miércoles, 7 de septiembre de 2016

BICENTENARIOS y SINCERICIDIOS DEL INCONCIENTE:


En 2016 nos arrebataron el sol. 
Por más que el creador de la escarapela del bicenario 2010 y la del bicentenario 2016, el diseñador Hernán Berdichevsky, repita el indemostrable argumento sobre que este diseño "une la grieta" no hace falta ser semiólogo para percibir lo que su inconciente manifiesta de modo patente. Este bicentenario, al revés de aquel festivo, callejero y apropiado por el pueblo en 2010, ha perdido aquello que da vida a toda efeméride: el reconocimiento popular. Si se busca en simbologías milenarias y actuales pocas imágenes evocan más vida y, sobre todo más generación de vida, que el sol. 
Agreguemos, de paso, que el sol no fue introducido en los símbolos patrios por el kirchnerismo sino por los patriotas de mayo. No se trataba de cualquier sol sino del sol de los Incas, el Inti, que fuera incluido en la primer moneda argentina, luego en nuestra bandera, como homenaje a los pueblos originarios en un momento de las luchas por la independencia en que la dirigencia revolucionaria contaba a estos pueblos como pueblo y no como chusma a exterminar sugún el credo sarmientino- terrateniente posterior.
Así que esta escarapela 2016, que de tan borrada hacia su centro evoca lo que le fue recortado,  sincera de modo simbólico lo que vino a hacer el gobierno que la proyecta como símbolo: este bicentenario no tuvo vida y el que se la quitó, mas allá de quién hizo el diseño, fue quien convalidó desde el gobierno esa falta de sol para diferenciarse del bicentenarioi de mayo. Aquel "festejo K" que tanto sufrimiento le trajo a la derecha porque preanunciaba el futuro triunfo de Cristina en 2011. 
Ah! Esa idea de que mutilar una imagen "cierra grietas" no resiste ni un congreso de publicistas. 
Claro, a la hora de vendérselo al gobierno quizás fue el argumento que hizo la diferencia.
Ver reportaje en Diario Clarín:  "Habló el diseñador que hizo el logo del Bicentenario: "Une la grieta"

