domingo, 29 de mayo de 2016

MACRISMO: EL DESASTRE COMO POLITICA



"Estos tipos no saben lo que hacen", "creen que gobernar un país es igual que dirigir una empresa", "los CEOS no saben gobernar". Varios autores
“Para que nuestro oponente se someta a nuestra voluntad debemos colocarlo en una tesitura más desventajosa que la que supone el sacrificio que le exigimos. Las desventajas de tal posición no tendrán que ser naturalmente transitorias, o al menos no tendrán que parecerlo, pues de lo contrario el oponente tendería a esperar momentos más favorables y se mostraría remiso a rendirse”. Von Clausewitz, “De la guerra 
A la vista de la destrucción derechos populares, soberanía y capacidad productiva que el macrismo viene realizando, muchos compañeros tienden a creer que buena parte de las medidas de ajuste y sus consecuencias son efectos no previstos, leche derramada de quien no sabe calentar una mamadera.
El diagnóstico sobre el desastre es correcto: destrucción de las trazas de Estado de bienestar que construyera el kirchnerismo en doce años, cambio de soberanía y emblocamiento americano por alineamiento con EEUU/ buitres/OTAN, timba financiera y exportación primaria en lugar de desarrollo industrial y mercado interno.
Lo que falla es la explicación. El gobierno, sus funcionarios, saben lo que quieren hacer y lo están haciendo del modo más eficaz posible.
Nos demuelen un edificio y, según el  nivel de la protesta que se produzca, nos alcanzan un par de bolsas de residuos para que nos tapemos de la lluvia en basural. Ejemplo: Cresta Roja, 3500 obreros en la calle. Protestan, balas de goma, gases y manguereada. Luego, 1500 entran como precarizados, sin antigüedad ni estabilidad, el resto sigue desocupado y mira tras un alambre cómo Macri anuncia el veto a la ley de emergencia laboral. Otro ejemplo: blanqueo de capitales fugados para, dicen, pagar el 82% a los jubilados. ¿A todos? No. A los que les falten aportes su remuneración sería el 82% del salario mínimo porque, dice el ministro respectivo, “no sería justo que quien tributó cobre igual que quien no lo hizo”. En su óptica, que trata de masificar como sentido común, sería justo tratar a fugadores de divisas, lavadores y evasores de impuestos (400 mil millones, dicen muchos economistas)  igual que a quienes tributaron regularmente, pero les parece injusto pagarle toda su jubilación a quienes fueron estafados por empresarios inescrupulosos y/o no tuvieron el suficiente poder como para que les hicieran los aportes.  La última: tarifazos de hasta el mil por ciento y tras los reclamos de provincias, oferta de bajar el tarifazo al ¡500 %! Y con perspectiva de completar el resto antes de fin de año.
Ejemplos estatales: la idea de vender las acciones privadas en poder de la ANSES “si no alcanzaran los fondos que vienen del blanqueo”. O nombrar a cargo de cada ministerio a quienes esos ministerios debieran controlar o denunciar ante la justicia por evasión, lavado, etc. Otro: despedir a quienes controlan procedimientos empresariales y emplear a adeptos para que le hagan marketing a los que debieran ser controlados.
No se pueden evaluar estas acciones con la lógica de un capitalismo productivista, desarrollista, mesiánico en sus expectativas de alcance de bienestar. Ese capitalismo, el del Estado de bienestar, fruto tanto de profundas luchas y sacrificio popular en todo el mundo a la vez que del enriquecimiento y desarrollo desmesurado de tecnología e industria mediante dos guerras mundiales y miles de guerras intermedias y posteriores, ese capitalismo que se creía en desarrollo permanente comenzó a morir en los ´70 y sólo reaparece en modos inesperados y de la mano de los sectores postergados cuando estallan las crisis de hegemonía que el modelo neoliberal mismo genera.  
Lejos del concepto de hegemonía gramsciano, el de un sector de clase que emerge con capacidad de expresar los intereses de la mayor parte de los sectores sociales y convierte su proyecto de dominación en el único posible, lo que caracteriza a este nuevo ya viejo capitalismo es su recaída en crisis permanentes pues no trata de unir a todos tras una gran utopía sino de demostrar que eso es imposible y que su proyecto es sencillamente el menos peor, el único viable.
