En el auto voy este sábado escuchando "Vení cuando quieras". Unas horas antes, con el Negro Gaitán y otros
compañeros de Córdoba fuimos a visitar un pequeño recordatorio a Atilio
López y Juan josé Varas que hiciéramos en Ruta 6, a pocos km de Ruta 8, a instancias de Claudio Pena allá por el 2012.
Vuelvo al programa de la AM 1030. Se escucha la voz de Barragán, uno de los entrevistados y me vienen sentimientos
contradictorios. Por un lado la alegría de escuchar una voz hoy
censurada en los medios. Por otro, el desacuerdo con su evaluación de nuestra situación actual, comparándola con el proceso de destitución de Dilma en
Brasil.
Barragán concluye en que, lo transcribo textual más abajo, haber
perdido las elecciones pone a nuestro movimiento " a salvo de pagar el
costo del ajuste" y a Macri lo deja expuesto a "hacerse cargo" de lo que
hace.
La reflexión tiene lógica pero naufraga al faltarle un factor: el
pueblo. Un pueblo triunfante en las elecciones y por lo tanto
triunfante en la defensa de su gobierno popular hubiera tenido una
capacidad de confrontación y resistencia superior a la de hoy. Un pueblo
derrotado en elecciones y perplejo ante la derrota de algo que durante
años pareció posible, un gobierno propio aún en los marcos del
capitalismo y frente a una ofensiva mundial de la derecha, un pueblo decepcionado, atacado en todos los frentes, demonizado en sus convicciones, encuentra más dificultades para defender sus derechos y conquistas, sobre todo si sus referencias se ven divididas y con poca claridad.
No es
futurología. Futurología sería pensar qué hubiera pasado con Scioli si
ganábamos las elecciones sin considerar que ese triunfo hubiera actuado
como un factor de desmentida de cualquier argumentación neoliberal y un
reactivo a cualquier medida de recorte de derechos como las que se viene
implementando hoy.
En política, como en lo que hace a distribución del
ingreso, las cosas se cierran con el pueblo adentro. Sin ese componente,
sin el pueblo, sus intereses, su estado de ánimo y sus prioridades como
referencia principal, cualquier análisis está destinado al error.
Es el
pueblo, por otra parte, el que paga los costos. En pibes que ya no
pueden seguir la universidad o terminar el secundario, menos conseguir
laburo, en familias destrozadas, en generaciones que vuelven a perder su
futuro, en hambre y desocupación presentes, en fin en pérdida de derechos y presencia en la sociedad.
En
cuanto a quienes hacemos política el costo lo pagamos cuando erramos.
Este pensamiento que me ocupa va en el mismo sentido que el que nos llevó a la
derrota en 2015. No era lo mismo ganar o perder hace 8 meses, no es lo
mismo hoy. No es lo mismo disputar contra la oligarquía habiéndole escamoteado el gobierno que sufrir todo el peso del poder oligárquico desde el gobierno en sus manos. Esa fue y sigue siendo la primera enseñanaza que dejó el peronismo desde 1945 y la que mantuvo nuestra vigencia a 70 años vista de comenzar esa experiencia: todo reclamo, toda lucha popular debe devenir en política de Estado. Por eso hasta el imperialismo nos considera un enemigo a exterminar siempre.
En cuanto a Macri, se viene haciendo cargo desee que asumió:
está haciendo todo lo que SU gente ve como necesario para desarticular
al pueblo y reestablecer su dominación. Textual de Barragán en el minuto 35:30 de "
Vení cuando quieras": "La desgracia de haber perdido las elecciones nos
trae la ventaja de salvarnos de sufrir lo que está sufriendo Dilma, que
es lo que le hubieran hecho a Scioli. La oleada de la derecha venía,
ganando quien gane (...) En ese sentido nosotros quedamos preservados.
