sábado, 20 de julio de 2013

Parir en Moreno: Cristina y Estela

“Once mil partos por año y vamos por los quince mil en poco tiempo”
“Es una urgencia, ya está en trabajo de parto, vendría bien que venga con nosotros”. Cierro el consultorio y aviso de mi salida a jorge y Deolinda, que están en la enfermería curando a un herido.
Unidad sanitaria Máximo, 1989, Barrio Namuncurá, a unas cuadras de la ruta que divide cuartel V de José C Paz, a 21 km de la estación de Moreno.
Hace minutos se fue la última persona en atención y miraba planillas sin completar haciendo tiempo hasta que terminen Roberto, Deolinda y Jorge para cerrar e irnos.
Llega la ambulancia, me asomo a la sala de espera.  El chofer y Daniel preguntan: “Entonces ¿viene?”
Al llega a la casa, lo de siempre, las vecinas que traen ropa, abrigo, por si acaso algo para comer. También la seguridad que habrá quien cuide a los chicos, aliento, perros curiosos, alguien que aprovecha y pregunta si la enfermera volverá a la sala.
La señora sube atrás con su esposo, adelante la médica que vino del  hospital Mariano y Luciano de la Vega le dice al chofer que vuelva a la sala, así avisa a Central qué hay que preparar. “¿Todo bien?”, pregunto. “Sí, está perfecta”.
Ya en la sala, la médica va hacia la radio, la señora baja con su esposo para aprovechar el baño, el chofer apoyado en la puerta de atrás, revisa la fijación de la camilla para ver que todo esté como debe estar. Meses atrás, de noche, al llegar al hospital, en la guardia descubren que en la ambulancia  falta una camilla, un paciente y algunos trastos. El ambulanciero sale a recorrer la ruta con la compañía de un patrullero. En una curva de la ruta 25 ven, del lado opuesto, unos raspones en el asfalto, pasto levantado en la banquina. Al fondo, entre los yuyos, encuentran lo que queda de la camilla y alguien que duerme profundo, ajeno al frío y la humedad del descampado. Aún hoy, aquel paciente que levantaron en la salita, con alto contenido de alcohol en sangre y la presión por las nubes, no puede decir cómo fue que se abrió la puerta de atrás y la camilla salió disparada hacia la noche con él de pasajero. Y nadie se explica cómo el hombre no se llevó ni un raspón en el suceso.
Pero en este caso la camilla está como debe, la señora está bien y despierta, su pareja no le quita la mirada.
Casi coinciden al salir de la sala con la médica. Ambulanciero y pareja ayudan a la señora a subir y ella se acerca a la camilla justo cuando la médica comenta distraída al chofer, casi por rutina:  ”A Moreno”.
La señora se mueve con una rapidez inesperada para su panza, la bolsa rota, el parto inminente. Sus manos se aferran a la puerta trasera de la ambulancia y grita “¡A Moreno no!
En el momento entiendo para qué me propusieron acompañarlos: no era por mi conocimiento, bastante precario aún, del barrio y su gente, ni los temores del personal  del hospital hacia los vecinos de Cuartel V, aguerridos en la protesta, solidarios a la hora de moverse. Ambulanciero y médica simplemente querían una voz más para explicar, calmar, convencer a la señora y su pareja que a pesar de las camas compartidas, algún maltrato verbal nacido de viejos prejuicios disciplinarios de alguna profesional de aquellos tiempos, el parto iría bien y volverían al barrio en su momento, la señora repuesta, su hijo en brazos, el hombre bolso en mano.
Total: con la señora aún aferrada a la puerta, alguien arrima un auto y con cuidado le pide que con cuidado suba con sus cosas. Su pareja acomoda una sábana doblada sobre el asiento trasero para que la señora se siente. Una vecina sube adelante y va dando consejos mientras parten al hospital de José C Paz, unos diez km más cercano que el de Moreno y-sobre todo- con una fama menos trágica que la maternidad del Mariano y Luciano de la Vega.
“Once mil partos por año y vamos por los quince mil” compromete hoy la presidenta, pálida en el frío del mediodía de invierno, al anunciar la nueva Maternidad Estela Barnes de Carlotto, rodeada de funcionarios y vecinos en Moreno.  ”Me dicen que antes del 2001 pasó que dos parturientas tuvieran que compartir una cama en la maternidad del Hospital”. La voz se le quiebra en el momento que dice “compartir una cama”.
Cristina en 2009 en el Hospitla de Moreno
Maternidad nueva, un nombre que por sí solo es como un resguardo para  nuevos criterios en Moreno y en el país: miles de chicos llegarán a la vida de otro modo, miles de mujeres tendrán la mínima dignidad de esperar su parto sin compartir su lecho de hospital.
Recuerdo que tampoco permitían que los maridos presencien el parto. Un par de veces acompañé a una pareja para lograrlo como excepción.   Me digo que ahora también puede resolverse.
 “Ofrecer a todas las mujeres la presencia sin restricciones del acompañante que ella elija, incluyendo padre/madre, cónyuge, familiar o amigo, durante el trabajo de parto y el parto”, dice la “Guía para la atención del parto normal en maternidades centradas en la familia” (2003) , de la Dirección Nacional de Salud Materno Infantil y agrega: “Facilitar la Interacción Madre/Padre-Hijo en los primeros momentos luego del nacimiento, para lo que debe facilitarse el ingreso del padre a la sala de partos”. Lo mismo legisla la Ley nacional 25929, “de parto humanizado”,  desde el 2004. Pero en la Provincia de Bs. As., como informa un artículo de Mariana Carbajal en Página 12 del 26 de mayo de este año, muchos servicios se resguardan en la falta de ley provincial para no respetar ese derecho.
Antes que un problema de presupuesto de salud, el MAL PARIR y el MAL NACER, rémoras de la cultura patriarcal y disciplinaria oligárquica, es una de las peores muestras de violencia institucional y de género. Profesionales, municipios, gobernaciones, lo vienen extendiendo a contramano de las conquistas que caracterizan esta época.
La presidenta anuncia una nueva maternidad y es un nuevo tiempo, mejor, también para parir y nacer. Es un primer paso. Es un tiempo de reparaciones, si deja de preocuparte la cama o el trato, pelear la presencia del padre será más fácil.

