sábado, 28 de diciembre de 2013

NUESTRO GOBIERNO, LOS PRECIOS, EL ALZAMIENTO POLICIAL Y EL BOICOT ENERGÉTICO

Me sale siempre del mismo modo. Cada vez que hablo de nuestro gobierno digo NUESTRO. Más bien que yo no tomo decisiones de gobierno,  tampoco hay motivo para que se me consulte ni he solicitado nunca la atención de un funcionario a una opinión mía.
No lo necesito. Desde 2003 se viene haciendo mucho de lo que soñé toda mi vida y no tengo que decir que en muchos aspectos se fue aún más allá de lo que realmente creí que se pudiera, hacer. Basta con pensar en los 600 genocidas condenados, las puertas de la Rosada abiertas a Madres, Abuelas e HIJOS,  la derrota del ALCA, la AUH, el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género. Cualquiera de estas conquistas las pensábamos en los ´70 como consecuencia de una revolución triunfante antes que de un gobierno que llegó al poder con el 22% de los votos. Pero este, nuestro gobierno, tuvo la virtud de saber que sus decisiones si bien no siempre convocaban multitudes en su reclamo y apoyo se apoyaban en décadas de historia de lucha, con picos en el ´45/55 y el ´73.
No soy un peronista de toda la vida, pero si hay algo que confirmó mi decisión de identidad política fue este rescate de su vocación transformadora, de inclusión, democrática y de reparación popular que el kirchnerismo supo concretar en políticas de gobierno.
Así que cada vez que hablo de este gobierno digo nuestro. Es más, no digo que “gobierna”,  “nosotros gobernamos”, porque las decisiones que se fueron tomando en esta década fueron despejando cualquier duda a propósito del camino elegido: si algo no resultó no fue por complicidad  con el poder corporativo y oligárquico. Pudo haber errores de momento, expectativas de acompañamiento social no siempre logradas. Pero porque los errores no nacieron de traiciones sino de nuestra vocación transformadora, hasta derrotas temporarias como la de la 125, terminaron en mayor convocatoria popular como en el Bicentenario  y en la explosión militante, sobre todo entre jóvenes, que se produjera en la misma época.
Claro que no todos quienes aceptan nuestro gobierno tienen las mismas ideas, ni es lógico que esto pase. Así como algunos coincidimos en casi todo, no esperamos grandes beneficios en lo inmediato y apostamos a futuro, hay quien acompaña sin analizarlo mucho, quien nos acepta por costumbre o porque ve que hay capacidad y decisión para gobernar.  Y estos últimos no son los menos pero sí quienes más van a exigirnos.  sea porque viven en condiciones muy precarias y sólo nuestra gestión les permite sobrevivir, sea porque pertenecen a algunos de los sectores que más se ha beneficiado de nuestro gobierno y temen perderlo todo si nos sucediera alguien de signo contrario, sea porque están entre los grandes beneficiarios, pero aún no se han consolidado en la disputa empresarial, el caso es que su adhesión estará ligada a la eficacia de nuestra gestión, a los beneficios que ella les acarree y –cuando el beneficio pueda mermar- a nuestra capacidad para mostrar lo inevitable de las decisiones y el beneficio posterior que acarrearán. No todos quienes no rechazaron la nacionalización de YPF, la estatización de las AFJP, la ley de medios audiovisuales,  o la liquidación del ALCA, eran kirchneristas convencidos, mucho menos militantes. Las decisiones que se tomaron, la preparación de las mismas, la argumentación, la adhesión de personalidades vinieron a sumarse a valores acumulados por generaciones para que estas medidas cuenten con apoyo no kirchnerista. Esto es, en términos muy prácticos, lo que hace posible el frente nacional,  la gobernabilidad, la profundización el modelo. Allí  se asientan el consenso cotidiano y la reedición de triunfos electorales.
Ahora bien, tres conflictos indican, mucho más que las últimas elecciones,  que nuestro gobierno y con él todo nuestro pueblo están frente a una nueva coyuntura: el alzamiento policial, el aumento constante de precios impulsado por las empresas formadoras y la oligarquía a fin de contrarrestar la redistribución de ingresos y el boicot que llevan a cabo las empresas transportadoras de energía. Con cada uno, para seguir adelante, es necesario hacer lo que se hizo durante estos diez años: tomar decisiones de fondo hacia más soberanía, inclusión, desarrollo y distribución.
Si sostenemos el proyecto de inclusión,  de redistribución de la riqueza, de recuperación de solidaridad social, de redefinición de las prioridades de desarrollo en función de consolidar la producción nacional,  de ir por el pleno empleo en blanco, asociados de diversa forma con los países de América Latina,  en la medida que avancemos por ello vamos a  enfrentar acciones cada vez más violentas y desestabilizadoras de parte de quienes e beneficiaron del país de la exclusión, de la especulación, el endeudamiento, la expulsión laboral y social. Los procesos de Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia son la confirmación de  esa tendencia que desde 2008 aumenta su virulencia en nuestro país.
Por otra parte, no podemos esperar que nuestro pueblo no aspire a una estabilidad y previsibilidad relativas tras soportar los años de genocidio y la sucesión neoliberal.  Fueron décadas dedicadas de destruir toda la cultura de soberanía, rebeldía y solidaridad que fuimos gestando desde nuestras luchas por la independencia. Llevamos sólo una de revertir aquello. Pero la estabilidad, como bien sabemos, no nace principalmente de las buenas intenciones ni del marketing, sino de seguir adelante con el proceso de transformación que haga cada vez más fuerte y unido  a nuestro pueblo y debilite cada vez más a quienes medran en la división del pueblo, en la violencia y el autoritarismo.
