martes, 11 de febrero de 2014

La Carta 15, Fuego y una Patria que sigue adelante

“Esta vez es en serio / no estoy mintiendo / algo se prende fuego
sé que muchas veces dije que el lobo venia
pero esta vez el lobo esta acá
Se prende fuego mi pelo mi piano / mis discos la ropa y el perro,
puede ser que esta vez no sea cierto 
pero siento como el fuego me quema por dentro (…)
Dame un balde de agua o de arena / o pasame el matafuegos
el incendio está cerca / y no voy a quemarme sin antes pelear"  (“Fuego, Piti Álvarez)

La Carta abierta #15 tiene el título de “La Patria en peligro”.

El llamado de atención no puede ser ignorado en su dramatismo, en tanto es producido Carta Abierta,  un emprendimiento consecuente en la prédica contra el neoliberalismo y en favor del proyecto kirchnerista desde el mismo momento de su fundación.
Repasemos la situación, tan compleja como novedosa, que analiza la Carta #15 y que motiva el título en cuestión.
El gobierno, ante la caída de divisas producida por diferentes factores –desde el boicot sojero exportador hasta el cuello de botella que crea una expansión productiva aún muy dependiente de tecnología, combustible y otros insumos del exterior- decide devaluar y a la vez toma una serie de medidas que dificulten el traslado de esta devaluación a los precios internos, de modo de proteger sueldos, activos en pesos, puestos de trabajo y el resto de las vías por medio de las cuales los sectores populares participan del producto global.
A esta primera novedad cabe agregar una segunda: la medida es tomada por el gobierno tras una serie de rechazos públicos del mismo a adoptarla, en una secuencia sólo similar a la que antecedió a una medida del todo diferente: la Asignación Universal por Hijo.
También hubo algunas cuestiones que no son novedad, maniobras y declaraciones provocadores y hasta golpistas desde la mesa de enlace, la corporación mediática y parte de la oposición más recalcitrante, mutismo y parálisis en el resto, una actitud expectante en la mayoría de la población, sin corridas, sin protestas hacia el gobierno o empresas, sin grandes modificaciones de los hábitos de consumo que se vienen reproduciendo en la última década.
La situación se presta entonces a muchas lecturas, todas condicionadas por una polaridad inevitable: 1- el gobierno abdicaría de su programa e ideología inclusiva, distributiva y desarrollista y encara un ajuste que, mediante el recorte de la participación social en la riqueza, libere fondos para los negocios privados y corporativos ó 2- el gobierno emprendería una salida diferente combinando diversas medidas para recuperar fondos que permitan continuar desarrollando el país, evitar padecimientos y retrocesos de los sectores populares. En mi apreciación ( no la de Carta),  devalúa para disminuir la presión sobre las reservas, mejorar las condiciones para exportar y dificultar importaciones innecesarias, promueve los precios cuidados para evitar caída de la participación popular vía consumo, promueve consensos productivos con corporaciones y empresas, negocia con los sectores gremiales que no se disparen los reclamos salariales a cambio de conservar empleo, actividad productiva, convoca a la militancia a controlar precios y abastecimiento,  y-este es principal capital en juego- mantener la matriz, actitud y mensaje distributivo e incluyente que caracterizaron a la gestión de gobierno durante la década.
Esto último es lo que –sin mucha intención de originalidad- designé como devaluación con inclusión en lo que se percibe como un uso novedoso de aquella medida, la devaluación, siempre orientada en Argentina a trasladar riqueza desde el pueblo, sectores productivos, trabajadores, Estado y empresas nacionales, hacia el sector financiero local e internacional, los dueños de la tierra, exportadores, multinacionales, etc.
La decisión equivale a la ruptura de un nudo gordiano: se asume la necesidad de modificar la paridad dólar/ peso por las debilidades propias de nuestro desarrollo dependiente y las dificultades para modificarlas en estos diez años de reconstrucción, pero se decide resolverla confrontando con toda posibilidad de distribución regresiva mediante el uso de la formidable herramienta con la que el pueblo y su referencia política más genuina cuentan en este momento: el gobierno popular abocada a la conducción del Estado con una identidad definida.
De los dos actores que disputan en esta contienda es el gobierno el que reafirma su posición ante propios y ajenos en una actitud que no reconoce muchos antecedentes en nuestra historia.
Ahora bien, siempre que esto pasó - el asedio granburgués, las dificultades financieras, la defección de la oposición democrática, las movidas de precios- a una actitud decisiva del gobierno en favor del pueblo se sucedía un golpe, cívico militar y/o económico y/o retirada temprana de aquel mismo gobierno.
No es éste el caso, las decisiones tomadas tienden a aliviar la situación y permitir la continuidad de las políticas generales de gobierno.
