ES TIEMPO DE CONSTRUIR LO NUEVO En los mejores días, decíamos "Gracias Flaco y Cristina x hacer lo que dijeron que iban a hacer y parecerse tanto a lo que fuimos y somos". Intentamos un continente en que crecer con solidaridad, inclusión, diversidad, equidad y justicia. Hoy la situación es otra: Un gobierno dirigido realizar su "revolución" conservadora, saquear al pueblo, arrasar derechos y legalizar el nuevo estado de situación. AHORA ES TIEMPO DE IMPEDIRLO Y LO HAREMOS RESISTIENDO UNIDOS
miércoles, 24 de julio de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
Parir en Moreno: Cristina y Estela
“Once mil
partos por año y vamos por los quince mil en poco tiempo”
“Es una
urgencia, ya está en trabajo de parto, vendría bien que venga con nosotros”. Cierro
el consultorio y aviso de mi salida a jorge y Deolinda, que están en la
enfermería curando a un herido.
Unidad sanitaria
Máximo, 1989, Barrio Namuncurá, a unas cuadras de la ruta que divide cuartel V de José C
Paz, a 21 km de la estación de Moreno.
Hace minutos
se fue la última persona en atención y miraba planillas sin completar haciendo tiempo hasta que terminen Roberto, Deolinda y Jorge para cerrar e irnos.
Llega
la ambulancia, me asomo a la sala de espera. El chofer y Daniel preguntan: “Entonces ¿viene?”
Al llega a
la casa, lo de siempre, las vecinas que traen ropa, abrigo, por si acaso algo
para comer. También la seguridad que habrá quien cuide a los chicos, aliento, perros
curiosos, alguien que aprovecha y pregunta si la enfermera volverá a la sala.
La señora sube
atrás con su esposo, adelante la médica que vino del hospital Mariano y Luciano de la Vega le dice
al chofer que vuelva a la sala, así avisa a Central qué hay que preparar. “¿Todo
bien?”, pregunto. “Sí, está perfecta”.
Ya en la
sala, la médica va hacia la radio, la señora baja con su esposo para aprovechar
el baño, el chofer apoyado en la puerta de atrás, revisa la fijación
de la camilla para ver que todo esté como debe estar. Meses atrás, de noche, al
llegar al hospital, en la guardia descubren que en la ambulancia falta una camilla, un paciente y algunos
trastos. El ambulanciero sale a recorrer la ruta con la compañía de un
patrullero. En una curva de la ruta 25 ven, del lado opuesto, unos raspones en
el asfalto, pasto levantado en la banquina. Al fondo, entre los yuyos, encuentran
lo que queda de la camilla y alguien que duerme profundo, ajeno al frío y la humedad
del descampado. Aún hoy, aquel paciente que levantaron en la salita, con alto
contenido de alcohol en sangre y la presión por las nubes, no puede decir cómo
fue que se abrió la puerta de atrás y la camilla salió disparada hacia la noche
con él de pasajero. Y nadie se explica cómo el hombre no se llevó ni un raspón en el
suceso.
Pero en este
caso la camilla está como debe, la señora está bien y despierta, su pareja no
le quita la mirada.
Casi coinciden
al salir de la sala con la médica. Ambulanciero y pareja ayudan a la señora a
subir y ella se acerca a la camilla justo cuando la médica comenta distraída al
chofer, casi por rutina: ”A Moreno”.
La señora se
mueve con una rapidez inesperada para su panza, la bolsa rota, el parto
inminente. Sus manos se aferran a la puerta trasera de la ambulancia y grita “¡A
Moreno no!”
En el
momento entiendo para qué me propusieron acompañarlos: no era por mi conocimiento,
bastante precario aún, del barrio y su gente, ni los temores del personal del hospital hacia los vecinos de Cuartel V, aguerridos
en la protesta, solidarios a la hora de moverse. Ambulanciero y médica simplemente
querían una voz más para explicar, calmar, convencer a la señora y su pareja
que a pesar de las camas compartidas, algún maltrato verbal nacido de viejos
prejuicios disciplinarios de alguna profesional de aquellos tiempos, el parto
iría bien y volverían al barrio en su momento, la señora repuesta, su hijo en
brazos, el hombre bolso en mano.
Total: con
la señora aún aferrada a la puerta, alguien arrima un auto y con cuidado le
pide que con cuidado suba con sus cosas. Su pareja acomoda una sábana doblada sobre
el asiento trasero para que la señora se siente. Una vecina sube adelante y va
dando consejos mientras parten al hospital de José C Paz, unos diez km más cercano
que el de Moreno y-sobre todo- con una fama menos trágica que la maternidad del
Mariano y Luciano de la Vega.
“Once mil
partos por año y vamos por los quince mil” compromete hoy la presidenta, pálida
en el frío del mediodía de invierno, al anunciar la nueva Maternidad Estela Barnes
de Carlotto, rodeada de funcionarios y vecinos en Moreno. ”Me dicen que antes del 2001 pasó que dos
parturientas tuvieran que compartir una cama en la maternidad del Hospital”. La
voz se le quiebra en el momento que dice “compartir una cama”.
