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jueves, 31 de octubre de 2019

El 40% o la jibarización del triunfo popular

En un artículo publicado hoy en Página 12, el colega Sergio Zabalza arriesga una explicación para el 40% obtenido por la formula Macri- Pichetto.
El tema merece algunas precisiones.
El 27 de octubre fue un verdadero referéndum contra el neoliberalismo. Por imperio de la catástrofe macrista y del retorno explícito de la cultura nacional y popular expresadas en el Frente de Todos, las formas ideológicas y políticas de uno y otro sector se transparentaron al punto que sería parcial creer que el voto mayoritario fue sólo contra Macri, Vidal o Peña. También sería parcial asignarle una identidad única promacrista a quienes no votaron al FdeT.
Si el triunfo resignifica la conformación de un conglomerado social, la derrota, aunque conlleve un caudal de votos importante, no necesariamente deviene en unidad. Hay mucho más que eso. Miedo, confusión, duda, desconfianza, hasta imposibilidad de subsistencia, ampliando la unidad de reales adherentes.
Esto visto desde lo político. Pero otros abordajes requieren precisiones.
Cada vez que Freud proyectaba su pensamiento más allá del acontecer terapéutico, del espacio de la transferencia, se tomaba el trabajo de aclarar que entraba en el terreno del metapsicología, en el que, Él entendía, sus conceptos y herramientas devenían en opiniones no sujetas al análisis propiamente dicho. Ello no implica ignorar el aporte que Freud pueda haber producido en ese terreno, tampoco las conclusiones, útiles para la labor analítica, en que logró avanzar al adentrarse en ese campo.
Por caso, los desarrollos sobre los procesos identificatorios, sobre la histeria y el amor, presentes en Psicología de masas y análisis del yo, son aún hoy de plena vigencia en la labor analítica, en tanto que sus miradas hacia la multitud, significada como masa en tiempos de gestación del fascismo, sobre el liderazgo, etc., marcadas por el mismo proceso, deben pasarse por este tamiz, político, de involucramiento de quien lee aquello que analiza y de revisión del interés que se encarna en él, a la vista de los procesos democráticos, revolucionarios y contrarevolucionarios acaecidos en el siglo susbsiguiente a estas producciones. Traducido, es el plano político el que fija el marco de los procesos sociales y políticos.
Cuál es el marco respecto al 40% que votó a Macri? La volatilidad de la subjetividad que se le supone a ese 40%. 
Veamos. Presidenciales 2003: Néstor 22.25%, Menem 24,25%, López Murphy 16.37%, Adolfo Rodríguez Saa 14.11%. Presidenciales 2007: Cristina 45.28%, Carrió 23.05%, Lavagna 16.91%, Alberto Rodríguez Saa 7.64%. Presidenciales 2011: Cristina 55%, Binner 16%, Ricardo Alfonsín 11%, Alberto Rodríguez Saa 8%.
Respecto al 2003, Zabalza suma a los votantes de Menem y López Murphy para vincularlos al 40% del 27 de octubre. 
¿Donde está el 40% en el 2007? ¿En Carrio + Lavagna? Concedámoslo, aunque nuestro próximo presidente no coincidiría con esta caracterización, ya que su mensaje, el nuestro, contiene a muchos de los seguidores que convocaban la imagen de Carrió, aún denunciante de la deuda externa, por ejemplo y Lavagna, no muy lejano ministro de Néstor. ¿Alberto Rodriguez Saa? Es quien inició, 9 años después, lo que vivimos hoy con el “hay 2019”. ¿Que aquel Alberto R. Saa tenía otra identidad que el de 2016? ¿Puede producirse ese cambio en un sujeto y no en una multitud que concurre de uno en uno a las elecciones? 
Revisemos entonces 2011: Cristina 55%, Binner: 16%, Ricardo Alfonsín 11%, Alberto Rodriguez Saa 8%. ¿Los sumamos? 90%. Queda un 10%. ¿Reunimos, forzadamente si vemos el proceder posterior de cada uno, al segundo y tercero? Da 27%.
¿Qué se trató de una coyuntura muy particular, signada por la muerte de Néstor, las mieles de los mejores años K, la inmadurez del frente de derecha? De eso se trata lo que cuestionamos: ese 40% del 2019 no estuvo ni “ estará siempre". No es un sujeto que pueda encontrarse en 2003, 2007, 2011 a menos que su identidad no consista en el gorilismo, “ser más proclive al sufrimiento que al disfrute", o “expresión de nuestros aspectos más oscuros" sino que, simplemente, consista en que no nos voten.
Nada más negador, en lo político, de la transversalidad de Néstor, Cristina, Alberto, nada más lejano de aquello que nos permitió volver a la historia desde aquel 22.25% de Néstor al 49/50% del domingo que está idea de sumar como inconvocables a quienes no nos votan.
Nada más lejano a las subjetividades que se construyeran alrededor de nuestras luchas históricas como pueblo que la masificación, que suponer que TODOS aquellos y aquellas que no nos votan no sienten “la alegría que no nace del marketing", que no “responden al hielo de la soledad con el llamado al Otro”, que no saben “que el resentimiento nos lleva a lo peor".
Lo significativo y mayoritario de nuestra sociedad es justamente lo contrario: el choque permanente entre la reproducción capitalista, manifiesta en las formas salvajes que tomara la derecha desde, pongamos, Rivadavia hasta Macri contra la cultura política y social solidaria, participativa, de reclamo y disputa de derechos, de inclusión, gestada desde la resistencia a la conquista y la colonia hasta su unificación y proyección a políticas de Estado fundamentalmente desde la irrupción del peronismo.
Tenemos Frente de Todos, como tuvimos UC, FPV, movimientos sociales, la mayor agremiación real de Occidente, etc, porque la mayoría de nuestro pueblo se une alrededor de esa cultura y allí abrevan nuestras construcciones orgánicas.
Cuando nuestras propuestas aciertan con lo que nuestro pueblo puede realizar, esto se expresa de manera visible, ganamos y gobernamos. Cuando no logramos esas propuestas, los sectores más dispersos, o más acuciados por las crisis, o más funcionales a los intereses oligárquicos, quedan subsumidos en el núcleo duro votante de derecha, no por afinidad permanente sino por imposibilidad de acompañarnos.

¿Esto elimina considerar el odio, la violencia, la negación de identidades, la demonización, las factorías de sentido al servicio de lo perverso? Para nada sólo se trata de ubicarlos en donde se los puede abordar sin resignar a casi la mitad de la población. 