Las señales de los diferentes actores sociales y políticos, la evolución de producción, consumo y relaciones intersectoriales, muestran una tendencia a estabilizar la situación sin cambiar la genética del gobierno y sin que los sectores más recalcitrantes puedan profundizar su acción desestabilizadora y la búsqueda de sectores que los acompañen en la aventura. Como si todos hubieran leído a Gramsci, la mayoría tiende a coincidir en que si algo no los expresa de conjunto es la destrucción de un modelo que durante una década les permitió prosperar en un marco de paz relativa inédito.
Con este marco general, no hay modo de hablar con propiedad de Patria en peligro. Lejos de ello lo que todos los sectores afines al gobierno debiéramos resaltar que otra vez ha sabido resolver una situación compleja y difícil. Si la patria estuviera en peligro, no se hubiera desactivado este nudo de contradicciones mediante medidas burocráticas y acuerdos de cúpulas, con el bajo nivel de acción militante, además, que ha caracterizado a este verano de planteos policiales y cortes de energía.
La Patria estará en peligro y esa vez y no esta será en serio, si la derecha se adelanta a nuestra acción de organizar y movilizar la acción popular y logra en cambio conformar un bloque empresarial, político y social lo suficientemente fuerte como para impedir que continúe el proceso de inclusión y desarrollo y desalojarnos definitivamente del  gobierno.  Esta vez no es posible para ellos y hay que reconocerle a Cristina y su equipo que cuentan con la lucidez y el temple necesarios para seguir adelante sin lanzarse ni a confrontaciones imposibles ni a retiradas con ruido de chancleta.
Está en kirchneristas y demócratas en general, militantes y organizaciones, acertar las formas y los modos de arrimar cada vez más comprensión y protagonismo social a esta disputa que no habrá de cesar porque no cesarán espontáneamente el capitalismo, los hábitos depredadores de viejos y nuevos dueños de la tierra, bancos y monopolios. Ni cesan ni cesarán las pretensiones legítimas de ciudadanía, mejor vivir e inclusión de nuestra gente.
Tampoco es pertinente, saldado lo de la Patria y el peligro, comenzar a analizar esta situación, en el primer párrafo del documento, desde la confrontación de un grupo de empresas con un gobierno.
En primer lugar porque no es habitual la identificación de los pueblos con quienes, legítimamente o no, se victimizan sino con quienes se sobreponen a la adversidad. Claro que para el gobierno es difícil, duro y las multinacionales y dueños de la tierra siempre juegan sucio. Pero el pueblo, su mayoría, está con el kirchnerismo porque desde 2003 viene mostrando que es capaz de liderar enfrentamientos posibles con esos sectores del privilegio y que es capaz de rescatar riqueza para el pueblo, recuperar futuro, familia, derechos, para vivir mejor, tener más capacidad de reclamo, lograr una institucionalidad menos excluyente. El peronismo, antes que un relato de sufrimiento es un relato de rebeldía, sueños, esperanza, de decisión de ir por más. Por eso renace una y otra vez en la conciencia de nuestro pueblo y genera experiencias como la que hoy vivimos.
En segundo lugar, una cosa es resistirse a una medida o a una batería de ellas y no implementarlas hasta no haber analizado todas las posibilidades, otra que te impongan lo impropio. Una decisión forzada  -que es con lo que comienza la Carta #15-  hubiera sido devaluar sin más y que el pueblo soporte las consecuencias de un Estado no ausente sino cómplice. Nada más alejado de la actitud de Cristina y el gobierno.
En tercer lugar porque en una coyuntura como la actual, con la mayoría del pueblo expectante y poco inclinado a movidas sin destino cierto, es necesario sintonizar finamente con sus percepciones y aspiraciones,  medir cada consigna, cada mensaje atendiendo a que aporten la mayor claridad y acierten en el mayor interés de nuestra gente. También a que aumenten la credibilidad y convocatoria de cada espacio organizado. No es el caso. Si ésta es una Patria en peligro ¿qué decir de enero del ‘76, julio del ’55, diciembre del 2000, por ej.?
El resto del texto de la Carta 15 se deriva necesariamente de aquella caracterización (la Patria en peligro) y de esta percepción (la de un gobierno en retroceso).
Luego es inevitable que de ambos errores se deriven voluntarismos incongruentes con aquellas apreciaciones. Por ejemplo, creer que en un proceso de condicionamiento como el que detallan, el gobierno podría avanzar en el control de divisas y del comercio exterior más de lo que lo viene haciendo y que podría implementar medidas que –valiosas y necesarias en el largo plazo- implicarían una transformación institucional aún muy alejada de las preocupaciones e intereses de nuestro pueblo.
Dicho de otro modo, tenemos lo que tenemos, un gobierno a favor del pueblo, logros incorporados a la cultura popular, una decisión que vuelve a romper los moldes neoliberales y una elección presidencial a dos años vista.
La Carta #15 dice que este proceso no tiene dueños. Es cierto, pero tuvo y tiene una conducción y un gobierno que lo vino ejecutando, construyendo consensos y multiplicando convocatoria social. Está en cada uno reforzar lo necesario para seguir adelante con errores y aciertos después  del 2015 o suponer terminada la experiencia. Nada en el ánimo de nuestro pueblo sugiere lo segundo. Esa es siempre la voz que hay que saber escuchar a tiempo.