![]() |
| Cristina en 2009 en el Hospitla de Moreno |
Maternidad
nueva, un nombre que por sí solo es como un resguardo para nuevos criterios en Moreno y en el
país: miles de chicos llegarán a la vida de otro modo, miles de mujeres tendrán
la mínima dignidad de esperar su parto sin compartir su lecho de hospital.
Recuerdo que
tampoco permitían que los maridos presencien el parto. Un par de veces acompañé
a una pareja para lograrlo como excepción. Me digo
que ahora también puede resolverse.
“Ofrecer a todas las mujeres la presencia sin restricciones
del acompañante que ella elija, incluyendo padre/madre, cónyuge, familiar o amigo,
durante el trabajo de parto y el parto”, dice la “Guía para la atención del parto
normal en maternidades centradas en la familia” (2003) , de la Dirección
Nacional de Salud Materno Infantil y agrega: “Facilitar la Interacción
Madre/Padre-Hijo en los primeros momentos luego del nacimiento, para lo que
debe facilitarse el ingreso del padre a la sala de partos”. Lo mismo legisla la
Ley nacional 25929, “de parto humanizado”, desde el 2004. Pero en la Provincia de Bs. As.,
como informa un artículo de Mariana Carbajal en Página 12 del 26 de mayo de
este año, muchos servicios se resguardan en la falta de ley provincial para no respetar
ese derecho.
Antes que un problema de presupuesto de salud, el MAL PARIR y el MAL NACER, rémoras de la cultura patriarcal y disciplinaria oligárquica, es una de las peores muestras de violencia institucional y de género. Profesionales, municipios, gobernaciones, lo vienen extendiendo a contramano de las conquistas que caracterizan esta época.
La presidenta anuncia una nueva maternidad y es un nuevo tiempo, mejor, también para parir y nacer. Es un primer paso. Es un tiempo de reparaciones, si deja de preocuparte la cama o el trato, pelear la presencia del padre será más fácil.
lunes, 15 de julio de 2013
Una llamada a Roberto Tesouro
Roberto Tesouro,
amigo y colega, murió el viernes pasado.
Con Roberto
nos conocimos en aquella gran aventura que propuso Floreal Ferrara en 1988, el
Plan ATAMDOS.
Nuestro primer
viaje a Cuartel V, 21 km de la estación de Moreno, fue en la caja de un camión,
junto a una docena de trabajadores de salud que completarían la planta de la
unidad sanitaria Anderson.
Roberto y
yo, lo supe después, éramos casi complementarios: Aunque más joven él era un
tipo calmo, mesurado, prolijo, de no levantar la voz, bastante deportista. Entre
tanta diferencia compartíamos lo principal: el amor por la familia, la profesión psicoanalítica
y el trabajo comunitario, la seguridad de decir lo que se piensa, el debate político y por la camiseta, aunque en ambas no íbamos
por el mismo equipo, Roberto era tan de los diablos rojos como yo cuervo.
Aquel día ya
en el barrio, juntos presenciamos el discurso del intendente frente al grupo de
vecinos que se reunió a ver cómo la salta
se ponía a tono con sus necesidades.
Al terminar
su discurso el intendente tuvo la deferencia de preguntar si alguno de los
recién llegados quería decirle algo al barrio. Nadie tomó la palabra. Antes de
que alguno de nosotros decidiera algo, un vecino se adelantó y preguntó “¿van a
atender o no van a atender hoy?”
Sin todavía conocer
nuestros nombres, Roberto y yo entendimos el mensaje. Dejamos para el día
siguiente preparar nuestros consultorios y mientras nuestros compañeros se dirigían
a los suyos, cuaderno en mano armamos los turnos para pediatría, clínica,
enfermería, odontología. Ya se enteraría el barrio que llegaron dos psicólogos
y, con el tiempo, conocería nuestra utilidad.
Compartimos los
asados de los sábados en el fondo de la sala, los viajes a dedo, cuando al día
20 ya no alcanzaba el sueldo para pagar colectivo, un mes de coordinar 27 ollas
populares desde la sala en pleno golpe económico contra Alfonsín. En esas ollas
generamos una experiencia tan inédita como olvidada: los mismos vecinos a cargo
de las ollas hicieron, con nuestra orientación, un relevamiento de las necesidades
de salud de sus treinta mil pobladores.
Ya en el
menemato, sufrimos juntos que las ollas cedieran lugar a la desmovilización y
la expectativa. Un día tuvimos que viajar en dos autos para rescatar a los compañeros
de la sala Indaburu, que habían sido sitiados a punta de pistola con gente de
Aseff, el “nuevo intendente” que el
innombrable rescatara del Proceso. Al
día de hoy me pregunto cómo hicimos, desarmados, que el tipo de la pistola se
fuera con los suyos y dejara la sala libre.
Yo ya vivía
en Moreno, pero Roberto viajaba diariamente los 50 km que separaban Parque
Centenario de Cuartel V. Como siempre, sin
estridencia, venía, atendía, acompañaba a los compañeros en los momentos más
duros, hacía que las diferencias de viaje y distancia para cada uno no se
notaran.