sábado, 26 de octubre de 2019

EL 2019 Y TRES TRIUNFOS EN OCTUBRE

UN TRIUNFO MÁS QUE ELECTORAL
Antes y a propósito del 27 de octubre, cuando el voto popular arrase con un sinnúmero de teorías y medias verdades acerca de nuestra resistencia social al neocolonialismo, vale la pena anticiparnos a ese torrente, reconocer lo logrado de modo de encarar mejor el día después.
La historia y las instituciones volverán al pueblo. El futuro se discutirá entre argentinas y argentinos.
Nuestro pueblo está a punto de ganar una batalla contra el bloque de poder más grande que haya enfrentado en nuestra historia: el gobierno de los EEUU, el FMI, los fondos buitres y (¡vaya diferencia!) los fondos de inversión, la OEA, los gobiernos de derecha de la región, “nuestra” oligarquía diversificada y lo que queda de la antigua, sus CEOS, los medios concentrados, la mayoría de las burocracias políticas no peronistas. Y lo logramos en el marco de un aislamiento regional sólo alterado por los gobiernos de Bolivia y –en alguna medida- Uruguay.
¿Qué? ¿Eliminamos la pobreza?¿Resolvimos nuestro problema de desarrollo?¿Logramos la segunda y definitiva independencia? Nada de eso estaba en disputa en medio de una ofensiva neoliberal que aún no cesa y que sigue encaramada a nuestro gobierno.
En la defensiva, los triunfos no consisten en logros estratégicos de quien resiste sino en impedir, neutralizar o debilitar los objetivos del enemigo.
El objetivo del bloque de poder que enfrentamos era dar una vuelta de página con la cultura protagónica, soberana y solidaria de nuestro pueblo y con el Estado de bienestar en que esa cultura se forjara. Al fin la Argentina se convertiría por décadas en una suerte de granero, fuente de recursos y corral de los EEUU, con la deuda como herramienta y la imposición de una cultura sustituta, uberizada, del sálvese-quien-pueda, meritocracia y arribismo para pocos, con el Estado como ejecutor y promotor.
Pues bien, el gobierno que iba a lograrlo está en retirada ya antes del domingo y sólo atina a hacer más daño de modo de condicionar al próximo gobierno popular. Sobreestimaron sus posibilidades, subestimaron la capacidad de resistencia de nuestro pueblo y de resolución política de sus referencias partidarias, gremiales y sociales y se irán dejando, junto a la deuda, la desocupación, la desnacionalización y recesión que provocaron, la marca de su fracaso, de la derrota de la propuesta neoliberal.
LA SANGRE Y EL TIEMPO
A la vista de los estallidos en Ecuador y Chile, con su saldo de personas muertas a causa de la represión, encarcelamientos masivos y desapariciones, supresión de libertades civiles y una resistencia popular heroica pero carente de articulación y referencia política, vale la pena resaltar que en nuestro estallido electoral no se trató de tarifas u otras medidas parciales, sino que estamos recuperando el gobierno para el pueblo y lo haremos en paz, por la vía electoral.
Entre la sangre y el tiempo, aquellas alternativas para situaciones críticas que señalaba Perón, la irrupción del Frente de Todos conformó una salida que evita el baño de sangre popular a la vez que interrumpe el saqueo oligárquico: esa salida es la unidad del pueblo desde la unificación del peronismo y todo el arco nacional y popular con sus banderas en alto.
En estos días muchos se preguntan por qué nuestro pueblo aguantó pasivamente” tarifazos, provocaciones, pérdida de derechos. Sin perder de vista las grandes luchas que protagonizamos, la primera respuesta es que el colchón de actividad económica, empleo y redistribución de ingreso que dejaran los doce años previos, habilitaron llegar a estos días en un marco de menor desastre que en 2001. La segunda tiene que ver con la necesidad de recomposición de la unidad popular luego de la cuña que plantó el triunfo de Cambiemos en 2015. La tercera: ante el fundamentalismo de Cambiemos las disputas parciales no lograban modificar el curso cada vez más virulento de su política. Sólo una referencia alternativa de gobierno podía concitar expectativa en un pueblo con la experiencia política del nuestro.
Cristina Fernández supo ver esa necesidad a la vez que reconocer la disposición de cambio y reparación que se escondía tras la supuesta pasividad popular.
El pueblo ya estaba: salvo estallidos masivos y prolongados y/o crisis terminales de gobiernos, no hay sociedad que cambie sus adhesiones políticas en tres meses. Ese fue el tiempo que transcurrió entre el momento que Cristina anunciara su fórmula con Alberto Fernández como candidato a presidente y el momento en que el Frente y las mayorías produjeron el triunfo incuestionable en las PASO.
El ataque a la victoria de Evo Morales en Bolivia, los estados de excepción en Chile y Ecuador, la virulencia contínua de Bolsonaro y la multiplicación de émulos en la derecha local indican que la estrategia neocolonial no está dispuesta a ceder. En el caso de Argentina, tras la derrota del 27 la derecha pasará de mejor o peor manera a la resistencia y son de esperar todas las argucias que ya le conocemos y más: corridas cambiarias, golpes de mercado, fugas de capital, acoso mediático, sabotaje productivo, etc.
La unidad social, sectorial y política alcanzada no puede ser coyuntural. Volverán a trabajar sobre las conciencias aún más de lo que lo hicieron hasta hoy y sólo si atendemos a la diversidad de problemas que enfrentarán los diversos sectores del pueblo, sólo si integramos a la ciudadanía a la resolución de los mismos será posible sostener la iniciativa en los próximos meses y años.
La victoria de Evo y un posible resultado positivo en las elecciones de Uruguay, plantean un punto de recomposición regional, pero las realidades del resto de la región distan de augurar en el corto plazo la unidad de las épocas del MERCOSUR
LA IDENTIDAD Y LA RESISTENCIA
El tercer triunfo tiene que ver con la identidad popular, con las subjetividades con las que han chocado una y otra vez los intentos neocoloniales, desde la libertadora al genocidio y las democracias condicionadas.
El Frente de Todos surgió de la recomposición del peronismo y su articulación con el resto de las expresiones nacionales y populares. Sin esta concurrencia de una cultura popular vigente, renovada en la generación que accedió a la política en los doce años de kirchnerismo, este proceso hubiera sido imposible.
Se trata así de un triunfo que reafirma al peronismo y a su vez lo trasciende. El “fin de las ideologías” con que Fucuyama convalidara aquel triunfo neoliberal “en las almas” anunciado por Tatcher fracasó en varios países, pero en pocos encontró tantos anticuerpos, tanta resistencia como en el nuestro.
Las dificultades que vemos en varios países hermanos para encarar la lucha por su soberanía y democracia se resumen en la falta de referencia política afirmada en su historia, con la falta de articulación y conducción política que esto genera.
Una tarea que Cambiemos se propuso y hoy ya en caída aún se propone pero mirando al futuro fue la destrucción del peronismo. Los setenta años a los que Macri, Peña y los suyos culpan de todos los males de la Argentina son los que van desde la irrupción del peronismo hasta la fecha.
A la vista de su triunfo en 2015 Macri y los suyos cayeron en el mismo error que Forbes con la vuelta de campana del menemismo en 1989. En aquel momento la revista de los empresarios del mundo le dedicó su tapa a la defección menemista equiparando con la caída del muro de Berlín lo que suponían la desaparición del peronismo, su conversión al credo neoliberal.
Catorce años después Néstor y Cristina vinieron a demostrar que la cultura peronista seguía viva, se renovaba en la sociedad y sus referencias políticas siempre de cara a convertir las aspiraciones y demandas populares en política de Estado.
Nos caemos y nos levantamos.
Esta vez fueron menos de cuatro años y ya estamos a las puertas de una nueva etapa, el pueblo y el Frente de Todos lo han conseguido.

lunes, 15 de abril de 2019

ELECCIONES 2019. SEÑALES AL 15 DE ABRIL

Todo es derrota para Cambiemos.
Incluso donde ganaron propuestas no muy lejanas a su credo neoliberal(?) se trata de alternativas localistas, siempre dispuestas a jugar en la nacional lo que mejor les permita seguir gobernando sus provincias (Diría Perón: "conservadores populares, vió?").
Donde fuimos alternativa (Entre Ríos, San Juan, Chubut) ganamos y el mensaje que nos manda el pueblo con su voto, ante el fundamentalismo macrista, es claro:
1. Sean PASO, sean elecciones generales, concurrimos a votar un gran porcentaje del electorado: la sociedad, el pueblo, ya están fijando su interés en el proceso electoral. El poder, en lo que tiene que ver con el voto, se pone en disputa.
2. Si se juntan los votamos.
3. Si votamos a otro, no será a Cambiemos.
4. Si no se juntan, el voto se dispersa. Por qué? Porque está generalizada la sensación (correcta, por otra parte) que no se va a poder gobernar si no se gana con tanta fuerza como para que nuestros compatriotas renueven la esperanza, la seguridad en sí mismos y se dispongan a defender lo suyo movilizados.
Todo esto significa que el hambre, la exclusión, la desocupación, la represión y la entrega pasan a segundo plano?
No. Lo que significa es que la mayoria percibe que para salir de esto hay que cambiar de gobierno y ese momento está ahí nomás. Cada acción que encaremos de aquí a octubre va a estar tamizada por la claridad con que mostremos qué vamos a hacer desde el gobierno: cuántos sectores sociales somos capaces de unir y expresar, cuánta capacidad de gobernar muestran nuestras actitudes y propuestas.
Mientras tanto, así vienen las votaciones y eso que Cristina aún no es la candidata explícita.
Cero sectarismo, cero enojo, cien por ciento de humildad, militancia y convicción y el gobierno vuelve al pueblo.