martes, 6 de septiembre de 2016

CON EL PUEBLO ADENTRO

En el auto voy este sábado escuchando "Vení cuando quieras". Unas horas antes, con el Negro Gaitán y otros compañeros de Córdoba fuimos a visitar un pequeño recordatorio a Atilio López y Juan josé Varas que hiciéramos en Ruta 6, a pocos km de Ruta 8, a instancias de Claudio Pena allá por el 2012.
Vuelvo al programa de la AM 1030. Se escucha la voz de Barragán, uno de los entrevistados y me vienen sentimientos contradictorios. Por un lado la alegría de escuchar una voz hoy censurada en los medios. Por otro, el desacuerdo con su evaluación de nuestra situación actual, comparándola con el proceso de destitución de Dilma en Brasil. 
Barragán concluye en que, lo transcribo textual más abajo, haber perdido las elecciones pone a nuestro movimiento " a salvo de pagar el costo del ajuste" y a Macri lo deja expuesto a "hacerse cargo" de lo que hace. 
La reflexión tiene lógica pero naufraga al faltarle un factor: el pueblo. Un pueblo triunfante en las elecciones y por lo tanto triunfante en la defensa de su gobierno popular hubiera tenido una capacidad de confrontación y resistencia superior a la de hoy. Un pueblo derrotado en elecciones y perplejo ante la derrota de algo que durante años pareció posible, un gobierno propio aún en los marcos del capitalismo y frente a una ofensiva mundial de la derecha, un pueblo decepcionado, atacado en todos los frentes, demonizado en sus convicciones, encuentra más dificultades para defender sus derechos y conquistas, sobre todo si sus referencias se ven divididas y con poca claridad. 
No es futurología. Futurología sería pensar qué hubiera pasado con Scioli si ganábamos las elecciones sin considerar que ese triunfo hubiera actuado como un factor de desmentida de cualquier argumentación neoliberal y un reactivo a cualquier medida de recorte de derechos como las que se viene implementando hoy. 
En política, como en lo que hace a distribución del ingreso, las cosas se cierran con el pueblo adentro. Sin ese componente, sin el pueblo, sus intereses, su estado de ánimo y sus prioridades como referencia principal, cualquier análisis está destinado al error. 
Es el pueblo, por otra parte, el que paga los costos. En pibes que ya no pueden seguir la universidad o terminar el secundario, menos conseguir laburo, en familias destrozadas, en generaciones que vuelven a perder su futuro, en hambre y desocupación presentes, en fin en pérdida de derechos y presencia en la sociedad. 
En cuanto a quienes hacemos política el costo lo pagamos cuando erramos. 
Este pensamiento que me ocupa va en el mismo sentido que el que nos llevó a la derrota en 2015. No era lo mismo ganar o perder hace 8 meses, no es lo mismo hoy. No es lo mismo disputar contra la oligarquía habiéndole escamoteado el gobierno que sufrir todo el peso del poder oligárquico desde el gobierno en sus manos. Esa fue y sigue siendo la primera enseñanaza que dejó el peronismo desde 1945 y la que mantuvo nuestra vigencia a 70 años vista de comenzar esa experiencia: todo reclamo, toda lucha popular debe devenir en política de Estado. Por eso hasta el imperialismo nos considera un enemigo a exterminar siempre.
En cuanto a Macri, se viene haciendo cargo desee que asumió: está haciendo todo lo que SU gente ve como necesario para desarticular al pueblo y reestablecer su dominación. Textual de Barragán en el minuto 35:30 de " Vení cuando quieras": "La desgracia de haber perdido las elecciones nos trae la ventaja de salvarnos de sufrir lo que está sufriendo Dilma, que es lo que le hubieran hecho a Scioli. La oleada de la derecha venía, ganando quien gane (...) En ese sentido nosotros quedamos preservados. (...) podríamos hacber estado pagando el costo que está pagando ahora Dilma. Macri se va a tener que hacer cargo de toda la destrucción que está haciendo...(...) con un Scioli rodeado o acosado (...) lo podrian haber convertido en una Dilma (...) y nuestro movimiento podría haber estado pagando el costo que está pagando Dilma. Nosotros estamos afuera del gobierno y el gobierno tiene que hacerse responsable"