Pero existían.
Esa distancia y la ofensiva de la derecha pusieron el ATAMDOS de Anderson a
prueba y todavía tuvimos energía para las últimas gestas: junto a los vecinos
de Las Catonas, un barrio del FONAVI en que vivíamos algunos del equipo, nos
movilizamos para abrir una sala que llevaba una década de postergación. De un
asentamiento de inmigrantes en tierras empobrecidas por los hornos de ladrillo
pasamos a una urbanización de monoblocks donde convivían estafados de un plan
gremial de vivienda con familias rescatadas de inundaciones, a razón de mayor puntaje
cuanto más hijos.
Juntos
también, fuimos una y otra vez con el resto de los ATAMDOS del Conurbano a La
Plata hasta que, a fuerza de tomar el Ministerio de Salud, cortar la ruta 3 y
otros menesteres, pasaron a todo el personal ATAMDOS a planta permanente: el
último grupo que pasó al trabajo en blanco estatal en la Provincia de Bs. As. durante
el menemato.
Procesos
burocráticos, la paulatina disolución del equipo y la necesidad de no repetirnos nos llevaron a otros barrios, Él a Paso del Rey, yo a Zona Norte.
Roberto ya
alternaba el trabajo en sala con espacios de formación, en Herramienta,
dirigiendo estudios de opinión, sufriendo la debacle del rojo. Cada tanto una
llamada nos juntaba a la distancia por un rato para arreglar la derivación de
alguien, algún reclamo gremial, saludos de fin de año, en fin escucharse un
poco.
Después encontrarnos
tras el 2003 y descubrir que también compartíamos el kirchnerismo, la felicidad
por la militancia de nuestras hijas, celebrar tanto derecho recuperado y un
mundo de esperanza por delante.
El sábado me
llama mi hija a casa, me cuenta de la muerte de Roberto con tanto sentimiento que
casi no me atrevo a preguntar de quién habla. Ningún Roberto se me hacía tan
lejos de su final como él.
Por la tarde
fuimos a Chacarita a esas despedidas tan necesarias como duras.
Ver a su compañera y sus hijas ir y volver del llanto, sus amigos y la gente con que trabajaba con algo de perplejo, seguramente la incredulidad en esa despedida, la memoria de Roberto convertida en un cajón que sólo unos pocos vemos deslizarse por la cinta hasta desparecer tras la puerta de dos hojas del crematorio.
Ver a su compañera y sus hijas ir y volver del llanto, sus amigos y la gente con que trabajaba con algo de perplejo, seguramente la incredulidad en esa despedida, la memoria de Roberto convertida en un cajón que sólo unos pocos vemos deslizarse por la cinta hasta desparecer tras la puerta de dos hojas del crematorio.
Algo de la muerte y del adiós se me escapa siempre y lo celebro. Prefiero quedarme con el recuerdo de lo
compartido, pensar que un día de estos le mando un mensaje o lo encuentro en un
acto. Como siempre
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Roberto Tesouro
viernes, 12 de julio de 2013
León y Juana en Bolivia: La batalla cultural
León canta "así será, de igual a igual...", en el Día de la confraternidad argentino - boliviana, allá en el altiplano.
Miles de bolivianos acompañan sus canciones, lanzan exclamaciones cuando León explica que la ESMA, ayer bañada de nuestra sangre hoy es espacio de la Memoria, vivan a Hebe, a Evita, a la mujer de Jara cuando sus imágenes aparecen.
Hoy muchos, jóvenes y viejos, aprendemos frente a la TV pública que es el cumpleaños de Juana Azurduy.
Miles de bolivianos acompañan sus canciones, lanzan exclamaciones cuando León explica que la ESMA, ayer bañada de nuestra sangre hoy es espacio de la Memoria, vivan a Hebe, a Evita, a la mujer de Jara cuando sus imágenes aparecen.Hoy muchos, jóvenes y viejos, aprendemos frente a la TV pública que es el cumpleaños de Juana Azurduy.
Mañana, no muy lejos en el tiempo, Juana será algo cotidiano para nuestros hijos y nietos, que mirarán su estatua junto a la Casa de Gobierno y sabrán que está ahí en su memoria, en memoria de nuestras resistencias.
Esa cultura que estamos construyendo es lo que no nos perdonan.
Máximo dice en la película de Néstor que la primera noche de los festejos del Bicentenario el Flaco le dijo: "hoy les ganamos la batalla cultural".
Cuando lo escuché me pareció de un optimismo digno del Flaco.
Hoy veo cómo se crean y recrean nuestras cosas, con grandeza y humildad, de generación en generación, de país en país de América, veo también cómo la derecha balbucea con signos ya gastados y sin fuerza. Me digo que en esto Néstor también tenía razón
Esa cultura que estamos construyendo es lo que no nos perdonan.
Máximo dice en la película de Néstor que la primera noche de los festejos del Bicentenario el Flaco le dijo: "hoy les ganamos la batalla cultural".
