Las últimas dos semanas han llevado al centro de la institucionalidad política los rechazos temores y de buena parte de nuestra sociedad ante los efectos regresivos del proyecto macrista.
La decisión de la mayoritaria de la oposición en diputados para impulsar un ley de suspensión de los despidos, el despacho de un proyecto más lavado, pero con voto opositor casi unánime en el senado. La primera movilización que reunirá a todo el sindicalismo en décadas, justo en un acto de primero de mayo y con señales claras de confrontación si el gobierno no retrocede en su ofensiva contra conquistas históricas y de los últimos doce años. Las incipientes divisiones que surgen en sectores políticos que en los primeros meses actuaban casi como voceros y defensores del nuevo gobierno.
¿Fueron los Panamá papers? Hasta la prensa menos adicta al gobierno va reduciendo espacios para este tema que supo cobrarse ministros en otros países y acá aún no supera el chismorreo. Sea porque la disputa de espacios entre Clarín y las bondades de Macri con Turner se se está resolviendo en un reparto más o menos salomónico, sea por instinto de preservación entre culpables, el caso es que al reducirse el fuego amigo y multiplicarse los involucrados, la noticia languidece a la espera de reacciones sociales que por ahora no se producen.
¿Fue por la cadena de complicidades narco-ocupas de lujo- gubernamentales que llevaron a la muerte de los pibes en la rave de Costa Salguero? Con el correr de los días el tema se va diluyendo en culpables que se victimizan, búsqueda de culpables abstractos que reemplacen a los conocidos y concretos que aloja el gobierno porteño. Hasta Rodríguez Larreta se permite desaparecer por semanas y de ese modo alejarse de un posible síndrome de Cromañón más cercano a sus temores que a la posibilidad real.
¿Serán los despidos, la inflación, los tarifazos, la rendición ante los buitres, la instalación del Departamento de Estado en la Cancillería, el FMI en el Banco Central, el fundamentalismo de recambio en el Nación?
Todo suma, pero a pesar de frustraciones, postergaciones, promesas incumplidas, maltratos y pérdidas, pocos reaccionan hoy de manera impensada, sin medir sus posibilidades de disputa, sus posibilidades de sumar adhesiones, de concretar salidas a una situación que hace apenas unos días parecía incontrolable. Ni los más perjudicados, ni los que temen ser nuevas víctimas saqueo, ni los confundidos por la revolución de la alegría, mucho menos los conformistas o los oportunistas. La nuestra es una sociedad politizada, nuestro pueblo ha experimentado las suficientes derrotas y también los excepcionales tiempos de victoria como para intuir que lo perdido se recupera con mucho sacrificio y unidad, que lo ganado puede perderse en cualquier momento, que nada resulta más costoso que confrontar desde la dispersión.
Entonces: ¿Qué cambió en esta coyuntura para activar divisiones en el bloque político de Cambiemos, mover a la protesta a sectores que participaron de su campaña electoral, vivaron su triunfo y justificaron sus primeras medidas? ¿Qué cambió para que la pasividad o confusión entre funcionarios y referentes kirchneristas vayan dando paso actitudes proactivas, que el resentimiento vaya siendo sustituido por la búsqueda de consensos y propuestas que recalen nuevamente en nuestro pueblo?¿Qué nos trajo a este momento, a estar a horas de una concentración seguramente multitudinaria y con posibilidades de superar las expectativas más optimistas, tanto en número como en reclamos?
Dos eventos.
Uno: la multitud, las multitudes, que el 24 de mayo dieron cuenta en Plaza de mayo y en muchas plazas provinciales que memoria, verdad y justicia están en la conciencia y el sentimiento de nuestra sociedad a pesar del triunfo neoliberal de octubre.
Otro: el raid que inició el 13 de abril Cristina en Comodoro Py que, aún con claroscuros, tuvo un efecto social e institucional tan revelador como dinamizador.