miércoles, 10 de enero de 2018

La libertad, el Estado, la multitud, el grupo

Feinmann escribe  a propósito de la libertad y como obtenerla, en su artículo de Pagina 12 del domingo 7 de enero: “El hombre libre y las grandes alamedas “.
Es extraño que justo en el primer párrafo Feinmann desmerezca una de las bases principales de ese concepto en Argentina: el discurso de Perón, del 17 de octubre de1945.  Algo le ha pedido analizarlo, pero en su opinión se trata de un mensaje que convoca a la desmovilización y abandono del espacio público por parte del pueblo.
Veamos. Sin que hubiera antecedentes  en décadas de movimiento popular ( lo de "movimiento", es algo a considerar,  ya que nunca había alcanzado la unidad necesaria como para considerarlo así) tenemos a una multitud que rodea la Rosada y reclama por la libertad de Perón.
Cerrada la negociación dentro de la casa presidencial, con el llamado a elecciones a seis meses vista, Perón se pone de pie para irse, pero escucha a sus interlocutores: "salga y dígales algo o no va a poder salir nadie".
No se fue a su casa sin hacerlo. Tampoco salió para decir "la casa está en orden", vayan a abrazar a sus familias. NO. Salió al balcón y produjo el discurso más revolucionario, movilizador y obrerista en el mejor sentido, que se haya pronunciado en Argentina antes de 1945.
"Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar a sus auténticos derechos.(..) amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos. Esa unidad, base de toda felicidad futura, ha de fundarse en un estrato formidable de este pueblo, que al mostrarse hoy en esta plaza, en número que pasa de medio millón, está indicando al mundo su grandeza espiritual y material. (...) Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos para que, juntos con nosotros se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes.(...) Confiemos en que los días que vengan sean de paz y de construcción para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aún las mejoras que nunca llegaban. (...) les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria."
Por qué revolucionario? Porque, fuera cual fuera el objetivo que se planteó Perón al salir al balcón, sus palabras producen una concreción simbólica nueva para una movilización obrera y popular: Le dicen a esos cientos de miles de hombres y mujeres que gracias a su movilización, su unidad, su actitud, en síntesis, son a la vez los fundantes y la única garantía de existencia para esa nueva República que aún antes de existir los reconoce como pilar de su existencia. La Patria son ellas y ellos, los invisibles de la historia, no las casas y los campos, casi siempre ajenos.
Mi padre, en el primer mensaje político que le recuerdo, reacciona al escuchar "Patron Costas" en la radio: señala el aparato con el índice, como le señalaríamos hoy a un chico  la imagen de Macri o Paolo Rocca en la pantalla de la PC y me cuenta "ese decía que los trabajadores tenemos que andar de alpargatas". Esa era la Patria y la mirada que sus dueños tenían de quienes la construían: sus trabajadoras y trabajadores, esa era la patria que Irigoyen no pudo o no supo cambiar. Pero esa era la mirada, tras el '45, de un trabajador de Shell, devenido en enfermero de hospital psiquiátrico, crisis post peronismo mediante. 
Por qué movilizador? Porque más allá de las frases de rigor para evitar una carnicería inútil, sobre todo si se tiene en cuenta que el proceso electoral quedaba abierto, Perón cierra el discurso convalidando un paro "de festejo". Encomienda así a quienes concurrieron, la tarea de transmitir el efecto del paro a sus compañeros de trabajo, vecinos, allegados y en ese mandato los incluye como los organizadores de la comunidad, movilizada, que sobrevendrá. E instala una costumbre: a cada gran transformación: Marcha – concentración - festejo y  si la situación lo amerita: Paro. 
Qué indica que ese discurso produjo una concreción simbólica nueva? Sólo sus palabras? No: es eso que Feinman introduce como "el espacio". Por sí mismas, pronunciadas en una cena de amigos o en un encuentro de militantes, esas palabras no hubieran alcanzado más valor que el de una pieza de oratoria memorable,  de poética política. Pero dichas desde el vértice del poder político, la Rosada, en respuesta a una movilización inédita y dando la cara a quinientos mil compatriotas a quienes se dirige como "hermanos", esas palabras producen un nudo que hasta hoy no ha podido destruir la oligarquía: el pueblo movilizado es instalado como principal actor y garante de una Patria para todas y todos.  Y con esto, un rasgo que distinguió al peronismo de la mayoría de los movimientos populares de la región: el eje de toda movilización es traducirse en política de Estado. Si Perón hubiera hecho la gran Menem, este cierre simbólico hubiera estallado por los Aires, como sucedió con grandes decepciones en nuestro país.
Pero el período 45/55 confirmó esta máxima (de la movilización popular a la política de Estado) que Evita sintetizara como "donde hay una necesidad nace un derecho", de un modo que perduró en la cultura popular hasta nuestros días a pesar que en 62 años no hubo más de una década y media de gobiernos que podríamos considerar propios.
Feinmann apela a la experiencia de Alende en Chile para revisar parte de nuestra historia. Seamos más exigentes. Tomemos un proceso triunfante para poner la vara más alta.
¿Que no alcanzamos las transformaciones que, por ejemplo, lograran Fidel y el pueblo cubano? Tampoco la oligarquía azucarero/ prostibularia cubana alcanzó nunca el desarrollo, poder y riqueza de nuestra oligarquía diversificada. Cada país tiene un curso de transformación posible y cada batalla lo va resolviendo de algún modo.
No llegamos a la Argentina de " la tierra para quien la trabaja", pero sí estamos en presencia de un pueblo que una oligarquía alineada a los poderes mundiales no logra someter a la mendicidad para gozar de una grandeza que desde Rivadavia, Sarmiento o Roca cree merecer.
No pudimos evitar el genocidio, pero de ese proceso que para muchos pueblos significó el aplastamiento por medio siglo o más, salimos decididos a recuperar pibes robados condenar genocidas, repudiar prebendas de parte del poder político (y aun hoy lo hacemos).
 Y salimos de una derrota obrera y popular como la de ese genocidio  disputándole a conversos y burócratas las conducciones sindicales, condicionándolos en sus negocios con el poder político.
Nuestros pibes no juran en sus escuelas que serán "como el Che", pero Cuba es una luz aún hoy para multitudes de argentinos, nuestra militancia se nutre de miles de pibes, de movilización en movilización. Y no es menor que Perón en sus idas y vueltas jamás haya pronunciado una palabra de condena hacia el Che, Fidel o el pueblo cubano.
Vuelvo a la cuasi robótica interpretación que Feinman hace  de "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Cierto es que nuestro pueblo suele tomarse un tiempo que, para quien no reconoce sus coordenadas, parece demasiado extenso a veces. Cierto también que cuando ese tiempo se acaba, nuestra gente se moviliza reviviendo trazas de aquel 17. Un 17 de octubre que, bien miradas las cosas, el peronismo supo alinear con el mítico "el pueblo quiere saber de qué se trata" de 1810, resignificándolo en nuestras subjetividades hasta nuestros días.
Hay que llegar al párrafo final del texto de Feinman ya que allí despliega las coordenadas que encadenan cada concepto: Individuo, grupo, espacio.  Cuesta pensar cómo Feinmann pudo presentar de un modo tan crudo esa falsa ecuación.
El individuo o, mejor dicho, las subjetividades individuales, se construyen en el magma de las subjetividades colectivas. En y de ese magma recogen los componentes que les permiten materializar su existencia individual, grupal y colectiva, sea para prosperar, para autodestruirse, disfrutar, o llevar una vida de sufrimiento, o sentirse parte de una comunidad o/y todo eso junto.
Cuando cientos de miles van al Congreso o Plaza de Mayo, a veces para festejar, a veces para convalidar con su presencia la recuperación de YPF o los Espacios de memoria, a veces para manifestar su enojo aún sabiendo que serán apaleados, denostados y encarcelados sin obtener que reclaman, como el día que se terminó votando la Ley previsional o el 30 de marzo de 1982, lo hacen porque en el magma que alimentó su individualidad  predominaron ejes discursivos y políticos tales como "el pueblo...", "Únanse...", “Seamos libres…”, Incluso queda el residuo de relatos familiares dichos a media voz, sea sobre sobre paraísos perdidos o sobre odios inexplicables, como el de mi abuela materna, la más oscura de una familia muy gringa, que llamaba a los peronistas "esos negros" y a Perón "tirano prófugo".
Nos dice Feinmann "al neoliberalismo (...) no le importa lo micro. Incluso lo despoja para sostener los números de la balanza de pagos. De aquí que se le quite dinero hasta los más débiles, los jubilados, los niños".
Todo lo contrario. La disputa hegemónica es, trasladada a lo individual y grupal, la disputa sobre cuáles subjetividades promover y cuáles subjetividades desalentar. El débil que, unido a otros, es pilar de la democracia, el joven que abraza la causa de su pueblo, el viejo que lucha por lo que le pertenece porque se siente hacedor de esa conquista, el ciudadano con derecho y necesidad de definir el futuro y el presente de nuestro país, El y La que se movilizan por una causa colectiva  son algunas de las subjetividades que Cambiemos se propone destruir.
No se trata sólo de quién se queda con la riqueza sino de cómo evitar que las mayorías, a través de estas subjetividades surgidas junto al Estado populista, sigan disputando el lugar que conquistaron en esa emergencia. Es allí donde se genera  la base de toda libertad aunque Feinmann la pierda de vista: Un colectivo capaz de transformar el mundo a su necesidad, diversidad y semejanza, capaz de crear subjetividades que se reconozcan con propiedad de hacerlo, eso es la base y a la vez la realización de la libertad.
Esto cuestiona también otro componente de la ecuación feinmaniana: El grupo.
Tanto el inconsciente freudiano como la conciencia social no se constituyen en lo grupal, sino en el encuentro o choque de esas grupalidades con lo comunitario. 
El "espacio" público puede ser, momentáneamente, ocupado sólo por grupos en apariencia aislados, como Madres y Abuelas en la dictadura. Pero esto fue posible ( esto discutible, tanto como afirmar lo contrario, pero la historia lo sostuvo) porque en la multitud, silenciosa, golpeada y devastada, de los días del genocidio, el exterminio de madres o abuelas hubiera sido el límite de lo soportable.
El hogar de cada uno, de cada familia, el barrio puertas adentro, puede ser espacio para la multitud cuando de lamerse las heridas  y recuperar fuerzas se trata. Pero que en esa multitud aún sobrevivan referencias, símbolos y actitudes de rebeldía es lo que hace posible que el "grupo"  cumpla una tarea progresiva que prospere.
El pueblo en la calle, la dignidad de ser lo que se es, la mirada puesta en el Estado, el hombre gris de Scalabrini que sale de su soledad para enlazarse a lo que hasta ese momento no existía, la comunidad en que me reconozco, esa es la geografía política que construyó el peronismo y que el neoliberalismo trata de destruir hace siete décadas.