Cuando lo escuché me pareció de un optimismo digno del Flaco.
Hoy veo cómo se crean y recrean nuestras cosas, con grandeza y humildad, de generación en generación, de país en país de América, veo también cómo la derecha balbucea con signos ya gastados y sin fuerza. Me digo que en esto Néstor también tenía razón
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domingo, 7 de julio de 2013
CALLEJEROS: NI VICTIMAS NI INOCENTES
Toda la vida con Estela Carlotto y aún más allá.
Pero es lamentable que Callejeros pretenda inocencia y Fontanet rehuya la dignidad de bancar su responsabilidad con los suyos.
No tiene sentido confundir actividad empresarial con amor al arte.
El rock hace décadas que dejó de ser un intento de cambiar todo para ser asimilado a la vida cotidiana del capitalismo, de quienes lo bancan y quienes no. Quien hoy hace rock y está con las Madres o Abuelas, quien banca a Venezuela o el UNASUR, o a los estudiantes chilenos, quien ataca a la marea neliberal, lo hace porque está con su pueblo, sea músico o no.
La música, rock, reggae, folklore o tango es, además de una actividad artística, un negocio. Si se hace por guita es empresa y reclama responsabilidad de no dañar con el servicio que se presta. Como quien produce leche, maneja un colectivo o dirige un ferrocarril.
Cuanto más colectiva es la actividad, más está cediendo el usuario, quien paga, su seguridad a quien organiza. Pone su confianza, en este caso en la banda, y la banda tiene la obligación de corresponderlo.
Y quien ocasiona daño y pudo preverlo es culpable, no importa la intención, buena o mala, que tuviera.
Quienes defienden a Callejeros dicen que Chabán se encargaba de todo. No es cierto: muy pocos músicos se dan el lujo de que un productor les ponga el local, que el mismo productor o sponsors les paguen por su cuenta, les haga la seguridad, venda entradas, etc. Cuanto menos cartel se tiene más responsabilidades corren por cuenta del artista. Si le ofrecen seguridad tiene que pagarla a la producción y si no contratarla él. Si cede la venta de entradas lo pueden "pasar" con la cantidad vendida, pero si vende por su cuenta es el grupo el responsable de verificar que no haya más o menos personas que las permitidas.
Callejeros alquilaba el local: debieron controlar salidas, aireación, condiciones, etc. todo el tiempo. El candado en la puerta de seguridad estaba a la vista. Ellos se encargaban de las entradas: se sobrevendieron y eso aumentó el riesgo al haber una sola salida. En el caso de las bengalas, al prenderse la primera había que levantar o hacerse cargo de poner en riesgo a todos. Se puso en riesgo a todos.
No cabe tampoco hablar de experiencia. Tenían decenas de recitales hechos, así que sabían qué hay que controlar y qué no.
Yo fui a un recital de ellos, solidario, para una fundación que trabaja en vih. Se hizo en 3 momentos: uno en Parque Patricios, otro camino al Congreso, otro en el Congreso. Era al aire libre y el motivo del recital era convocante para gente que tiende a cuidarse. El escenario era un camión gigante que se desplazó de un lugar a otro. Eran solidarios.también irresponsables, hoy quieren ser impunes.
Con Fundación R.E.D. cubrimos en "campo" durante décadas más de mil recitales distribuyendo preservativos y material de prevención de la infección por vih. En River no bajábamos de los cincuenta voluntarios, en Vélez, Boca o Huracán de los 40. en Obras 20. Llegábamos cinco horas antes para controlar las salidas,los posibles peligros, consultábamos a la seguridad de Rock & Pop, PopArt, Fenix, etc, pero controlábamos todo por nuestra cuenta porque a cada voluntario era nuestra responsabilidad y había que prevenir que no se dañe ni dañe a otros sin querer. Eso es hacer seguridad en un recital, no ver si alguien no pagó. Controlábamos todo por una actividad sin fines de lucro ¿qué queda para quien hace la actividad por guita?
Se acepta que puedan invocar descuido o imprevisión y que eso atenúe la culpa. Hablo de la legal, no de la otra.
La masacre también los afectó a ellos y sus familias, pero eso no los hace inocentes.
Si al menos se hicieran cargo en lugar de victimizarse, uno podría contarlos como otros perjudicados por la tragedia. Mientras tanto las únicas víctimas fueron sus seguidores, sus familias, una sociedad que está volviendo a sentir a sus jóvenes como un tesoro.
Pero es lamentable que Callejeros pretenda inocencia y Fontanet rehuya la dignidad de bancar su responsabilidad con los suyos.
No tiene sentido confundir actividad empresarial con amor al arte.
El rock hace décadas que dejó de ser un intento de cambiar todo para ser asimilado a la vida cotidiana del capitalismo, de quienes lo bancan y quienes no. Quien hoy hace rock y está con las Madres o Abuelas, quien banca a Venezuela o el UNASUR, o a los estudiantes chilenos, quien ataca a la marea neliberal, lo hace porque está con su pueblo, sea músico o no.