El desprestigio de lo político, del Estado, de lo colectivo, de los valores que mejor expresan a la humanidad, lejos de debilitarlo lo consolida. Si todo es malo, mejor que gobiernen los poderosos, si repartir es delirante, mejor que recuperen la plata los poderosos que, de última, son los dueños de todo. Cambiar futuro por pasado, como bien lo sintetizara el inconciente de la actual gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.
Las crisis, lejos de hacerle perder terreno al modelo posindustrial, le sirven para eliminar competidores en el reparto de la riqueza. No sólo a trabajadores y productores, sino también a empresas y empresarios, gobiernos y países que se apropien de lo que los grandes grupos consideran propio. Las crisis, como siempre lo han sido, pero hoy más que nunca, son vía de concentración de riqueza y de poder. Los muertos, los desocupados, las áreas que desguazan, las recesiones, el endeudamiento, son efectos deseados en la búsqueda de mayor concentración. Como bien dijera Clausewiz, “si tienes que atacar a tu enemigo, hazlo del modo que le causes el mayor daño posible y que mayor sea su dificultad para devolver el golpe”.
Es lo mismo que CEOs como los del gobierno hacen en el ámbito privado cuando hay que discontinuar empresas o ramas enteras de la producción en beneficio de “modernizar” la economía, esto es: derivar capitales al ámbito especulativo, producir cada vez con menos empleados, eliminar derechos laborales, achicar incluso el número de empresas que realmente manejan la economía mundial y las locales.
Ni las declaraciones ni las acciones de este gobierno son impensadas: los brulotes del tipo “remeras en la casa mientras nieva afuera”, “no daba para comer afuera dos días por semana”, no son estupidez ni precariedad política, son señales de triunfo hacia un pueblo y un proyecto que creen derrotados. Mensajes que anuncian que este gobierno puede ser peor aún de lo que es hoy. Para que ese mensaje cuaje, las medidas tienen que definir un panorama peor que aquel que corporaciones y oligarquía quieren imponernos. Clausewitz putro, política de guerra: a un enemigo ni se le dice con tibieza que se lo va a vencer ni se lo ataca con almohadones, se lo debilita con acciones agresivas y contundentes, se lo intimida con brutalidad en el discurso.Ese es el signo de este gobierno, hacer mediante medidas burocráticas respaldadas por agencias y bancos internacionales, el empresariado corporativo y partidos definitivamente conquistados por la nueva ola neoliberal  lo que hace 40 años nos hicieran estos mismos actores manejando vía genocidio.
Así que no, no es ni impericia ni falta de política sino todo lo contrario. Es el poder y su discurso en su estado más puro.
Nada hay que esperar de este gobierno más que la repetición de esta conducta en la expectativa de concretar la derrota popular, ese es su objetivo destruir hasta sus cimientos la cultura de participación, reclamo e incidencia estatal de nuestro pueblo. Aquella que se iniciara en hace más de doscientos años y renaciera una y otra vez en formas diferentes para proyectarse a los últimos doce años. La reunificación social, la estabilización económica y el restablecimiento del desarrollo sólo pueden venir de la mano de la confrontación con estas políticas destructivas. Sólo de nuestro lado está esa posibilidad de reestablecer el tejido social y productivo. En nuestra debilidad relativa, esa posibilidad es la que debiera alentarnos a recuperar la iniciativa.  
Una última consideración: el desierto en la Plaza de Mayo este último 25 fue señalado por muchos de nosotros como una carencia del gobierno. Respecto un 25 como el del 2015, este 25 resultó deslucido, falto de pueblo y de apoyo popular al gobierno.
Es cierto. Pero esa consideración no puede ignorar un elemento central: el año pasado éramos gobierno, este año no. Del único modo en que este 25 de mayo hubiera sido un desaire para el gobierno es si hubiéramos sabido generar nuestro propio 25 de mayo, el de la multitud de compatriotas que siguen revindicando la gesta de la independencia y la soberanía. El 9 de julio está por delante y es probable que el gobierno no juegue la misma carta: en su política de restauración cultural buscará hacer un bicentenario de estampita y uniformes con la ayuda de algún gobernador transformista.    
Construir un bicentenario del pueblo debiera ser el objetivo de todos los sectores enfrentados a la restauración oligárquica.

