión: erraríamos si pensamos que la pasividad de muchos conciudadanos deviene del engaño que les producen los modos macristas: lo que genera cierta disgregación en nuestro pueblo hoy es la percepción de la brutalidad y el fundamentalismo de este gobierno, la sensación de que no va a detener su ofensiva si no es en el marco de una confrontación mayúscula.
Por eso  no se masifican, aún en los sectores más afectados por la ofensiva macrista, las acciones de defensa de los derechos adquiridos.
No es nuevo, lo mismo sintieron los dueños del país en el 2003. Si La Nación le dio a Néstor una año de futuro como presidente, la bajada de los cuadros le vino a indicar al poder real que, excluido el golpe no había herramienta posible para sacarnos del gobierno en lo inmediato y tuvieron que fumarse doce años de compartir poder con un Estado relativamente protector del interés popular. Ahora viene su revancha y en su fundamentalismo no hay otro límite que el que se logre imponerles desde una acumulación popular. Como me señalaba un compañero en estos días es más que una lucha simbólica al que enfrentamos, es lo que hace este gobierno y las consecuencias materiales que produce: cada medida consolida posiciones para el gran capital, pero en mayor medida debilita a los sectores de pueblo y mina su capacidad de disputa. La desocupación es uno de los ejes centrales de este proceso.
Buena parte de nuestro pueblo tiene, aunque a veces cueste percibirlo, la suficiente experiencia política como para saber que los derechos adquiridos en estos doce años fueron adquiridos con el gobierno como cabeza de cada iniciativa y que se necesita de una gran unidad social y de cada resquicio de gobierno que conservamos para retomar el camino de inclusión y soberanía emprendidos en 2003. No es por la confusión que generan los malos repetidores de malos aforismos que el gobierno macrista no encuentra obstáculos serios a su acción restauradora.
Es porque la derrota electoral no termina de procesarse en aquellas herramientas que sirvieron para llegar a donde llegamos, el FPV, el PJ, las mayorías parlamentarias, gobernaciones, gobiernos locales y por supuesto, las organizaciones sociales.
No habrá recomposición popular suficiente sin una señal clara de unidad de estos sectores, nuestra dirigencia, con una clara perspectiva: nada se puede esperar de este gobierno en el sentido de inclusión, soberanía, ampliación de derechos, desarrollo productivo, empleo.
Cada sector social irá tomando nota de esta realidad en diferentes momentos acorde a cómo vaya siendo afectado, pero todas las acciones que se produzcan sólo aportarán a la recuperación de lo que construimos si se la vincula a dos objetivos insoslayables: ganar las legislativas del 2017 para condicionar al gobierno hasta su derrota en 2019.


(1)            