La música, rock, reggae, folklore o tango es, además de una actividad artística, un negocio. Si se hace por guita es empresa y reclama responsabilidad de no dañar con el servicio que se presta. Como quien produce leche, maneja un colectivo o dirige un ferrocarril.
Cuanto más colectiva es la actividad, más está cediendo el usuario, quien paga, su seguridad a quien organiza. Pone su confianza, en este caso en la banda, y la banda tiene la obligación de corresponderlo.
Y quien ocasiona daño y pudo preverlo es culpable, no importa la intención, buena o mala, que tuviera.
Quienes defienden a Callejeros dicen que Chabán se encargaba de todo. No es cierto: muy pocos músicos se dan el lujo de que un productor les ponga el local, que el mismo productor o sponsors les paguen por su cuenta, les haga la seguridad, venda entradas, etc. Cuanto menos cartel se tiene más responsabilidades corren por cuenta del artista. Si le ofrecen seguridad tiene que pagarla a la producción y si no contratarla él. Si cede la venta de entradas lo pueden "pasar" con la cantidad vendida, pero si vende por su cuenta es el grupo el responsable de verificar que no haya más o menos personas que las permitidas.
Callejeros alquilaba el local: debieron controlar salidas, aireación, condiciones, etc. todo el tiempo. El candado en la puerta de seguridad estaba a la vista. Ellos se encargaban de las entradas: se sobrevendieron y eso aumentó el riesgo al haber una sola salida. En el caso de las bengalas, al prenderse la primera había que levantar o hacerse cargo de poner en riesgo a todos. Se puso en riesgo a todos.
No cabe tampoco hablar de experiencia. Tenían decenas de recitales hechos, así que sabían qué hay que controlar y qué no.
Yo fui a un recital de ellos, solidario, para una fundación que trabaja en vih. Se hizo en 3 momentos: uno en Parque Patricios, otro camino al Congreso, otro en el Congreso. Era al aire libre y el motivo del recital era convocante para gente que tiende a cuidarse. El escenario era un camión gigante que se desplazó de un lugar a otro. Eran solidarios.también irresponsables, hoy quieren ser impunes.
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| Procesión a Luján, 1996, voluntarios del prograna "El rock previene el sida" |
Se acepta que puedan invocar descuido o imprevisión y que eso atenúe la culpa. Hablo de la legal, no de la otra.
La masacre también los afectó a ellos y sus familias, pero eso no los hace inocentes.
Si al menos se hicieran cargo en lugar de victimizarse, uno podría contarlos como otros perjudicados por la tragedia. Mientras tanto las únicas víctimas fueron sus seguidores, sus familias, una sociedad que está volviendo a sentir a sus jóvenes como un tesoro.
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viernes, 28 de junio de 2013
Rayuela, Cortázar y el sexo de los argentinos. cincuenta años
Rayuela cumple cincuenta años desde su primera publicación. cuarenta y seis años, me digo, desde mi primer lectura.
En el fragmento que se adjunta más abajo se ve a Julio Cortázar explicar sin mucho bombo, con suma sencillez y mayor humildad, cómo se permitió crear un tipo de lector, el lector postRayuela: ese tipo que a partir de Rayuela, incluso hoy sin haberlo leído y tal vez sin pensar en su existencia, agarra un libro cualquiera y lo lee a partir de la página que se le ocurre, sigue por ídem y rescata, entiende, proyecta, supone y eslabona en complicidad necesaria con el autor, pero sin que importe demasiado si ese rescate, el entendimiento, la proyección, lo que supone y concatena, tiene algo que ver con lo que pretendía el autor.
Ese lector, podemos agregar medio siglo después de aquel momento, que recién con la explosión de internet encuentra el mundo que Rayuela le permitiera entrever desde las páginas comunes y corrientes de ese libro común y corriente que en su aspecto no arriesgaba más novedad que una rayuela dibujada en blanco a mano alzada sobre un fondo negro en el que resalta el nombre de Julio en el lugar que debía decir "cielo".
Mucho se puede decir -se dijo y se escribió- sobre las tres formas de leerlo que proponía Cortázar y las casi infinitas maneras que emergían como posibles apenas uno tomaba en cuenta la propuesta del autor: si se podía leer de corrido, si se podía leer pasando el capítulo x al x+5 y de allí al x-3 ¿por qué no hacerlo de otro modo?
Por ejemplo ¿por qué no leérselo a TU Maga a partir de esos polvos a la vez gloriosos y dolorosos en que se enredan Oliveira y la mujer que lo desvela, atormenta y lo lleva al cielo en unos pocos saltos? ¿por qué no ir después a cualquier párrafo o capítulo tras un recorrido de tu propia Maga por tu cuerpo y/o viceversa?
Mucho se ha dicho también respecto de qué tipo de lector abrazó desde el vamos esta novela. Cortázar decía en otra entrevista: "escribí una novela para un lector de mi edad y costumbres. Me encontré con que Rayuela fue leído y aprobado principalmente por los jóvenes, en Argentina y en toda América".