viernes, 29 de abril de 2016

1 de mayo anticipado: cómo estamos hoy

Las últimas dos semanas han llevado al centro de la institucionalidad política los rechazos temores y de buena parte de nuestra sociedad ante los efectos regresivos del proyecto macrista.
La decisión de la mayoritaria de la oposición en diputados para impulsar un ley de suspensión de los despidos, el despacho de un proyecto más lavado, pero con voto opositor casi unánime en el senado.  La primera movilización que reunirá a todo el sindicalismo en décadas,  justo en un acto de primero de mayo y con señales claras de confrontación si el gobierno no retrocede en su ofensiva  contra conquistas históricas y de los últimos doce años. Las incipientes divisiones que surgen en sectores políticos que en los primeros meses actuaban casi como voceros y defensores del nuevo gobierno.


¿Fueron los Panamá papers? Hasta la prensa menos adicta al gobierno va reduciendo espacios para este tema que supo cobrarse ministros en otros países y acá aún no supera el chismorreo. Sea porque la disputa de espacios entre Clarín y las bondades de Macri con Turner se se está resolviendo en un reparto más o menos salomónico, sea por instinto de preservación entre culpables, el caso es que al reducirse el fuego amigo y multiplicarse los involucrados, la noticia languidece a la espera de reacciones sociales que por ahora no se producen.
¿Fue por la cadena de complicidades narco-ocupas de lujo- gubernamentales  que llevaron a la muerte de los pibes en  la rave de Costa Salguero?  Con el correr de los días el tema se va diluyendo en culpables que se victimizan, búsqueda de culpables abstractos que reemplacen a los conocidos y concretos que aloja el gobierno porteño. Hasta Rodríguez Larreta se permite desaparecer por semanas y de ese modo alejarse de un posible síndrome de Cromañón más cercano a sus temores que a la posibilidad real.
¿Serán los despidos, la inflación, los tarifazos, la rendición ante los buitres, la instalación del Departamento de Estado en la Cancillería, el FMI en el Banco Central, el fundamentalismo de recambio en el Nación?
Todo suma, pero a pesar de frustraciones, postergaciones, promesas incumplidas, maltratos y pérdidas, pocos reaccionan hoy de manera impensada, sin medir sus posibilidades de disputa, sus posibilidades de sumar adhesiones, de concretar salidas a una situación que hace apenas unos días parecía incontrolable. Ni los más perjudicados, ni los que temen ser nuevas víctimas saqueo, ni los confundidos por la revolución de la alegría, mucho menos los conformistas o los oportunistas. La nuestra es una sociedad politizada, nuestro pueblo ha experimentado las suficientes derrotas y también los excepcionales tiempos de victoria como para intuir que lo perdido se recupera con mucho sacrificio y unidad, que lo ganado puede perderse en cualquier momento, que nada resulta más costoso que confrontar desde la dispersión.
Entonces: ¿Qué cambió en esta coyuntura para activar divisiones en el bloque político de Cambiemos, mover a la protesta a sectores que participaron de su campaña electoral, vivaron su triunfo y justificaron sus primeras medidas?  ¿Qué cambió para que la pasividad o confusión entre funcionarios y referentes  kirchneristas vayan dando paso  actitudes proactivas, que el resentimiento vaya siendo sustituido por la búsqueda de consensos y propuestas que recalen nuevamente en nuestro pueblo?¿Qué nos trajo a este momento, a estar a horas de una concentración seguramente multitudinaria y con posibilidades de superar las expectativas más optimistas, tanto en número como en reclamos?
Dos eventos.
Uno: la multitud, las multitudes, que el 24 de mayo dieron cuenta en Plaza de mayo y en muchas plazas provinciales que memoria, verdad y justicia están en la conciencia y el sentimiento de nuestra sociedad a pesar del triunfo neoliberal de octubre.
Otro: el raid que inició el 13 de abril Cristina en Comodoro Py que, aún con claroscuros, tuvo un efecto social e institucional tan  revelador como dinamizador.