Los monopolios de la producción y el comercio y agroexportadores arrecian con su política histórica: generan ganancias y redistribuyen a su favor a través del aumento de precios antes que el de la producción. No invierten porque no les interesa el desarrollo nacional sino la ganancia inmediata y la exportación de divisas adonde estén a salvo de políticas distributivas. Los acuerdos de precios parecen una parte sustancial para neutralizar sus efectos distributivos y políticos (que se hable de inflación en lugar de presión distributiva ya es una derrota parcial). También las acciones militantes de control en la comercialización, pero sin formas de producción, distribución y comercialización en manos del Estado parece casi imposible ir a fondo con el problema. Por el contrario, la experiencia indica que cada nueva medida nuestra termina en mayores precios y a la vez más apropiación de fondos del Estado por parte de estas empresas.
Con la sedición de las policías provinciales y el boicot de EDESUR Y EDENOR,  conspiran contra la unidad de nuestro pueblo, contra la unidad entre nuestro pueblo y nuestro gobierno y tienden a debilitar  a la democracia y sus instituciones.
En el caso policial es de celebrar que casi no quede en el gobierno que se refiera al “reclamo salarial”: liberar zonas, movilizarse con uniforme y armas contra los gobiernos constitucionales, defender por estos medios las cajas de la trata, el narcotráfico y la piratería es exclusivamente sedición. Sin embargo esto es sólo una parte del problema: coexisten en nuestro pueblo dos sensaciones igual de ciertas: sentirse rehenes de estas policías cuasi mafiosas y sentir que su seguridad, con estas policías, está librada poco menos que al azar.
Es algo diferente a la ya conocida acción de las fuerzas represivas contra el pueblo y el aprovechamiento del control de delito para manejarlo desde la institución. Se trata de una nueva estrategia del imperialismo y grupos locales a partir del balance de las dictaduras de los 70/80. La utilización de las FFAA contra procesos populares deviene en dictaduras y en la negociación obligada entre el gran capital y los militares. La fragilidad de las democracias post dictatoriales hizo innecesario y peligroso el acceso de las FFAA al poder. Basta con pensar en Malvinas,  o las dificultades que el proceso o Pinochet le crearon a algunos intentos privatistas. En la primera década del siglo XXI, el uso de las policía para desestabilizar gobiernos cobró un sentido estratégico, cumple con el debilitamiento del gobierno popular sin que las policías puedan ilusionarse con acceder al poder. Algunos partidos, reciclados o vaciados de sus objetivos históricos, se irían fortaleciendo como alternativa para que le Gran Capital recupere el control institucional perdido.
La denuncia y la crítica desde el Estado no alcanzan para resolver esta realidad latinoamericana de policías comenzando a tomar el papel de las FFAA en lo que hace a imponer políticas a los poderes constitucionales. Menos cuando se fueron a sus casas con aumentos obscenos para trabajadores de la salud, la educación  u otros sectores públicos.
Es necesario por un lado redefinir el rol de las policías  retomando la doctrina que alumbrara en 1973: policías sometidas a la ley y los poderes constitucionales  para resguardar al pueblo en ejercicio de sus derechos soberanos.  Y sancionar hasta donde sea necesario a los responsables y ejecutores de las acciones sediciosas que no casualmente confluyeron hacia el 19 se diciembre en casi todo el país. Uno y otro camino resultan necesarios, tanto  para evitar una repetición ampliada como para reestablecer aquello que se inició con la bajada de los cuadros: la autoridad del poder político como garante de democracia y convivencia.
En cuanto al boicot de las transportadoras de energía, el primer punto es establecer que no se trata de impericia, desidia o falta de previsión: se trata de un boicot a un modelo que las debilita como la fijadoras de políticas públicas, especuladoras financieras y exportadoras de divisas. La inversión de las empresas mal llamadas energéticas no está ni estuvo orientada a optimizar la capacidad de transportar y distribuir energía sino al manejo de dinero, el condicionamiento de desarrollos productivos y la realización de sus ganancias donde les resulte más conveniente. Si se quedaron -o en algún caso cambiaron de mano-cuando el gobierno demostró que haría lo que prometió fue por los subsidios y el limitado control a su acción e inversión por parte del Estado.
De todos modos, aunque son inmensos los daños económicos que causa el cuello de botella energético, el costo mayor es social y político.
En medio de las fiestas, hemos visto multiplicarse por cientos los cortes y fogatas con que diferentes barrios protestan contra la falta de energía eléctrica. Cada hora que pasa sin energía en las casa mientras el clima ofrece temperaturas superiores a los 30 grados es sufrimiento para los más pobres, pérdidas económicas que se podrán compensar, pero sobre todo pérdidas en lo afectivo, en la autovaloración de cada uno y de cada comunidad que no se pueden reparar ni con explicaciones ni con resarcimientos futuros. No hay solución intermedia: o se recuperan las empresas por parte del Estado, se dice claramente al pueblo que esto es indispensable para vivir con soberanía u bienestar, se fija un cronograma respecto a los problemas que se padecerán hasta que las obras necesarias terminen con la crisis o nos estaremos mostrando como impotentes frente al boicot empresario.
La mayor parte dela oposición nos ha demostrado, frente a cada uno de estos conflictos, que prefiere acompañar estas situaciones con el riesgo de acceder al 2015 con las manos atadas antes que unirse a nosotros para avanzar en soluciones de fondo. Pero esto no necesariamente será así si logramos debatir y concertar de cara al conjunto de la sociedad. La promoción de un paquete de leyes para cada uno permitirá volver al fijar la agenda política y potenciar acuerdos con sectores más comprometidos con la cuestión nacional y la institucionalidad.