sábado, 8 de febrero de 2014

Corridas y rumores: la próxima final es en 2015

Puede verse que hay quien duda y se preocupa con las sacudidas sojo- cuevo-financieras de diciembre y enero y es lógico, nos acostumbramos a que los goles nos salgan de mitad de cancha, de chilena, dos cabezazos, olímpicos, picando a la salida del arquero. Pero el capitalismo no se ha ido ni tiene la costumbre de irse por su cuenta, tampoco sus espadas más poderosas suelen ceder el gobierno a quienes vienen a contradecir su modo de acumulación. Y esta vez van 11 años que la Rosada no les consulta qué hacer, tampoco les avisa qué va a hacer. Tras el menemato y la Alianza, tanta distancia del poder político subleva a los poderosos y sus lenguaraces.  Con el recambio presidencial a dos años vista y un horizonte de continuidad del gobierno popular, la derecha manda a correr hasta al utilero, arregla al referí, trata de clausurarnos la cancha y llevarse la recaudación.
Ahora, viene lo laborioso, con todo el mundo virando a la derecha y los gobiernos centrales cercando a los gobiernos populares de América Latina, con los de siempre (algo raleados, pero buena parte de los de siempre) intentando limarnos de una, algo que no tiene sentido es dejarse invadir por la nostalgia ni falsas autocríticas (falsas por lo "auto" porque siempre se refieren a alguien que no es uno mismo, falsas en lo de "críticas", porque la esencia de una buena crítica es analizar todos los factores a favor y contra en juego y obrar en consecuencia, no olvidarse de unos y pretender resolver sólo con los que mejor se ven).
El equipo está en la cancha y como dijo el Negro Jefe, "los de afuera son de palo", estamos como estamos: ofensiva mundial de la derecha, apriete financiero como punta de lanza de esa ofensiva, reactivación de las conductas rapaces de parte del empresariado local, anemia en la oposición democrática, la mayoría del pueblo no dispuesta a retroceder pero tampoco a dar batallas dudosas, necesidad de armar el recambio 2015 y a la vez evitar divisiones y pujas internistas. 
La cosa es no apurarse, la derecha exagera pero teme que si se va de rosca la reacción social facilite medidas de fondo del gobierno con apoyo social, es decir facilitarnos la fuerza necesaria para ir mucho más lejos. Los medios fogonean pero la vida cotidiana desmiente caos y abismos. 
Con un marco así hay dos objetivos por encima de todo para el proceso popular: que no haya distribución regresiva o que sea mínima, que ganemos otra vez en 2015.
Mientras el gobierno esté en manos de quienes defienden los intereses del pueblo seguimos acumulando, pero desde la Rosada lo están intentando hacer al ritmo que permite la coyuntura y está bien. La derecha lo tiene claro, por eso quiere recuperar el gobierno aunque tenga que hacerlo con una economía en ruinas. Eso arroja aliados de nuestro lado, sectores empresariales que no nos quieren pero sí quieren segur haciendo negocios. Tenemos el tiempo, tenemos el gobierno, esto está sucediendo con todos los gobiernos populares de América Latina y en todos se visualiza la intención de resistir.
Por eso es necesario repetirlo: no hay batalla que sea más importante que estas dos, sostener la matriz de distribución, nuevo triunfo popular en 2015.
Cristina las está dando sin comerse amagues ni aprietes. El problema es que el resto del equipo, la militancia, la dirigencia intermedia, todos los que nos creemos o somos K no pretendamos golear ni tirar rabonas al lado del área, tampoco que el partido termine antes.
Corazón, pases cortos y bancar a la presi ¿qué más?