Desde un Bonadío que casi jugó de visitante en el escenario que tanto preparó para un nuevo abuso "judicial" hasta el acto masivo y las movidas de militantes pero tambien de empleados, en repudio al juez dentro de los  mismos tribunales. Desde el "deciamos ayer" que instaló Cristina al comenzar su discurso hasta la virtual cadena nacional que la puso a la vista y oídos de toda poblacion, todo concurrió a desnudar la vulnerabilidad politica de un gobierno que cuenta con un fabuloso poder económico,  mediático e imperialista pero no tiene comprado el mismo respaldo social ni está asegurado contra las disputas de intereses de los propios, que pujan por hacer su exclusivo y excluyente negocio corporativo.
Y junto a este efecto revelador de la verdadera envergadura de quienes gobiernan, otro efecto revelador y dinamizador: Cristina es la única referente que puede provocar esa situación. Es la única no sólo por su trayectoria  política y su capacidad discursiva sino por algo más elemental y trascendente: Cristina, en el llano y ante un gobierno antagónico es la única líder política de la Argentina. Sólo ella puede juntar en su presencia y actitud lo que se jugara el 24 de marzo y la necesidad de retorno a un gobierno popular. Los tibios aumentaron la temperatura de sus diferencias con el gobierno, los pasivos se movillizaron, todos cobraron noción que, con Cristina en movimiento, quien no actura quedaría opacado.
Los porqués de este liderazgo incontrastable pueden ser pasto de debate y opiniones diversas. Lo que no se puede ignorar al respecto es que no hay ni entre nuestras filas ni en ningún sector de la dirigencia política alguien con su protagonismo en las conquistas logradas hasta 2015, alguien que resuma en sí mismo los logros y adversidades de los '70, la resistencia al neoliberalismo, el renacer del peronismo, la construcción del gobierno popular.
De esta épica,  de la construcción colectiva, el reconocimiento social, la recreación de una identidad, del rescate de un cultura, de esto se nutren los liderazgos cuando una parte importante de la sociedad los convalida.
En los últimos tiempos ha sucedido también un afecto dispersivo entre algunos referentes. Intentos autocríticos que al buscar explicación para la derrota electoral, trazan escenarios imaginarios, sin referencias colectivas, donde la creación política quedaría librada a lo individual o a colectivos parciales sin importar cuál es su vinculo real con el pueblo, cuál es el reconocimiento que nuestra gente les dispensa. Algunos compañeros suponen que las urgencias del pueblo tienen que ver sólo con sus padecimientos, olvidando que venimos de doce años de gobierno popular y que en la conciencia de cada habitante de este país está presente esa referencia, ya sea que esté a favor o en contra. La militancia, los referentes, las estructuras están para más que para sufirir los padecimientos de nuestra gente, se espera que sean vehículo para volver a gobernar a la vez que para impedir que el gobierno actual siga accionando contra los intereses populares. Suponer que vamos a recuperar las conquistas avasalladas sin gobernar, sin recuperar la estructura del Estado es mera ciencia ficción condenada a no tener el acompañamiento de las mayorías.
Nada más cercano a los errores que nos llevaron a la derrota que desperdiciar el capital político que nos permitiera ganar el gobierno y transformar el país durante doce años.
Suponer que será posible volver sin Cristina sería tan descaminado como rehuir a las responsabilidades que cada sector y cada militante tiene en la construcción de ese camino. Son papeles diversos, pero así como el 24  de marzo puntualizó con quienes contamos para retomar la senda, el 13 de abril mostró en quién puede referenciarse ese proceso. Una militancia, estructuras y referentes que buscan encontrarse tras la derrota, una conducción que debe asimilarse al llano para recuperar lo mejor de cada sector y potenciarlo a la victoria. En el encuentro de ambos factores está la posibilidad de lograrla.
Hoy, 29 de abril camino el primero de mayo, podemos sumar un nuevo paso: avanzar hacia la recuperación del movimiento obrero .
El desafío será que nadie se sienta más importante que el conjunto.