CON EL PUEBLO ADENTRO

En el auto voy este sábado escuchando "Vení cuando quieras". Unas horas antes, con el Negro Gaitán y otros compañeros de Córdoba fuimos a visitar un pequeño recordatorio a Atilio López y Juan josé Varas que hiciéramos en Ruta 6, a pocos km de Ruta 8, a instancias de Claudio Pena allá por el 2012.
Vuelvo al programa de la AM 1030. Se escucha la voz de Barragán, uno de los entrevistados y me vienen sentimientos contradictorios. Por un lado la alegría de escuchar una voz hoy censurada en los medios. Por otro, el desacuerdo con su evaluación de nuestra situación actual, comparándola con el proceso de destitución de Dilma en Brasil. 
Barragán concluye en que, lo transcribo textual más abajo, haber perdido las elecciones pone a nuestro movimiento " a salvo de pagar el costo del ajuste" y a Macri lo deja expuesto a "hacerse cargo" de lo que hace. 
La reflexión tiene lógica pero naufraga al faltarle un factor: el pueblo. Un pueblo triunfante en las elecciones y por lo tanto triunfante en la defensa de su gobierno popular hubiera tenido una capacidad de confrontación y resistencia superior a la de hoy. Un pueblo derrotado en elecciones y perplejo ante la derrota de algo que durante años pareció posible, un gobierno propio aún en los marcos del capitalismo y frente a una ofensiva mundial de la derecha, un pueblo decepcionado, atacado en todos los frentes, demonizado en sus convicciones, encuentra más dificultades para defender sus derechos y conquistas, sobre todo si sus referencias se ven divididas y con poca claridad. 
No es futurología. Futurología sería pensar qué hubiera pasado con Scioli si ganábamos las elecciones sin considerar que ese triunfo hubiera actuado como un factor de desmentida de cualquier argumentación neoliberal y un reactivo a cualquier medida de recorte de derechos como las que se viene implementando hoy. 
En política, como en lo que hace a distribución del ingreso, las cosas se cierran con el pueblo adentro. Sin ese componente, sin el pueblo, sus intereses, su estado de ánimo y sus prioridades como referencia principal, cualquier análisis está destinado al error. 
Es el pueblo, por otra parte, el que paga los costos. En pibes que ya no pueden seguir la universidad o terminar el secundario, menos conseguir laburo, en familias destrozadas, en generaciones que vuelven a perder su futuro, en hambre y desocupación presentes, en fin en pérdida de derechos y presencia en la sociedad. 
En cuanto a quienes hacemos política el costo lo pagamos cuando erramos. 
Este pensamiento que me ocupa va en el mismo sentido que el que nos llevó a la derrota en 2015. No era lo mismo ganar o perder hace 8 meses, no es lo mismo hoy. No es lo mismo disputar contra la oligarquía habiéndole escamoteado el gobierno que sufrir todo el peso del poder oligárquico desde el gobierno en sus manos. Esa fue y sigue siendo la primera enseñanaza que dejó el peronismo desde 1945 y la que mantuvo nuestra vigencia a 70 años vista de comenzar esa experiencia: todo reclamo, toda lucha popular debe devenir en política de Estado. Por eso hasta el imperialismo nos considera un enemigo a exterminar siempre.
En cuanto a Macri, se viene haciendo cargo desee que asumió: está haciendo todo lo que SU gente ve como necesario para desarticular al pueblo y reestablecer su dominación. Textual de Barragán en el minuto 35:30 de " Vení cuando quieras": "La desgracia de haber perdido las elecciones nos trae la ventaja de salvarnos de sufrir lo que está sufriendo Dilma, que es lo que le hubieran hecho a Scioli. La oleada de la derecha venía, ganando quien gane (...) En ese sentido nosotros quedamos preservados. (...) podríamos hacber estado pagando el costo que está pagando ahora Dilma. Macri se va a tener que hacer cargo de toda la destrucción que está haciendo...(...) con un Scioli rodeado o acosado (...) lo podrian haber convertido en una Dilma (...) y nuestro movimiento podría haber estado pagando el costo que está pagando Dilma. Nosotros estamos afuera del gobierno y el gobierno tiene que hacerse responsable"