jueves, 30 de enero de 2014

¿Devaluación con inclusión? Un nuevo desafío

Está en la esencia del kirchnerismo: poner la política siempre por delante.
En la política, en la visualización de las cuestiones de poder, en su disputa, es donde el pueblo puede terciar. Cuando estas cuestiones se disfrazan de técnicas, allí es donde el pueblo resulta un convidado de piedra.
Esta vez el desafío es grande. El gobierno decide una devaluación importante y con ello pone en cuestión otro mito arraigado en la experiencia histórica de los argentinos: toda devaluación sería perjudicial por sus efectos regresivos en la distribución del ingreso y el desarrollo y la soberanía, porque trasladaría fondos desde la producción hacia los sectores especulativos, desde los trabajadores y todo aquel que tiene sus ingresos en pesos hacia aquellos que venden y cobran en dólares, desde el sector industrial hacia el agroexportador y el financiero, desde los sectores nacionales hacia el capital transnacional, desde quienes todo lo gastan en atender sus necesidades hacia quienes “forman” es decir deciden cuál es el precio de cada mercancía. El que fabrica los dólares y el que los trae la imponen las condiciones al resto.
La palabra devaluación está inscripta en la memoria colectiva a fuerza de padecimientos repetidos, dispara conductas ya reflejas, ha venido dividiendo bandos entre quienes le dan un  trato técnico (“es necesaria, se hace”)  y quienes la inscriben en lo político. De algún modo el gobierno venía asumiendo esta postura al enumerar los problemas que acarrearía la devaluación en tanto sus defensores la promovían como panacea económica.
Pero el cuello de botella externo, sumado a la retención de granos y dólares que promueve la Mesa de Enlace, reclamaba una medida que frene el drenaje de divisas.
Al fin, Cristina y el equipo económico rompen el nudo gordiano. Es una medida política ya que, antes que resolver la disponibilidad de divisas define quién gobierna y para qué. Por esto, lo que parecía un retroceso, ya que no era el camino que venían definiendo, Cristina lo convierte en un mensaje de reafirmación: anuncia el PROGRESAR, dejando en claro que se devalúa pero se seguirá con la política de inclusión, se evitará que se degraden los ingresos de los sectores populares  construyendo herramientas para que la devaluación no se traslade a precios, ni frene el desarrollo, ni se desnacionalice la economía.
Una vez más, la discusión no es sólo qué se hace sino también y principalmente quién lo hace. Éste ya no es el Estado raquítico de De la Rúa, este gobierno toma decisiones, el kirchnerismo vino a desarrollar, reparar e incluir y para eso, en un país industrializado pero con dependencia tecnológica, se necesitan insumos, recursos, por lo tanto divisas.
Como lo recordaba un amigo economista en estos días, hubo excepciones en eso de trasladar de valuación a precios. La mega de Duhalde (*) se produjo con una desocupación de más del 20%, por lo que aumentar precios era sencillamente no venderle a nadie. Por otra parte, con la pesificación asimétrica, el apoyo a los bancos, etc. Lavagna, Duhalde y Pignanelli nos cargaron la crisis vía Estado al producir una traslación fabulosa de riqueza hacia el capital concentrado. De este modo la quietud relativa de los precios quedaba largamente compensada para éste.
Parece de interés la que tuvo que hacer el gobierno de Maduro en Venezuela, también se intentó evitar el traslado de la devaluación a los precios y otros efectos regresivos en la distribución del ingreso. Claro que allí parte de la solución fue que el ejército allane los depósitos y locales de las cadenas de ventas (en particular de electrodomésticos) algo que está fuera de toda consideración aquí.