Seguro que el estilo, las formas, el momento, el autor, todo concurrió a que Rayuela, los jóvenes y Cortázar nos encontráramos unos a otros en esa transición de los derrotados sesentas a los esperanzados setenta y nos hiciéramos inseparables.
Pero confieso que era poco lo que yo sabía en aquel entonces de estilos y corrientes literarias y sospecho que lo mismo pasaba con la mayoría de los que cambiaron su mirada tras leer unas páginas de Rayuela. Tampoco sabia demasiado de jazz cuando leí "El Perseguidor", pero ese oscuro y provocador antihéroe fue el que me me preparó para Oesterheld y sus personajes.
El caso es que creo que antes que Cortázar nos abriera un millón de mundos con su mirada lateral hizo algo más, algo que nos capturó para siempre: con Rayuela, tal vez antes pero nunca de un modo tan profundo y arrasador con en sus capítulos, Julio sacó al sexo del pozo en que lo mantuvo sumergido durante décadas la pacatería oligárquica y sus seguidores y colocó al sexo justo al lado, el el lugar y en el camino del amor, de un modo indivisible, tan doloroso y glorioso como el momento en que cada uno de los jóvenes de aquella generación llegamos a ese mismo lugar que Él era capaz de narrar y discernir por nosotros.
Siento que con ese sólo acto de traer el sexo desde la nada al centro del amor, nuestro amor presente de jóvenes extrañados en un país que silenciaba el sexo con tanta fuerza como la muerte,. Cortázar contribuyó a inventar una juventud capaz de animarse a todo porque lo que más le gustaba hacer a esa juventud pasó gracias a Cortázar al centro de la escena: amor y sexo, placer y dolor, lo eterno y lo efímero en un entrelazarse de cuerpos, la Maga y Oliveira, ella y yo. Cualquiera con cualquiera, sentenciaría Néstor Perlongher si escuchara esto en algùn pasillo de la Facultad en aquellos días.
Claro que hubo otros escritores que trazaron coordenada parecidas en otros lugares del mundo e incluso antes, pero este tipo de hablar afrancesado y raro, desde Europa, al joven argentino ya perdido para convocatorias castrenses, a nosotros los setentistas, nos interpelaba en nuestro descubrimiento carnal y nuestro goce como si hiciera, (hacía) lilteratura de nuestras fantasías y descubrimientos.
En el fragmento que se adjunta más abajo se ve a Julio Cortázar explicar sin mucho bombo, con suma sencillez y mayor humildad, cómo se permitió crear un tipo de lector, el lector postRayuela: ese tipo que a partir de Rayuela, incluso hoy sin haberlo leído y tal vez sin pensar en su existencia, agarra un libro cualquiera y lo lee a partir de la página que se le ocurre, sigue por ídem y rescata, entiende, proyecta, supone y eslabona en complicidad necesaria con el autor, pero sin que importe demasiado si ese rescate, el entendimiento, la proyección, lo que supone y concatena, tiene algo que ver con lo que pretendía el autor.
Ese lector, podemos agregar medio siglo después de aquel momento, que recién con la explosión de internet encuentra el mundo que Rayuela le permitiera entrever desde las páginas comunes y corrientes de ese libro común y corriente que en su aspecto no arriesgaba más novedad que una rayuela dibujada en blanco a mano alzada sobre un fondo negro en el que resalta el nombre de Julio en el lugar que debía decir "cielo".
Mucho se puede decir -se dijo y se escribió- sobre las tres formas de leerlo que proponía Cortázar y las casi infinitas maneras que emergían como posibles apenas uno tomaba en cuenta la propuesta del autor: si se podía leer de corrido, si se podía leer pasando el capítulo x al x+5 y de allí al x-3 ¿por qué no hacerlo de otro modo?
Por ejemplo ¿por qué no leérselo a TU Maga a partir de esos polvos a la vez gloriosos y dolorosos en que se enredan Oliveira y la mujer que lo desvela, atormenta y lo lleva al cielo en unos pocos saltos? ¿por qué no ir después a cualquier párrafo o capítulo tras un recorrido de tu propia Maga por tu cuerpo y/o viceversa?
Mucho se ha dicho también respecto de qué tipo de lector abrazó desde el vamos esta novela. Cortázar decía en otra entrevista: "escribí una novela para un lector de mi edad y costumbres. Me encontré con que Rayuela fue leído y aprobado principalmente por los jóvenes, en Argentina y en toda América".
Seguro que el estilo, las formas, el momento, el autor, todo concurrió a que Rayuela, los jóvenes y Cortázar nos encontráramos unos a otros en esa transición de los derrotados sesentas a los esperanzados setenta y nos hiciéramos inseparables.
Pero confieso que era poco lo que yo sabía en aquel entonces de estilos y corrientes literarias y sospecho que lo mismo pasaba con la mayoría de los que cambiaron su mirada tras leer unas páginas de Rayuela. Tampoco sabia demasiado de jazz cuando leí "El Perseguidor", pero ese oscuro y provocador antihéroe fue el que me me preparó para Oesterheld y sus personajes.