lunes, 23 de noviembre de 2015

BALLOTAJE, MEMORIA, IDENTIDAD, RESPETO

 Veo con preocupación que algunos compañeros y amigos ironizan o directamente atacan con promesas de desastre a quienes no votaron nuestra propuesta. "Ahora vas a ver...", "votaste para que te hagan esto...", etc.
Ayer cerca de la mitad de nuestros compatriotas votó por la continuidad de nuestro proyecto. Un poco mas de la mitad votó a Macri. En el primer caso se trató de refrendar una experiencia de gobierno, de ciudadanía,  de vida. En el segundo se votó un discurso. 
Para más de veinte millones, la experiencia de CABA es demasiado diferente, lejana y limitada como para que puedan dar por sentado cómo será la próxima gestión. Dirigentes y milititantes podemos prever cómo será,  es parte de nuestro posicionamiento en el mundo, y de nuestra responsabilidad.  
No es así con quienes no hacen de la politica su eje de vida. Otras determinaciones -afectos, sueños,  apetencias, aspiraciones, necesidad de trascendencia, familia, calidad de vida, empleo, etc, etc- pesan en su existencia con tanta legitimidad como sustancia. De hecho son estas cuestiones las que conforman nuestra existencia (la vida es aquello que pasa mientras estamos ocupados en lo importante, dijo alguna vez John Lenon). 
En todo caso, ni nuestro ejercicio de la politica garantiza por sí  solo que voy a acertar siempre, ni el ejercicio esporádico que realiza cualquier compatriota implica que se equivoque. 
Lo que no hay que olvidar es que el verdadero sujeto del cambio es el pueblo y que siempre aquello que el pueblo esté dispuesto a hacer será lo que defina si mi propuesta politica es viable o no.  
Ahora bien, el encuentro entre ambos planos, la politica y la vida se da, y la elección lo demuestra, de modo diverso. 
Nada más alejado de la acción politica, sobre todo de una identidad popular, que erigirse en juez de las decisiones mayoritarias. Empeora las cosas cuando el juicio se complementa con condena y resentimiento. 
La militancia exige entender las acciones de la mayoría,  comprender sus motivaciones, saber traducirlas en propuestas de participación, organización y sostén en momentos propicios para el avance popular, de resistencia y lucha cuando avanzan las políticas antipopulares. 
Todo distanciamiento entre la militancia y sectores del pueblo redunda en el debilitamiento de uno y otro. El pueblo se pierde nuestro aporte, nosotros perdemos nuestro vínculo con nuestra gente. Nada trascendente puede surgir de ese divorcio, sólo su aprovechamiento por parte de la derecha. 
Cerca de la mitad de nuestra ciudadania votó nuestra propuesta de gobierno. deberíamos  alegrarnos de su reconocimiento, el reconocimiento a lo hecho estos doce años, a la gestión y conducción de Cristina, al esfuerzo de Scioli. Faltó poco para que ese voto alcance para nuestra continuidad y reafirmación.
Un poco más de la mitad votó a un gobierno que, sabemos, gobernará en contra de la mayoría y tratará de eliminar conquistas, desmontar los avances del pueblo en el Estado.
Cada una de las dos mitades necesita de nuestra acción y nuestra presencia para enfrentar los dias por venir.
Ya vivimos una etapa, la de gobernar todo el país durante doce años,  ahora viene la de gobernar provincias, municipios y trabajar para recuperar el gobierno nacional mientras resistimos los intentos neoliberales de desguace y entrega.
Enfrentemos esta nueva etapa con alegría y dejemos el resentimiento para "La Nacion", la derecha toda, que sufre el saber que no ha podido esta vez terminar con el kirchnerismo y su impronta, que sólo ha ganado una batalla y ya nos aprontamos para recuperar lo perdido.

sábado, 21 de noviembre de 2015

MAÑANA REPECHAJE POPULAR

Espero el día de mañana con ansiedad y con el orgullo de que hayamos construido el país y la región que hicimos en estos doce años.

Soy setentista, llegué a los sesenta y cinco años de vida y llevo más de cuarenta como sobreviviente. Entré al nuevo siglo con dudas de vivir una época tan maravillosa como la de los setenta. A la vista de este 2015, lleno de conquistas que ni soñamos, entiendo aquellos años como un ensayo, una preparación, tan intensa como dolorosa, del ahora que hoy puede disfrutar nuestro pueblo.

Pero ni los peores momentos ni estos son eternos. Le arrancamos esta vez más de lo esperado al capitalismo en medio de una de sus ofensivas más salvajes, venimos de un genocidio que aún resuena en las conciencias de todos y si bien generamos memoria, verdad y justicia, tanto la paz y como la inclusión logradas crean en muchos compatriotas expectativas de un tiempo sin conflictos, con empleo seguro, la casa propia como un horizonte posible, los pibes con un presente o un futuro cercano universitario, sin golpes especulativos, sin que lo logrado peligre. Y muchos de ellos creen incluso que es mérito nuestro haber alcanzado ese presente tranquilizador. Tienen su derecho. Pusieron lo suyo trabajando, bañándose, sufriendo, empujando sin darse por vencidos para salir del abismo del 2001.

Es por esas cosas sencillas, hogar, futuro, dignidad, identidad, entre otras, que nuestro pueblo viene peleando hace cientos de años y nunca pudo disfrutar más que algunos años en los pocos momentos de conquistas obtenidas.

Vengo de uno de los marxismos de los setenta, una izquierda identificada con la historia de nuestro pueblo, no gorila, capaz de disputar poder con la mira en una revolución que terminara con la explotación y la dependencia.

Lo primero que aprendí del peronismo es que es imposible construir un futuro colectivo si uno no se despoja de toda rémora liberal, sea en su versión individual egoísta, sea en su versión individual iluminista. Creo firmemente que lo mejor del pensamiento politico organizado e individual viene de las experiencias populares, así como lo peor nace de nuestra matriz capitalista, de la influencia ideológica y politica de los dueños de nuestro país y sus voceros. En estos días tensos, difíciles, veo algún resentimiento en algunos compañeros, una cierta impaciencia con quienes no parecen comprender nuestras propuestas o la magnitud de lo que se juega mañana. Nada más alejado de la actitud con que Nestor y Cristina condujeran estos doce años. Como bien dijo un analista el 24 de octubre, cuando algo no sale en política como yo espero busco el error mirándome al espejo.

