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viernes, 4 de septiembre de 2020

LAS PANDEMIAS LAS RESUELVE (O NO) LA POLÍTICA



Como ya lo verificamos en las actividades de prevención de otra pandemia, la infeccion por vih sida, la respuesta social a una amenaza que no se puede resolver no es la prevención sino la negación. Lo natural en las y los humanos no es actuar de modo preventivo sino de acuerdo a cada momento y al interés en juego.

Hay miles, millones de cuestiones que resolver para garantizar la subsistencia propia y la de nuestras familias, cantidad de problemas, etc. En ese marco, una amenaza biológica es "solo" una parte de nuestros problemas cotidianos.

Ejemplo,año 2000: Municipio de Provincia de Buenos Aires. En el marco de un programa de promoción de del test, una persona había recibido por error un diagnóstico positivo al vih. Eso incluso derivó en ruptura de su pareja, violencia, etc. También hizo posible que recibiera algún apoyo, por ejemplo un bolsón con leche, alimentos frescos, aceite y harina para ella, sus hijas e hijos. La convocamos a la consejería para informarle que su serología era negativa, es decir no estaba infectada por vih. La expectativa era que esa información la aliviara. Estamos hablando de una época en que aún el vih sida estaba asociado en el imaginario social a una muerte segura.

La señora escuchó atentamente el informe que se le dio con el pedido de disculpas del caso y contestó: ¿Y ahora cómo voy a conseguir leche y alimentos para los chicos?

En ese momento, en la situación en que esta persona se encontraba, saberse sana le apareció como un problema, EL PROBLEMA, ya que le quitaba el acceso a recursos para sus hijos.
Ese es el problema para quien actúa frente a una pandemia. El riesgo se transita no sólo condicionado por el conocimiento sino también por momentos.
Lo que en un momento se impone a mi atención y cuidado con mucha claridad en otros es desplazado por otras prioridades, lo que necesito, lo que deseo, lo que estoy habituado a hacer, lo que me identifica, lo que me resulta posible: allí es donde se potencia o no la posibilidad de contagio.
Hasta aquí llega mi cercanía con el texto Coronavirus: ¿Por qué fracasan todas las estrategias para frenar los contagios?, que publica Página 12 este 2 de setiembre, a propósito de un hilo que publica Daniel Fierstein en su tweeter.
El autor acierta en que la respuesta (necesaria) a una pandemia no es médica, pero emprende un camino igualmente monotemático cuando responde que la respuesta es sociológica y amplía que el miedo puede ser un camino para reducir los contagios.
El miedo no es la vía para resolver los obstáculos a la prevención de una enfermedad. Al contrario, es el temor a algo que no se puede resolver el que dispara la negación, el obstruye una respuesta preventiva.
Si mis mensajes e intentos preventivos apuntaran a aumentar el temor, tendrían un efecto de sumatoria de rechazo, formación reactiva es el termino que corresponde, o de más negación.
Vale otro ejemplo bien estudiado en EEUU: el cartelito del Ministerio de salud que traen los paquetes de cigarrillos con fotos de sarcoma y otras patologías posibles de adquirir por fumar. Lejos de provocar miedo en quien fuma, ese agregado tiende a ser absorbido mayoritariamente como un mensaje de la autoridad sanitaria, pero despojado de su contenido ("Oh! El paquete trae un mensaje del ministerio de salud"). Resultado: "si hay un mensaje del Ministerio estoy protegido, no tengo que preocuparme. Fumo tranquilo".
Basta con estos ejemplos para comprender que las conductas humanas ante el riesgo no necesariamente responden a la lógica formal sino a la del deseo.
Así que la solución no es promover "el cagazo", como se cita a propósito de la parcial reducción de casos en Europa, por dos motivos.
Uno, porque la promoción del miedo refuerza negacion y promueve otros mecanismos de defensa.
Otro: porque los profesionales no tenemos ningún derecho a usar el conocimiento que nos habilitó la sociedad para asustarla usando nuestras herramientas profesionales.
¿Entonces? ¿No hay solución?
Sí la hay y está tan cerca del ejercicio de la sociología o de la psicologia como de la epidemiología o la estadística.
Hay que dar clara explicación de la situación extrema en que estamos, no para dar miedo sino para encarar una lucha histórica por nuestro futuro, nuestra cultura, nuestra identidad colectiva y singular que se verían arrasadas por décadas si la pandemia sigue el curso actual.
¿Alguien imagina cómo se vería afectada la identidad de las próximas generaciones tras una mortandad que pudo evitarse y que produjo un número de fallecidos mayor que la suma de todas nuestra guerras externas? ¿Qué efectos devastadores tendría en nuestra salud mental saber que hemos dejado que mueran decenas de miles de personas por priorizar after offices, take away, runner y el montón de divertimentos que se pusieron al mismo nivel que la vida de nuestros viejos, nuestras amigas y amigos, nuestros hijos, de quienes nos cuidan, de quienes producen lo que comemos, lo que nos cura, lo que nos abriga?
Hablo de promover una épica del cuidado, no sólo por el interés singular sino por el trozo de sobreviencia humana que se juega hoy y acá en Argentina, para restaurar restricciones hasta bajar los contagios a un nivel relativamente controlable, lejos de los valores actuales, en el punto en que estemos seguros de no volver a ascender hacia la enfermedad y la muerte. Y proveer el recurso necesario para.sobrellevarla: alimentos, medicamentos, energía, sanidad, seguridad. Con eso funciona lavarse las manos, el metro y medio, barbijo. Sin eso, muy poco.
Esa solución es POLÍTICA y es a las autoridades nacionales que les cabe la responsabilidad de tomarla en sus manos. Nuestra labor es aportar conocimiento y fundamento para ella, para nuestros compatriotas, desplegar estos debates y conclusiones. Nada menos y nada más más