Al cerrar el año con estas disyuntivas, hay quien cree que este ha sido un año de retrocesos. No es el caso, como cada año desde 2003, el posicionamiento del proceso popular depende de nuestras decisiones antes que de los obstáculos que nos pongan. Si podemos superarlos estaremos fortalecidos, porque habremos probado una vez más que la inclusión sólo puede avanzar con un gobierno que priorice el pueblo a las corporaciones. Si en esta superación fuimos capaces de convocar y movilizar estaremos consolidando la base social y la organización poular necesarias para seguir adelante.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Mandela, la fortuna y la historia

Hoy ha muerto Mandela y se me figura que murió un amigo, casi un padre, seguro un compañero entrañable. No una figura lejana, de foto de periódico, de banderas de otros países.
Cumplió sus 95 años, alcanzó a realizar mucho de lo que soñó, fue el hombre más querido de su patria Y aún así uno no se conforma con su ausencia.
Recuerdo que una periodista francesa supo encarar a Ho Chi Minh y preguntarle: “¿estuvo mucho tiempo en la cárcel?” Ho contesta: “la cárcel siempre es mucho tiempo”
Mandela estuvo veintisiete años de ese mucho tiempo tras las rejas.
Es poco decir que ese sufrimiento no alimentó su odio ni creó resentimiento.  Lo importante es que parece haber usado esos años para macerar una humanidad total y una capacidad de comunicarla, definir  con sencillez por dónde ir hacia el bien de todos porque su pensamiento ponía ese norte por delante de cualquier otro.  
Hay algo que suelo guardar para mi intimidad, que conté alguna vez entre amigos en algún festejo, en el momento de las confidencias: una vez tuve a Nelson Mandela en brazos, por un momento breve, interminable.
Pienso que con el tiempo quedará como un recuerdo de familia, o de amigos que van sobreviviendo, esas leyendas que van de una generación a la siguiente sin sospecha de veracidad, más adecuadas para relatar algún rasgo de quien se recuerda que para verificar si realmente ocurrió, si aun no siendo así pudo pasar algo parecido o si le pasó a otro, o en otro lugar, o con alguien distinto al que se menciona.

En el año 2000, la Conferencia Mundial sobre vih-sida y ETS se realizó en Durban, Sudáfrica. Había que hacer, por fin, una conferencia en África y el país del sur fue elegido. Un poco porque en aquellos días vestía bastante bien a casi todo el arco político mundial sacarse una foto en el país de Mandela, los diamantes y el bastante intacto poder económico afrikáner. Otro poco porque Mandela ya no era presidente y su sucesor, Mbeki, parecía tener menos arraigo social que Madiba y eso generaba expectativas de realineamiento según qué presión internacional resultara más eficaz. 
Otro poco, mucho, porque con una población similar a la de Argentina se calculaba que en Sudáfrica 8 a 10 millones de personas vivían con vih y para los grandes laboratorios todo era cuestión de manipular la opinión mundial, comprometer al nuevo gobierno y quedarse con ese mercado cautivo fijando precios y condiciones.
Fue también el año que los hispanoparlantes peleamos por presentaciones dichas en nuestro idioma, el idioma más relegado en la traducciones simultáneas: "Latinoamérica quiere oír, Latinoamérica quiere hablar". Una buena movida, quizás porque la Conferencia se hacía por fin en el hemisferio sur, quizás porque ese año el contingente argentino fue muy numeroso.
El caso es que estaba en esa Conferencia, caminaba todas las mañanas un par de kilómetros desde unos dormitorios universitarios hasta el Centro de Convenciones que se alzaba frente al estadio de Cricket, ese insulso deporte inglés que apasiona a los sudafricanos. En el trayecto admiraba el ritmo de caminata de los cientos de miles de sudafricanos que llegaban a la ciudad desde pueblos situados a cinco o diez kilómetros  para trabajar durante el día y volver a caminar esos kilómetros por las tardes hacia sus casas. Y descubría el verdadero signo del racismo en esa familia de negros que antes cruzarse conmigo bajaba la mirada y con ello repetía el gesto de siglos, de la esclavitud al empleo mal remunerado, del sometimiento al apartheid, siempre por los diamantes, en ese país en el que la revolución permitó a millones  de negros acceder al voto, la filiación política, mejores empleos y la igualdad ciudadana mientras el poder económico de mineros y banqueros se mantenía en las mismas manos.
Y la franqueza de las miradas en las marchas, a toda carrera como antes, cuando arreciaba la montada y desde algún jeep una ráfaga se cobraba decenas de vida. Miles al trote, cantando con voces maravilosas corales de esperanza y dolor, tal vez  porque un viejo atavismo local supo cruzarse con la no tan vieja costumbre del canto en los templos anglicanos, de dios a un hombre un voto por décadas. Así que las marchas siguieron, como la cárcel de Mandela y sus compañeros, como la construcción del Congreso Nacional Africano y su resistencia, también como las tropas cubanas que le bajaron la barrera al ejército afrikáner en su frontera para siempre, todo llevó a esa Sudáfrica donde ahora estaba todo por hacer, pero además por primera vez se hacía posible.
Y todo era tan nuevo que por momentos me quedaba absorto en la mirada de un grupo de chicos, algunas flores, las familias descendientes de hindúes caminando en fila, el padre adelante, la madre después y los chicos. Yo llegaba al Centro cada día, salido del tiempo, detenida mi atención en algún detalle y el resto de mí seguía caminando nomás.
Así que ya casi estoy entrando al Centro y una limusina negra se me aparea, adelanta y va deteniendo hasta que casi la alcanzo, aunque aún no la veo. Y un par de tipos de traje, tan altos como anchos, han bajado y se están ubicando a ambos lados de la puerta trasero, que ya se abrió. Pero yo seguí caminando, ahora recuerdo que con la cabeza baja, así que llego al puesto de uno de los gigantes antes que él. Y el hombre que salía del auto ya me tiene sobre Él y nuestros brazos se cruzan y ahora me doy cuenta que me estoy llevando por delante a alguien y me detengo y quiero sostenerlo y mi mirada se cruza con la mirada definitivamente bondadosa, humana, calma, de Nelson Mandela,  mientras sostengo en mis brazos la fragilidad ese cuerpo que supo de la fortaleza del boxeo, de la disciplina del ejercicio diario para que sus enemigos no logren con la rutina lo que no pudieron con la tortura, el maltrato y la cárcel.
Y Mandela comenta algo mientras literalmente yo retorno sus pies al suelo sin animarme a mirar a los costados porque temo que los dos gigantes, el que llegó a su puesto a tiempo y el que no, no crean que este es un encuentro casual entre el más grande hombre de Sudáfrica y un despistado de los que abundan por todo el mundo.
Y todavía hay unas palabras más, en inglés, de esa voz clara y amable, pero entre mi poco inglés y la emoción no entiendo nada y me conformo con sonreír, darle la mano, apartarme y seguir caminando mientras Mandela espera que a los dos gigantes que ya están a su costado se sumen otros dos y entonces el grupo comienza a caminar hacia el Centro.
Suelo soñar, como cualquiera, situaciones que de algún modo sé, preveo que nunca van a suceder. Y me pregunto qué haría, cómo aprovecharlas mejor, cómo no perder esa oportunidad única.
Tengo el mismo sentimiento hacia Mandela desde que supe de él en la universidad. Cariño, admiración, respeto, la intención de acercarme, lo poco que pudiera,  a su ejemplo. No necesitaba entonces de este encuentro que en sueños hubiera supuesto de otro modo, entender las palabras de Mandela y responder con un inglés que no tengo y hacer un millón de preguntas, responder a las suyas, hacerle saber un poco de Argentina, de nuestro pueblo y de cuántos aquí también lo admiran.
No hubo nada de eso. Tampoco fue necesario: por un segundo tuve toda su atención, no porque fuera yo sino porque, lo creí siempre pero lo confirmé ese día, Mandela se reunía naturalmente con lo que lo rodeaba, sin resistencia se fundía con el mundo. Y por un momento yo fui parte de ese entorno. ¿Para qué más?