El caso es que creo que antes que Cortázar nos abriera un millón de mundos con su mirada lateral hizo algo más, algo que nos capturó para siempre: con Rayuela, tal vez antes pero nunca de un modo tan profundo y arrasador con en sus capítulos, Julio sacó al sexo del pozo en que lo mantuvo sumergido durante décadas la pacatería oligárquica y sus seguidores y colocó al sexo justo al lado, el el lugar y en el camino del amor, de un modo indivisible, tan doloroso y glorioso como el momento en que cada uno de los jóvenes de aquella generación llegamos a ese mismo lugar que Él era capaz de narrar y discernir por nosotros.
Siento que con ese sólo acto de traer el sexo desde la nada al centro del amor, nuestro amor presente de jóvenes extrañados en un país que silenciaba el sexo con tanta fuerza como la muerte,. Cortázar contribuyó a inventar una juventud capaz de animarse a todo porque lo que más le gustaba hacer a esa juventud pasó gracias a Cortázar al centro de la escena: amor y sexo, placer y dolor, lo eterno y lo efímero en un entrelazarse de cuerpos, la Maga y Oliveira, ella y yo. Cualquiera con cualquiera, sentenciaría Néstor Perlongher si escuchara esto en algùn pasillo de la Facultad en aquellos días.
Claro que hubo otros escritores que trazaron coordenada parecidas en otros lugares del mundo e incluso antes, pero este tipo de hablar afrancesado y raro, desde Europa, al joven argentino ya perdido para convocatorias castrenses, a nosotros los setentistas, nos interpelaba en nuestro descubrimiento carnal y nuestro goce como si hiciera, (hacía) lilteratura de nuestras fantasías y descubrimientos.
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martes, 4 de junio de 2013
Juana Azurduy, Colón y el lugar que te da el pueblo
"Colón en su lugar y Azurduy en Palermo", dice Mempo en Página 12 hoy, 4 de junio. ¿Cuál
es el lugar de Colón?¿Cuál el de Juana?
Va de suyo que ambos ya no viven entre nosotros: la cuestión es qué hacer con estatuas que los sostienen en la memoria colectiva.
Ese es el valor o desvalor de una estatua: proyectar hacia el futuro virtudes colectivas o individuales, forjar identidad.
Ahora bien ¿cuál es el lugar de una estatua que no debió ser? Hablo de aquellas estatuas que no resaltan lo mejor de lo humano, sino su negación. En principio, respondo: la piedra sin tallar, el mineral no explotado. O la oscuridad de los depósitos.
Va de suyo que ambos ya no viven entre nosotros: la cuestión es qué hacer con estatuas que los sostienen en la memoria colectiva.
Ese es el valor o desvalor de una estatua: proyectar hacia el futuro virtudes colectivas o individuales, forjar identidad.
Ahora bien ¿cuál es el lugar de una estatua que no debió ser? Hablo de aquellas estatuas que no resaltan lo mejor de lo humano, sino su negación. En principio, respondo: la piedra sin tallar, el mineral no explotado. O la oscuridad de los depósitos.
Se
discute si el último malón se produjo en 1904 en San Javier, Provincia de Santa
Fe o en Frotín Yunká, Formosa, en 1909, o… Algo
no se discute: cuando originarios
atacaban a blancos se hablaba –y se habla- de malón,
mientras que cada uno de los hechos de agresión que durante siglos se
produjeron contra originarios nunca tuvo más nombre que “partida”, “campaña”.
En todo caso a lo largo de esos siglos simplemente se lo llamó “progreso”.
El gobierno
nacional tuvo en estos últimos días la idea de sacar de Plaza de Mayo el
monumento a Colòn, iniciador –conciente o no- de esos siglos de exterminio a
partir de una invasión que aún muchos llaman “descubrimiento”. El monumento
sería trasladado a Mar del Plata y su lugar sería ocupado por un monumento a
Juana Azurduy donado por el presidente Evo Morales.
A partir
de allí se abrió un debate, no sobre la oportunidad de hacerlo, lo que en sí es
muy opinable, sino sobre si es correcto o no sacar el monumento de la Plaza de
Mayo.
Hoy
escucho, de paso, en un programa de Canal 7 que dirige el Bahiano: “Juana Azurduy tampoco sería una santa”.
Lo dijo un pibe en esa suerte de dispositivo de época por medio del cual victimarios
y víctimas resultan “dos campanas” equivalentes.
Claro, no hay santas fuera de
los rituales de la iglesia. Los humanos somos quienes somos en función de otras
determinaciones. Por ejemplo: somos fundadores de libertad, como Juana Azurduy,
San Martín, Bolívar, Evita, Walsh, o
fundadores de opresión, como aquellos que en su tiempo no tenían empacho de
llamarse a sí mismos “conquistadores”.
La
verdad, ya lo decía Nietsche, es una construcción de poder: porque cada vez más
excluidos nos incluímos y construimos poder para opinar sobre presente y pasado
es que podemos condenar al opresor y revindicar al libertario de hoy y de ayer.