jueves, 24 de marzo de 2016

24 de marzo: CERCA DE LA MEMORIA, LEJOS DEL SUFRIMIENTO

Durante años, pero sobre todo estos últimos doce, probamos, nos probamos, incluimos a nuevas generaciones en la prueba de que podemos construir un país para todas y todos, que fuimos capaces de sobrevivir con nuestro bagaje de sueños y utopías y concretar muchos, que nuestros compañeros no cayeron en vano y que el prolongado sùfrimiento de nuestro pueblo no terminó de borrar su identidad ni sus pretensiones de vida.
Volvieron las mejores palabras y lo que quisieron sepultar recobró su vigencia. Nuestros muertos y desaparecidos salieron de las fotos para ser identidades, un espejo para nuestros hijos y nietos. ¿Qué  vida más lograda que aquella en que compartimos luchas, sueños e ideales con quienes engendramos?
El olvido, la mentira, la injusticia tuvieron que ceder paso al reclamo colectivo. Primero la anulación de las leyes de la impunidad, luego los juicios,  ver los campos de concentración devenidos en espacios de memoria, los pibes recuperados, los pañuelos como un símbolo que no retrocede, genocidas con la condena oficial y la del desprecio popular.
Cierto, nada es para siempre, vivimos en un mundo y un paÍs más desigual que los que merece nuestra gente. Las conquistas de un momento pueden ser las pérdidas del siguiente.
Sin embargo, desde el genocidio a hoy no sólo pasaron décadas, también quedaron valores que se incorporan al sentir y el vivir de las mayorías.
Veo que muchos amigos y compañeros se resienten al escuchar nuestras palabras en boca de gestores, beneficiarios y cómplices del genocidio. Que el presidente del país más criminal de la historia y del presente visite el Espacio para la Memoria, que otro presidente, el de la restauración neoliberal, se anoticie por primera vez de la conmemoración del 24 de marzo y ponga por primera vez sus pies en espacios de la memoria. Estas escenas pueden ser sentidas como afrentas, como una vejación.
Tal vez por mi optimismo, tal vez por lo he visto realizarse después de aquellos días en que parecía no haber más futuro, creo que los que padecen la afrenta son aquellos líderes de la impostura: hablan de lo que deploran, reivindican lo que rechazan. Los veo y escucho y siento que en este 24 se reafirma una línea de la que aún no pueden hacernos retroceder porque está en el alma de nuestro pueblo.
Nada es para siempre, pero cuando un valor, una conquista se anidan en el pueblo se necesitan muchas derrotas para se pierda. Los días más felices pueden volver si no nos equivocamos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

ANDREW BLAQUE, LA SALUD MENTAL DEL PAÍS A CARGO DE UN PERVERSO

El audio de la reunión de Andrew Blake y su asistente con el personal que decide "discontinuar" de la Dirección Nacional de Salud Mental es todo un testimonio de época.
En un país en el que se produjo un genocidio hace cuatro décadas, se agregó una Guerra de Malvinas  que vino a proyectar en el tiempo la liquidación de nuevas generaciones, se le sumo un proceso de destrucción productiva y desempleo que derivó en la ruptura de los lazos sociales y familiares más básicos, el Director Nacional de Salud Mental considera que contar con 600 profesionales en su repartición es "un exceso de personal".
Esto implica al menos tres cuestiones:
- El funcionario cree que su Dirección no tiene que hacer nada respecto a estas referencias históricas, sociales y de deterioro de la salud mental colectiva e iindividual que motivaron la ampliación de la planta de esa dirección.
- Considera que su dirección tiene que dedicarse a tareas "superestructurales" y no a tareas "de infraestructura" como las de ir a barrios y provincias más afectadas por el Terrorismo de Estado y el desguace neoliberal. 

- Es y se muestra tan bruto como para reconocer de modo explícito que quiere de este modo convertir a su oficina en "superestructura", es decir un espacio burocrático sin más incidencia santaria que la de emitir informes, memorandums mientras sigue rastreando personal a echar y toma algunos borócratas propios para relleno. La contracara de esa poca profesionalidad es llamar "infraestructura" al trabajo en espacios sociales marginados. Por supuesto, decir las cosas claramente: "desguace" de la Dirección de Salud Mental, resonaría con el eco de otros desguaces y desgracias colectivas cuyos efectos aún estamos tratando de restañar.
- Comunica a los compañeros echados que inicialmente tenía otra perspectiva: trasladar a provincias y gobiernos locales las funciones que el personal realizaba, ¿cuando provincias y municipios están siendo ahogados por el gobinerno nacional? Con la misma bohonomía les dice que como eso no funcionó los rajan sin haber revisado sus expedientes ni controlado la actividad de cada uno.
- Por si faltaba algo que agrave lo que sucede, esta discusión se produce a seis años de vigencia de la Ley nacional de salud mental n° 26.657, instrumento por el cual un estado presente comenzaba a hacerse cargo de desmantelar el aparato manicomial y a responsabilizarse de los males que habían producido décadas de gestiones anteriores. Como otros funcionarios, Blake viene a destruir el marco legal del espacio institucional que toma a su cargo.
En estos tiempos de retorno del relativismo neoliberal, alguien podría decir que es lo esperable de un funcionario del PRO y que no hay por qué sorprenderse ni se comprendería por qué, los compañeros se resienten y mortifican por el trato que reciben, las actividades que se eliminan, las personas que dejan de recibir atención.
No es mi caso. 