Pues bien, pasó y espero que la historia quede en mi entorno, en mi familia. Para que los que vengan sepan de mi fortuna y mis despistes. Para que la historia de Mandela se siga recreando de boca en boca. Es el modo en que los pueblos hacen eternos a los suyos.

martes, 12 de noviembre de 2013

aborto, punicion corporativa y derechos


Las notas que publica Mariana Carbajal en Página 12 llaman a la reflexión sobre cómo se presta asistencia hoy en Argentina y cómo se respetan los derechos de las y los pacientes, atento a la existencia de una legislación sumamente protectiva, la que establecen la leyes 26485 ("de protección integral a las mujeres") y  26742 ("derechos del paciente").
En la Maternidad Nuestra Señora de lasMercedes, en San Miguel de Tucumán le negaron el aborto a una adolescente que concurre embarazada por  una violación. Como si fuera poco, la denuncian y es citada por un juzgado. 
Hasta aquí uno, podría suponer que se trata de un caso, aislado y no algo habitual en Tucumán, pero por la misma nota nos enteramos que el gobierno provincial intervino en favor de la paciente, pero ante la negativa de los profesionales de la Maternidad a efectuar la práctica, el mismo gobierno tuvo que hacer gestiones ante un hospital de la Ciudad de Buenos Aires para que la práctica se realice allí. 
De paso acotemos que aquellos profesionales invocaron "objeción de conciencia" para su negativa a realizar el aborto. Es significativo que su conciencia no objetara en cambio llevar el caso a los tribunales y aumentar con ello los padecimentos de esta chica que acudió a su institución en busca de ayuda.
Tras la gestión y su traslado a la Ciudad de Buenos Aires,  personal del hospital Argerich realizó la intervención con éxito.
Uno podría  suponer entonces que estos hechos sólo suceden en Tucumán y que en el resto del país las mujeres no reciben tal destrato de parte de personal de salud, que por ejemplo en la ciudad de Buenos Aires se cumple con la legislación,  no solo con aquella que garantiza el aborto en caso de violación, sino la que protege el derecho a la intimidad y confidencialidad para toda persona que accede a un acto terapéutico.
Lamentablemente no es así: Mariana Carbajal da a conocer también que en el Hospital Fernández  tres médicas,  Buffa, Wainfield y Diedrich, maltrataron una mujer que se presentó a su servicio con signos de una supuesta interrupción de embarazo. Las dos primeras la amenazan y cuestionan, Buffa además la denuncia a la policía.  El juzgado criminal de turno, el  número 13, en la persona de su secretario Schabas Madueño , ordena que sea apresada. Resultado: pasa 10 horas en la comisaría 53, encerrada en una celda pequeña mientras sigue con pérdidas y los malestares esperables. Cualquier parecido con escenas de la última dictadura civico-militar no es casual.  En otro sentido, el juez Zelaya ordena su libertad y lo completa con el sobreseimiento basado en que la mujer fue incriminada "por medios ilícitos ". Es decir: el delito lo cometieron quienes la malatendieron.  Claro que la mujer fue encarcelada de inmediato y las médicas aún no fueron intimadas a pedirle disculpas.
Todo lo previo se funde en otra clara violación del principio de confidencialidad, pero también se violó el derecho de esta mujer, quien se presentó, con pérdidas y riesgo de vida, a ser asistida según lo que se espera de un servicio público de salud: con idoneidad, respeto a su intimidad, trato digno También, atento a la situación de vulnerabilidad que vive toda persona que busca nuestra asistencia, se violó el compromiso en que basa su confianza: nuestro compromiso de NO HACERLE DAÑO. Podemos no contar con una terapéutica para resolver su problema de salud, pero le garantizamos, según el juramento hipocrático que prestamos los trabajadores de salud y los servicios que integramos, comprometiendo que ante todo no vamos a dañarla   Ese compromiso fue incumplido por las dras. Buffa, Wainfeld y Diedrich.
A esta altura, cabe considerar que ambos casos fueron más allá de vulnerar derechos de las mujeres, replicar su padecimiento y tener una clara connotación antiabortista: se inscriben en una práctica corporativa que tiende a violar constantemente los derechos de las personas que concurren a asistencia, con incremento, agregaría, acorde a la vulnerabilidad de la persona que concurre. Práctica que afecta también a quienes abordamos la asistencia desde otra perspectiva, ya que la actitud corporativa rompe la confianza necesaria para todo acto terapéutico, pone en duda toda prestación en salud.