Desde un Bonadío que casi jugó de visitante en el escenario que tanto preparó para un nuevo abuso "judicial" hasta el acto masivo y las movidas de militantes pero tambien de empleados, en repudio al juez dentro de los mismos tribunales. Desde el "deciamos ayer" que instaló Cristina al comenzar su discurso hasta la virtual cadena nacional que la puso a la vista y oídos de toda poblacion, todo concurrió a desnudar la vulnerabilidad politica de un gobierno que cuenta con un fabuloso poder económico, mediático e imperialista pero no tiene comprado el mismo respaldo social ni está asegurado contra las disputas de intereses de los propios, que pujan por hacer su exclusivo y excluyente negocio corporativo.
Y junto a este efecto revelador de la verdadera envergadura de quienes gobiernan, otro efecto revelador y dinamizador: Cristina es la única referente que puede provocar esa situación. Es la única no sólo por su trayectoria política y su capacidad discursiva sino por algo más elemental y trascendente: Cristina, en el llano y ante un gobierno antagónico es la única líder política de la Argentina. Sólo ella puede juntar en su presencia y actitud lo que se jugara el 24 de marzo y la necesidad de retorno a un gobierno popular. Los tibios aumentaron la temperatura de sus diferencias con el gobierno, los pasivos se movillizaron, todos cobraron noción que, con Cristina en movimiento, quien no actura quedaría opacado.
Los porqués de este liderazgo incontrastable pueden ser pasto de debate y opiniones diversas. Lo que no se puede ignorar al respecto es que no hay ni entre nuestras filas ni en ningún sector de la dirigencia política alguien con su protagonismo en las conquistas logradas hasta 2015, alguien que resuma en sí mismo los logros y adversidades de los '70, la resistencia al neoliberalismo, el renacer del peronismo, la construcción del gobierno popular.
De esta épica, de la construcción colectiva, el reconocimiento social, la recreación de una identidad, del rescate de un cultura, de esto se nutren los liderazgos cuando una parte importante de la sociedad los convalida.
En los últimos tiempos ha sucedido también un afecto dispersivo entre algunos referentes. Intentos autocríticos que al buscar explicación para la derrota electoral, trazan escenarios imaginarios, sin referencias colectivas, donde la creación política quedaría librada a lo individual o a colectivos parciales sin importar cuál es su vinculo real con el pueblo, cuál es el reconocimiento que nuestra gente les dispensa. Algunos compañeros suponen que las urgencias del pueblo tienen que ver sólo con sus padecimientos, olvidando que venimos de doce años de gobierno popular y que en la conciencia de cada habitante de este país está presente esa referencia, ya sea que esté a favor o en contra. La militancia, los referentes, las estructuras están para más que para sufirir los padecimientos de nuestra gente, se espera que sean vehículo para volver a gobernar a la vez que para impedir que el gobierno actual siga accionando contra los intereses populares. Suponer que vamos a recuperar las conquistas avasalladas sin gobernar, sin recuperar la estructura del Estado es mera ciencia ficción condenada a no tener el acompañamiento de las mayorías.
Nada más cercano a los errores que nos llevaron a la derrota que desperdiciar el capital político que nos permitiera ganar el gobierno y transformar el país durante doce años.
Suponer que será posible volver sin Cristina sería tan descaminado como rehuir a las responsabilidades que cada sector y cada militante tiene en la construcción de ese camino. Son papeles diversos, pero así como el 24 de marzo puntualizó con quienes contamos para retomar la senda, el 13 de abril mostró en quién puede referenciarse ese proceso. Una militancia, estructuras y referentes que buscan encontrarse tras la derrota, una conducción que debe asimilarse al llano para recuperar lo mejor de cada sector y potenciarlo a la victoria. En el encuentro de ambos factores está la posibilidad de lograrla.
Hoy, 29 de abril camino el primero de mayo, podemos sumar un nuevo paso: avanzar hacia la recuperación del movimiento obrero .