Nada más apropiado, desafiante y constructivo de una individualidad que valga la pena, que reconstruir a cada momento, desde nuestros mejores cimientos esa geografía e impedir la destrucción que hoy encarna Cambiemos.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Hegemonía y enojo: Los unos y los otros

Leí esta frase de Pedrini (sí, el de los cartelitos de Crónica TV) y me dije que hay que abordarla en toda su dimensión, ya que despliega de un modo casi trágico la tríada de identificaciones con que nos confronta la disputa hegemónica con Cambiemos, así como los riesgos y beneficios que se pueden esperar al sucumbir a algunas o asumir otra. Este es el desafío que enfrentamos hoy quienes nos identificamos con el proyecto nacional y popular. 
Tiene que ver con la hegemonía, con el avance del discurso y las prácticas neoliberales en nuestras propias filas, entre nuestros allegados, entre quienes amamos y, hay que decirlo, también entre aquellos a quienes necesitamos junto a nosotros para oponer un gran frente que confronte con las políticas de Cambiemos y nos permita volver a la senda de un gobierno popular.
Tomando las muchas formas de encarar este desafío, se puede decir que hay dos abordajes que sucumben a la ofensiva neoliberal. En ellos, nuestra identidad, convicciones e intereses quedan subsumidos en el objetivo de ese gran otro que es el frente oligárquico - corporativo.
Uno: para conservar el vínculo con aquel que amamos y/o necesitamos, identificarnos con su sometimiento, asumir su objeto de amor, ese otro que Facundo llama "la bestia" y hoy agrede al conjunto social y pretende ondas de amor y paz a palos, es decir, sumarnos al proyecto neoliberal, sea en sus discurso, sea en sus prácticas, sea en todo.
Esto ha sucedido y sucede, no es teoría: personas convencidas de lo popular que sin embargo comienzan a despegarse de nuestros principios y postulados más preciados en la perspectiva de no perder presencia social. Nada más beneficioso para la ofensiva de Cambiemos que el que vayamos cediendo en nuestras políticas de inclusión, soberanía y desarrollo continental, nacional y humano. Nada más alejado de la recuperación de sectores sociales confundidos o refractarios a nuestro mensaje que el  mostrarnos vacilantes, inconsistentes, oportunistas en nuestra perspectiva política. 

Está claro que nuestra propuesta no es fácil de sostener, más en estos días de ofensiva mundial de la derecha, que no hay justicia social, soberanía política y desarrollo sin lucha, sin sacrificio, sin esfuerzo de todo el pueblo. Ocultarlo no lo va a hacer más fácil.
Otra: confrontar con quienes se debaten en la confusión como si estuviéramos confrontando con "la bestia". No lo son. Son sus víctimas y recibir nuestra agresión no opera más que convalidando el discurso del amo: hay que alejarse de nosotros porque no queremos el bien de aquellos que decimos representar. 

Los medios y las redes, muchas declaraciones y discursos actuales abundan en ejemplos: hay quien habla de"los tontos que votaron a Macri", del "silencio de los buenos que permite obrar a los malos", de "los que siguen repitiendo frases hechas". Claro, son las únicas que escuchan o ven por TV, muchos de ellos, en el descanso de sus lugares de trabajo, en la media hora antes de dormir un par de horas para volver a salir al laburo, en el diario leído de reojo en el bondi o el tren. Son los que se van cayendo de beneficios hace poco o mucho adquiridos cuando creyeron que eran irreversibles. Todos aquellos que están enojados de cómo se les va pudriendo la vida que no pueden dejar de vivir y necesitan algo que no sólo les diga que no es su culpa sino que culpe de todo a alguien visible: extranjeros, pibes, consumidores de drogas, políticos. 
Alguien visible, pero también no muy poderoso, porque la realidad se va poniendo áspera, culpar a alguien que no sea tan fuerte como para dejarlos sin laburo, sin algún poco beneficio que aún tengan, sin las seguridades que cada uno necesita al levantarse. Todas estas cuestiones, resultan tanto o más importantes que las convicciones y la convivencia, en la vida cotidiana de cada quien cuando se ve arrinconado. 
Y el gobierno de Cambiemos ha arrinconado a más de media sociedad: está destruyendo las condiciones materiales sobre las que pudieron asomar doce años de solidaridad e inclusión. Y eso hace retornar al sálvese quien pueda que habíamos puesto a la defensiva pero nunca se fue del todo.
Si maltratamos a aquellos que amamos o necesitamos no los estamos recuperando, estamos sirviendo a quien los fue capturando. O asumimos un corte definitivo con millones
de compatriotas o construimos estrategias para recuperar el vínculo y para que el desaliento no nos lleve a boicotear esta tarea prioritaria.

La tercera, sustraernos a identificaciones que someten, sea al encandilamiento con los globos, sea a la furia NEO y afirmarnos en nuestra identidad, como peronistas, como militantes, como portadores de una propuesta de bienestar, solidaridad y desarrollo pleno y dirigirnos a quienes aún dudan o directamente no la ven, como pares, sin amonestaciones, sin reproches. Como portadores y, siempre es bueno recordarlo, de una cultura que se ha consolidado en el pueblo a través de décadas, luchas, derrotas, resistencia y triunfos que supo protagonizar aún antes que existiera nuestro movimiento y nuestra militancia. Que podemos apoyarnos en una identidad relativamente independiente de los valores neoliberales, podemos sustraernos relativamente a la barbarie oligárquica, porque lo hacemos hurgando en lo mejor de nuestro pueblo, del que somos parte indisoluble. 
No hay que sorprenderse de la vuelta del individualismo, de la confusión, de, como dijo Germán Abdala, "la lucha de pobres contra miserables". La esencia del capitalismo es la rapiña, el egoísmo, el dejar de lado toda valoración humana para servir al objetivo principal del sistema: la reproducción del capital. 
De lo que hay que maravillarse es que aún sobrevivan valores antagónicos con esto. Pertenecemos a un movimiento, no el único pero sí el que más carne se ha hecho en nuestro pueblo y de ahí su fuerza, su vigencia y su riqueza. Un movimiento que ha logrado, aún dentro del capitalismo y en un país con una oligarquía poderosa, de raigambre genocida, el despliegue de otros valores y la recuperación de tradiciones de soberanía, solidaridad, búsqueda del bien común y la felicidad colectiva e individual construidas a lo largo de siglos.
Nuestra labor, como militantes políticos, incluso como meros adherentes a este movimiento, no es la de juzgar a nuestro pueblo, la de estigmatizar a sectores de nuestro pueblo, tampoco la de suponer que ya superamos su nivel e ir por nuestra cuenta sin reparar en la pérdida que esto implicaría. Es, en cambio, analizar y entender qué le pasa a cada sector, cuál es su preocupación e interés en cada momento y traducirlos a nuestro discurso, a nuestra acción y a nuestra propuesta, que siempre tendrán que ver con algo que ya germina en su seno.
Esto no significa abonar la novela de la mayoría social inevitable. 