lunes, 15 de julio de 2013

Una llamada a Roberto Tesouro

Roberto Tesouro, amigo y colega, murió el viernes pasado.
Con Roberto nos conocimos en aquella gran aventura que propuso Floreal Ferrara en 1988, el Plan ATAMDOS.
Nuestro primer viaje a Cuartel V, 21 km de la estación de Moreno, fue en la caja de un camión, junto a una docena de trabajadores de salud que completarían la planta de la unidad sanitaria Anderson.
Roberto y yo, lo supe después, éramos casi complementarios: Aunque más joven él era un tipo calmo, mesurado, prolijo, de no levantar la voz, bastante deportista. Entre tanta diferencia compartíamos lo principal: el amor por la familia, la profesión psicoanalítica y el trabajo comunitario, la seguridad de decir lo que se piensa, el debate político y por la camiseta, aunque en ambas no íbamos por el mismo equipo, Roberto era tan de los diablos rojos como yo cuervo.
Aquel día ya en el barrio, juntos presenciamos el discurso del intendente frente al grupo de vecinos que se reunió a ver cómo la salta se ponía a tono con sus necesidades.
Al terminar su discurso el intendente tuvo la deferencia de preguntar si alguno de los recién llegados quería decirle algo al barrio. Nadie tomó la palabra. Antes de que alguno de nosotros decidiera algo, un vecino se adelantó y preguntó “¿van a atender o no van a atender hoy?”
Sin todavía conocer nuestros nombres, Roberto y yo entendimos el mensaje. Dejamos para el día siguiente preparar nuestros consultorios y mientras nuestros compañeros se dirigían a los suyos, cuaderno en mano armamos los turnos para pediatría, clínica, enfermería, odontología. Ya se enteraría el barrio que llegaron dos psicólogos y, con el tiempo, conocería nuestra utilidad.
Compartimos los asados de los sábados en el fondo de la sala, los viajes a dedo, cuando al día 20 ya no alcanzaba el sueldo para pagar colectivo, un mes de coordinar 27 ollas populares desde la sala en pleno golpe económico contra Alfonsín. En esas ollas generamos una experiencia tan inédita como olvidada: los mismos vecinos a cargo de las ollas hicieron, con nuestra orientación, un relevamiento de las necesidades de salud de sus treinta mil pobladores.
Ya en el menemato, sufrimos juntos que las ollas cedieran lugar a la desmovilización y la expectativa. Un día tuvimos que viajar en dos autos para rescatar a los compañeros de la sala Indaburu, que habían sido sitiados a punta de pistola con gente de Aseff, el  “nuevo intendente” que el innombrable rescatara del Proceso.  Al día de hoy me pregunto cómo hicimos, desarmados, que el tipo de la pistola se fuera con los suyos y dejara la sala libre.
Yo ya vivía en Moreno, pero Roberto viajaba diariamente los 50 km que separaban Parque Centenario de Cuartel V.  Como siempre, sin estridencia, venía, atendía, acompañaba a los compañeros en los momentos más duros, hacía que las diferencias de viaje y distancia para cada uno no se notaran.
Pero existían. Esa distancia y la ofensiva de la derecha pusieron el ATAMDOS de Anderson a prueba y todavía tuvimos energía para las últimas gestas: junto a los vecinos de Las Catonas, un barrio del FONAVI en que vivíamos algunos del equipo, nos movilizamos para abrir una sala que llevaba una década de postergación. De un asentamiento de inmigrantes en tierras empobrecidas por los hornos de ladrillo pasamos a una urbanización de monoblocks donde convivían estafados de un plan gremial de vivienda con familias rescatadas de inundaciones, a razón de mayor puntaje cuanto más hijos.