viernes, 24 de julio de 2020

"CERRAR O CEDER AL COVID19

La tapa de la web de Página12 titula el viernes 24 de julio con un falso dilema: CERRAR O NO CERRAR.
No hay dos alternativas de salud frente a la magnitud de la pandemia. No es "cerrar o no cerrar"
Es CERRAR para evitar de ese modo la entrada en catarata en la morbilidad, mortalidad y colapso sanitario y productivo o seguir esta no-cuarentena que se amarilló y disponernos a la peor tragedia de nuestra historia, excepción hecha de los genocidios.
La única salida es volver a una fase 1 recargada: Aislamiento domiciliario preventivo, garantizado desde la acción  de Estado. Solo circulación de quienes garanticen salud, alimentos, seguridad y energía.
El resto, todas y todos en nuestras casas, al menos hasta que la transmisión comunitaria se reduzca drásticamente.
El famoso "día después" de la pandemia será habiendo evitado la mayoría de las muertes o con un luto del que no habría memoria vigente. Ni siquiera Malvinas, por su magnitud, ni siquiera el último  genocidio, por no haberse expresado mayoritariamente en muertes reconocibles  registradas.
Es preciso dejar de tilinguizar la cotidianeidad de esta tragedia que vivimos. Y el primero que debe hacerlo es el Estado, retomando el camino que se iniciara desde la presidencia en marzo: PRIMERO LA VIDA es hoy vivir con lo indispensable, proveer a quienes no dispongan de eso y vaciar las calles y lugares públicos.
"FLEXIBILIZAR", ese eufemismo que en la últimas décadas se ha empleado para decisiones siniestras tales como volver al trabajo servil, es hoy en lo público ceder al avance del COVID19. "Apertura"es negar la magnitud de la epidemia, negar con hechos y decisiones el discurso de la prevención  y el cuidado.
¿En qué espejo engañoso se miran quienes le niegan a Argentina y argentinos la capacidad de resistir a esta epidemia desde el aislamiento y la distancia corporal, las herramientas más adecuadas con que contamos?
¿Con que respaldo científico se afirma que una sociedad acostumbrada mayoritariamente al sacrificio, la gestión y la hazaña colectiva como lo es nuestra sociedad no podría bancarse unos meses de aislamiento para salvar la vida de sus padres, sus hijos e hijas, sus hermanos, hermanas y amigos, amigas?
Está en nuestro origen histórico: decenas de lenguas y tradiciones han sobrevivido al genocidio originario por esa cultura de resistencia y sobrevivencia, decenas de nacionalidades se han proyectado en la nuestra a pesar de venir del desarraigo, las hambrunas, las guerras de todo el mundo. Millones de postergados han construido sus derechos casi desde la nada, desde nuestra independencia a la democracia, los derechos sociales, la disputa misma por el Estado.
¿Nos hemos sobrepuesto a genocidios y dictaduras feroces pero no podemos vivir un tiempo aislados hasta reducir el riesgo de colapso que hoy afrontamos?
¿Cuántas veces hemos remontado crisis, recesiones, el vaciamiento productivo y del Estado generados por gobiernos antipopulares? ¿Y nos vamos a negar hoy capacidad para reponernos de las consecuencias económicas tras superar esta epidemia?
NO HAY DOS ALTERNATIVAS DE SALUD FRENTE AL COVID19: o recreamos con más fortaleza y rigor la Fase1 o vamos hacia la morbilidad, las muertes, el colapso."