El caso de CABA ha merecido intervenciones a considerar. Se dice en el artículo que  desde el Ministerio de Salud de la ciudad, la ministro Reymbaud había instruido a los servicios de salud para que denuncien casos como el que tratamos. La ilegalidad en ese caso se extendería a ese ministerio, pero los profesionales que incumplen la ley no pueden ampararse en ninguna obediencia debida, ya que llevamos casi 3 décadas de democracia y en ella no hay jerarquías que puedan situarse por encima de las leyes.
Por otro lado, la titular de la Defensoria General de la Nación,  Stella Maris Martinez, con toda premura dio a conocer el caso a la justicia en 2a. instancia a la vez que recordó la legislación vigente al Ministerio de salud de CABA y la dirección del hospital, pero acaba de declarar hoy en TV que lo sucedido puede obedecer "a la ignorancia de la ley por parte de los profesionales y al temor que tienen por estar expuestos a numerosos juicios y cuestionamientos".
Sabemos del justo posicionamiento de la Defensora ante estas situaciones, por lo que no quisiéramos que estas palabras sean tomadas para justificar lo injustificable. Ningún profesional tiene derecho a ignorar las leyes específicas a su práctica, menos aquellas que protegen a la persona en asistencia. Cuando hay "ignorancia", ésta no obedece al desconocimiento de la ley sino a la decisión de estar por encima de la ley. Hace unos días,  el titular de la carrera de medicina de la Universidad de la Matanza, en ocasión de su presentación al Foro de Salud Mental covocado por Carta Abierta en la Biblioteca Nacional, cuestionaba "los ciudadanos acatamos la ley, los profesionales de salud en parte la aplicamos y algunos hasta se creen con derecho a decidir cómo la interpretan, si la aplican o  no ".
Lejos de una cuestión de ignorancia, o de temor justificado, estos casos hablan de un problema corporativo que se justifica en la formación, se reproduce en los servicios y atraviesa a todas las profesiones de salud y recorta al menos dos actitudes diferentes respecto al acto sanitario: se trata de definir quién es el sujeto de la salud, si la comunidad o los profesionales, cuál  es el derecho que impera en esta relación y, en última instancia, a quién pertenece el cuerpo, la subjetividad, la vida de la persona que concurre o toma contacto con un servicio de salud.
Vale la pena resaltarlo, la relación entre la persona que busca asistencia y el equipo de salud no es una relación simétrica. Los profesionales estamos respaldados por la institucionalidad, por nuestra formación y por el conocimiento que se nos supone, lo poseamos o no. La persona en asistencia en cambio concurre librada a su individualidad y vulnerada por su padecimiento. Por eso se establece una legislación protectiva para el llamado "paciente "
Cabe por ultimo resaltar el silencio de los colegios y asociaciones profesionales sobre estos hechos. No digamos para condenarlos,  no hubo siquiera un llamado de atención sobre el modo legal como deben atenderse estas situaciones.
No es con atenuantes para con lo corporativo que van a dejar de producirse estos casos, sino con políticas claras de parte de las autoridades de salud, que incluyan no sólo "recordar " las legislación a los profesionales mediante actividades periódicas obligatorias sino también incluir espacios de respaldo accesibles a pacientes. Asimismo controlar que donde haya objetores de conciencia contra una práctica legal las personas que concurren cuenten con uno o más profesionales que no lo sean y que allí donde no haya posibilidad presupuestaria para ambas alternativas se priorice al que garantizará la,prácticas que el derecho habilita a realizar. Lo contrario no es libertad de conciencia sino impedir a la población gozar de un derecho.
PD: la excelente foto pertenece al facebook YPY Nacional y popular


domingo, 27 de octubre de 2013

2013- 2015: 2 años por delante

2013- 2015: 2 años por delante. 
Para seguir transformando el país. Para construir la presidencia 2015. 
Por nuestro pueblo. 
Por todos los pueblos de América Latina. 
Por todos los pueblos que en medio de una nueva ofensiva mundial por la exclusiòn nos ven como una geografía de esperanza. 
Cristina ya vuelve.
El flaco nos pasó la bandera. 
Porque nos lo merecemos. 
Vamos entonces. 
Hay que seguir adelante