Juntos también, fuimos una y otra vez con el resto de los ATAMDOS del Conurbano a La Plata hasta que, a fuerza de tomar el Ministerio de Salud, cortar la ruta 3 y otros menesteres, pasaron a todo el personal ATAMDOS a planta permanente: el último grupo que pasó al trabajo en blanco estatal en la Provincia de Bs. As. durante el menemato.
Procesos burocráticos, la paulatina disolución del equipo y la necesidad de no repetirnos nos llevaron a otros barrios, Él a Paso del Rey, yo a Zona Norte.
Roberto ya alternaba el trabajo en sala con espacios de formación, en Herramienta, dirigiendo estudios de opinión, sufriendo la debacle del rojo. Cada tanto una llamada nos juntaba a la distancia por un rato para arreglar la derivación de alguien, algún reclamo gremial, saludos de fin de año, en fin escucharse un poco.
Después encontrarnos tras el 2003 y descubrir que también compartíamos el kirchnerismo, la felicidad por la militancia de nuestras hijas, celebrar tanto derecho recuperado y un mundo de esperanza por delante.
El sábado me llama mi hija a casa, me cuenta de la muerte de Roberto con tanto sentimiento que casi no me atrevo a preguntar de quién habla. Ningún Roberto se me hacía tan lejos de su final como él.
Por la tarde fuimos a Chacarita a esas despedidas tan necesarias como duras.
Ver a su compañera y sus hijas ir y volver del llanto, sus amigos y la gente con que trabajaba con algo de perplejo, seguramente la incredulidad en esa despedida, la memoria de Roberto convertida en un cajón que sólo unos pocos vemos deslizarse por la cinta hasta desparecer tras la puerta de dos hojas del crematorio.
Algo de la muerte y del adiós se me escapa siempre y lo celebro. Prefiero quedarme con el recuerdo de lo compartido, pensar que un día de estos le mando un mensaje o lo encuentro en un acto. Como siempre

viernes, 12 de julio de 2013

León y Juana en Bolivia: La batalla cultural

León canta "así será, de igual a igual...", en el Día de la confraternidad argentino - boliviana, allá en el altiplano. 
Miles de bolivianos acompañan sus canciones, lanzan exclamaciones cuando León explica que la ESMA, ayer bañada de nuestra sangre hoy es espacio de la Memoria, vivan a Hebe, a Evita, a la mujer de Jara cuando sus imágenes aparecen.
Hoy muchos, jóvenes y viejos, aprendemos frente a la TV pública que es el cumpleaños de Juana Azurduy. 
Mañana, no muy lejos en el tiempo, Juana será algo cotidiano para nuestros hijos y nietos, que mirarán su estatua junto a la Casa de Gobierno y sabrán que está ahí en su memoria, en memoria de nuestras resistencias. 
Esa cultura que estamos construyendo es lo que no nos perdonan.
Máximo dice en la película de Néstor que la primera noche de los festejos del Bicentenario el Flaco le dijo: "hoy les ganamos la batalla cultural".
Cuando lo escuché me pareció de un optimismo digno del Flaco.
Hoy veo cómo se crean y recrean nuestras cosas, con grandeza y humildad, de generación en generación, de país en país de América, veo también cómo la derecha balbucea con signos ya gastados y sin fuerza. Me digo que en esto Néstor también tenía razón