El desafío será que nadie se sienta más importante que el conjunto.
ES TIEMPO DE CONSTRUIR LO NUEVO En los mejores días, decíamos "Gracias Flaco y Cristina x hacer lo que dijeron que iban a hacer y parecerse tanto a lo que fuimos y somos". Intentamos un continente en que crecer con solidaridad, inclusión, diversidad, equidad y justicia. Hoy la situación es otra: Un gobierno dirigido realizar su "revolución" conservadora, saquear al pueblo, arrasar derechos y legalizar el nuevo estado de situación. AHORA ES TIEMPO DE IMPEDIRLO Y LO HAREMOS RESISTIENDO UNIDOS
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viernes, 29 de abril de 2016
martes, 29 de mayo de 2012
De 1810 al Cordobazo. Apuntes de cara a la división gremial
El mes de la primera revolución, el mes del Cordobazo, el del del Camporazo. Gestas colectivas que dan una impronta al modo en que nuestra gente encara el bien común cuando se le cierran las puertas: la calle, la organización, la confrontación, la unidad. El fin, transformar el reclamo en política de Estado. También los fracasos, las traiciones, las derrotas están presentes en estos ya 202 años.
"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores
no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires.
Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. la
experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los
dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el
círculo..."
Con estas palabras concluía Rodolfo Walsh su crónica del Cordobazo en el periódico de la CGT de los Argentinos.
Con estas palabras concluía Rodolfo Walsh su crónica del Cordobazo en el periódico de la CGT de los Argentinos.
El paro activo fue convocado tras semanas de paros parciales, por un acuerdo entre los tres principales
referentes del movimiento obrero cordobés: Agustín Tosco (izquierda, Luz
y Fuerza), Elpidio Torres (vandorista,
secretario del SMATA), Atilio López (peronismo combativo, UTA).
La
unidad del movimiento obrero suele dar a luz epopeyas como aquellas.
Pero a
nivel macional la cosa no era igual. tuvo que caerse de maduro que la
dictadura ya no se gobernaba ni a sí misma, que Perón era el eje de
unidad de todo el pueblo. Y hasta esperar que una franja de los
colaboracionistas se realineara para para que, por fin, 4 años después
pudiéramos expulsar a la dictadura LUCHE Y VUELVE y Camporazo mediante.
Había diferencias políticas bastante claras: el peronismo combativo tenía motivos históricos para desconfiar de las bases ideológicas de un dirigente intachable como Tosco. Tosco no confiaba demasiado en el peronismo, que si bien contaba con dirigentes de la talla de Atilio y Raimundo Ongaro, también cobijaba al vandorismo, reducto de acomodaticios, redactores de listas negras y hasta aportantes a futuros grupos de tareas. Gentes que en esos años trataban de llevarse cargados a los sectores combativos mientras soñaban con un peronismo sin Perón desde el que aportaron su apoyo al golpe de Onganía.
La CGT estaba dividida y el PJ en silencio.
Pero, como se acuñó desde la CGT de los Argentinos, la irrupción del pueblo a la calle, en Córdoba, Rosario, Tucumán, colocó a la dirigencia frente a un dilema, "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes". Más temprano unos, más tarde otros, cada sector fue aportando a la unidad antidictatorial hasta la conquista de la democracia.
Las divisiones, desdibujadas algunas, latentes otras irían reconfigurándose y reapareciendo hasta estallar en Ezeiza en un proceso que daría fin al periodo que Osvaldo Soriano supo decir "fue el periodo más democrático de la historia argentina". Pero esa es otra historia, incluido este proceso que vivimos desde 2003 y el Gordo no pudo disfrutar.
"El círculo" de perder y volver a empezar, como después supo Rodolfo Walsh, no se quebró.
"El círculo" de perder y volver a empezar, como después supo Rodolfo Walsh, no se quebró.