Pues bien, la decisión de devaluar con precios cuidados parece la más acertada: mejora las condiciones para comerciar con el exterior con un buen margen y no habra un retroceso distributivo si el gobierno puede contener los precios, mantener el nivel de empleo, evitar la venta de empresas a precio vil. 
Éste es el tema más complicado, ya que a diferencia de la devaluación Lavagna/Duhalde, ésta se produce con casi ocupación plena, por lo que el no traslado depende, antes que de un parate imposible del consumo, de la capacidad política para consensuar precios relativamente estables.  
Si miramos este lunes y martes, tras las nuevas medidas y con los anuncios apocalípticos de Clarín/LaNación y el massismo, el panorama fue bastante tranquilo.
Ello indicaría que, salvo los especuladores de siempre, a la mayor parte del empresariado e incluso de la oposición política le conviene que este consenso de relativa estabilidad se produzca y los precios no se disparen. ¿Por qué?
La impronta distributiva e inclusiva que este gobierno le ha impreso a la política hace imprevisible la reacción social que produciría una estampida. ¿Qué magnitud tendría? ¿Cuán lejos o cerca del 2001? ¿Contra quién se orientaría? ¿Y si otra vez la movilización resultante queda capturada por el kirchnerismo?
En síntesis, que una cosa es ser gobierno peronista y contener un desmadre por tradición, incidencia, poder territorial  y otra cosa es que en el desmadre el peronismo esté del lado de enfrente. También una cosa es aprovechar lo peor del peronismo para ir contra un gobierno desprestigiado y entreguista como el De la Rúa y otra ir contra un gobierno que durante 11 años demostró que tiene tanto arrestos para bancar la que se venga como una capacidad de resurrección que hasta ahora no conoció techo. 
Los sectores más recalcitrantes del establishment saben que al kirchnerismo se le van desplegando dificultades  para seguir avanzando más. Pero también saben, tras las transformaciones de esta década, que la capacidad del neoliberalismo para hegemonizar en una crisis es dudosa y pueden quedar -si apuran los tiempos- abriendo un proceso que termine en una radicalización de las medidas de gobierno con apoyo social. Escena, esta última, que hoy no se avizora como posible en un curso calmo de la confrontación.
En suma, que no parece tan atractivo para el establishment apurar una confrontación de dudoso resultado contra un proceso en el que viene enriqueciéndose.
¿Entonces? ¿Ya salimos del problema? En todo caso se ha marcado un camino, pero se necesitará mucha acción en la sociedad para que se comprenda el carácter de las medidas, se produzca una movida para evitar aumentos, desabastecimientos, lockout, se identifique de dónde vienen los problemas.
Este es el otro punto álgido a resolver. La cuestión energética mostró una movilización muy pobre del lado de las organizaciones populares. No se trataba de recuperar las empresas ya que esa no es hoy por hoy la posibilidad que avizora el gobierno, pero sí se trataba de identificar ante la sociedad quién y por qué estaba causando los cortes y movilizarse en consecuencia. Eso se hace de un modo: poniéndose a la cabeza de la protesta, manifestando contra las transportadoras.
Con la devaluación, los precios cuidados y las medidas que se vienen o estamos a full en bocas de expendio, empresas, etc. o el costo de la quietud será mayor.