domingo, 7 de julio de 2013

CALLEJEROS: NI VICTIMAS NI INOCENTES

Toda la vida con Estela Carlotto  y aún más allá.
Pero es lamentable que Callejeros pretenda inocencia y  Fontanet rehuya la dignidad de bancar su responsabilidad con los suyos. 
No tiene sentido confundir actividad empresarial con amor al arte. 
El rock hace décadas que dejó de ser un intento de cambiar todo para ser asimilado a la vida cotidiana del capitalismo, de quienes lo bancan y quienes no. Quien hoy hace rock y está con las Madres o Abuelas, quien banca a Venezuela o el UNASUR, o a los estudiantes chilenos, quien ataca a la marea neliberal, lo hace porque está con su pueblo, sea músico  o no. 
La música, rock, reggae, folklore o tango es, además de una actividad artística, un negocio. Si se hace por guita es empresa y reclama responsabilidad de no dañar con el servicio que se presta. Como quien produce leche, maneja un colectivo o dirige un ferrocarril.
Cuanto más colectiva es la actividad, más está cediendo el usuario, quien paga, su seguridad a quien organiza. Pone su confianza, en este caso en la banda, y la banda tiene la obligación de corresponderlo. 

Y quien ocasiona daño y pudo preverlo es culpable, no importa la intención, buena o mala, que tuviera.
Quienes defienden a Callejeros dicen que Chabán se encargaba de todo. No es cierto: muy pocos músicos se dan el lujo de que un productor les ponga el local, que el mismo productor o sponsors les paguen por su cuenta, les haga la seguridad, venda entradas, etc. Cuanto menos cartel se tiene más responsabilidades corren por cuenta del artista. Si le ofrecen seguridad tiene que pagarla a la producción y si no contratarla él. Si cede la venta de entradas lo pueden "pasar" con la cantidad vendida, pero si vende por su cuenta es el grupo el responsable de verificar que no haya más o menos personas que las permitidas.
Callejeros alquilaba el local: debieron controlar salidas, aireación, condiciones, etc. todo el tiempo. El candado en la puerta de seguridad estaba a la vista. Ellos se encargaban de las entradas: se sobrevendieron y eso aumentó el riesgo al haber una sola salida. En el caso de las bengalas, al prenderse la primera había que levantar o hacerse cargo de poner en riesgo a todos. Se puso en riesgo a todos.
No cabe tampoco hablar de experiencia. Tenían decenas de recitales hechos, así que sabían qué hay que controlar y qué no. 

Yo fui a un recital de ellos, solidario, para una fundación que trabaja en vih. Se hizo en 3 momentos: uno en Parque Patricios, otro camino al Congreso, otro en el Congreso. Era al aire libre y el motivo del recital era convocante para gente que tiende a cuidarse. El escenario era un camión gigante que se desplazó de un lugar a otro. Eran solidarios.también irresponsables, hoy quieren ser impunes.
Procesión a Luján, 1996, voluntarios del prograna "El rock previene el sida"
Con Fundación R.E.D. cubrimos en "campo" durante décadas más de mil recitales distribuyendo preservativos y material de prevención de la infección por vih. En River no bajábamos de los cincuenta voluntarios, en Vélez, Boca o Huracán de los 40. en Obras 20. Llegábamos cinco horas antes para controlar las salidas,los posibles peligros, consultábamos a la seguridad de Rock & Pop, PopArt, Fenix, etc, pero controlábamos todo por nuestra cuenta porque a cada voluntario era nuestra responsabilidad y había que prevenir que no se dañe ni dañe a otros sin querer.  Eso es hacer seguridad en un recital, no ver si alguien no pagó. Controlábamos todo por una actividad sin fines de lucro ¿qué queda para quien hace la actividad por guita?