martes, 23 de junio de 2020

AMBA Y COVID19: FASE 1 IRRESTRICTA O COLAPSO

No nos merecemos que nadie nos tome de excusa para retardar una decisión de Estado inevitable y urgente
En AMBA hay que cortar el pico o nos lleva puestos el COVID19.
Vivir con lo básico del 23 de junio al 13 de julio como mínimo, es la estrategia para la mayoría.  
Aquellas y aquellos que tienen mercadería, tendrán que usarla. Aquellas y aquellos que carecen de lo indispensable, se debe proveerlos con equipos oficiales. 
Así  se garantiza una sola salida semanal de uno por familia. 
Sólo personal de salud, seguridad,  transporte y energía tiene que circular con todos los recaudos.
Si sigue la progresión actual de contagios llegamos a 1 de agosto con 300000 acumulados.
Las altas no van a compensar los casos graves y la terapia intensiva estará colapsada.  
Tambien colapsara el resto de los servicios de salud por imposibilidad de aislamiento de las y los contagiados.
Por eso, hay que bajar los contagios y aumentar el tiempo de duplicación. Esto tiene un solo camino: Aislamiento Domiciliario Preventivo en Fase1 Irrestricta
Fase1Irrestricta Ya es UNA GESTA SOLIDARIA, PATRIÓTICA E HISTÓRICA, no una gimnasia, tampoco algo natural. Es un sacrificio.
Las autoridades, los trabajadores de salud, el voluntariado, tenemos que hablar crudamente. Sólo aquello que se puede ganar en vidas y afectos compensa lo que seguro vamos a perder en comodidad, distracción y bienes. Pero la vida de todas y todos, también la integridad de nuestra sociedad y nuestra salud mental están en juego. 
La mayoría de nuestra población lleva tres meses apoyando con su cuerpo, con sus malestares y sus pérdidas la acertada estrategia de aislamiento domiciliario*, distancia fisica**, asistencia a población  vulnerada y actualización de la oferta sanitaria. Los retrocesos locales de esta estrategia en CABA nunca fueron demanda mayoritaria sino decisiones irresponsables.
No nos merecemos que nadie nos tome como excusa para retardar una decisión de Estado inevitable y urgente. El gobernante que invoque a una minoría asocial como argumento, o no tiene capacidad para hacer su labor o responde a otros intereses que la salud de nuestro pueblo.
Ahora más que nunca necesitamos conducción firme para sobrellevar no sólo el temor a la pandemia y sus efectos, sino también para contrapesar la acción promuerte de una minoría con poder económico y medios.  
A esa minoría también vamos a salvarla con #Fase1IrrestrictaYa

*El aislamiento es domiciliario, no social. ¿Hay algo más social que una acción consciente de más de cuarenta millones a la vez y por tanto tiempo?
** La distancia es física, entre cuerpos. La sociabilidad sigue en pie. 