Hay algo que diferencia a los trabajadores que discuten y el funcionario y su asistente. 
Los compañeros saben que sus argumentos deben estar del lado de la salud mental, es decir, conformes a criterios de verdad, de responsabilidad social, de ejercicio profesional y por lo tanto no pueden ponerse del lado del cinismo. 
Al contrario, buscan argumentos, se amocionan, hasta las lágrimas alguno. En cambio Blake, un profesional de salud mental que hace de esto un trámite cuando su mayor o menor formación profesional debería indicarle que que está atentando contra la salud mental de quienes dialogan con él, contra la salud mental de quienes dejan de recibir la atención de estos profesionales, quien en ejercicio de esa Dirección hace esto es simplemente un perverso y no hay nada que lo excuse.

martes, 1 de marzo de 2016

CHUANISIN: LA ABUNDANCIA PERDIDA

 Viendo la maravillosa serie documental "ATLÁNTICO SUR en Canal Encuentro, me entero que los yamanas llamaban a la Isla de los Estados Chuanisin, "isla de la abundancia" . 
Si uno viera ese lugar con ojos de gente urbana de hoy, probablemente pensaría en otras cosas antes que en abundancia: desolación, paisaje desconocido, clima hostil, aislamiento. 
Muchas cosas cambiaron entre aquella cultura y la nuestra.  Dos, creo, son las principales. 
- Para una comunidad que solo buscaba lo que necesitaba para vivir y prosperar como tal, caza para abrigo y alimento, refugio natural, agua potable, algún vegetal, minerales para sus arrestos artísticos, esto que brindaba la isla era LA abundancia. 
En una cultura como la capitalista, en la que todo es ajeno, salvo para una minoria, unos nos matamos trabajando para acceder a lo que siempre parece poco, otros acumulan y explotan porque siendo propietarios de casi todo, también todo les parece poco. Quien explota, quien es explotado, ni uno ni otro puede sentir la abundancia más que en momentos fugaces. Nada más efímero que la satisfacción, la sensación de estar frente a la abundancia. Esa es una de las diferencias.
- La otra diferencia: ningún fenómeno natural, ningún artificio técnico, sacaron a aquellas comunidades de su convivencia con la abundancia. Fue el genocidio perpetrado por gentes empujadas al límite del mundo para sobrevivir, proveedores lejanos de aquellos que se apropiaron de todo en sus tierras de origen. Un poco fueron matanzas acometidas para convertir en desierto lo que no era desierto, apropiar de este modo aquello que ya pertenecía a pueblos que se exterminaba. Otro poco fue exterminio de los animales de que vivían los originarios: lobos de dos pelos, peces, ballenas, pingüinos. Lo que alimentaba a una familia entera por semanas eran dos pesos en el bolsillo de los que cazaban para las factorias de aceite o los comerciantes de pieles. 

La mayor parte de quienes poblamos la Argentina somos descendientes de gente de trabajo, originaria y europea. La gran mayoria. 
Pero todos convivimos con trazas de genocidios que reviven y merodean de época en epoca. A veces como angustia, fantasmas inexplicables, a veces como nuevas matanzas: la colonia, la triple infamia, la "campaña al desierto", la semana trágica, los fusilados de la Patagonia, el Proceso. 
Es entre tanto sufrimiento perpetrado y silenciado que se tejió esta barrera entre los contemporáneos y su posibilidad de ver en aquellas tierras más que pintoresquismo y disfrute estético. 
La abundancia ya no es ni siquiera una ilusion a nuestro alcance.

miércoles, 3 de febrero de 2016

DE BUITRES, AGUAS Y TITANIC

Si se pagara a los buitres italianos en las condiciones que anunciaron Prat Gay y Peña no sólo seria una rendición del actual gobierno, Macri y los suyos se estarían sumando al ejército invasor y sauqueándonos para su corona: el capital financiero internacional. 
Son 1350 millones hoy y un futuro de 200 mil o la cifra que seamos capaces de pensar para nuestros hijos, nietos y los que vengan después. 
Si pagáramos -todos los argentinos, no sólo el gobierno- el 150% del capital que reclaman estos bonistas que no acordaron quita, vendrían todos los que acordaron quitas y reclamarían al menos su 100%. Grecia en América del Sur. 
¿Y las aguas? 
Del lado del pueblo estarán los dirigentes que hoy convoquen a impedir esta entrega, los que no la habiliten en el Parlamento, los que ionterrumpan vacacionese internas y se la jueguen unidos y los que se la jueguen por una repuesta UNIDA, en cada puesto en que se encuentren. 
¿Y el Titanic? 
Discutir hoy otra cosa, sea cual sea, sería discutir con qué música bailar mientras el agua nos va tragando. Internas, resistencia, despidos, represión, cuadros bajados, genocidas reciclados, todo se subsume en estos dólares comprometidos y todo se podrá realizar si damos el primer paso de no permitirlo.
(Con la esperanza de que estos inmensos, maravillosos doce años tengan mejor destino que el musgo y que estas reflexiones no sean esas las botellas al mar de las que hablaba Marechal)

lunes, 1 de febrero de 2016

ES LA DERECHA, ¿VISTE?