jueves, 24 de octubre de 2013

La farándula, el discurso de la derecha y 678

La derecha ha conseguido pocos pero promocionados personajes de la farándula para reproducir sus valores e ideas. Entre algunos militantes y analistas políticos  surgen algunos cuestionamientos al debate surgido de las declaraciones e insultos al gobierno producidos por Casero, Campanella y otros.
¿Por qué compañeras de la talla de Estela de Carlotto se ocupan entonces de sus dichos?
En particular no me preocuparía por lo que aquellos personajes piensan si no fuera porque sus mensajes públicos son promovidos y difundidos por la derecha en  la estrategia de poner de nuevo en cuestión la política de derechos humanos a través de personajes menos incinerados que la Pando, Lanata, Auad, Carrió o Grondona.
Hay compañeros que hoy dicen que si 678 no hubiera recogido esos decires y quehaceres, si Spolski o Gvitz no necesitaran polémicas para vender sus productos, estos decires trascenderían el brulote. O estos personajes no recrudecerían sus barbaridades.
Ni uno ni otro. 678, Duro de Domar, no hicieron más que analizar lo que ellos dijeron. Les cabe aquello que dijera Pablo Picasso: "esto que muestro no o hice yo, lo hicieron Uds".
Por eso, no me parece pertinente ver si lo que hacen Spolski, Gvitz o sus empresas coincide o no con lo que defienden mis compañeros y amigos. Me ubico en las coordenadas de siempre, reafirmadas por Néstor y Cristina en estos 12 años, sobre los límites que nos fijamos respecto a lo negociable.
Casero, que no es un estúpido sino alguien con elaboradas opiniones opinables, afirmó públicamente y fue reproducido por toda la corporación mediática, una serie de clichés de la derecha. Si sus dichos suenan poco inteligentes es porque chocan con el discurso cotidiano, eso que se fue desplegando por el esfuerzo que hicimos todos por incorporar los horrores del genocidio al sentido común de la sociedad. Tarea nunca terminada y siempre sujeta a ataques. Porque el genocidio es parte de la estrategia de exclusión de siempre de la oligarquía y la condena social de hoy puede dificultar su necesidad de implementarla mañana.  
Veamos por  ejemplo la frase de Casero sobre el “rescate” a Juan Cabandié por parte del asesino de los padres y su apropiador.  Ante esos dichos  no veo que haya que  guardar silencio ya que el agredido por Casero no fue, en principìo, Juan Cabandié sino  las abuelas, las madres, los 30000 compañeros secuestrados y asesinados, el pueblo resistente. También es agredida la conquista de memoria, verdad y justicia que toda la derecha pone en cuestión una y otra vez. Por caso Pagni, Grondona, etc, reclamando amnistía para los genocidas una vez más.
Por esto, no podemos tomar estos debates como secundarios.
Claro que no podemos esperar que se ocupen de ellos los miembros de nuestro gobierno, quienes seguramente están abocados a cuestiones ligadas a su gestión. 
Justamente para eso estamos quienes humildemente adherimos a esta década y dos años ganada: para disputar cada día el sentido común de la sociedad por más solidaridad, inclusión, soberanía, memoria, verdad y justicia

jueves, 17 de octubre de 2013

17 de Octubre 1945: el Estado en la mira del pueblo

Miles de trabajadores llegan a la Plaza dispuestos a liberar a Perón. La conmsigna se escucha clara en las filmaciones "queremos a Perón"
Ya Perón cuenta con el compromiso del gobierno de convocar a elecciones en 6 meses. Al salir al balcón podría haber dicho "todo bien, habrá democracia, vuelvan a sus casas".
En cambio proclama: "Interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores que es lo único que puede hacer grande e inmortal a nuestra Patria. (...) Para que nuestro pueblo, no solamente posea la felicidad sino que sepa dignamente defenderla". y cierra "Únanase, sean más hermanos que nunca, sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa patria la unidad de todos los argentinos"
Con este discurso, uno de los mejores que se hayan pronunciado en la historia, Perón  resignifica, desde el balcón de la casa rosada y de cara a la multitud que colma la Plaza,  la acción de cada uno de los trabajadores que se movilizaron hasta la casa de gobierno.  Salieron desde Avellaneda, Ensenada, San Martín o La Matanza a reclamar por la libertad de Perón. Volverán a sus barrios, sus casas, sus puestos de trabajo, convencidos de que la Patria, el pueblo, la vida política de nuestro país, dependen de su unidad y movilización. Sintieron su unidad en el quehacer compartido de movilizarse, el discurso de Perón convocará sus miradas, sus intenciones, sus esperanzas, su experiencia de movilización, hacia el Estado.
En minutos, se  sella para siempre el destino del peronismo y de nuestro país a la movilización popular, al protagonismo del pueblo. Retomando viejas tradiciones radicales, anarquistas, socialistas, comunistas, el reclamo popular resurge, pero esta vez marcha a convertirse en política de Estado.
Se sella también el destino de aquellos que en diferentes momentos han buscado desmovilizar al pueblo, quienes trataron de convertir al peronismo en un movimiento dócil a los grupos de poder, conservador, entreguista. Podrán medrar de momentos de debilidad o confusión, pero tarde o temprano, como desde el 2003 con Néstor y Cristina, el peronismo vuelve a encontrarse con el pueblo para retomar el camino