jueves, 14 de mayo de 2020

CABA y COVID19: un gobierno sin respuestas

En fecha 13 de mayo de 2020 envié una serie de preguntas al Twitter del Ministro de Salud de CABA, Fernán Quirós, ante la expansión del COVID19 en la Ciudad que ya tiende a duplicar el número de casos cada diez días, como lo anticipamos la semana anterior, habida cuenta de la producción de contagios en los barrios con mayor exclusión.  
Son preguntas que debe hacerse todo sanitarista ante la emergencia de una pandemia que se caracteriza por su alta infectividad, se transmite por contacto de mocosa oral, nasal u ocular con saliva de otra persona y puede tener una evolución aguda e incluso mortal, sobre todo en personas inmunodeprimidas y adultos mayores.  
¿Qué hacer además de ordenar el aislamiento hogareño preventivo, la distancia social e indicaciones de higiene? 
Atender los espacios que serán más propicios a los contagios: lugares de convivencia masiva (geriátricos, paradores, cárceles, internados, hospicios), barrios con pobreza extrema, de modo que ninguna carencia provoque rotura del distanciamiento social y cuarentena. ¿Por qué? 
Porque a diferencia de los sectores sociales con mejor ingreso y condiciones de vida, estas personas enfrentan privaciones que dificultan el cumplimiento de protocolos, de modo que la instalación del COVID19 en esos espacios expone al colectivo a la rápida multiplicación de casos.  
Reproduzco las preguntas.  
El COVID19 explota en Villas 31, 1-11-14, geriátricos, paradores: ¿Qué recomendaciones hizo a Jefatura de Gobierno respecto a estos focos, previsibles e históricos? ¿Qué presupuesto se asignó? ¿Con que destino? Que otra decisiones se tomaron?  
En concreto: ¿Cuándo organizó equipos de salud , los equipó con el resguardo de bioseguridad correspondiente, los distribuyó por los barrios con pobreza extrema para promover, controlar y garantizar el no contagio, q es la vida y salud de sus vecinos?  
¿Cuándo decidieron "reperfilar" los paradores que se podían adecuar a protocolo COVID19 , reemplazar por espacios sustitutos (incluso hoteles con control sanitario) aquellos que expongan a contagio los convivientes? ¿Cuándo hizo eso?  
¿Cómo garantizó en los barrios de pobreza extrema el acceso inmediato a alimentos, material de higiene y de limpieza ambiental, de protección personal? Los casos de hacinamiento familiar e interhogares: ¿cuántos eran? ¿Y hoy?  
En barrios de pobreza extrema : ¿cuántas manzanas/bloques/área definida le asignó a cada equipo de salud ? ¿Con que criterios? ¿Cuando supo de la falta de agua en Villa 31? ¿Q Propuso? ¿Q se hizo? ¿Que falta?  
Primer resumen: ¿Cuando comenzó el entrenamiento obligatorio de TODO el personal de salud para actualizar y sostener los protocolos de bioseguridad? Traducido: universal de alto riesgo, es decir de aquel que se debe observar en todo vínculo. ¿Se completó ya?  
¿Cuándo terminó de visitar todos los hospitales y comprobó si los informes que recibió de sus enviados eran exactos? ¿Cómo resolvió los problemas que encontró?¿Cuándo? ¿Sabe que por ejemplo en la guardia del Piñero descansan en una pieza hasta 6 profesionales?  
Le sugiero, si contesta alguna de las preguntas, que lo haga consignando fechas y cantidades. Cada reportaje al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta o Diego Santilli en que le hacen estas consultas responden que "dieron prioridad a ese problema" sin aclarar cómo, con qué, cuándo y por qué falló.  
Ud. Ministro, tiene triple obligación: es funcionario, es ministro de salud, se recibió de médico. Si propusiera en examen de final de carrera un caso hipotético de epidemia y el alumno no pudiera proponer un 40% de lo que le consulto ¿lo aprobaría? Ud. ¿Se aprueba?  
#CuidarteEsCuidarnos reza un cartel tras una conferencia de prensa de su gobierno. ¿Cuando comienzan?
En pleno negacionismo menemista las organizaciones sociales forzamos, a efectos del VIH sida, considerar como infectados a todos los participantes de todo acto terapéutico. Esto, hace 25 años, amplio la detección y acceso a tratamientos, redujo transmisión del vih. Pasaron 25 años.  
Hasta aquí las preguntas que no tienen respuesta. No a mí, que siendo un trabajador de salud soy un ciudadano más. No hay respuesta a las personas que el Gobierno de CABA abandonó a su exclusión y desatendió en medio de una pandemia en lugar de proveer a su habitat, alimentación, higiene, cuidado, subsistencia, en fin aquello que nuestros maestros Carrillo y Ferrara consideraran lo que hace la verdadera diferencia entre salud y no salud.  
En 1871, mientras la fiebre amarilla arrasaba el sur de la ciudad de Buenos Aires, los privilegiados, incluidas las autoridades, emigraron en masa. Otros se quedaron a hacerle frente junto a los vecinos, con lo poco que tenían a mano, por compromiso ciudadano, por solidaridad, por compromiso profesional, como lo hizo el Dr. Muñiz, quien murió como tantos a los que asistiera.  
La entrega, el compromiso, la responsabilidad y la miserabilidad vuelven a confrontarse en ocasión de otra epidemia. La mayoría de la sociedad de CABA se ha puesto de un lado. Es hora que su gobierno de CABA replantee el suyo.