(*) Se puede var la evolución 2001/2002 del dólar en http://www.freecurrencyrates.com/es/exchange-rate-history/USD-ARS/2014

(**) Se puede var la evolución 2014 del dólar http://www.freecurrencyrates.com/es/exchange-rate-history/USD-ARS/2014

La Misa Criolla después de 50 años

Escucho cantar la Misa Criolla esta noche en Cosquín. Se cumplen 50 años desde que Ariel Ramírez compusiera la música para el texto adaptado del Kirie. Los presentadores dicen que es una pieza musical que identifica a la Argentina y que es a la vez un patrimonio cultural de la humanidad.
La han interpretado artistas argentinos y de otros países de gran valía, tales como Mercedes sosa, Gerardo López, Jaime Torres, Domingo Cura, José Carreras.
Las notas no son algo que conozca ni de lo que pueda hablar con alguna propiedad. Simplemente, cada vez que la escucho hay momentos que me emocionan, sobre todo por la tonalidad que tienen las voces, la intensidad de la música. He lagrimeado alguna vez al cantarla en coro, algo de lo que uno ha perdido parece manifestarse desde dentro de ella. Algo grande, como el fervor religioso cuando se propone la hermandad de los hombres, parece circular por su interior.
Sin embargo, al comienzo mismo, cuando escucho repetir “Señor, ten piedad de nosotros, Cristo ten piedad de nosotros (atiende nuestras súplicas) me digo que nada más alejado de nuestra identidad, si la mayoría del pueblo define alguna, nada también más alejado del espíritu y la realidad de los ´60, época en que Ramírez rescató estos textos traducidos por el cura Catena y otros.
No es Dios a quien los argentinos de aquellos tiempos y los de cualquier otro tienen que pedir piedad: cuando se tiene una oligarquía como la que se apropió de nuestra Patria casi desde su nacimiento, no es necesario buscar en lo trascendente al monstruo que despoja, mata, persigue, enajena.
Cuando veníamos del bombardeo a la Plaza, la libertadora, el CONINTES, la proscripción resultaría hereje hasta en los creyentes buscar fuera de nuestro mundo a quienes avanzaban hacia dictaduras más inhumanas y sangrientas cada vez.
El comentarista del video dice que lo que inspiró a Ramírez a dedicarse a esta obre fue su visita al museo del holocausto. Sobrecogedora seguramente, mucho más si quien lo visita llega de un país que ya había conocido dos genocidios y estaba encaminado hacia un tercero. Pero tampoco los nazis, su impiedad y su maldad insolente pueden explicarse por el más allá. En el más acá del nazismo estuvieron-están- los barones del acero, el armamentismo, la pretensión de disputar el bien terrenal control de mundo.
Pero cuando los dictados de los EEUU eran palabra santa entre nuestros gobiernos y quien se apartara un centímetro se hacía pasible de golpe militar, pedirle piedad a Dios –esto lo escribo para hacerme amigos- suena a tero o avestruz. Al entrar en el Gloria levanta, la Misa ya es casi un himno, pero ni el Gloria ni otros fragmentos pueden compensar aquel comienzo lastimero y pasivo.
Cuando pienso en la generación que estaba fermentando en aquellos años, la llamada generación de los ´70 nada me queda más lejos de nuestra identidad que pedir piedad.
Es como otras obras artísticas, imponente, lograda, pasible de virtuosismo interpretativo, expresiva de las formas, técnicas y virtudes de nuestro folklore. Eso sí, con nuestra identidad, al menos con aquella que nos ha mantenido en una persistente e irreverente resistencia a la opresión y la entrega, esta obra NADA.