Conforme se agudiza la confrontación entre los dos grandes sectores de la sociedad, no hay por que suponer o esperar que mágicamente una gran mayoría recoja las banderas populares y deje aislada a una pequeña y aislada minoría oligárquica. No hay experiencia política en el mundo que haya cursado de ese modo. 
La agudización de la lucha tiende a masificar los dos polos de la confrontación. La pertenencia social y la sobrevivencia se van haciendo cada día más difíciles, más aún cuando más necesidades se padecen  y cada quien tiende a refugiarse en lo que supone más seguro o más beneficioso. Es el caso de Venezuela hoy, lo fue en el Chile de Allende, también del 45 al 55, por citar sólo algunos.
Pero no le vamos a sacar un solo compatriota al frente neoliberal maltratándolo, sino con una política consecuente, paciente y dando cada debate como pares de quienes lo somos, el vecino, el compañero de trabajo, nuestros allegados.

Nadie nos sobra, todos somos necesarios. 
Aparición con vida de Santiago Maldonado
Mario Burgos

jueves, 24 de noviembre de 2016

ENTENDIENDO A TRUMP- 4- EL FRENTE GRANCAPITALISTA


15 de noviembre en mi FB, era Trump
Vincenç Navarro, en su artículo "Es sorprendente que se considere sorprendente la victoria de Trump"  pone la vara bien alta y hace que valga la pena discutir la cuestión. 
Ahora bien, si el problema es de clases y el Partido Demócrata hace rato que se constituyo en una de las versiones del muro antiobrero (mucho antes, diría yo, que cuando la derrota de Jesse Jackson): ¿por qué pasa esto?
En primer lugar porque el movimiento obrero en EEUU lleva décadas de derrota e integración (van juntas) a los dictados del complejo militar industrial estadounidense, aportando en favor de su belicismo no sólo la producción sino la mano de obra para la guerra, los muertos, mutilados y afectados de mil maneras por las experiencias de invasión y genocidio.
En segundo lugar porque esta secundariedad del movimiento obrero en la lucha de clases estadounidense traslada casi exclusivamente al interior del gran capital las disputas que se reflejan en los procesos electorales. Por caso, las contradicciones que se han ido desenvilviendo entre Wall Street y el citado complejo militar industrial no tienen la magnitud aún como para que las referencias de ambos apelen de modo sostenido a una alianza con sectores populares para imponer sus intereses.
Me refiero a que el stablishment financiero, que todo el mundo ligaba con Hillary, ha preferido la continuidad e incremento de la virulencia económica y social, antes que, por ejemplo, unir a Hillary y Sanders en un pacto que integrara a este último mediante algunas concesiones sociales y productivas.
No es difícil entender qué pasa en el espectro de clases estadounidense: en EEUU no hay peronismo, ninguna fracción de la burguesía ha sido empujada nunca por un proceso popular a negociar con la clase obrera a la ofensiva un proyecto de desarrollo.
El New Deal anticipó esta posibilidad antes que el movimiento obrero pudiera darle cuerpo político a la situación en que lo dejara la crisis. El peronismo, en cambio,como bien descubriera años después de tildarlo como fascista aquel gran historiador que fuera Hosbaum y como contemporáneamente demostraran Portantiero y Murmis en Argentina, es una solución de compromiso que se establece en coyunturas de ofensiva de la clase obrera. Lo que ninguno de los tres llegó a desplegar es que esas experiencias pueden constituirse en cultura política, en cultura popular, como sucedió con el peronismo acá. Esa cultura no existe en EEUU y es visible tanto en la escas participación electoral como en el voto a un conservador anacrónico (no por que no sea útil al sistema sino por su rusticidad) como Trump.
Pero esa ya es otra historia , diría Kipling. Volviendo: ¿por qué sectores que necesitan tranquilizar un poco las tensiones de la economía como los bancos y la bolsa de los EEUU permitirían que emerja alguien tan poco atenuador de contradicciones como Donald Trump? 

Porque viéndolo resumir por derecha los resentimientos de los sectores populares, los desclasados y hasta lumpenburguesía, se saben a sí mismos en capacidad para imponer condiciones cada vez que Trump mueva una ficha no pemitida hacia un lugar no aceptado.

ENTENDIENDO A TRUMP- 4- EL FRENTE GRANCAPITALISTA


15 de noviembre en mi FB, era Trump
Vincenç Navarro, en su artículo "Es sorprendente que se considere sorprendente la victoria de Trump"  pone la vara bien alta y hace que valga la pena discutir la cuestión. 
Ahora bien, si el problema es de clases y el Partido Demócrata hace rato que se constituyo en una de las versiones del muro antiobrero (mucho antes, diría yo, que cuando la derrota de Jesse Jackson): ¿por qué pasa esto?
En primer lugar porque el movimiento obrero en EEUU lleva décadas de derrota e integración (van juntas) a los dictados del complejo militar industrial estadounidense, aportando en favor de su belicismo no sólo la producción sino la mano de obra para la guerra, los muertos, mutilados y afectados de mil maneras por las experiencias de invasión y genocidio.
En segundo lugar porque esta secundariedad del movimiento obrero en la lucha de clases estadounidense traslada casi exclusivamente al interior del gran capital las disputas que se reflejan en los procesos electorales. Por caso, las contradicciones que se han ido desenvilviendo entre Wall Street y el citado complejo militar industrial no tienen la magnitud aún como para que las referencias de ambos apelen de modo sostenido a una alianza con sectores populares para imponer sus intereses.
Me refiero a que el stablishment financiero, que todo el mundo ligaba con Hillary, ha preferido la continuidad e incremento de la virulencia económica y social, antes que, por ejemplo, unir a Hillary y Sanders en un pacto que integrara a este último mediante algunas concesiones sociales y productivas.
No es difícil entender qué pasa en el espectro de clases estadounidense: en EEUU no hay peronismo, ninguna fracción de la burguesía ha sido empujada nunca por un proceso popular a negociar con la clase obrera a la ofensiva un proyecto de desarrollo.
El New Deal anticipó esta posibilidad antes que el movimiento obrero pudiera darle cuerpo político a la situación en que lo dejara la crisis. El peronismo, en cambio,como bien descubriera años después de tildarlo como fascista aquel gran historiador que fuera Hosbaum y como contemporáneamente demostraran Portantiero y Murmis en Argentina, es una solución de compromiso que se establece en coyunturas de ofensiva de la clase obrera. Lo que ninguno de los tres llegó a desplegar es que esas experiencias pueden constituirse en cultura política, en cultura popular, como sucedió con el peronismo acá. Esa cultura no existe en EEUU y es visible tanto en la escas participación electoral como en el voto a un conservador anacrónico (no por que no sea útil al sistema sino por su rusticidad) como Trump.
Pero esa ya es otra historia , diría Kipling. Volviendo: ¿por qué sectores que necesitan tranquilizar un poco las tensiones de la economía como los bancos y la bolsa de los EEUU permitirían que emerja alguien tan poco atenuador de contradicciones como Donald Trump? 