Las elecciones también son un espejo. Si mañana todo sale como esperamos  y Scioli es ungido presidente, mostrarán que la mayoría de nuestro pueblo está dispuesto a continuar adelante con nuestro proyecto, aún con el horizonte de presiones externas e internas que nos esperan. De nada nos habrá servido atacar a quienes no lo comprendieron así. Vamos a necesitar a cientos de miles, millones de esos compatriotas para sostener el gobierno popular frente a la ofensiva imperial y la recomposición oligarquica. Nuestro triunfo será el punto de partida para colocarlos, nuestra comprensión, nuestra actitud no sectaria será la que nos permita ampliar el frente a la medida de las tareas a realizar. Si el resultado fuera otro, sería nada más y nada menos que el mensaje de nuestro pueblo de que hay que ampliar nuestras miras y convocatoria, sumar voluntades y creatividad para que la empresa de más desarrollo, soberanía e inclusión resulte posible y podamos retomarla

Iré a votar entonces con el orgullo de saber que es esta gesta de doce años la que nos trajo a esta alternativa impensada meses antes del 2003. Ese es nuestro triunfo y el punto de partida para cualquier avance popular en nuestro país y en America toda.


jueves, 5 de noviembre de 2015

BALLOTAGE: VOTAR PARA PODER O COMENTAR PARA PERDER

El diario de lunes tiene, junto a la virtud de puntualizar lo que ha pasado en días anteriores, la escasa cuando no malintencionada explicación que suelen dar los medios y opinadores sobre por qué pasa lo que pasa.
En su artículo "Argentina: un balotaje crucial para América Latina" Borón nos ilusiona desde el título con insertar las elecciones nacionales en el contexto latinoamericano. Sin embargo, hay más de críticas locales que de análisis latinomericano. Es más, el articulo mezcla errores diversos y de diverso calibre con un denominador común: el poco fundamento sobre por qué lo que él llama errores serían errores y por qué sucedieron.
Por ejemplo, dice que dejará para otro momento "un balance de la experiencia kirchnerista en su integralidad y con sus múltiples contradicciones", pero no deja de consignar las contradicciones que él ve: "concentración empresarial vs. AUH" , "extensión del régimen jubilatorio vs. regresividad tributaria", "desarrollo científico y tecnológico vs. sojización", "orientación latinoamericana vs. extranjerización de la economía" 

Todo gracias a la no resoluciòn del kirchnerismo. ¿Será así?
Cada una de ellas es, en efecto, una contradicción flagrante de nuestra época, en particular de estos últimos doce años. ¿En qué sentido? La concentración, la sojización, la regresividad tributaria y la extranjerización ya existían antes de 2003. Pero, no convivían como si conviven hoy con el crecimiento de la producción nacional ni con la distribucion de la riqueza e inclusión. No se había producido la mayor recuperacion nacional de empresas y áreas de la economia que se tenga memoria desde el primer peronismo, tampoco las medidas de inclusión como la AUH, etc., ni se sosteníán a rajatabla retenciones que permiten abonar este proceso de recuperación nacional y social. 

Allí donde Borón denuncia contradicciones para confirmar que no debió concedérsele nada a los grupos de poder, un análisis exhaustivo nos llevaría a verificar que si los pobres están consiguiendo empleo, futuro, mejora en sus condiciones de vida mientras los ricos la siguen haciendo con pala, es porque esa es la correlación de fuerzas entre la clases. Ni los grupos de poder pueden continuar con la exclusión creciente 1976/2003, ni los sectores populares podemos, como se vio en la 125, obligar a los sojeros a contribuir más ni a modificar su esquema productivo. Pero acumulamos el suficiente poder institucional e ideológico como para seguir usando al Estado (por primera vez en la historia lo hacemos a lo largo de más de una década) para reparar, incluir, distribuir, a caballo de la generacion de mayor riqueza. Ese es el marco en que nos desenvolvemos: una Argentina en disputa, con un Estado y gobierno en disputa, en los que cada logro de uno u otro lado pone en cuestión la capacidad de fuego de cada sector de clase. Cuando nos consolidamos, avanzamos. Cuando se consolida la oligarquia, avanza. Ni uno ni otro tiene capacidad para doblegar al adversario de modo definitivo.