martes, 13 de agosto de 2013

Frente a la dificultad: una convocatoria necesaria de Horacio González

Estamos en medio de lo imposible y con la pretensión de seguir adelante. Horacio González lo dice ayer en Página 12, en su artículo "Frente a la dificultad"
En medio y por imperio del malentendido prosperamos a pesar de una desventaja esencial: nos revindicamos como pueblo en un sistema que se reproduce en nuestra contra, el capitalismo. Y lo hacemos en el peor momento, aquel en que, como dijo Zizek a los indignados de EEUU "el matrimonio entre el capitalismo y la democracias ha muerto".  Lo hacemos cuando todo -desde los medios hasta las agencias internacionales, los ex progresismos, desde los fondos de fomento hasta el espionaje- avanza con la exclusión y lo bizarro. Entre el fuego cruzado que desalienta y crea realismos de derrota entre nuestras gentes un  puñado de gestas acá, en el sur de América, sostiene y ejecuta banderas de inclusión e igualdad a veces de modo glorioso, a veces a los tumbos. Garantizamos democracia en el capitalismo y aún a su pesar, a pesar de los poderes y de la oposición.
El malentendido, se sabe aunque algunos lingüistas lo olviden, se manifiesta en el decir pero suele reposar en el devenir de lo imaginario: los pueblos suelen dar lo que sienten que pueden antes que lo que indica lo medible en ellos. Horacio vislumbra que en nuestro caso algo del peronismo incide, aunque deja la sospecha de un límite en lo que yo preveo como la condición necesaria: hay kirchnerismo, reparación, memoria, verdad, justicia, soberanía, porque hubo, hay peronismo en las raíces de nuestras convicciones. El que hizo falta para ir hacia lo impensado en 2003 y seguir doblando apuestas cuando hay zozobra. Hay algo que explicar aunque nos falten elementos: mientras movimientos emancipadores históricos se mostraron permeables al virus capitalista y corrieron por diferentes vías de transformismo, el peronismo revivió después que sus peores deformaciones, el lopezrreguismo y el menemismo pudieron confundirse con su muerte.  
Es hoy por hoy un matiz que puede soslayarse si coincidimos que es la hora de recrear este desorden emancipador que encarnamos como kirchnerismo.
No hace mucho, las usinas neoliberales anunciaron la muerte de los grandes relatos y muchas mentes bienintencionadas salieron a darle la razón a aquel enunciado que parecía romper definitivamente con las lógicas antiguas del progreso, la liberación, la igualdad, el paraíso posible de ser construido en la sociedad humana.
El devenir del mundo, esto es el avance financiero militar y la resistencia de los pueblos allí donde los grandes relatos no se despegaron de su origen, vino a poner las cosas en otro lugar que el que esperaban los escribas posmodernos: el encuentro entre el legado originario y el marxismo en Bolivia, la gesta por la nueva república en Venezuela, la gesta metalúrgica proyectada hacia el Estado en Brasil, la insurgencia setentista en Uruguay, el peronismo, la gesta plebeya de mayo y los ´70 en Argentina, cada gran relato hizo viable lo imposible, aquello que Cuba pareció desmentir con su soledad de décadas.
No es la revolución pero, como dice Horacio:  “el verdadero capitalismo globalizado no desea que prosiga (mos)”, el poder mundial siente que estamos haciendo banquetes usando sus cubiertos y salones, gozamos –relativamente, es cierto- del cobjijo de lo que considera su casa cuando deberíamos vagar por mendrugos en los suburbios del sistema.  
Es cierto entonces, el gran poder quiere terminar con nosotros, pero ve mellada su arma expeditiva, los golpes militares, tiene ideología y medios para confundir pero poco para convocar, menos para esperanzar, sus liderazgos son menos que estrellas fugaces. El tiempo, las convicciones y la decisión, pero también el gobierno aún están de nuestro lado. El futuro no está escrito pero sí sabemos dónde está la puerta de acceso: hay que revertir agosto en un triunfo en octubre, ir por más como lo indica nuestro relato.   