martes, 21 de enero de 2014

COTO y una colecta para Cariglino

Por si alguno cree que COTO, (¿José?) Alfredo se limita a vaciar góndolas de los productos acordados, fíjense para quién junta guita sacándole vueltos a la inocencia de sus clientes. 
"Dado que nuestros clientes nos lo estaban pidiendo" 
¿En Ezeiza les pedían guita para patrulleros en Malvinas Argentinas? Y sí, tal vez en Malvinas hagan una colecta para radares en el aeropuerto (en el siglo XXIV)
A ver las organizaciones compañeras si miran bien la próxima vez que visiten supermercados: el secreto no sólo está en los precios.

"YO te conozco" reza el lema de COTO. Algo los conocemos apenas hacemos memoria.
COTO creció cuando  Cavallo fundió a los Supercoop con ayuda de adentro. Incluso pasaron de pequeños quiosquitos carniceriles a quedarte con unos cuantos de los edificios del Credicoop sin que nunca se supiera bien con quién se asociaron.
Eso sí siempre con una máscara -bizarra, colmo toda máscara- "popular", como supo decir don Alfredo al comentar hace años en Clarín cómo elegían a las cajeras, "morochitas, un perfil popular, claro"
Algunas preguntas obvias:
- ¿Una empresa comprándole patrulleros a un municipio? 
Dos estilos, Magnetto les dice qué hacer en una oficina o por el diario, COTO pone el cartel en sus super.
- ¿COTO quiere a Cariglino de gobernador o de jefe de la bonaerense?
Esto es para los que dudan, ante la ofensiva mundial de la derecha y su propio derrotismo, si enfrentar a Massa o negociar condiciones: quienes están tras la ofensiva contra el kirchnerismo, es decir contra le proyecto popular, no se detienen en tibios, saben que para empujar todo hacia atrás se necesita un estado policial, ajuste y palos en proporción.

jueves, 16 de enero de 2014

Gelman y una tarde con Fogwill

Aquella tarde, Fogwill afirmó, (*) fuera de tema y con ese tono asertivo que nunca supo faltarle: "el Nobel debieran dárselo a Gelman"
Ni Claudio, ni Antonio ni yo hicimos comentarios, fuera porque estábamos de acuerdo (yo nunca lo pensé pero es que a mí el Nobel mucho no me dice), tal vez porque era evidente que Fogwill no esperaba respuesta alguna. 
Su mirada no iba, en muchos aspectos, por los recovecos que siempre siguó la de Gelman, tampoco compartían generación ni expectativas. Supongo que simplemente un poeta le reconocía su lugar y su valía  a otro, sin más.
En estos días de la partida de Juan comienzan a pulular los analistas. Hay quien seperan su poesìa de su militancia (peronismo y poesìa ¡qué lejos le queda al pensamiento liberalprogre esta conjunción) hay quienes, más meticulosos aislan incluso su "poesía testimonial" de su "poesía" a secas.
Más abajo transcribo algo de Juan, "María la sirvienta", una poesía que supo llevarnos, junto a tantas cosas, a los jóvenes de los ´70 a militar los barrios sin más objetivo que hacer que María sonría con pajaritos y no envuelva en los diarios más que sus sueños o los huevos del mercado. Por ejemplo "desdeluegoquerida" ¿en qué casillero de la crítica entraría?
Pienso en Fogwill, tan lúcido en su acidez, tan conciente de las reglas del mundo al que arrojaron a nuestras generaciones, tan alejado de toda expectativa de que cambien. Pienso en Juan, tan lúcido en su convicción de que habrá 
-alguna vez y por cierto vaya a saberse cuándo- VICTORIA, tan alejado de toda expectativa de resignación y de abandono. Pienso en los dos, encoclopédicos en el mejor sentido, el uno tan compadre como el otro ruidoso, los dos tan persistentes, tan argentinos como para que baste citar su apellido y saber de quiénes se trata.
Pienso (y me esfuerzo ya que no es lo mío) si flasheáramos para jugar un rato con un lugar en el que puedan encontrarse, ahora que ya los dos no están entre nosotros. 
¿Cómo sería ese encuentro? ¿qué dirían?
Tal vez Fogwill sabría primerearlo con un: "¿cómo te sentís de este lado Juan? Me sacaste un duelo nacional de ventaja, pero también cuánta gilada se puso en movimiento con tu partida. ". Imagino a Juan convidando un cigarrillo y prendiendo el suyo para luego contestar
"extraño reconocer la sonrisa de mi hijo en la de Macarena, extraño las discusiones eternas, la rebeldía del peronismo, unas piernas. Pero los traigo conmigo"