Una Argentina en disputa, además, que está siendo alcanzada por el retroceso de los procesos populares que venían prosperando desde principios de siglo en nuestro continente y que padece la pérdida de envion de procesos similares en el resto del mundo.
La edad de Borón y la mía nos condicionan a recuperar experiencias de otras situaciones en que se produjera el paso a la defensiva del movimiento popular.
En el 73, tras Ezeiza y la caída de Allende, fueron las mayorias populares (también Perón en su último discurso) las que primero sintieron el aplastamiento de los pueblos hermanos y el aislamiento en que esto iba sumiendo a nuestro proceso.
No es el caso revisar los '70 ni menos confundirlo con nuestra época, pero en aquellos días. mientras en la militancia y los sectores más combativos recrudecia el reclamo y la confrontación, en el resto de la sociedad se fue produciendo un contexto de retirada y se produjo una fractura de la unidad popular que nos fue dejando aislados y favoreció la reacción golpista y el genocidio.
¿A que viene este recordatorio? A puntualizar que no se puede analizar ninguna situación haciendo abstracción de la correlacion de fuerzas entre las clases. Y a puntualizar que esa correlación de fuerzas hoy va en el sentido de mejorar para los sectores del privilegio y nos exige a los sectores populares extremar la lucidez en el análisis y la amplitud en las propuestas, de modo garantizar el arco de alianzas necesario para lograr el principal y único objetivo que se nos plantea en esta coyuntura: lograr el voto mayoritario para la fórmula Scioli-Zannini, de modo de mantener a la oligarquía y los grupos gran-empresariales, lo más lejos posiblo del manejo de la cosa pública.
Nada más extraño a esa mirada y al logro de ese objetivo que el confundir los propios deseos con la realidad o suponer las determinantes de la época como variables de la voluntad personal.
Aclaro: el proceso que vivimos desde 2003 ha estado fundamentalmente apoyado en el manejo del gobierno y el Estado por parte de nuestra cnducción. La gesta callejera, la compulsa abierta de clases, los únicos basamentos sobre los que se pueden construir liderazgo, organización e independencia respecto a la ideología neoliberal, no han sido dominantes. Ese proceso de movilización popular no abundó gracias a la destrucción que sumaron la dictadura y los 90 y no pude ser reemplazado con consignismos ni con discursos que no encuentren identificación en las mayorías populares.
Las mismas organizaciones que surgieron de este proceso adolecen de esta dificultad que podrá ser enfrentada en el mediano plazo, pero no sin pueblo en movimiento. Abundan ejemplos en la región y en nuestra historia, dejo en manos del lector ponerle nombres.
Por eso y no porque no se haya buscado construir más liderazgos, (no quiero herir a ningún compañero poniendo nombre y apellido a los intentos de construir liderazgos alternativos que fraasaron por falta de acompañamiento social) fue Scioli el que tomó la posta de disputar la presidencia. Pero no fue candidato porque fuera "un político nacido del riñón del menemismo" sino porque acompañó y militó estos doce años junto a quienes protagonizaran lo más épico de este proceso: la construcción del kirchnerismo. Perdido Néstor e imposibilitada Cristina, la salida era evidente: Scioli presidente.
Raro momento elige el analista, la recta final hacia el ballotage, para enumerar errores del kirchnerimo que, si lo fueran, no tienen ninguna corrección posible en lo inmediato, sea el supuesto triunfo que hubiera logrado Lousteau sobre Larreta gracias a nuestro pronunciamiento, sea el "el oportunista anuncio, hecho sobre la hora, de duplicar el piso salarial para el impuesto a las ganancias, algo que el gobierno nacional tendría que haber hecho hace mucho", sea " la ausencia de una sistemática labor concientizadora y de formación ideológica" (sic).
Tal vez por eso, a pesar que Borón vaticina que una derrota de Scioli "podría ser el inicio del “fin de ciclo” progresista en la región", no puede definir de modo positivo una convocatoria a votarlo. Algo así como "con Macri sería todo terrible, hay que evitarlo". ¿Resultará promover el voto mayoritario con desear que "ojalá que le vaya bien" a Scioli para que no vengan otros males?
No es eso y vale la pena repetirlo, vamos por Scioli presidente porque queremos contar con esa fabulosa herramienta de poder que es el Estado para seguir fortaleciendo el proceso popular, generar riqueza y soberanía y hacer que el pueblo pueda disfrutarlo y vivirlo cada vez más.

"Porque, bien miradas las cosas, los pueblos se proponen sólo aquellos objetivos que pueden cumplir". Carlos Marx, Prefacio a la Introducción a la Crítica de la Economia Política.