lunes, 1 de agosto de 2016

¿VOLVEREMOS? PODER, RESISTENCIA Y LIDERAZGO

Puede que la táctica indique que no es conveniente en este hoy sufriente menear candidaturas para un mañana esquivo.
Puede que infinidad de  compatriotas estén tan acuciados con tarifazos, apretadas represivas y ninguneos varios que no resulte conveniente irse por ramas electorales.
Lo que es seguro es que sólo manteniendo luchas justas no volverá el gobierno popular ni volveremos a encorsetar al bloque corporativo oligárquico que hoy sin collar muestra su capacidad de destrucción a pleno.
Puede, ponele, que referir los últimos doce años a una manera de conducir no caiga bien por fuera de nuestra filas K.
Hechas todas estas salvedades, lo cierto es que aquello que agrede, confunde y  desanima hoy a nuestro pueblo es la derrota de su gobierno, de su gobierno popular, que ahora las palabras de la dominación y el agravio vinieron a ocupar el lugar de las palabras de la soberanía y la reivindicación, que los intereses de los dueños del país se imponen a la inclusión.
Vivimos doce años maravillosos porque gobernábamos, dejamos de vivirlos porque gobierna el antipueblo. No es un matiz, es un cambio absoluto, porque así se viven las grandes derrotas.
No es que nuestro pueblo dejará de resistir, el pueblo siempre resiste. Pero el sesgo de la resistencia no es el de la gobernancia. 
Las luchas sirven, cuando se dan en el terreno conveniente, para desgastar al adversario y consolidar fuerza propia. Uno y otro factor necesitan de propuesta de gobierno propia. El "luche y vuelve" funcionó porque implicaba la promesa de retomar aquella gesta popular que vino a destruir la fusiladora. Cuando hay un horizonte los sacrificios se validan, los padecimientos se sobrellevan, las pérdidas se confrontan con un porvenir de logros.
Lo que tenemos que demostrar hoy no es que somos mayoritariamente honestos y democráticos. Cumplimos doce años de demostrarlo con el gobierno más democrático y honesto que haya tenido la Argentina.
Tampoco hay que demostrar que hubo eficacia de gestión e inteligencia. Las caricaturas que vocean al gobierno actual contrastan demasiado con nuestros logros.
Lo que tenemos que demostrar es que volveremos gobernar, a usar el gobierno como barrera de contención contra la avidez oligárquica, que tendremos la unidad y la madurez suficiente como para no perderlo y la pericia como para sostenerlo en un mundo que marcha en contra. 
Demasiada tarea, pero necesaria, indispensable. Ninguna promesa de bienestar popular es posible sin pensar en un gobierno propio que las haga realidad y las sostenga.
Tenemos a Cristina, la única referente capaz de convocar a esa unidad y de liderarla en la vuelta. Y no es poco.
En estos días medios varios medios se hicieron eco de voces que, declamando amor a la presidenta mandato cumplido, decretaban a su vez su “merecido descanso” para convalidar silencios inexplicables, rupturas que debilitan, estrategias sin horizonte cierto, autocríticas con poca crítica y menos referencia a lo propio. 
Nada nos alejaría más del “volveremos” que suponer a Cristina fuera del ruedo y creer que una propuesta de gobierno concitaría expectativa popular sin su liderazgo.
La política y las matemáticas no suelen encontrarse, pero uno puede extraer de todo esto una suerte de teorema, nada aleja más a nuestro pueblo del "volveremos" que alejar a Cristina de la conducción de un frente unido que concrete esa vuelta.

¿VOLVEREMOS? PODER, RESISTENCIA Y LIDERAZGO

Puede que la táctica indique que no es conveniente en este hoy sufriente menear candidaturas para un mañana esquivo.
Puede que infinidad de  compatriotas estén tan acuciados con tarifazos, apretadas represivas y ninguneos varios que no resulte conveniente irse por ramas electorales.
Lo que es seguro es que sólo manteniendo luchas justas no volverá el gobierno popular ni volveremos a encorsetar al bloque corporativo oligárquico que hoy sin collar muestra su capacidad de destrucción a pleno.
Puede, ponele, que referir los últimos doce años a una manera de conducir no caiga bien por fuera de nuestra filas K.
Hechas todas estas salvedades, lo cierto es que aquello que agrede, confunde y  desanima hoy a nuestro pueblo es la derrota de su gobierno, de su gobierno popular, que ahora las palabras de la dominación y el agravio vinieron a ocupar el lugar de las palabras de la soberanía y la reivindicación, que los intereses de los dueños del país se imponen a la inclusión.
Vivimos doce años maravillosos porque gobernábamos, dejamos de vivirlos porque gobierna el antipueblo. No es un matiz, es un cambio absoluto, porque así se viven las grandes derrotas.
No es que nuestro pueblo dejará de resistir, el pueblo siempre resiste. Pero el sesgo de la resistencia no es el de la gobernancia. 
Las luchas sirven, cuando se dan en el terreno conveniente, para desgastar al adversario y consolidar fuerza propia. Uno y otro factor necesitan de propuesta de gobierno propia. El "luche y vuelve" funcionó porque implicaba la promesa de retomar aquella gesta popular que vino a destruir la fusiladora. Cuando hay un horizonte los sacrificios se validan, los padecimientos se sobrellevan, las pérdidas se confrontan con un porvenir de logros.
Lo que tenemos que demostrar hoy no es que somos mayoritariamente honestos y democráticos. Cumplimos doce años de demostrarlo con el gobierno más democrático y honesto que haya tenido la Argentina.
Tampoco hay que demostrar que hubo eficacia de gestión e inteligencia. Las caricaturas que vocean al gobierno actual contrastan demasiado con nuestros logros.
Lo que tenemos que demostrar es que volveremos gobernar, a usar el gobierno como barrera de contención contra la avidez oligárquica, que tendremos la unidad y la madurez suficiente como para no perderlo y la pericia como para sostenerlo en un mundo que marcha en contra. 
Demasiada tarea, pero necesaria, indispensable. Ninguna promesa de bienestar popular es posible sin pensar en un gobierno propio que las haga realidad y las sostenga.
Tenemos a Cristina, la única referente capaz de convocar a esa unidad y de liderarla en la vuelta. Y no es poco.
En estos días medios varios medios se hicieron eco de voces que, declamando amor a la presidenta mandato cumplido, decretaban a su vez su “merecido descanso” para convalidar silencios inexplicables, rupturas que debilitan, estrategias sin horizonte cierto, autocríticas con poca crítica y menos referencia a lo propio. 
Nada nos alejaría más del “volveremos” que suponer a Cristina fuera del ruedo y creer que una propuesta de gobierno concitaría expectativa popular sin su liderazgo.
La política y las matemáticas no suelen encontrarse, pero uno puede extraer de todo esto una suerte de teorema, nada aleja más a nuestro pueblo del "volveremos" que alejar a Cristina de la conducción de un frente unido que concrete esa vuelta.