Porque viéndolo resumir por derecha los resentimientos de los sectores populares, los desclasados y hasta lumpenburguesía, se saben a sí mismos en capacidad para imponer condiciones cada vez que Trump mueva una ficha no pemitida hacia un lugar no aceptado.

jueves, 16 de enero de 2014

Gelman y una tarde con Fogwill

Aquella tarde, Fogwill afirmó, (*) fuera de tema y con ese tono asertivo que nunca supo faltarle: "el Nobel debieran dárselo a Gelman"
Ni Claudio, ni Antonio ni yo hicimos comentarios, fuera porque estábamos de acuerdo (yo nunca lo pensé pero es que a mí el Nobel mucho no me dice), tal vez porque era evidente que Fogwill no esperaba respuesta alguna. 
Su mirada no iba, en muchos aspectos, por los recovecos que siempre siguó la de Gelman, tampoco compartían generación ni expectativas. Supongo que simplemente un poeta le reconocía su lugar y su valía  a otro, sin más.
En estos días de la partida de Juan comienzan a pulular los analistas. Hay quien seperan su poesìa de su militancia (peronismo y poesìa ¡qué lejos le queda al pensamiento liberalprogre esta conjunción) hay quienes, más meticulosos aislan incluso su "poesía testimonial" de su "poesía" a secas.
Más abajo transcribo algo de Juan, "María la sirvienta", una poesía que supo llevarnos, junto a tantas cosas, a los jóvenes de los ´70 a militar los barrios sin más objetivo que hacer que María sonría con pajaritos y no envuelva en los diarios más que sus sueños o los huevos del mercado. Por ejemplo "desdeluegoquerida" ¿en qué casillero de la crítica entraría?
Pienso en Fogwill, tan lúcido en su acidez, tan conciente de las reglas del mundo al que arrojaron a nuestras generaciones, tan alejado de toda expectativa de que cambien. Pienso en Juan, tan lúcido en su convicción de que habrá 
-alguna vez y por cierto vaya a saberse cuándo- VICTORIA, tan alejado de toda expectativa de resignación y de abandono. Pienso en los dos, encoclopédicos en el mejor sentido, el uno tan compadre como el otro ruidoso, los dos tan persistentes, tan argentinos como para que baste citar su apellido y saber de quiénes se trata.
Pienso (y me esfuerzo ya que no es lo mío) si flasheáramos para jugar un rato con un lugar en el que puedan encontrarse, ahora que ya los dos no están entre nosotros. 
¿Cómo sería ese encuentro? ¿qué dirían?
Tal vez Fogwill sabría primerearlo con un: "¿cómo te sentís de este lado Juan? Me sacaste un duelo nacional de ventaja, pero también cuánta gilada se puso en movimiento con tu partida. ". Imagino a Juan convidando un cigarrillo y prendiendo el suyo para luego contestar
"extraño reconocer la sonrisa de mi hijo en la de Macarena, extraño las discusiones eternas, la rebeldía del peronismo, unas piernas. Pero los traigo conmigo"

MARIA LA SIRVIENTA

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, 
era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos, 
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios 
de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre 
los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución, 
rememoraban sus hazañas con chirusas diversas 
y decían severos: desdeluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella, 
sólo la manosearon de sargento para arriba, 
pero María se ocupaba de llorar, 
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia 
de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del
amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia 
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban
con ardor
por el niño que decía la verdad, 
por el niño que era puro, 
por el que era tierno, 
por el bueno, 
en fin, 
por todos los niños muertos que cargaban en las
valijas del alma
y empezaron a heder súbitamente 
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

(*) Eterno reconocimiento a Claudio por aquella tarde con Fogwill y a pesar del oxígeno y su respiración ruidosa. Hasta allí todo mi contactohabía consistido en tenerlo de titular de la cátedra de "Propaganda y mercado" en la facultad, allá por el ´85.

jueves, 17 de octubre de 2013

17 de Octubre 1945: el Estado en la mira del pueblo

Miles de trabajadores llegan a la Plaza dispuestos a liberar a Perón. La conmsigna se escucha clara en las filmaciones "queremos a Perón"
Ya Perón cuenta con el compromiso del gobierno de convocar a elecciones en 6 meses. Al salir al balcón podría haber dicho "todo bien, habrá democracia, vuelvan a sus casas".
En cambio proclama: "Interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores que es lo único que puede hacer grande e inmortal a nuestra Patria. (...) Para que nuestro pueblo, no solamente posea la felicidad sino que sepa dignamente defenderla". y cierra "Únanase, sean más hermanos que nunca, sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa patria la unidad de todos los argentinos"
Con este discurso, uno de los mejores que se hayan pronunciado en la historia, Perón  resignifica, desde el balcón de la casa rosada y de cara a la multitud que colma la Plaza,  la acción de cada uno de los trabajadores que se movilizaron hasta la casa de gobierno.  Salieron desde Avellaneda, Ensenada, San Martín o La Matanza a reclamar por la libertad de Perón. Volverán a sus barrios, sus casas, sus puestos de trabajo, convencidos de que la Patria, el pueblo, la vida política de nuestro país, dependen de su unidad y movilización. Sintieron su unidad en el quehacer compartido de movilizarse, el discurso de Perón convocará sus miradas, sus intenciones, sus esperanzas, su experiencia de movilización, hacia el Estado.
En minutos, se  sella para siempre el destino del peronismo y de nuestro país a la movilización popular, al protagonismo del pueblo. Retomando viejas tradiciones radicales, anarquistas, socialistas, comunistas, el reclamo popular resurge, pero esta vez marcha a convertirse en política de Estado.
Se sella también el destino de aquellos que en diferentes momentos han buscado desmovilizar al pueblo, quienes trataron de convertir al peronismo en un movimiento dócil a los grupos de poder, conservador, entreguista. Podrán medrar de momentos de debilidad o confusión, pero tarde o temprano, como desde el 2003 con Néstor y Cristina, el peronismo vuelve a encontrarse con el pueblo para retomar el camino

martes, 13 de agosto de 2013

Frente a la dificultad: una convocatoria necesaria de Horacio González

Estamos en medio de lo imposible y con la pretensión de seguir adelante. Horacio González lo dice ayer en Página 12, en su artículo "Frente a la dificultad"
En medio y por imperio del malentendido prosperamos a pesar de una desventaja esencial: nos revindicamos como pueblo en un sistema que se reproduce en nuestra contra, el capitalismo. Y lo hacemos en el peor momento, aquel en que, como dijo Zizek a los indignados de EEUU "el matrimonio entre el capitalismo y la democracias ha muerto".  Lo hacemos cuando todo -desde los medios hasta las agencias internacionales, los ex progresismos, desde los fondos de fomento hasta el espionaje- avanza con la exclusión y lo bizarro. Entre el fuego cruzado que desalienta y crea realismos de derrota entre nuestras gentes un  puñado de gestas acá, en el sur de América, sostiene y ejecuta banderas de inclusión e igualdad a veces de modo glorioso, a veces a los tumbos. Garantizamos democracia en el capitalismo y aún a su pesar, a pesar de los poderes y de la oposición.
El malentendido, se sabe aunque algunos lingüistas lo olviden, se manifiesta en el decir pero suele reposar en el devenir de lo imaginario: los pueblos suelen dar lo que sienten que pueden antes que lo que indica lo medible en ellos. Horacio vislumbra que en nuestro caso algo del peronismo incide, aunque deja la sospecha de un límite en lo que yo preveo como la condición necesaria: hay kirchnerismo, reparación, memoria, verdad, justicia, soberanía, porque hubo, hay peronismo en las raíces de nuestras convicciones. El que hizo falta para ir hacia lo impensado en 2003 y seguir doblando apuestas cuando hay zozobra. Hay algo que explicar aunque nos falten elementos: mientras movimientos emancipadores históricos se mostraron permeables al virus capitalista y corrieron por diferentes vías de transformismo, el peronismo revivió después que sus peores deformaciones, el lopezrreguismo y el menemismo pudieron confundirse con su muerte.  
Es hoy por hoy un matiz que puede soslayarse si coincidimos que es la hora de recrear este desorden emancipador que encarnamos como kirchnerismo.
No hace mucho, las usinas neoliberales anunciaron la muerte de los grandes relatos y muchas mentes bienintencionadas salieron a darle la razón a aquel enunciado que parecía romper definitivamente con las lógicas antiguas del progreso, la liberación, la igualdad, el paraíso posible de ser construido en la sociedad humana.
El devenir del mundo, esto es el avance financiero militar y la resistencia de los pueblos allí donde los grandes relatos no se despegaron de su origen, vino a poner las cosas en otro lugar que el que esperaban los escribas posmodernos: el encuentro entre el legado originario y el marxismo en Bolivia, la gesta por la nueva república en Venezuela, la gesta metalúrgica proyectada hacia el Estado en Brasil, la insurgencia setentista en Uruguay, el peronismo, la gesta plebeya de mayo y los ´70 en Argentina, cada gran relato hizo viable lo imposible, aquello que Cuba pareció desmentir con su soledad de décadas.
No es la revolución pero, como dice Horacio:  “el verdadero capitalismo globalizado no desea que prosiga (mos)”, el poder mundial siente que estamos haciendo banquetes usando sus cubiertos y salones, gozamos –relativamente, es cierto- del cobjijo de lo que considera su casa cuando deberíamos vagar por mendrugos en los suburbios del sistema.  
Es cierto entonces, el gran poder quiere terminar con nosotros, pero ve mellada su arma expeditiva, los golpes militares, tiene ideología y medios para confundir pero poco para convocar, menos para esperanzar, sus liderazgos son menos que estrellas fugaces. El tiempo, las convicciones y la decisión, pero también el gobierno aún están de nuestro lado. El futuro no está escrito pero sí sabemos dónde está la puerta de acceso: hay que revertir agosto en un triunfo en octubre, ir por más como lo indica nuestro relato.   