viernes, 8 de mayo de 2020

La cuarentena y el recurso social y comunitario


El COVID19 y su incidencia en la subjetividad colectiva
En los últimos días, el próximo anuncio oficial sobre la estrategia contra el COVID19, sumado a las ansiedades que despiertan la amenaza de viral y el aislamiento social, se han expresado en cifras que trascienden la de contagios, decesos y recuperaciones de cada día.
Los modelos matemáticos suelen tener efectos no previstos. Alegría para los optimistas, angustia para los pesimistas, falsas realidades para quienes desesperan por certezas. De instrumento de trabajo sobre situaciones concretas pueden devenir en anclas para el pensamiento agotado. Los modelos se basan siempre en algo ya comprobado, salvo en aquello que nos distingue a los humanos: resolver de modo nuevo lo que aparece como imposible.
La propuesta es revisar algunas previsiones, supuestos, motivaciones en pugna y sus consecuencias, tanto actuales como futuras en nuestra acción respecto a la pandemia.
Tenemos por ejemplo un ánimo social acuciado por una masiva invasión de lo real en su sentido más preciso: “eso”, el COVID 19, en la imposibilidad, hasta reforzada por la distancia de los cuerpos, de instalarlo en lo simbólico en un modo que habilite un manejo colectivo y singular. Necesidad de hacerlo más que la sombra que acecha más allá de las paredes de nuestras casas, algo más que los dos metros donde se fortalece lo invisible justo en una sociedad que transcurre sus quehaceres y vínculos en el contacto de los cuerpos, el abrazo y la mirada, el gesto que precisa y hasta cambia el sentido de cada frase. Que sea algo más que el hablar plano de la mayor parte de los medios y esa, su vaciedad, que contribuye a llenar de oscuridad aquella amenaza, lo poco que del COVID19 podemos someter en nuestra subjetividad.
Sobre esa fisura emergen dos afirmaciones. Una lleva a lo general lo que por ahora es una relativa buena noticia mientras navegamos en dos, tres, cuatro dígitos: los casos de infección se duplican al cinco de mayo cada aproximadamente veinte días. La otra, puesta en circulación  mundial pero en referencia a Alemania, por la canciller Merkel ha llegado ahora a Argentina: habría que esperar que un setenta por ciento de la población se infecte por COVID19 antes de fin de año.
Sin cruzar ambas afirmaciones se deriva en que, llegados a ese número (¿cuál?) de infectados, estaríamos por fin deteniendo el curso de la pandemia en nuestro país. Una progresión menos difundida, pero seguramente revisada por el equipo que asesora al gobierno, rescata lo que hasta ahora es sólo observación de corto plazo. Cuando el número de casos en un país alcanza a las 500/ 600 personas infectadas por cada 100000 habitantes (5, 6/1000), la pandemia parece ralentizarse, los nuevos casos decrecen. No hay certeza aún respecto a la estabilidad o persistencia de esa tendencia.      
Interés social e intereses particulares respecto a la pandemia
Por detrás de algunas previsiones matemáticas, como barrera contra la búsqueda de alternativas, se invoca el fantasma del crack económico, la caída en una pendiente tal que, según quien la aborde, llevaría a la hambruna y peores males que la pandemia misma y / o exigiría sacrificios a los que nuestra ciudadanía no estaría dispuesta, aún a sabiendas que puede reducir sustancialmente lo que se prevé una mortandad y morbilidad inéditas. Interesante que economistas y sucedáneos dediquen más tiempo a reclamar por medidas que son del orden sanitario (“levanten la cuarentena”, “flexibilicen la cuarentena”, “tal o cual sector padece esto”, “quedará un trauma") que a proponer lo suyo: cómo garantizar disponibilidad de producción básica, lo indispensable para un periodo de supervivencia.
Interesante también el fenómeno mediático: mientras diferentes encuestas confirman una alta aceptación de la cuarentena, diferentes lobbies “pro salida” ven potenciado su reclamo muy por encima de su necesidad y de su número real. El efecto de la cuarentena, la curva de casos “planchada” es usado en beneficio de relativizar el riesgo de contagio a la vez que se crean pronostican, sin rigor profesional alguno, efectos dañinos para la subjetividades por causa del encierro.     
Lo único demostrado hasta aquí es que la distancia social y el aislamiento domiciliario reducen los contagios, dan tiempo a mejorar la oferta sanitaria y a crear hábitos de cuidado y que el encierro familiar no agrega a las identidades y los vínculos preexistentes más que las posibilidad de construir entre todos formas de defendernos mejor. El resto de las cuestiones vinculares más negativas, están tan teñidas por el fantasma del contagio, la morbilidad y la muerte, que resultaría aventurado asignarle como causa general la convivencia forzosa.   
Las cifras y la acción política y sanitaria
Volvamos a los números. Somos en total unos 45 millones de personas quienes habitamos la Argentina. El setenta por ciento de ese total suma 31,5 millones de personas.
Quedan, hasta fin de año, 240 días, esto es, 34 semanas. En estos días se verifica la duplicación de casos de contagio cada veinte días. 
Hablamos, en un proceso ascendente y en parte acumulativo, que de sostenerse en el tiempo nos llevaría a 9800 casos en veinte días, 19600 en cuarenta, 312800 en ciento veinte días. Continuando con esa proyección, estaríamos en 1251100 en ciento sesenta, 20000000 al treinta de diciembre, el 70% de nuestra población infectada pasada la primera semana de enero de 2021.
Puede suceder, dado el ingreso del COVID en los sectores más postergados, que la duplicación se produzca en menos tiempo, por ejemplo, en diez días.  Esto nos daría los 9800 casos en diez días, 19600 en veinte, 312800 en sesenta. 1251100 a fines de julio, el 70% de nuestra población pasada la primera semana de setiembre de 2020.
Está, por otra parte, lo que se difunde en estos días, respecto a que nuestro gobierno aspira a limitar la duplicación al menos a periodos de veinticinco días. El setenta por ciento se proyectaría entonces a marzo de 2021.
Si cruzamos con la ralentización aun no explicada que se repite en más de un país, al llegar al 5 ó 6/1000 de la población, es decir entre 225000 a 270000 en nuestro caso,  esa ralentización nos llegaría a mediado de agosto según la tendencia actual de duplicarse el número de contagios cada veinte días.  A fines de junio, principios de julio si se acelerara a duplicarse cada diez días. A mediados de setiembre si se cumplieran los deseos.