MARIA LA SIRVIENTA

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, 
era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos, 
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios 
de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre 
los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución, 
rememoraban sus hazañas con chirusas diversas 
y decían severos: desdeluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella, 
sólo la manosearon de sargento para arriba, 
pero María se ocupaba de llorar, 
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia 
de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del
amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia 
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban
con ardor
por el niño que decía la verdad, 
por el niño que era puro, 
por el que era tierno, 
por el bueno, 
en fin, 
por todos los niños muertos que cargaban en las
valijas del alma
y empezaron a heder súbitamente 
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

(*) Eterno reconocimiento a Claudio por aquella tarde con Fogwill y a pesar del oxígeno y su respiración ruidosa. Hasta allí todo mi contactohabía consistido en tenerlo de titular de la cátedra de "Propaganda y mercado" en la facultad, allá por el ´85.

martes, 14 de enero de 2014

Los viernes en la estación de Torres

Cada viernes, entre el 1958 y el 1962, llegábamos con mi vieja a eso de las 8, 8 y cuarto de la noche. 
Ya estaba medio pueblo, en parte en los andenes, en parte en la calle de enfrente, esperando la llegada del Urquiza, camino a Salto. 
Mi viejo bajaba del Diesel con su bolso, algún paquete, una bolsa en la que traía el mameluco de la Shell que ya el sábado a la mañana sería hervido con jabón y no sé qué más, hasta dejarle la menor cantidad posible de manchas de pintura. 
Pero aún estamos en la estación y el tren ya se va y no terminamos de saludar a todos lo que empezamos a saludar bastante antes de que llegara. 
Y yo esperando ver qué habría en el bolso de mi viejo, palpitando "El eternauta", "Hora cero", Misterix", algún libro de la colección "Rastros", un autito para rellanar con masilla y afirmarle bien las ruedas para correr en pistas de tierra. 
Y las cerca de quince cuadras que van de la estación a nuestra vieja casa se iban alargando en nuevos saludos, detenciones a comentar algo, arrancar y volver a detenerse. 
Pero el fin de semana terminaba y el domingo el ritual se repetía en forma inversa. 
Íbamos con mis viejos hasta la estación, las mismas caras casi en los mismos lugares, las despedidas, el tren que partía y a desandar las quince cuadras con mi vieja mientras el viejo -entre otros viejos- seguía viaje hasta la pensión en que pasaría otra semana. 
Después el retiro ofrecido por la shell, el pago con los Bonos del Empréstito 9 de julio, mi viejo que los repartía en una mesa y los mirába como esperando algo. Una explicación, una excusa, algo que le diga por qué tantos años de indemnización se disolvieron en esos papeles que Él entregaría a centavos por peso para que años después algún banco se los cobre al Estado a pesos por centavos. El viejo ya definitivamente instalado en Torres con nosotros.Pero esa ya es otra historia.
Hoy se nos fue Juan Gelman. 
Escribo 1962 y pienso que en ese año Juan publicaba "Gotán". Entonces yo no lo sabía, lo supe recién en 1966 cuando leí "31 de marzo". Pero saberlo no me dijo nada.  
Estaba demasiado ocupado en vivir como para detenerme en coincidencias.