Se acepta que puedan invocar descuido o imprevisión y que eso atenúe la culpa. Hablo de la legal, no de la otra. 
La masacre también los afectó a ellos y sus familias, pero eso no los hace inocentes. 
Si al menos se hicieran cargo en lugar de victimizarse, uno podría contarlos como otros perjudicados por la tragedia. Mientras tanto las únicas víctimas fueron sus seguidores, sus familias, una sociedad que está volviendo a sentir a sus jóvenes como un tesoro.

viernes, 28 de junio de 2013

Rayuela, Cortázar y el sexo de los argentinos. cincuenta años

Rayuela cumple cincuenta años desde su primera publicación. cuarenta y seis años, me digo, desde mi primer lectura.
En el fragmento que se adjunta más abajo se ve a Julio Cortázar explicar sin mucho bombo, con suma sencillez y mayor humildad, cómo se permitió crear un tipo de lector, el lector postRayuela: ese tipo que a partir de Rayuela, incluso hoy sin haberlo leído y tal vez sin pensar en su existencia, agarra un libro cualquiera y lo lee a partir de la página que se le ocurre, sigue por ídem y rescata, entiende, proyecta, supone y eslabona en complicidad necesaria con el autor, pero sin que importe demasiado si ese rescate, el entendimiento,  la proyección, lo que supone y concatena, tiene algo que ver con lo que pretendía el autor. 
Ese lector, podemos agregar medio siglo después de aquel momento, que recién con la explosión de internet encuentra el mundo que Rayuela le permitiera entrever desde las páginas comunes y corrientes de ese libro común y corriente que en su aspecto no arriesgaba más novedad que una rayuela dibujada en blanco a mano alzada sobre un fondo negro en el que resalta el nombre de Julio en el lugar que  debía decir "cielo".
Mucho se puede decir -se dijo y se escribió- sobre las tres formas de leerlo que proponía Cortázar y las casi infinitas maneras que emergían como posibles apenas uno tomaba en cuenta la propuesta del autor: si se podía leer de corrido, si se podía leer pasando el capítulo x al  x+5 y de allí al x-3 ¿por qué no hacerlo de otro modo?
Por ejemplo ¿por qué no leérselo a TU Maga a partir de esos polvos a la vez gloriosos y dolorosos en que se enredan Oliveira y la mujer que lo desvela, atormenta y lo lleva al cielo en unos pocos saltos? ¿por qué no ir después a cualquier párrafo o capítulo tras un recorrido de tu propia Maga por tu cuerpo y/o viceversa?
Mucho se ha dicho también respecto de qué tipo de lector abrazó desde el vamos esta novela. Cortázar decía en otra entrevista: "escribí una novela para un lector de mi edad y costumbres. Me encontré con que Rayuela fue leído y aprobado principalmente por los jóvenes, en Argentina y en toda América". 
Seguro que el estilo, las formas, el momento, el autor, todo concurrió a que Rayuela, los jóvenes y Cortázar nos encontráramos unos a otros en esa transición de los derrotados sesentas a los esperanzados setenta y nos hiciéramos inseparables. 
Pero confieso que era poco lo que yo sabía en aquel entonces de estilos y corrientes literarias y sospecho que lo mismo pasaba con la mayoría de los que cambiaron su mirada tras leer unas páginas de Rayuela. Tampoco sabia demasiado de jazz cuando leí "El Perseguidor", pero ese oscuro y provocador antihéroe fue el que me me preparó para Oesterheld y sus personajes. 
El caso es que creo que antes que Cortázar nos abriera un millón de mundos con su mirada lateral hizo algo más, algo que nos capturó para siempre: con Rayuela, tal vez antes pero nunca de un modo tan profundo y arrasador con en sus capítulos, Julio sacó al sexo del pozo en que lo mantuvo sumergido durante décadas la pacatería oligárquica y sus seguidores y colocó al sexo justo al lado, el el lugar y en el camino del amor,  de un modo indivisible, tan doloroso y glorioso como el momento en que cada uno de los jóvenes de aquella generación llegamos a ese mismo lugar que Él era capaz de narrar y discernir por nosotros. 
Siento que con ese sólo acto de traer el sexo desde la nada al centro del amor, nuestro amor presente de jóvenes extrañados en un país que silenciaba el sexo con tanta fuerza como la muerte,. Cortázar contribuyó a inventar una juventud capaz de animarse a todo porque lo que más le gustaba hacer a esa juventud pasó gracias a Cortázar al centro de la escena: amor y sexo, placer y dolor, lo eterno y lo efímero en un entrelazarse de cuerpos, la Maga y Oliveira, ella y yo. Cualquiera con cualquiera, sentenciaría Néstor Perlongher si escuchara esto en algùn pasillo de la Facultad en aquellos días. 
Claro que hubo otros escritores que trazaron coordenada parecidas en otros lugares del mundo e incluso antes, pero este tipo de hablar afrancesado y raro, desde Europa, al  joven argentino ya perdido para convocatorias castrenses, a nosotros los setentistas, nos interpelaba en nuestro descubrimiento carnal y nuestro goce como si hiciera, (hacía) lilteratura de nuestras fantasías y descubrimientos.