(...) podríamos hacber estado pagando el costo que está pagando ahora
Dilma. Macri se va a tener que hacer cargo de toda la destrucción que
está haciendo...(...) con un Scioli rodeado o acosado (...) lo podrian
haber convertido en una Dilma (...) y nuestro movimiento podría haber
estado pagando el costo que está pagando Dilma. Nosotros estamos afuera
del gobierno y el gobierno tiene que hacerse responsable"
ES TIEMPO DE CONSTRUIR LO NUEVO En los mejores días, decíamos "Gracias Flaco y Cristina x hacer lo que dijeron que iban a hacer y parecerse tanto a lo que fuimos y somos". Intentamos un continente en que crecer con solidaridad, inclusión, diversidad, equidad y justicia. Hoy la situación es otra: Un gobierno dirigido realizar su "revolución" conservadora, saquear al pueblo, arrasar derechos y legalizar el nuevo estado de situación. AHORA ES TIEMPO DE IMPEDIRLO Y LO HAREMOS RESISTIENDO UNIDOS
martes, 6 de septiembre de 2016
CON EL PUEBLO ADENTRO
En el auto voy este sábado escuchando "Vení cuando quieras". Unas horas antes, con el Negro Gaitán y otros
compañeros de Córdoba fuimos a visitar un pequeño recordatorio a Atilio
López y Juan josé Varas que hiciéramos en Ruta 6, a pocos km de Ruta 8, a instancias de Claudio Pena allá por el 2012.
Vuelvo al programa de la AM 1030. Se escucha la voz de Barragán, uno de los entrevistados y me vienen sentimientos contradictorios. Por un lado la alegría de escuchar una voz hoy censurada en los medios. Por otro, el desacuerdo con su evaluación de nuestra situación actual, comparándola con el proceso de destitución de Dilma en Brasil.
Barragán concluye en que, lo transcribo textual más abajo, haber perdido las elecciones pone a nuestro movimiento " a salvo de pagar el costo del ajuste" y a Macri lo deja expuesto a "hacerse cargo" de lo que hace.
La reflexión tiene lógica pero naufraga al faltarle un factor: el pueblo. Un pueblo triunfante en las elecciones y por lo tanto triunfante en la defensa de su gobierno popular hubiera tenido una capacidad de confrontación y resistencia superior a la de hoy. Un pueblo derrotado en elecciones y perplejo ante la derrota de algo que durante años pareció posible, un gobierno propio aún en los marcos del capitalismo y frente a una ofensiva mundial de la derecha, un pueblo decepcionado, atacado en todos los frentes, demonizado en sus convicciones, encuentra más dificultades para defender sus derechos y conquistas, sobre todo si sus referencias se ven divididas y con poca claridad.
No es futurología. Futurología sería pensar qué hubiera pasado con Scioli si ganábamos las elecciones sin considerar que ese triunfo hubiera actuado como un factor de desmentida de cualquier argumentación neoliberal y un reactivo a cualquier medida de recorte de derechos como las que se viene implementando hoy.
En política, como en lo que hace a distribución del ingreso, las cosas se cierran con el pueblo adentro. Sin ese componente, sin el pueblo, sus intereses, su estado de ánimo y sus prioridades como referencia principal, cualquier análisis está destinado al error.
Es el pueblo, por otra parte, el que paga los costos. En pibes que ya no pueden seguir la universidad o terminar el secundario, menos conseguir laburo, en familias destrozadas, en generaciones que vuelven a perder su futuro, en hambre y desocupación presentes, en fin en pérdida de derechos y presencia en la sociedad.
En cuanto a quienes hacemos política el costo lo pagamos cuando erramos.
Este pensamiento que me ocupa va en el mismo sentido que el que nos llevó a la derrota en 2015. No era lo mismo ganar o perder hace 8 meses, no es lo mismo hoy. No es lo mismo disputar contra la oligarquía habiéndole escamoteado el gobierno que sufrir todo el peso del poder oligárquico desde el gobierno en sus manos. Esa fue y sigue siendo la primera enseñanaza que dejó el peronismo desde 1945 y la que mantuvo nuestra vigencia a 70 años vista de comenzar esa experiencia: todo reclamo, toda lucha popular debe devenir en política de Estado. Por eso hasta el imperialismo nos considera un enemigo a exterminar siempre.