viernes, 24 de junio de 2016

24 de junio, una fecha con tanta identidad popular


  Qué día.
  Hace 26 años estábamos en la casa del Carancho, en Cipoletti, discusiones sobre el comienzo del menemato. Todo se iba al diablo y no se encontraba forma de pararlo. Adentro mate, polémica, estufa, afuera un frío que congelaba las ropas en la soga del fondo.
  Alguien enciende la tele y todo pasa a segundo plano. Minuto a minuto sufrimiento con el baile que nos pega Brasil. Cada vez más sufrimiento hasta el momento en que   Diego inicia ese movimiento casi patinaje, casi surfeo, todo gambeta, que termina en el gol seguro, preciso, gol definitivo, del Pájaro Caniggia. 
  Hace 38 años nacía Román, el último diez, el máximo estratega que vi jugar en una cancha de fútbol, un cultor del único coraje que cuenta en el futbol, el del que la pide siempre y se agranda en las difíciles.
  Hace 29 nacía Messi, el mejor de todos desde hace casi una década. 
  Hace 81 años Gardel se iba en su última gira. una noche antes cantaba su último tango en público: "tomo y obligo" por una radio de Medelín. Gardel era conservador, dicen, pero su funeral generó una de las movidas más masivas y populares que hubiera conocido Buenos Aires, la Argentina toda. 

  No pasarían más de diez años para que se viera otra movilización, más grande, con más bronca, pero seguro con el mismo corazón que suele poner nuestro pueblo cuando camina por algo que siente profundamente suyo. .
Hace 16 se nos iba Rodrigo, en un accidente volviendo de un recital.en La Plata. Allí, su última canción había sido "soy cordobés" y su última frase: "nos vemos en el infinito".

   Cada día que paso en este mundo celebro un poquito mucho haber nacido en medio de este pueblo capaz de proyectar su grandeza en gente como ellos, pelear contra la injusticia y hacer de su pelea razón de Estado como en el 45, como ayer nomás, de hacer que alguien nacido en el último rincón del mundo pueda enmudecernos con un movimiento, hacernos llorar con una nota, amenazar al curso del tiempo con la promesa de vermos en el infinito o de volver en millones como Evita prometió y cumplió más de una vez.   
   ¿Qué más?