La derecha es eso que restaura el dominio del capital concentrado mientras muchos nos preguntamos qué es.
Fascismo en las crisis terminales, terrorismo de Estado en las crisis de aquellos países que llegaron tarde al reparto del mundo, neoliberalismo con el avance del complejo militar- financiero sobre el debilitado Estado de bienestar DESDE LOS ´70/´80, , estatismo y negocios para la oligarquía en recomposición de los ´30, desarrollismo multinacional y entregador para los vencedores finales de lo que inició la “Libertadora” , menemismo de lumpen gobernantes y liquidadores eficaces en la captura parcial y temporaria del peronismo en crisis en los ´90.
Deteniéndonos un poco más en la Libertadora, sus poderes en las sombras fueron los mismos que diez años antes soñaron con un gobierno de la Suprema Corte y sólo a regañadientes aceptaron la salida electoral cuando la movilización del 17 de octubre cercó la Rosada. Golpe, gobierno de la Corte, salida electoral aunque gane un enemigo. La derecha es  cualquier cosa menos rígida. Con el poder económico en sus manos puede darse tiempo y encarar salidas a cada crisis.
Si la dominación es clara y la hegemonía del Gran Capital posible, la derecha es eso que sobrevuela y ronda mientras partidos y políticos en decadencia le hacen el trabajo sucio y tratan de entibiarlo con discursos republicanos.
Si la dominación ha sido puesta en peligro y la hegemonía cuestionada, como es el caso de los últimos doce años, al no estar presente la alternativa militar los dueños del país tienen que tomar cartas en el asunto y apelar a sus hombres de confianza absoluta. Como es el caso actual. Cada ministro, secretario, funcionario de mayor o menor rango, debe su lugar y lo ejercita  antes que por su capacidad de manejar lo virtual o disfrazar los obvio, a su incondicionalidad para con la restauración conservadora y con la liquidación de toda traza del Estado de bienestar que kirchnerismo vino a reinstalar aprovechando el vació de hegemonía en que nos sumiera la decadencia del menemismo y la triste experiencia de la Alianza.No son brutos,  bocones ni insensibles: son soldados de una restauración conservadora absoluta.
Entre los muchos debates que abre el traspié de un gobierno popular, nuestro gobierno popular, está el de definir a qué nos enfrentamos, cuáles son los rasgos salientes de ese adversario que ha venido a ocupar nuestro lugar, sus métodos, objetivos, perspectivas, su identidad al fin. Hay compañeros que se sorprenden por la virulencia de estos cincuenta días, otros que aún en su perplejidad ensayan formas de resistencia con los métodos habituales, otros arriesgan que el macrismo no podrá sostener el ritmo actual, otros en fin suponen que el futuro inmediato será más virulento que el actual.
Cada momento dota a las derechas de una impronta, modalidades, sesgos, tics, así como desafecta otros. Lo que no varía es el objetivo central –consolidar el poder del Gran Capital- y el manejo de los tiempos: si la Libertadora ya se planeaba antes del primer triunfo electoral de Perón, este gobierno ya se pensaba en el 2001 y antes aunque con variantes que la política fue descartando. Los dichos de Melconian que durante años se difundieron para solaz de muchos compañeros (“si este modelo se sostiene se va a exportar”) ya lo anticipaban en el 2000. Claro que en aquel tiempo este coestatizador de deuda privada soñaba con un triunvirato dirigido por el FMI mientras ahora vive, desde la presidencia del principal banco oficial, la realidad de un gobierno de derechas electo por la derrota electoral de un gobierno popular.
En un inteligente artículo, "Son otra cosa", Gustavo Varela hace un desarrollo creativo, perspicaz sobre aquellos que enfrentamos. Muchos personajes responden a la impronta que desarrolla, pero  no acuerdo con lo central: no "Son otra cosa” . Este es un gobierno de derecha, de la derecha más recalcitrante que se pueda recordar en un recambio democrático. Viene, vale la pena repetirse, a restaurar el poder absoluto del Gran Capital y a destruir toda la malla de reparación, inclusión y soberanía laboriosamente construida por el kirchnerismo en doce años.