Cierto que hay que descontar las personas recuperadas. Pero aun haciendo el recorte de recuperados y el de personas fallecidas, también esperando una ralentización “espontánea” en algún punto de nuevos contagios, nuestra capacidad de aislamiento de casos podría colapsar aún con estas progresiones, la de internación en terapia, ídem.
Este proceso, esta evolución de la pandemia, no puede entonces ser “acompañada” ni atendida con medidas leves. Debe ser obstaculizada por todos los medios posibles. Dicho de otro modo, la administración de la pandemia es poner todos los obstáculos posibles y más al avance de los contagios.
Y si se esperan costos sociales y políticos de una estrategia de este tipo,  habrá  que convocar a la sociedad a esta gesta, la que por ahora sólo asoma su parte más leve, a un sacrificio por salvar cientos de miles de compatriotas. La madre de aquel, el abuelo de éste,  la vecina del piso de arriba, el hijo mayor de…
Los riesgos y la veracidad: cómo consolidar la capacidad social e individual de enfrentarlos
Consideremos la relación mortalidad/ casos en el mundo: aproximadamente 7%. En EEUU 6.4%, en España e Italia más del 10%, en Francia casi 20%. Sólo  Alemania y Rusia sitúan esta relación por debajo del 5%.
Actualmente estamos en el 5.3% en la Argentina. Pero comenzamos a pasar una línea que necesitábamos no atravesar o hacerlo lo más tarde posible: desde los sectores altos y medios el COVID19 ingresó a los barrios de pobreza extrema, caso villas 31 y 1-11-14. También a los geriátricos. Las autoridades nacionales han lanzado en CABA una intervención sanitaria conjuntas que, esperamos sea capaz de  comprender y resolver las carencias y cuestiones culturales que favorecen la aceleración de los contagios, es de prever que esa situación marche a complicarse. La inclusión de profesionales de trabajo social y la acción directa en el terreno de equipos interdisciplinarios es indispensable para modificar el curso que ha tomado la epidemia en estos barrios y para prevenir que no se proyecte a otros.
Volviendo a la relación casos/ fallecimientos, con la actual, con un nivel de aislamiento no menor, si la “ralentización” no se produjera o fuera pasajera y en un proceso contínuo, sin periodos de reducción importantes, tendríamos al momento del 70% aproximadamente 1600000 personas fallecidas. En una relación similar a la de la de EEUU, 2200000, y colapsando (caso Italia, España) los números en gráficos rondarían los tres millones.
Estaríamos hablando de más bajas que la suma de todas nuestras guerras, pero producidas en  un período sólo superior al de Malvinas. Una catástrofe humanitaria sumada a una fractura en la conciencia colectiva y efectos en las subjetividades singulares que hoy por hoy resulta imposible analizar en todas sus consecuencias.
Si el curso de la pandemia pudiera predecirse del modo unívoco e inamovible que se sustenta en la teoría del 70% con plazo fijo, habría que concentrar la labor de salud a preparar a la sociedad para ese evento aún más duro que el día a día de contagios, padecimientos y muertes actual y a la vez alentar a todas y todos a sostener la vida y actividades cotidianas a pesar de ese porvenir luctuoso. En las guerras, ese sostén  tiene que  ver con lo que se defiende, pero también con el daño que se inflige al enemigo. Atento  a que la previsión atada al 70% se confirme y nada surja antes desde lo inmunitario o lo farmacológico, hay que trabajar sobre la comunidad y sus subgrupos en el rescate y la consolidación de su capacidad de defensa frente a una agresión imposible de erosionar que multiplica día a día el daño que causa.
Esta acción, asentada sobre la labor interdisciplinaria y que reconozca la necesidad de actuar respecto a la salud mental de nuestra población con la misma intensidad y recursos profesionales que los empleados respecto a detección, investigación y asistencia médica y social, tiene un necesario punto de partida: avanzar a presentar a toda la población, de un modo accesible a las diferentes identidades, crudo y comprensible, de los reales riesgos que se avecinan.
En la comunicación con la comunidad hay que separar las necesidades preventivas y asistenciales de todo lo que no resulte esencial, incluido lo que aparece hoy como acuciante desde, por ejemplo, el punto de vista económico pero no resulte esencial para sobrevivir en los meses venideros.  Seguir sosteniendo lo recreativo o lo corporativo en un mismo plano que el salvar vidas, contribuye a la negación del riesgo real que enfrentamos y el sacrificio que nos pide.     
El sentido común nos lleva a suponer que cuanto mayor es el peligro para nuestra salud o la vida, más fácil resultaría que la sociedad, los grupos sociales, cada persona, reaccionen hacia la mejor defensa contra ese peligro. La conciencia social, como la singular, no funciona así.
En realidad, la tendencia respecto a problemas que aparecen como imposibles de enfrentar, por caso el COVID19, es la negación, sea por la vía de no pensarlo, sea por la vía de anteponer otras cuestiones como más importantes, sea por la vía de resignarse a lo inevitable, sea por la vía de instalarse en rutinas que permitan no pensar en la amenaza, se por la combinación de varias de estas “salidas” con una consecuencia cierta: La mayor exposición al peligro. En este caso al contagio y su transmisión a otros.  
Tan importante como los dos metros, el aislamiento domiciliario, la higiene básica, es contar con el aporte subjetivo que los hizo posibles en la acción de decenas de millones durante este tiempo. Es lo que hay que marchar a consolidar junto y con el mismo esfuerzo que dedicamos a camas,  espacio de aislamiento, respiradores, etc.
Lo hecho en mes y medio de contención de la pandemia
Podemos plantearnos de modo sencillo qué experiencia hemos recogido de nuestros cuarenta y pico días de cuarentena y de la información que vamos recibiendo del resto del mundo.
Los países en los que se subestimó la virulencia de la pandemia vieron un panorama de enfermedad y muerte inéditas a la vez que entraron a la pendiente de una crisis económica sin final a la vista. En esos casos, salvo los EEUU y Brasil, el resto tuvo que tomar medidas de aislamiento frente a una ola de contagios ya desatada. De todos modos y aún con una cotidianeidad de fosas comunes, atención restringida a los casos más leves por falta de equipo, planteles de trabajadores de salud diezmados, esas medidas tardías de aislamiento se verificaron como efectivas, tanto para ralentizar el avance del COVID como para sostener cierto animo social