domingo, 29 de mayo de 2016

MACRISMO: EL DESASTRE COMO POLITICA



"Estos tipos no saben lo que hacen", "creen que gobernar un país es igual que dirigir una empresa", "los CEOS no saben gobernar". Varios autores
“Para que nuestro oponente se someta a nuestra voluntad debemos colocarlo en una tesitura más desventajosa que la que supone el sacrificio que le exigimos. Las desventajas de tal posición no tendrán que ser naturalmente transitorias, o al menos no tendrán que parecerlo, pues de lo contrario el oponente tendería a esperar momentos más favorables y se mostraría remiso a rendirse”. Von Clausewitz, “De la guerra 
A la vista de la destrucción derechos populares, soberanía y capacidad productiva que el macrismo viene realizando, muchos compañeros tienden a creer que buena parte de las medidas de ajuste y sus consecuencias son efectos no previstos, leche derramada de quien no sabe calentar una mamadera.
El diagnóstico sobre el desastre es correcto: destrucción de las trazas de Estado de bienestar que construyera el kirchnerismo en doce años, cambio de soberanía y emblocamiento americano por alineamiento con EEUU/ buitres/OTAN, timba financiera y exportación primaria en lugar de desarrollo industrial y mercado interno.
Lo que falla es la explicación. El gobierno, sus funcionarios, saben lo que quieren hacer y lo están haciendo del modo más eficaz posible.
Nos demuelen un edificio y, según el  nivel de la protesta que se produzca, nos alcanzan un par de bolsas de residuos para que nos tapemos de la lluvia en basural. Ejemplo: Cresta Roja, 3500 obreros en la calle. Protestan, balas de goma, gases y manguereada. Luego, 1500 entran como precarizados, sin antigüedad ni estabilidad, el resto sigue desocupado y mira tras un alambre cómo Macri anuncia el veto a la ley de emergencia laboral. Otro ejemplo: blanqueo de capitales fugados para, dicen, pagar el 82% a los jubilados. ¿A todos? No. A los que les falten aportes su remuneración sería el 82% del salario mínimo porque, dice el ministro respectivo, “no sería justo que quien tributó cobre igual que quien no lo hizo”. En su óptica, que trata de masificar como sentido común, sería justo tratar a fugadores de divisas, lavadores y evasores de impuestos (400 mil millones, dicen muchos economistas)  igual que a quienes tributaron regularmente, pero les parece injusto pagarle toda su jubilación a quienes fueron estafados por empresarios inescrupulosos y/o no tuvieron el suficiente poder como para que les hicieran los aportes.  La última: tarifazos de hasta el mil por ciento y tras los reclamos de provincias, oferta de bajar el tarifazo al ¡500 %! Y con perspectiva de completar el resto antes de fin de año.
Ejemplos estatales: la idea de vender las acciones privadas en poder de la ANSES “si no alcanzaran los fondos que vienen del blanqueo”. O nombrar a cargo de cada ministerio a quienes esos ministerios debieran controlar o denunciar ante la justicia por evasión, lavado, etc. Otro: despedir a quienes controlan procedimientos empresariales y emplear a adeptos para que le hagan marketing a los que debieran ser controlados.
No se pueden evaluar estas acciones con la lógica de un capitalismo productivista, desarrollista, mesiánico en sus expectativas de alcance de bienestar. Ese capitalismo, el del Estado de bienestar, fruto tanto de profundas luchas y sacrificio popular en todo el mundo a la vez que del enriquecimiento y desarrollo desmesurado de tecnología e industria mediante dos guerras mundiales y miles de guerras intermedias y posteriores, ese capitalismo que se creía en desarrollo permanente comenzó a morir en los ´70 y sólo reaparece en modos inesperados y de la mano de los sectores postergados cuando estallan las crisis de hegemonía que el modelo neoliberal mismo genera.  
Lejos del concepto de hegemonía gramsciano, el de un sector de clase que emerge con capacidad de expresar los intereses de la mayor parte de los sectores sociales y convierte su proyecto de dominación en el único posible, lo que caracteriza a este nuevo ya viejo capitalismo es su recaída en crisis permanentes pues no trata de unir a todos tras una gran utopía sino de demostrar que eso es imposible y que su proyecto es sencillamente el menos peor, el único viable.