Sus sujetos, los verdaderos artífices de este gobierno, no son los que nos entibian las orejas mientras nos desocupan, nos basurean y amenazan, en fin nos excluyen. Sus verdaderos sujetos son los que hacen esto último, despedir, entregar patrimonio y soberanía, endeudarnos, conculcar derechos, discriminar, demonizar. Y lo hacen tanto por necesidades del frente interno de la Alianza conservadora (todos quieren más de lo que el gobierno les asigna, todos creen merecer más de lo que les toca) como y principalmente por la tarea que se han asignado: eliminar, esta vez con relativa legalidad institucional, toda esperanza de democracia inclusiva y toda identidad protagónica en las mayorías populares. No pueden hacer otra cosa: o nos derrotan en toda la línea y trasladan la derrota al conjunto del pueblo o volvemos y el reclamo popular será mucho mayor. Más inclusión = menos privilegios. Es la ecuación que vienen a destruir
Cierto que esta coyuntura nos llama a ser creativos y saber leer el discurso y los modos de quienes nos despiertan a la mayoría de los argentinos cada día con una batería de agresiones. Unos con el tono de las telefonistas que te explican por qué está cortada la luz, internet o el teléfono y no se sabe cuándo vuelva. Otros con el tono de “se acabó la fiesta”. Lo primero es no calentarse y no perder de vista que la discusión está en lo que este gobierno está haciéndole al pueblo, a la Nación, a la democracia, antes que en sus modos. En lo segundo está el quid de la cuestión: erraríamos si pensamos que la pasividad de muchos conciudadanos deviene del engaño que les producen los modos macristas: lo que genera cierta disgregación en nuestro pueblo hoy es la percepción de la brutalidad y el fundamentalismo de este gobierno, la sensación de que no va a detener su ofensiva si no es en el marco de una confrontación mayúscula.
Por eso  no se masifican, aún en los sectores más afectados por la ofensiva macrista, las acciones de defensa de los derechos adquiridos.
No es nuevo, lo mismo sintieron los dueños del país en el 2003. Si La Nación le dio a Néstor una año de futuro como presidente, la bajada de los cuadros le vino a indicar al poder real que, excluido el golpe no había herramienta posible para sacarnos del gobierno en lo inmediato y tuvieron que fumarse doce años de compartir poder con un Estado relativamente protector del interés popular. Ahora viene su revancha y en su fundamentalismo no hay otro límite que el que se logre imponerles desde una acumulación popular. Como me señalaba un compañero en estos días es más que una lucha simbólica al que enfrentamos, es lo que hace este gobierno y las consecuencias materiales que produce: cada medida consolida posiciones para el gran capital, pero en mayor medida debilita a los sectores de pueblo y mina su capacidad de disputa. La desocupación es uno de los ejes centrales de este proceso.
Buena parte de nuestro pueblo tiene, aunque a veces cueste percibirlo, la suficiente experiencia política como para saber que los derechos adquiridos en estos doce años fueron adquiridos con el gobierno como cabeza de cada iniciativa y que se necesita de una gran unidad social y de cada resquicio de gobierno que conservamos para retomar el camino de inclusión y soberanía emprendidos en 2003. No es por la confusión que generan los malos repetidores de malos aforismos que el gobierno macrista no encuentra obstáculos serios a su acción restauradora.
Es porque la derrota electoral no termina de procesarse en aquellas herramientas que sirvieron para llegar a donde llegamos, el FPV, el PJ, las mayorías parlamentarias, gobernaciones, gobiernos locales y por supuesto, las organizaciones sociales.
No habrá recomposición popular suficiente sin una señal clara de unidad de estos sectores, nuestra dirigencia, con una clara perspectiva: nada se puede esperar de este gobierno en el sentido de inclusión, soberanía, ampliación de derechos, desarrollo productivo, empleo.
Cada sector social irá tomando nota de esta realidad en diferentes momentos acorde a cómo vaya siendo afectado, pero todas las acciones que se produzcan sólo aportarán a la recuperación de lo que construimos si se la vincula a dos objetivos insoslayables: ganar las legislativas del 2017 para condicionar al gobierno hasta su derrota en 2019.


(1)