Donde se priorizo atender al posible el “crack económico" considerándolo más riesgoso que la evolución  del COVID (EEUU, Brasil), los muertos se cuentan por decenas de miles, hay saturación de la demanda sanitaria, se multiplican las aduanas y bloqueos internos, mientras la desocupación  se cuenta en millones y, en EEUU, sólo  una inversión  estatal inédita permite mantener alguna actividad productiva. Va de suyo que son los trabajadores de estos sectores activos los que pagan con sus vidas la salida “económica” decidida por Trump.
Donde se adoptaron restricciones fuertes apenas producidos los primeros casos (podemos tomarnos como ejemplo) la epidemia evoluciona de manera contenida y buena parte de los casos responden, antes que al curso “normal" de la infección, a situaciones que pueden y deben evitarse.
Los grandes nichos propicios para la pandemia
Objetivo central: Consolidar la actitud de defensa y compromiso de nuestra población. Despegarnos por esa vía del 70% y de las cifras inevitables y reducir casos, casos agudos y muertes por todas las vías posibles.
Un cuarto de las infecciones fueron importadas, por repatriación de argentinas y argentinos  en el exterior. Ya hay experiencia suficiente para evitar repetir esto, mediante cuarentena total controlada. Se podrían sumar, sin índice cierto, una buena parte de infecciones producto del contacto no cuidado de estas personas y una circulación relacionada  del COVID19 de la que sólo emergen los casos que hacen síntoma. 
Un quince por ciento a mediados de abril, no actualizado a la fecha, de infecciones en personal de salud. Tampoco tenemos información precisa del número de contagios que se iniciaron en el contacto con estas personas, pero por su labor podemos suponer que ha sido significativo Con entrenamiento obligatorio intensivo y equipamiento adecuado esta forma de transmisión  puede reducirse al mínimo. Se apunta aquí una vía de reactivación productiva que el gobierno ya inició: conveniar con empresas que puedan reconvertir su producción a la elaboración o confección del material sanitario indispensable.
Los espacios de pobreza extrema. Era uno de los puntos de multiplicación más previsibles. Por hacinamiento, por labores en condiciones de alta exposición, por falta de servicios básicos, por imposibilidad de acceder a provisión mínima sin salirse de la cuarentena. Pero también por la cultura de sobrevivencia, consistente en el vínculo directo y estrecho entre personas y familias que les garantizó atravesar las peores crisis compartiendo todo.
El “me quedo en el barrio" fue un punto de inicio creativo y necesario como alternativa al imposible “me quedo en casa". Pero la última semana viene a confirmar lo que se anticipó: la entrada del virus a una casa en estos barrios abre la puerta a contagios múltiples. Se impone un programa de rescate de estos barrios y villas. Provisión de servicios en el lugar desde el agua y el gas, incluida la garrafa social, hasta los cajeros móviles. Equipos de salud rotativos y accesibles. Reubicación de familias en hoteles en los casos que resulte imposible el aislamiento. Derivación  inmediata, garantizada con móviles y personal en guardia cercana permanente, de casos sospechosos y, por supuesto, de contagio comprobado. Provisión de alimentos y lo indispensable vía  comedores y espacios comunitarios donde haya, vía directa hasta que se constituyan, allí  donde no. Al mismo tiempo, fumigación,  descacharreo, etc, por el dengue, al menos en AMBA y otras zonas.
Se puede ver en términos de números: quince infectados es, mínimo, una terapia intensiva y respirador, en muchos casos seguido de muerte. Es un costo mayor que el de las medidas preventivas, que aportan menor morbilidad y mortalidad, mejoran en la calidad de vida de los sectores más expuestos, reducen los conflictos en un momento en que la calma y paciencia resultan un capital inapreciable.
El transporte público. Es probablemente el espacio más propicio para la multiplicación de contagios. Las medidas directas –número de pasajeros, preparación y limpieza de los vehículos, cuidado y rotación de los conductores- son importantes pero muestran ser poco elásticas al aumento de la circulación de personas. Si se considera activar áreas de producción y servicios es necesario generar una alternancia de horarios que elimine los “horarios pico”
En suma, lo que muestran los hechos hasta aquí es que:
-          La cuarentena temprana y sostenida ha sido eficaz y lo muestra la evolución de la pandemia hasta hoy.
-          Una parte importante de los contagios no tuvo relación directa con la medida general sino con nichos de exposición que pueden resolverse
-          Los efectos de la estrategia pueden potenciarse hacia una ralentización  de los contagios y un mayor aplanamiento de la curva atendiendo los nichos descritos.
-          Con menor contagio, menor riesgo de colapso del sistema de salud, menor morbilidad, menor mortalidad, más tiempo ganado hacia la producción de una solución  inmunitaria y/ o medicamentosa.
-          Cada excepción debe analizarse antes que nada en términos de riesgo. La experiencia social es que es mucho más complejo y costoso retroceder en una “apertura” que  sostener una restricción.
-          Las dificultades para el sostenimiento social y político de la cuarentena no son equivalentes a la catástrofe previsible si ese sostenimiento no se produce.
-          La comunicación basada en la defensa de la vida y el cuidado entre pares y desde el Estado es estratégica, pero en tanto avanzamos hacia una fase de grandes números y situaciones agudas es necesario anticipar qué costos tendría no mantener las restricciones y comunicar en términos de sacrificio colectivo o pérdidas colectivas.
-          La acción destinada fortalecer la capacidad de defensa subjetiva de nuestra comunidad es indispensable para que el resto de las medidas aporten a su consenso activo.
-          Esa es la elección: alguna carencia y las dificultades del encierro o la pérdida de nuestros seres queridos, de nuestra vida, el debilitamiento de la comunidad de la que formamos parte.
-          En todos los casos tiene que quedar claro que la política de reducir pérdidas humanas al mínimo es razón de Estado.