En cuanto a Macri, se viene haciendo cargo desee que asumió: está haciendo todo lo que SU gente ve como necesario para desarticular al pueblo y reestablecer su dominación. Textual de Barragán en el minuto 35:30 de " Vení cuando quieras": "La desgracia de haber perdido las elecciones nos trae la ventaja de salvarnos de sufrir lo que está sufriendo Dilma, que es lo que le hubieran hecho a Scioli. La oleada de la derecha venía, ganando quien gane (...) En ese sentido nosotros quedamos preservados. (...) podríamos hacber estado pagando el costo que está pagando ahora Dilma. Macri se va a tener que hacer cargo de toda la destrucción que está haciendo...(...) con un Scioli rodeado o acosado (...) lo podrian haber convertido en una Dilma (...) y nuestro movimiento podría haber estado pagando el costo que está pagando Dilma. Nosotros estamos afuera del gobierno y el gobierno tiene que hacerse responsable"
Vuelvo al programa de la AM 1030. Se escucha la voz de Barragán, uno de los entrevistados y me vienen sentimientos contradictorios. Por un lado la alegría de escuchar una voz hoy censurada en los medios. Por otro, el desacuerdo con su evaluación de nuestra situación actual, comparándola con el proceso de destitución de Dilma en Brasil.
Barragán concluye en que, lo transcribo textual más abajo, haber perdido las elecciones pone a nuestro movimiento " a salvo de pagar el costo del ajuste" y a Macri lo deja expuesto a "hacerse cargo" de lo que hace.
La reflexión tiene lógica pero naufraga al faltarle un factor: el pueblo. Un pueblo triunfante en las elecciones y por lo tanto triunfante en la defensa de su gobierno popular hubiera tenido una capacidad de confrontación y resistencia superior a la de hoy. Un pueblo derrotado en elecciones y perplejo ante la derrota de algo que durante años pareció posible, un gobierno propio aún en los marcos del capitalismo y frente a una ofensiva mundial de la derecha, un pueblo decepcionado, atacado en todos los frentes, demonizado en sus convicciones, encuentra más dificultades para defender sus derechos y conquistas, sobre todo si sus referencias se ven divididas y con poca claridad.
No es futurología. Futurología sería pensar qué hubiera pasado con Scioli si ganábamos las elecciones sin considerar que ese triunfo hubiera actuado como un factor de desmentida de cualquier argumentación neoliberal y un reactivo a cualquier medida de recorte de derechos como las que se viene implementando hoy.
En política, como en lo que hace a distribución del ingreso, las cosas se cierran con el pueblo adentro. Sin ese componente, sin el pueblo, sus intereses, su estado de ánimo y sus prioridades como referencia principal, cualquier análisis está destinado al error.
Es el pueblo, por otra parte, el que paga los costos. En pibes que ya no pueden seguir la universidad o terminar el secundario, menos conseguir laburo, en familias destrozadas, en generaciones que vuelven a perder su futuro, en hambre y desocupación presentes, en fin en pérdida de derechos y presencia en la sociedad.
En cuanto a quienes hacemos política el costo lo pagamos cuando erramos.
Este pensamiento que me ocupa va en el mismo sentido que el que nos llevó a la derrota en 2015. No era lo mismo ganar o perder hace 8 meses, no es lo mismo hoy. No es lo mismo disputar contra la oligarquía habiéndole escamoteado el gobierno que sufrir todo el peso del poder oligárquico desde el gobierno en sus manos. Esa fue y sigue siendo la primera enseñanaza que dejó el peronismo desde 1945 y la que mantuvo nuestra vigencia a 70 años vista de comenzar esa experiencia: todo reclamo, toda lucha popular debe devenir en política de Estado. Por eso hasta el imperialismo nos considera un enemigo a exterminar siempre.
En cuanto a Macri, se viene haciendo cargo desee que asumió: está haciendo todo lo que SU gente ve como necesario para desarticular al pueblo y reestablecer su dominación. Textual de Barragán en el minuto 35:30 de " Vení cuando quieras": "La desgracia de haber perdido las elecciones nos trae la ventaja de salvarnos de sufrir lo que está sufriendo Dilma, que es lo que le hubieran hecho a Scioli. La oleada de la derecha venía, ganando quien gane (...) En ese sentido nosotros quedamos preservados. (...) podríamos hacber estado pagando el costo que está pagando ahora Dilma. Macri se va a tener que hacer cargo de toda la destrucción que está haciendo...(...) con un Scioli rodeado o acosado (...) lo podrian haber convertido en una Dilma (...) y nuestro movimiento podría haber estado pagando el costo que está pagando Dilma. Nosotros estamos afuera del gobierno y el gobierno tiene que hacerse responsable"
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lunes, 1 de agosto de 2016
¿VOLVEREMOS? PODER, RESISTENCIA Y LIDERAZGO
Puede que la táctica indique que no es conveniente en este hoy sufriente menear candidaturas
para un mañana esquivo.