Frente a la dificultad

 Por Horacio González

Hasta el momento, un sutil e implícito descentramiento vino jugando a favor del Gobierno. Ha tenido trato con el vacío y la plenitud, ha surgido de un vértigo y creó una institucionalidad movediza que puso sobre la arena política debates cruciales sobre la historia colectiva. Sale machucado de esta jornada, pero su compleja respiración sigue viva. No es anticapitalista, pero no todos los procapitalistas caben en él. Verdaderamente, el verdadero capitalismo globalizado no desea que prosiga. No es antirrepublicano, pues sus actos, que proyectan reformas institucionales o leyes avanzadas, se someten al debate parlamentario y al juego democrático general. No obstante, sus impulsos reformistas son pretextos variados para la crítica de un neorrepublicanismo que a veces siente estar frente a una dictadura. Tampoco el Gobierno es enteramente peronista: si buena parte del peronismo cabe en él, no todo el kirchnerismo cabe en el peronismo. ¿Y el peronismo? Visto desde su propia complacencia, está escindido para siempre, aunque conserva el mismo nombre. Hay en su interior el dilema de origen: o su memoria da paso a otros rumbos o se instala en su ocaso litúrgico.
El Gobierno no es contrario a las inversiones extranjeras, pero buena parte de su adversarios lo acusan de ahuyentarlas, lo que hace sospechar la paradoja de que cuando lo critican por verlo contrario a tales inversiones es por su tendencia nacionalizadora, que sin dejar de ser genuina, no se realiza en la época de Scalabrini Ortiz sino en la de los fondos buitre. El Gobierno gobierna en la dificultad, no en el auge. ¿No lo sabíamos?
No menosprecia cierto privilegio hacia el revisionismo histórico, pero reivindica a los principales héroes de la Ilustración argentina, no desdeña a Sarmiento ni a Lisandro de la Torre, e incluye un saludo explícito a la reforma universitaria de 1918. Mientras al peronismo más estricto le gusta recordar que la gratuidad de la enseñanza universitaria explícita viene de Perón, la Presidenta puede saludar este hecho de naturaleza democratizadora en lo económico, aunque acentúa la historia democratizadora esencial. ¿Cuál es? Que ese reformismo universitario progresista es el que ocurre en la conciencia institucional universitaria, en el corazón de los saberes humanísticos. Precisamente en aquel año en que Deodoro Roca, el último gran hombre de la gran Ilustración argentina, escribe el Manifiesto Liminar. Hay que saberlo.
Como nunca, dado el carácter repentino o su gusto por lo flagrante, los actos más diversos del kirchnerismo hicieron surgir a la luz las afecciones más profundas, las motivaciones primarias, las oscuras incitaciones del país, a veces encerradas en memorias lejanas de las encrucijadas nacionales. En el marco de una campaña adversa que, recurriendo a poderosos thrillers, género truculento que procura altos resultados emocionales, asoció al Gobierno a espantables corrupciones que taponaban toda discusión posible. Inclusive impedía la propia discusión más precisa sobre la corrupción. Puede comprobarse que a pesar de tales campañas, que hacen de la política un mundo espeluznante y patibulario, la elección realizada por el Gobierno fue su momento de mengua, pero de digna resistencia ante tales ataques.
Más que multipartidarias, esas arremetidas lanzaban sus flechas desde una condensación mediática inusitada. Se atacó al Gobierno bajo la hegemonía de la injuria fácil, arma conservadora por excelencia. Los resultados electorales dicen que el Gobierno resistió como pudo la tensión en sus ciudadelas. Si los resultados que obtuvo no son ni espectaculares ni lo desobligan de mayores compromisos explicativos, le trazan ahora un horizonte donde deben convivir con reorientaciones y reflexiones más exigentes. Exámenes internos, rigores analíticos mayores, son sin duda lo que el momento aconseja. ¿No lo sabíamos? Hay que saberlo.
Descartemos dos visiones extremas. Se equivocan quienes suponen que hay un “aparato estatal” que tiene efectos coercitivos sobre el voto –el viejo espectro del clientelismo–, como quienes también digan que los “aparatos comunicacionales” hayan llenado de comidilla servil a la oposición. Es obvio que eso existe, son elementos de cuya abstención no puede jactarse ninguna elección. Pero para comenzar a hablar, no vale ya decir lo obvio. El voto como entidad colectiva es lo que se sabe a sí mismo como señal de validez, es lo ya dado, no como operación espuria. Existió la voz gubernamental, y la otra voz. La frase “la patria es el Otro” adquiere ahora su verdadera dramaticidad. Lo sabíamos.
Pero es necesario decir también que hubo varias campañas. La de los partidos, coaliciones, ligámenes personales. Y la “otra campaña”, hecha por los karatekas de las sombras, alegres comediantes de individualismo posesivo, que sin duda tuvo grandes efectos. Se basaron y a la vez crearon un tipo de elector desideologizado, que convive con la inmediatez de tiempos quebradizos y en donde la mundialización de los gustos y formas de vida ejerce un mandato de condena, en términos de sumisión y pobreza, sobre millones de personas en todo el mundo. Vivimos bajo nuevas formas de vigilancia, consumo, simbolizaciones sumarias pero efectivas en la creación de estilos políticos bajo dominios tecnológicos que implícitamente definen la cantidad de hombres y mujeres que serán marginados o víctimas del hambre y la inanición. De nada de esto saben Massa o Macri, pero desde ya deben demostrar querer saber más de esto los que hayan dicho que escucharon flamear antiguas y nuevas banderas populares.
Es un lugar común admitir los errores sin decir cuáles son, pero en la raíz de la situación vemos un gobierno que cosecha un caudal mediano de votos –aun siendo la primera fuerza nacional y manteniendo quórum propio en las cámaras–, y que no merma ante los electores por sus deficiencias, sino por lo que largamente ha insinuado, su reformismo atrevido y no sus dimisiones. Porque hay un supremo error en todas las fuerzas políticas de nuestros países. La poca atención que se presta a las nuevas configuraciones de dominio, el mando mundial, que tiene las más oscuras zonas de disputa, que afectan los viejos legados democráticos, que adoptan la imposibilidad de detener guerras latentes, provocándolas. Larvadas o intermitentes, lanzando operaciones bélicas de todo tipo. Mantener las instituciones democráticas es vital; tan vital que solo se lo hace yendo a la cepa última de esta situación, esta estructura de escasez que propone el mundo capitalista real para las clases populares, y no tanto una fenomenología social válida –seguridad, inflación, corrupción–, temas que cuando las izquierdas populares no toman adecuadamente, están más fácilmente disponibles para que los nuevos conservadores se apropien de ellos, porque ellos no son ni quieren ser sino eso.
Todas las nociones colectivas, lo social como signo emancipador, están en riesgo. Países donde se ha avanzado en esos conceptos –finalmente culturales– sin abandonar desarrollos productivos que no afecten el destino de la humanidad, lo humano mismo, son precisamente los países cercados por nuevas alianzas estratégicas –como la del Pacífico– y decisiones de agencias secretas que repentinamente ven un objetivo militar en el avión de Evo Morales. Son coacciones que fuerzan a la clase política mundial, inclusive a la que en el pasado mostró aspectos que podrían llamarse progresistas, o tercermundistas, o de liberación social, a convertirse en el programa del liberalismo obligatorio, que ya nada tiene que ver con herencias venerables del siglo XVIII. Ahora es un liberalismo que puede no aludir a invasiones, bombardeos, confiscación de embarcaciones, administraciones de la usura mundial que tiene a su servicio cortes supremas, aviones militares no tripulados, pero aparece como su complemento. Apéndice que en su mejor nivel es medroso y en su peor nivel es oportunista y pusilánime. Ese neoliberalismo se apresta a volver, alimentado por afluentes sombríos, que algunos conocen bien, otros no aciertan a detectar, aunque pronuncien muchas veces palabras superficialmente adecuadas. Lo sabíamos. Es tiempo de auscultar lo que somos, interpretar con agudeza los nuevos horizontes de justicia y rehacernos en el acoso.