Frente a la dificultad

 Por Horacio González

Hasta el momento, un sutil e implícito descentramiento vino jugando a favor del Gobierno. Ha tenido trato con el vacío y la plenitud, ha surgido de un vértigo y creó una institucionalidad movediza que puso sobre la arena política debates cruciales sobre la historia colectiva. Sale machucado de esta jornada, pero su compleja respiración sigue viva. No es anticapitalista, pero no todos los procapitalistas caben en él. Verdaderamente, el verdadero capitalismo globalizado no desea que prosiga. No es antirrepublicano, pues sus actos, que proyectan reformas institucionales o leyes avanzadas, se someten al debate parlamentario y al juego democrático general. No obstante, sus impulsos reformistas son pretextos variados para la crítica de un neorrepublicanismo que a veces siente estar frente a una dictadura. Tampoco el Gobierno es enteramente peronista: si buena parte del peronismo cabe en él, no todo el kirchnerismo cabe en el peronismo. ¿Y el peronismo? Visto desde su propia complacencia, está escindido para siempre, aunque conserva el mismo nombre. Hay en su interior el dilema de origen: o su memoria da paso a otros rumbos o se instala en su ocaso litúrgico.
El Gobierno no es contrario a las inversiones extranjeras, pero buena parte de su adversarios lo acusan de ahuyentarlas, lo que hace sospechar la paradoja de que cuando lo critican por verlo contrario a tales inversiones es por su tendencia nacionalizadora, que sin dejar de ser genuina, no se realiza en la época de Scalabrini Ortiz sino en la de los fondos buitre. El Gobierno gobierna en la dificultad, no en el auge. ¿No lo sabíamos?
No menosprecia cierto privilegio hacia el revisionismo histórico, pero reivindica a los principales héroes de la Ilustración argentina, no desdeña a Sarmiento ni a Lisandro de la Torre, e incluye un saludo explícito a la reforma universitaria de 1918. Mientras al peronismo más estricto le gusta recordar que la gratuidad de la enseñanza universitaria explícita viene de Perón, la Presidenta puede saludar este hecho de naturaleza democratizadora en lo económico, aunque acentúa la historia democratizadora esencial. ¿Cuál es? Que ese reformismo universitario progresista es el que ocurre en la conciencia institucional universitaria, en el corazón de los saberes humanísticos. Precisamente en aquel año en que Deodoro Roca, el último gran hombre de la gran Ilustración argentina, escribe el Manifiesto Liminar. Hay que saberlo.
Como nunca, dado el carácter repentino o su gusto por lo flagrante, los actos más diversos del kirchnerismo hicieron surgir a la luz las afecciones más profundas, las motivaciones primarias, las oscuras incitaciones del país, a veces encerradas en memorias lejanas de las encrucijadas nacionales. En el marco de una campaña adversa que, recurriendo a poderosos thrillers, género truculento que procura altos resultados emocionales, asoció al Gobierno a espantables corrupciones que taponaban toda discusión posible. Inclusive impedía la propia discusión más precisa sobre la corrupción. Puede comprobarse que a pesar de tales campañas, que hacen de la política un mundo espeluznante y patibulario, la elección realizada por el Gobierno fue su momento de mengua, pero de digna resistencia ante tales ataques.
Más que multipartidarias, esas arremetidas lanzaban sus flechas desde una condensación mediática inusitada. Se atacó al Gobierno bajo la hegemonía de la injuria fácil, arma conservadora por excelencia. Los resultados electorales dicen que el Gobierno resistió como pudo la tensión en sus ciudadelas. Si los resultados que obtuvo no son ni espectaculares ni lo desobligan de mayores compromisos explicativos, le trazan ahora un horizonte donde deben convivir con reorientaciones y reflexiones más exigentes. Exámenes internos, rigores analíticos mayores, son sin duda lo que el momento aconseja. ¿No lo sabíamos? Hay que saberlo.
Descartemos dos visiones extremas. Se equivocan quienes suponen que hay un “aparato estatal” que tiene efectos coercitivos sobre el voto –el viejo espectro del clientelismo–, como quienes también digan que los “aparatos comunicacionales” hayan llenado de comidilla servil a la oposición. Es obvio que eso existe, son elementos de cuya abstención no puede jactarse ninguna elección. Pero para comenzar a hablar, no vale ya decir lo obvio. El voto como entidad colectiva es lo que se sabe a sí mismo como señal de validez, es lo ya dado, no como operación espuria. Existió la voz gubernamental, y la otra voz. La frase “la patria es el Otro” adquiere ahora su verdadera dramaticidad. Lo sabíamos.
Pero es necesario decir también que hubo varias campañas. La de los partidos, coaliciones, ligámenes personales. Y la “otra campaña”, hecha por los karatekas de las sombras, alegres comediantes de individualismo posesivo, que sin duda tuvo grandes efectos. Se basaron y a la vez crearon un tipo de elector desideologizado, que convive con la inmediatez de tiempos quebradizos y en donde la mundialización de los gustos y formas de vida ejerce un mandato de condena, en términos de sumisión y pobreza, sobre millones de personas en todo el mundo. Vivimos bajo nuevas formas de vigilancia, consumo, simbolizaciones sumarias pero efectivas en la creación de estilos políticos bajo dominios tecnológicos que implícitamente definen la cantidad de hombres y mujeres que serán marginados o víctimas del hambre y la inanición. De nada de esto saben Massa o Macri, pero desde ya deben demostrar querer saber más de esto los que hayan dicho que escucharon flamear antiguas y nuevas banderas populares.
Es un lugar común admitir los errores sin decir cuáles son, pero en la raíz de la situación vemos un gobierno que cosecha un caudal mediano de votos –aun siendo la primera fuerza nacional y manteniendo quórum propio en las cámaras–, y que no merma ante los electores por sus deficiencias, sino por lo que largamente ha insinuado, su reformismo atrevido y no sus dimisiones. Porque hay un supremo error en todas las fuerzas políticas de nuestros países. La poca atención que se presta a las nuevas configuraciones de dominio, el mando mundial, que tiene las más oscuras zonas de disputa, que afectan los viejos legados democráticos, que adoptan la imposibilidad de detener guerras latentes, provocándolas. Larvadas o intermitentes, lanzando operaciones bélicas de todo tipo. Mantener las instituciones democráticas es vital; tan vital que solo se lo hace yendo a la cepa última de esta situación, esta estructura de escasez que propone el mundo capitalista real para las clases populares, y no tanto una fenomenología social válida –seguridad, inflación, corrupción–, temas que cuando las izquierdas populares no toman adecuadamente, están más fácilmente disponibles para que los nuevos conservadores se apropien de ellos, porque ellos no son ni quieren ser sino eso.
Todas las nociones colectivas, lo social como signo emancipador, están en riesgo. Países donde se ha avanzado en esos conceptos –finalmente culturales– sin abandonar desarrollos productivos que no afecten el destino de la humanidad, lo humano mismo, son precisamente los países cercados por nuevas alianzas estratégicas –como la del Pacífico– y decisiones de agencias secretas que repentinamente ven un objetivo militar en el avión de Evo Morales. Son coacciones que fuerzan a la clase política mundial, inclusive a la que en el pasado mostró aspectos que podrían llamarse progresistas, o tercermundistas, o de liberación social, a convertirse en el programa del liberalismo obligatorio, que ya nada tiene que ver con herencias venerables del siglo XVIII. Ahora es un liberalismo que puede no aludir a invasiones, bombardeos, confiscación de embarcaciones, administraciones de la usura mundial que tiene a su servicio cortes supremas, aviones militares no tripulados, pero aparece como su complemento. Apéndice que en su mejor nivel es medroso y en su peor nivel es oportunista y pusilánime. Ese neoliberalismo se apresta a volver, alimentado por afluentes sombríos, que algunos conocen bien, otros no aciertan a detectar, aunque pronuncien muchas veces palabras superficialmente adecuadas. Lo sabíamos. Es tiempo de auscultar lo que somos, interpretar con agudeza los nuevos horizontes de justicia y rehacernos en el acoso.