martes, 4 de junio de 2013

Juana Azurduy, Colón y el lugar que te da el pueblo

"Colón en su lugar y Azurduy en Palermo", dice Mempo en Página 12 hoy, 4 de junio. ¿Cuál es el lugar de Colón?¿Cuál el de Juana? 
Va de suyo que ambos ya no viven entre nosotros: la cuestión es qué hacer con estatuas que los sostienen en la memoria colectiva. 
Ese es el valor o desvalor de una estatua: proyectar hacia el futuro virtudes colectivas o individuales, forjar identidad. 
Ahora bien ¿cuál es el lugar de una estatua que no debió ser? Hablo de aquellas estatuas que no resaltan lo mejor de lo humano, sino su negación. En principio, respondo: la piedra sin tallar, el mineral no explotado. O la oscuridad de los depósitos.
Se discute si el último malón se produjo en 1904 en San Javier, Provincia de Santa Fe o en Frotín Yunká, Formosa, en 1909, o… Algo no se discute:  cuando originarios atacaban a blancos se hablaba –y se habla-  de malón, mientras que cada uno de los hechos de agresión que durante siglos se produjeron contra originarios nunca tuvo más nombre que “partida”, “campaña”. En todo caso a lo largo de esos siglos simplemente se lo llamó “progreso”.
El gobierno nacional tuvo en estos últimos días la idea de sacar de Plaza de Mayo el monumento a Colòn, iniciador –conciente o no- de esos siglos de exterminio a partir de una invasión que aún muchos llaman “descubrimiento”. El monumento sería trasladado a Mar del Plata y su lugar sería ocupado por un monumento a Juana Azurduy donado por el presidente Evo Morales.
A partir de allí se abrió un debate, no sobre la oportunidad de hacerlo, lo que en sí es muy opinable, sino sobre si es correcto o no sacar el monumento de la Plaza de Mayo.
Hoy escucho, de paso, en un programa de Canal 7 que dirige el Bahiano: “Juana Azurduy tampoco sería una santa”. Lo dijo un pibe en esa suerte de dispositivo de época por medio del cual victimarios y víctimas resultan “dos campanas” equivalentes. 
Claro, no hay santas fuera de los rituales de la iglesia. Los humanos somos quienes somos en función de otras determinaciones. Por ejemplo: somos fundadores de libertad, como Juana Azurduy, San Martín, Bolívar, Evita, Walsh,  o fundadores de opresión, como aquellos que en su tiempo no tenían empacho de llamarse a sí mismos “conquistadores”.  
La verdad, ya lo decía Nietsche, es una construcción de poder: porque cada vez más excluidos nos incluímos y construimos poder para opinar sobre presente y pasado es que podemos condenar al opresor y revindicar al libertario de hoy y de ayer. Ambas, inclusión y construcción de una verdad democrática, hacen una humanidad mejor y eso se expresa también en símbolos: la imagen de Evita en un billete o en el Ministerio de salud, grandes mujeres nominan un salón en casa de gobierno, Marina Vilte, Guillermo Barros, Requena y otros dirigentes secuestrados y /o asesinados dan su nombre a escuelas, Videla y Bignone ya no se ven en los cuadros en el Colegio Militar. Símbolos: cuadros, estatuas, imágenes, frases, formas de continuidad de culturas que de ese modo se recrean y consolidan. Y se excluyen, porque el quien libera merece el homenaje popular y el quien oprime merece el repudio.
Podría decirse: pero esto es reciente, en cambio la conquista es pasado, ya quedó atrás.
En su artículo en Página 12,  Mempo Giardinelli reflexiona:” La Historia de una Nación no es propiedad de un único conglomerado humano” y agrega “y sobre todo no se cambia de un día para otro”.