martes, 24 de marzo de 2020

ESTADO CRIMINAL Y CORONAVIRUS

Vale buscar este reportaje de C5N a Victoria Moreno, médica Argentina residente en Nueva York, quien está en cuarentena tras infectarse con covid19, al igual que su esposo y sus pequeñas hijas.
"Estábamos recibiendo personas con malestares y pensábamos que era gripe. Pero llegaba muy tarde y no según lo habitual. Con el tiempo comenzamos a pensar que era coronavirus y a decirle a la gente que se quede en su casa. Hay muchísimos trabajadores de salud infectados, no se da abasto. (...) Una de las primeras infectadas fue la señora de la recepción". (Obvio que atendía sin barbijo o máscara, nadie pensó en proveérselo).
Mucho de lo que hoy se presenta como crecimiento acelerado del covid19 en EEUU (el alcalde de NY dice que "va en tren bala"), fue epidemia encubierta, es consecuencia de las políticas de Estado de Trump a la hora de afrontarla, no registrar su ingreso y progresión y, sobre todo, no fijar protocolos para los trabajadores de salud y proveerlos de lo necesario para cuidar y cuidarse. La infección circuló por los servicios de salud, pasó de pacientes a trabajadores de salud, de ellos a otros pacientes y a sus hogares.
Mientras Trump y su gente minimizaban el curso y la virulencia, valga la redundancia, de la pandemia, el coronavirus alcanzaba masa crítica para hacerse presente en miles y algo operó para que no le llegara al presidente ni a la sociedad el alerta y la alarma desde el espacio de salud (hospitales, clínicas, profesionales).

Nunca hay "Estado ausente", menos el de los EEUU, gendarme del mundo y de su propio territorio, sostenido en la articulación de la burocracia política con el poderoso complejo militar farmacéutico. Si este Estado, el más paranoico y agresivo de la historia dice en la voz de su presidente que no hay amenaza biológica, hasta las personas que por su profesión tendrían que haber actuado quedan entrampadas en su lógica.
Nada de Estado ausente: Hay Estados con algún interés en promover soberanía, bienestar y salud para sus pueblos, hay Estados que trabajan para otros intereses. En los EEUU, una sociedad acostumbrada a responder al mandato de Estado, trabajadores con poca organicidad gremial y política, la poca incidencia de la voz social en las políticas de gobierno, remataron en la acción de un Estado negador, principal responsable de la expansión de la epidemia, su morbilidad y la muertes, así como de la falta de recursos ante una catástrofe que aún no alcanzó su punto más destructivo.
No nos bajemos el precio diciendo que la pandemia llegó a Argentina después de extenderse por otros países. 

Sí, llegó después, pero a un país que recupera el Estado para el pueblo y encuentra que todos los recursos, incluida su incidencia en las conductas sociales y profesionales, se van poniendo a disposición de proteger la salud y las vidas de toda nuestra población.