Puede que infinidad de compatriotas estén tan acuciados con tarifazos,
apretadas represivas y ninguneos varios que no resulte conveniente irse por
ramas electorales.
Lo que es seguro es que sólo manteniendo luchas justas no volverá el
gobierno popular ni volveremos a encorsetar al bloque corporativo
oligárquico que hoy sin collar muestra su capacidad de destrucción a pleno.
Puede, ponele, que referir los últimos doce años a una manera de conducir
no caiga bien por fuera de nuestra filas K.
Hechas todas estas salvedades, lo cierto es que aquello que agrede,
confunde y desanima hoy a nuestro pueblo
es la derrota de su gobierno, de su gobierno popular, que ahora las palabras de la
dominación y el agravio vinieron a ocupar el lugar de las palabras de la soberanía y la
reivindicación, que los intereses de los dueños del país se imponen a la
inclusión.
Vivimos doce años maravillosos porque gobernábamos, dejamos de
vivirlos porque gobierna el antipueblo. No es un matiz, es un cambio absoluto,
porque así se viven las grandes derrotas.
No es que nuestro pueblo dejará de resistir, el pueblo siempre resiste.
Pero el sesgo de la resistencia no es el de la gobernancia.
Las luchas sirven, cuando se dan en el terreno conveniente, para desgastar
al adversario y consolidar fuerza propia. Uno y otro factor necesitan de
propuesta de gobierno propia. El "luche y vuelve" funcionó porque implicaba la
promesa de retomar aquella gesta popular que vino a destruir la fusiladora. Cuando hay un horizonte los sacrificios se validan, los padecimientos se sobrellevan, las
pérdidas se confrontan con un porvenir de logros.
Lo que tenemos que demostrar hoy no es que somos mayoritariamente honestos
y democráticos. Cumplimos doce años de demostrarlo con el gobierno más
democrático y honesto que haya tenido la Argentina.
Tampoco hay que demostrar que hubo eficacia de gestión e inteligencia. Las caricaturas
que vocean al gobierno actual contrastan demasiado con nuestros logros.
Lo que tenemos que demostrar es que volveremos gobernar, a usar el gobierno
como barrera de contención contra la avidez oligárquica, que tendremos la
unidad y la madurez suficiente como para no perderlo y la pericia como para
sostenerlo en un mundo que marcha en contra.
Demasiada tarea, pero necesaria,
indispensable. Ninguna promesa de bienestar popular es posible sin pensar en un gobierno propio que las haga realidad y las sostenga.
Tenemos a Cristina, la única referente capaz de convocar a esa unidad y de liderarla en la vuelta. Y no
es poco.
En estos días medios varios medios se hicieron eco de voces que, declamando
amor a la presidenta mandato cumplido, decretaban a su vez su “merecido
descanso” para convalidar silencios inexplicables, rupturas que debilitan, estrategias
sin horizonte cierto, autocríticas con poca crítica y menos referencia a lo
propio.
Nada nos alejaría más del “volveremos” que suponer a Cristina fuera del
ruedo y creer que una propuesta de gobierno concitaría expectativa popular sin
su liderazgo.
La política y las matemáticas no suelen encontrarse, pero uno puede extraer de todo esto una suerte de teorema, nada aleja más a nuestro pueblo del "volveremos" que alejar a Cristina de la conducción de un frente unido que concrete esa vuelta.
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derrota electoral,
oligarquía,
resistencia,
tarifazos
¿VOLVEREMOS? PODER, RESISTENCIA Y LIDERAZGO
Puede que la táctica indique que no es conveniente en este hoy sufriente menear candidaturas
para un mañana esquivo.
Puede que infinidad de compatriotas estén tan acuciados con tarifazos,
apretadas represivas y ninguneos varios que no resulte conveniente irse por
ramas electorales.