El desprestigio de lo político, del Estado, de lo colectivo, de los valores que mejor expresan a la humanidad, lejos de debilitarlo lo consolida. Si todo es malo, mejor que gobiernen los poderosos, si repartir es delirante, mejor que recuperen la plata los poderosos que, de última, son los dueños de todo. Cambiar futuro por pasado, como bien lo sintetizara el inconciente de la actual gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.
Las crisis, lejos de hacerle perder terreno al modelo posindustrial, le sirven para eliminar competidores en el reparto de la riqueza. No sólo a trabajadores y productores, sino también a empresas y empresarios, gobiernos y países que se apropien de lo que los grandes grupos consideran propio. Las crisis, como siempre lo han sido, pero hoy más que nunca, son vía de concentración de riqueza y de poder. Los muertos, los desocupados, las áreas que desguazan, las recesiones, el endeudamiento, son efectos deseados en la búsqueda de mayor concentración. Como bien dijera Clausewiz, “si tienes que atacar a tu enemigo, hazlo del modo que le causes el mayor daño posible y que mayor sea su dificultad para devolver el golpe”.
Es lo mismo que CEOs como los del gobierno hacen en el ámbito privado cuando hay que discontinuar empresas o ramas enteras de la producción en beneficio de “modernizar” la economía, esto es: derivar capitales al ámbito especulativo, producir cada vez con menos empleados, eliminar derechos laborales, achicar incluso el número de empresas que realmente manejan la economía mundial y las locales.
Ni las declaraciones ni las acciones de este gobierno son impensadas: los brulotes del tipo “remeras en la casa mientras nieva afuera”, “no daba para comer afuera dos días por semana”, no son estupidez ni precariedad política, son señales de triunfo hacia un pueblo y un proyecto que creen derrotados. Mensajes que anuncian que este gobierno puede ser peor aún de lo que es hoy. Para que ese mensaje cuaje, las medidas tienen que definir un panorama peor que aquel que corporaciones y oligarquía quieren imponernos. Clausewitz putro, política de guerra: a un enemigo ni se le dice con tibieza que se lo va a vencer ni se lo ataca con almohadones, se lo debilita con acciones agresivas y contundentes, se lo intimida con brutalidad en el discurso.Ese es el signo de este gobierno, hacer mediante medidas burocráticas respaldadas por agencias y bancos internacionales, el empresariado corporativo y partidos definitivamente conquistados por la nueva ola neoliberal  lo que hace 40 años nos hicieran estos mismos actores manejando vía genocidio.
Así que no, no es ni impericia ni falta de política sino todo lo contrario. Es el poder y su discurso en su estado más puro.
Nada hay que esperar de este gobierno más que la repetición de esta conducta en la expectativa de concretar la derrota popular, ese es su objetivo destruir hasta sus cimientos la cultura de participación, reclamo e incidencia estatal de nuestro pueblo. Aquella que se iniciara en hace más de doscientos años y renaciera una y otra vez en formas diferentes para proyectarse a los últimos doce años. La reunificación social, la estabilización económica y el restablecimiento del desarrollo sólo pueden venir de la mano de la confrontación con estas políticas destructivas. Sólo de nuestro lado está esa posibilidad de reestablecer el tejido social y productivo. En nuestra debilidad relativa, esa posibilidad es la que debiera alentarnos a recuperar la iniciativa.  
Una última consideración: el desierto en la Plaza de Mayo este último 25 fue señalado por muchos de nosotros como una carencia del gobierno. Respecto un 25 como el del 2015, este 25 resultó deslucido, falto de pueblo y de apoyo popular al gobierno.
Es cierto. Pero esa consideración no puede ignorar un elemento central: el año pasado éramos gobierno, este año no. Del único modo en que este 25 de mayo hubiera sido un desaire para el gobierno es si hubiéramos sabido generar nuestro propio 25 de mayo, el de la multitud de compatriotas que siguen revindicando la gesta de la independencia y la soberanía. El 9 de julio está por delante y es probable que el gobierno no juegue la misma carta: en su política de restauración cultural buscará hacer un bicentenario de estampita y uniformes con la ayuda de algún gobernador transformista.    
Construir un bicentenario del pueblo debiera ser el objetivo de todos los sectores enfrentados a la restauración oligárquica.