sábado, 9 de marzo de 2013

Chávez y su pueblo: verdad popular, superstición y relativismo

1- La película es "Mama" (Así, "Mama" sin acento, concesión que le hago a mi hija, ver juntos una de terror, berreta y cursi como pocas). Desde la cola frente a la boletería veo - casi adivino, con mi presbicia en la distancia shopping- reparo a unos treinta metros en la pantalla de un plasma, en la que se recorta la silueta de Feinmann, filósofo pre-tesis11 . 
Es TVR, pienso a la vez que le digo a Laura "¿qué boludez estará diciendo?". Lo digo, no sin algo de temor ya que el tipo dice cosas que, por imperio de varios malentendidos, alguna gente no avisada piensa que es lo que pensamos todos los K. 
2- Cuando ya creo que voy a quedarme con la duda me llaman al celular. Es Claudio. Lo saludo, le digo qué estoy haciendo, dónde, con quien y él me dice "ah, yo también lo estoy viendo" y con eso confirma lo peor. "¿Qué dijo?", pregunto. "Le preguntaron cómo creía que iba a ser recordado Chávez en el futuro y José Pablo dijo que `los medios, sus opositores lo recordarán mal. Quienes están por la distribución de la riqueza, etc., muy bien. Pero, agregó Feinman, ´la verdad no existe. Es parte de una confrontación, de acuerdo a quién gane será cómo se lo recuerde´". 
Claro, ya lo dijo Nietzsche: "LA VERDAD ES UNA CONSTRUCCIÓN DE PODER". Pero si uno dice que es una construcción de poder no está diciendo que no existe: lo que estoy diciendo es que la verdad existe de esa manera: se manifiesta nuestra verdad -colectiva, ya que de eso se trata la verdad- cuando adquirimos el poder suficiente como para compartirla, conservarla y sostenerla.  
3- Ahora bien, tenemos millones (no pongamos el número, faltan seis días de despedidas y no tenemos idea de cuántas mujeres y hombres más se van a movilizar por esas carreteras muchas veces tortuosas, a través de montañas, selvas y ríos ), millones que comparten horas de espera bajo un sol calcinante para -dicen los periodistas- pasar unos segundos frente al féretro que guarda los restos del Comandante, tenemos la concurrencia al funeral de mandatarios de todos los continentes, ideologías y alineamientos, unidos por la avidez por entender cómo se logra esa devoción, cómo nace una leyenda, cómo, por fin, lograr que su paso por el poder alcance aunque sea un poco de esa comunión entre el líder y su pueblo, tenemos a ese líder que sabiéndose en trance de muerte hizo todo lo necesario para reafirmar con el último triunfo todos los triunfos y reafirmó, al designar a Maduro para la próxima presidencia, que la verdad de su pueblo se expresa por sus decisiones, tenemos la actitud de la derecha, rabiosa hasta lo bizarro y la infamia al reconocer con sus exabruptos que no aspira a sustituir a Chávez en el corazón y las mentes del pueblo venezolano, sino que quiere mostrar los dientes, hacer saber a todos que está dispuesta a lo peor para impedir que esa marea se los lleve puestos sus estructuras, sus privilegios y su anacronismo. Tenemos no sólo soldados o suboficiales, siempre sospechosos de ser pueblo, también oficiales de baja y alta graduación, toda la fuerza armada -eso que supimos conocer como parte de los aparatos represivos del Estado y que no dejan de serlo, pero hoy involucradas con el destino de su pueblo, en esa virtualidad que genera la paridad actual de fuerzas- milicos, como siempre recuerda Hebe, recorriendo el mismo camino de sus compatriotas hasta la capilla ardiente para, como se vio en uno de ellos que pudo resumirlos a todos. uniforme impecable se detiene frente al féretro cuando ya parecía que seguía su camino, se agacha y susurra algo casi pegado a la madera lustrada, mientras la mano se apoya en el pecho, sobre el lado izquierdo, el gesto inmemorial del compromiso. Tenemos gobiernos populares en la región encabezados por estadistas de la talla de Cristina, Evo, Correa, Dilma. 
Tenemos entonces, todo lo indica así, todo el poder que se puede reunir para el pueblo dentro del viejo sistema.
¿Qué más se precisa para tomar partido por una verdad como la que afirma el pueblo venezolano y confirman gentes del común, activistas y militantes de toda América y buena parte del mundo? ¿qué más se necesita para llevarla como bandera, más allá de todas la victorias, incluso hasta aquellos momentos en los que la derrota pone todo en duda?
En el triunfo y la derrota. Porque eso de que la verdad es una construcción de poder no sólo se refiere a cuando vamos ganando o sacamos un empate. No es una cuestión de éxito, rating, "trunfo". ¿Cuantos años de realización popular pudo tener el pueblo argentino en los casi 70 años que van desde 1945 hasta el presente? No llegan a veinte contra décadas de dictaduras, traiciones, democracias entregadas. Menos años, menos realizaciones, menos poder y sin embargo, cuando ya parece que esa cultura quedó reducida a cenizas, el peronismo, la gesta del pueblo por su reivindicación, resurgen desde profundidades que no podemos alcanzar en toda su dimensión. Pero están allí, existen porque fueron construidos por la acción del pueblo, permanecen. Cuando la oligarquías y sus voceros los niegan, no lo hacen ya en nombre de "otra verdad", "su verdad" en la que por supuesto algunos creen, sino que escamotean todo lo que se parezca a ello, motorizados por el temor a perder. Por eso, a pesar que en Telesur y medios amigos vimos esas columnas de chavistas casi infinitas, al momento de buscar en la web en los sitios más importantes no se encuentra una sola foto o se las encuentra recortadas,
4- Así que sí, Feinman:  para quienes estamos dispuestos a sostenerla, la verdad del pueblo existe y se recrea. Existe veces en la oscuridad de la resistencia,  de lo que se niega al olvido y la desaparición a pesar de todas la evidencias en contra, a veces en el esplendor de millones que peregrinan fuera de sus pueblos y labores para reafirmarla con sus cuerpos.
La verdad acerca del futuro de Chavez está siendo construida de ese modo colectivo y es así: Chávez junto a Bolívar componen, en la convicción de millones de mujeres y hombres, no en un renglón de diario, una línea que une la liberación nacional con la liberación  social (otras viejas verdades del pueblo que se niegan a fenecer) con la fuerza de sostenerse en doscientos años de épica popular y de reafirmarse en la marea de inclusión, integración y desarrollo que atraviesa toda América Latina. 
5- "Los filósofos no han hecho más que interpretar  el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo", nos dijo Marx en su tesis 11 sobre Feuerbach. Dicho de otro modo, construimos las condiciones para cambiar el mundo o le dejamos le lugar a quienes conservan el statu quo. En términos de verdad, ninguna verdad es independiente de lo que cada quien hace para construirla. .. 
José Pablo Feinmann vuelve a sincerarse: a la hora de comprometerse con aquella verdad del pueblo la reduce a una versión, con tanta sustancia como la del antipueblo.  Vuelvo a la película y me digo que la imagen de la niñita grafica la situación de algunos intelectuales en la actualidad: la chiquita, en la superstición de creer que vida y muerte son lo mismo,, en lugar de quedarse con su hermana y padres que habrán de quererla, se va con el fantasma que le quita la vida.