En cuanto a lo primero, aún valorando el compromiso y honestidad de Mempo, es preciso afirmar todo lo contrario: la historia sí ha sido propiedad de un único conglomerado humano. En la Plaza hoy en discusión, un 25 de mayo de 1810 se abrió un proceso plurinacional y multirracial tan rico como la gesta de Castelli, Moreno, Belgrano, San Martín y tantos otros. La contrarevolución fue apartando a originarios, gauchos, el interior, genocidios mediante. Se los llamó primero “civilización”, luego “unificación nacional”, después “campaña al desierto”. La oligarquía y los grupos que surgieron a su sombra trataron de liquidar todo vestigio del sueño inicial de patria grande a la vez que construyeron la historia oficial, la que aún hoy se resiste al debate en escuelas y universidades, en calles y plazas públicas.
Así, la estatua del asesino Lavalle sigue frente al lugar en que estaba la vieja casa de su víctima, Dorrego y de cara al mayor símbolo del poder judicial. Otro asesino, más masivo, aunque no sabía cabalgar se erige a caballo en diagonal Sur, amenazante, la vista en la Plaza de Mayo. No es sólo “un monumento” a Roca: es una amenaza, tantas veces cumplida como tantas veces la oligarquía pudo retomar impulso contra el pueblo a sangre y fuego.
Así que Mempo en esto acierta: esa historia no se cambia de un día para otro.
Si el resultado del último genocidio hubiera sido diferente, si Videla y los suyos hubieran podido ir aún más lejos y liquidar todo vestigio del irigoyenismo, del peronismo y los setenta, Alfonsín no hubiera podido emprender el “nunca más”. Néstor no hubiera sido presidente, Tampoco habría ordenado bajar los cuadros. Videla seguiría mirando desde las paredes a cada nueva generación de oficiales, tal vez Astiz estaría en la Rosada, La Nación les cantaría sus loas y esos prohombres esperarían el tiempo en que sus estatuas coronen plazas en todo el país. Hebe y Estela serían una presencia molesta y tal vez se hubieran recuperado menos menos pibes y con menos repercusión. Por supuesto no veríamos a esos pibes cambiar el país desde las bancas del parlamento.
Así que sí, no es de un día para otro que se cambia la historia, Se necesitaron los años de Irigoyen, la década inicial del peronismo, los setenta, también de la resistencia cuando el opresor gobernaba y por fin la década ganada, para que comencemos a revisar qué monumento ven nuestros hijos cuando juegan en las plazas, qué monumentos sufren nuestros pueblos originarios y todo aquel que tiene memoria y repudia caminar entre asesinos, opresores y traidores de piedra o bronce, como quien participa de un engaño centenario.
Pero Mempo agrega: “por respeto a la Historia, la estética y el cuidado de los monumentos públicos en los sitios donde originalmente se los instaló, el de Colón continúe donde fue colocado hace un siglo. (…) Y el mismo reclamo vale para todas las estatuas, esculturas, conjuntos artísticos arquitectónicos y demás ornamentos urbanos”. Y no, justamente por respeto a la Historia, no cualquier historia sino la de los incluidos de todos los tiempos, la de los que vinieron de Europa como bien dice Mempo, pero a trabajar, a vivir una libertad que allá no tenían, la de los originarios que sobrevivieron, la de los que se mezclaron por igualdad no por violación, la de quienes conquistaron derechos para perderlos y volverlos a conquistar dos o tres generaciones más adelante, tenemos el derecho y el deber de decidir cuál es el lugar de cada uno.

La Plaza de Mayo, quizás el mayor símbolo de participación popular que tenemos, la del pueblo quiere saber de qué se trata, la de liberen a Perón, la de las Madres, esa Plaza puede cobijar a Juana Azurduy, a Walsh, a Artigas, a Azucena Villaflor, a quienes dieron su vida por sus pueblos y su soberanía. El lugar de los que sojuzgaron es el de los cuadros que se bajaron del Colegio Militar.