Ambas, inclusión y construcción de una verdad democrática, hacen una humanidad
mejor y eso se expresa también en símbolos: la imagen de Evita en un billete o
en el Ministerio de salud, grandes mujeres nominan un salón en casa de gobierno,
Marina Vilte, Guillermo Barros, Requena y otros dirigentes secuestrados y /o
asesinados dan su nombre a escuelas, Videla y Bignone ya no se ven en los
cuadros en el Colegio Militar. Símbolos: cuadros, estatuas, imágenes, frases,
formas de continuidad de culturas que de ese modo se recrean y consolidan. Y se
excluyen, porque el quien libera merece el homenaje popular y el quien oprime merece
el repudio.
Podría
decirse: pero esto es reciente, en cambio la conquista es pasado, ya quedó
atrás.
En su
artículo en Página 12, Mempo Giardinelli reflexiona:” La Historia de una Nación no es propiedad de
un único conglomerado humano” y
agrega “y sobre todo no se cambia de un día
para otro”.
En
cuanto a lo primero, aún valorando el compromiso y honestidad de Mempo, es
preciso afirmar todo lo contrario: la historia sí ha sido propiedad de un único
conglomerado humano. En la Plaza hoy en discusión, un 25 de mayo de 1810 se
abrió un proceso plurinacional y multirracial tan rico como la gesta de
Castelli, Moreno, Belgrano, San Martín y tantos otros. La contrarevolución fue
apartando a originarios, gauchos, el interior, genocidios mediante. Se los llamó
primero “civilización”, luego “unificación nacional”, después “campaña al
desierto”. La oligarquía y los grupos que surgieron a su sombra trataron de
liquidar todo vestigio del sueño inicial de patria grande a la vez que
construyeron la historia oficial, la que aún hoy se resiste al debate en
escuelas y universidades, en calles y plazas públicas.
Así,
la estatua del asesino Lavalle sigue frente al lugar en que estaba la vieja
casa de su víctima, Dorrego y de cara al mayor símbolo del poder judicial. Otro
asesino, más masivo, aunque no sabía cabalgar se erige a caballo en diagonal
Sur, amenazante, la vista en la Plaza de Mayo. No es sólo “un monumento” a
Roca: es una amenaza, tantas veces cumplida como tantas veces la oligarquía
pudo retomar impulso contra el pueblo a sangre y fuego.
Así
que Mempo en esto acierta: esa historia no se cambia de un día para otro.
Si
el resultado del último genocidio hubiera sido diferente, si Videla y los suyos
hubieran podido ir aún más lejos y liquidar todo vestigio del irigoyenismo, del
peronismo y los setenta, Alfonsín no hubiera podido emprender el “nunca más”. Néstor
no hubiera sido presidente, Tampoco habría ordenado bajar los cuadros. Videla
seguiría mirando desde las paredes a cada nueva generación de oficiales, tal
vez Astiz estaría en la Rosada, La Nación les cantaría sus loas y esos
prohombres esperarían el tiempo en que sus estatuas coronen plazas en todo el país.
Hebe y Estela serían una presencia molesta y tal vez se hubieran recuperado menos
menos pibes y con menos repercusión. Por supuesto no veríamos a esos pibes cambiar
el país desde las bancas del parlamento.
Así
que sí, no es de un día para otro que se cambia la historia, Se necesitaron los
años de Irigoyen, la década inicial del peronismo, los setenta, también de la
resistencia cuando el opresor gobernaba y por fin la década ganada, para que comencemos
a revisar qué monumento ven nuestros hijos cuando juegan en las plazas, qué
monumentos sufren nuestros pueblos originarios y todo aquel que tiene memoria y
repudia caminar entre asesinos, opresores y traidores de piedra o bronce, como
quien participa de un engaño centenario.
Pero Mempo agrega: “por respeto a la Historia, la estética y el
cuidado de los monumentos públicos en los sitios donde originalmente se los
instaló, el de Colón continúe donde fue colocado hace un siglo. (…) Y el mismo reclamo vale para todas las
estatuas, esculturas, conjuntos artísticos arquitectónicos y demás ornamentos
urbanos”. Y no, justamente por respeto a la Historia, no cualquier historia
sino la de los incluidos de todos los tiempos, la de los que vinieron de Europa
como bien dice Mempo, pero a trabajar, a vivir una libertad que allá no tenían,
la de los originarios que sobrevivieron, la de los que se mezclaron por
igualdad no por violación, la de quienes conquistaron derechos para perderlos y
volverlos a conquistar dos o tres generaciones más adelante, tenemos el derecho
y el deber de decidir cuál es el lugar de cada uno.
La Plaza de Mayo, quizás
el mayor símbolo de participación popular que tenemos, la del pueblo quiere
saber de qué se trata, la de liberen a Perón, la de las Madres, esa Plaza puede
cobijar a Juana Azurduy, a Walsh, a Artigas, a Azucena Villaflor, a quienes
dieron su vida por sus pueblos y su soberanía. El lugar de los que sojuzgaron
es el de los cuadros que se bajaron del Colegio Militar.
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