Se dice en estos días que es lamentable que el movimiento obrero esté
dividido. Y es cierto, siempre fue lamentable, ya que cada corriente no es sólo "una corriente" sino la expresión de más o menos compañeros que ven la realidad como esa corriente, se agrupan en ella y actúan en consecuencia. Desde ahí aportan al avance popular, o mantienen una neutralidad que debilita o directamente permiten hechos y decisiones que son contra el pueblo.
Pero lo más lamentable es que hoy, a 9 años de iniciado este proceso de reparación social, política e histórica, la división en el movimiento obrero no responde a los ejes por los que se marcha el avance popular, tales como Proyecto Nacional vs. corporaciones, Latinoamérica unida vs. globalización, desarrollo con redistribución vs. "teoría del derrame".
Ni siquiera
campean los ejes de aquel mayo del ´69: colaboracionistas vs. combativos o
burocracias vs. sindicalismo de base, clasismo o proyecto nacional.
Lo que se ven son mezclas donde un traidor
ya empresario como el "Momo" Venegas cobija toda su enjundia y
combatividad junto a Moyano mientras otros traidores y empresarios
-Barrionuevo, Lezcano- se escudan en Caló, o una CTA se bandea entre el
sindicalismo amarillo y las alianzas con la SRA mientras la CTA oficial debe
contentarse con mirar el conflicto de la CGT sin propuesta.
No es del todo nuevo, no todos los combates de los últimos años buscaban conquistas obreras y populares, no todas las alianzas respondían a ese objetivo. Ahora, cuando la sucesión presidencial en el 2015 se va tornando más visible, cuando la Crisis Mundial y las cuentas pendientes en lo local nos muestran quen para avanzar hay que afectar más intereses y por lo tanto exponerse a más riesgos y perder "amigos" impresentables, lo superficial se separa de los profundo, se desnudan los verdaderos intereses y los rejuntes abundan.
El pueblo no está combatiendo en las calles, resuelve
de otro modo esta coyuntura. Con un Estado que lo reconoce se instala más en lo
productivo, en la reconstrucción de sus lazos sociales y familiares, combinando lo polìtico- institucional con lo reparatorio -recuperar el acceso a la institucionalidad, el empleo, a la educación, a la Universidad, al disfrute. La sobrevivencia cotidiana se mezcla con la militancia en parte de los más jóvenes.
Una nueva franja de trabajadores se percibe en las grandes fábricas
que visita Cristina, jóvenes que claramente apoyan a la presidenta y no son
remisos a la movilización cuando el proceso lo necesita. Pero a la vez no
traducen esa nueva realidad en una renovación sindical que permita que no se
use su encuadramiento gremial como moneda de cambio de poderes corporativos.
Esto
permite que la dirigencia aún trate de dirimir en su espacio, el corporativo,
lo que no sabe consensuar con otros sectores y no quiere llevar al espacio
institucional que corresponde. Una dirigencia que pierde de vista que el motor del cambio en esta
etapa es el gobierno, no al revés.
Es de considerar la fortaleza de un proyecto nacional como el Kirchnerista, que avanza entre tanta resistencia oligárquica a pesar de estas divisiones y sobre todo, a pesar de esta falta de renovación de las herramientas gremiales.
Pero la derecha, la oligarquía, los grupos económicos, no van a estar eternamente en este limbo político que hoy los atraviesa mientras sus huestes menos republicanas rompen puertas en los parlamentos, apretan legisladores, amenazan con el hambre y el rechinar de dientes.
Aún la gente no juega su futuro en la calle, pero sería bueno que la dirigencia gremial repase sus alternativas de cara al Cordobazo ya que siempre, desde 1810, habrá un momento en que el pueblo se mueva contra las amenzas o las acciones concretas del antipueblo. Y en cada uno de esos momentos en cuando la consigna de la CGT de los argentinos cobra total vigencia "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes"
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