Lo que es seguro es que sólo manteniendo luchas justas no volverá el
gobierno popular ni volveremos a encorsetar al bloque corporativo
oligárquico que hoy sin collar muestra su capacidad de destrucción a pleno.
Puede, ponele, que referir los últimos doce años a una manera de conducir
no caiga bien por fuera de nuestra filas K.
Hechas todas estas salvedades, lo cierto es que aquello que agrede,
confunde y desanima hoy a nuestro pueblo
es la derrota de su gobierno, de su gobierno popular, que ahora las palabras de la
dominación y el agravio vinieron a ocupar el lugar de las palabras de la soberanía y la
reivindicación, que los intereses de los dueños del país se imponen a la
inclusión.
Vivimos doce años maravillosos porque gobernábamos, dejamos de
vivirlos porque gobierna el antipueblo. No es un matiz, es un cambio absoluto,
porque así se viven las grandes derrotas.
No es que nuestro pueblo dejará de resistir, el pueblo siempre resiste.
Pero el sesgo de la resistencia no es el de la gobernancia.
Las luchas sirven, cuando se dan en el terreno conveniente, para desgastar
al adversario y consolidar fuerza propia. Uno y otro factor necesitan de
propuesta de gobierno propia. El "luche y vuelve" funcionó porque implicaba la
promesa de retomar aquella gesta popular que vino a destruir la fusiladora. Cuando hay un horizonte los sacrificios se validan, los padecimientos se sobrellevan, las
pérdidas se confrontan con un porvenir de logros.
Lo que tenemos que demostrar hoy no es que somos mayoritariamente honestos
y democráticos. Cumplimos doce años de demostrarlo con el gobierno más
democrático y honesto que haya tenido la Argentina.
Tampoco hay que demostrar que hubo eficacia de gestión e inteligencia. Las caricaturas
que vocean al gobierno actual contrastan demasiado con nuestros logros.
Lo que tenemos que demostrar es que volveremos gobernar, a usar el gobierno
como barrera de contención contra la avidez oligárquica, que tendremos la
unidad y la madurez suficiente como para no perderlo y la pericia como para
sostenerlo en un mundo que marcha en contra.
Demasiada tarea, pero necesaria,
indispensable. Ninguna promesa de bienestar popular es posible sin pensar en un gobierno propio que las haga realidad y las sostenga.
Tenemos a Cristina, la única referente capaz de convocar a esa unidad y de liderarla en la vuelta. Y no
es poco.
En estos días medios varios medios se hicieron eco de voces que, declamando
amor a la presidenta mandato cumplido, decretaban a su vez su “merecido
descanso” para convalidar silencios inexplicables, rupturas que debilitan, estrategias
sin horizonte cierto, autocríticas con poca crítica y menos referencia a lo
propio.
Nada nos alejaría más del “volveremos” que suponer a Cristina fuera del
ruedo y creer que una propuesta de gobierno concitaría expectativa popular sin
su liderazgo.
La política y las matemáticas no suelen encontrarse, pero uno puede extraer de todo esto una suerte de teorema, nada aleja más a nuestro pueblo del "volveremos" que alejar a Cristina de la conducción de un frente unido que concrete esa vuelta.
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tarifazos
viernes, 24 de junio de 2016
24 de junio, una fecha con tanta identidad popular
Hace 26 años estábamos en la casa del Carancho, en Cipoletti, discusiones sobre el comienzo del menemato. Todo se iba al diablo y no se encontraba forma de pararlo. Adentro mate, polémica, estufa, afuera un frío que congelaba las ropas en la soga del fondo.
Alguien enciende la tele y todo pasa a segundo plano. Minuto a minuto sufrimiento con el baile que nos pega Brasil. Cada vez más sufrimiento hasta el momento en que Diego inicia ese movimiento casi patinaje, casi surfeo, todo gambeta, que termina en el gol seguro, preciso, gol definitivo, del Pájaro Caniggia.
Hace 38 años nacía Román, el último diez, el máximo estratega que vi jugar en una cancha de fútbol, un cultor del único coraje que cuenta en el futbol, el del que la pide siempre y se agranda en las difíciles.
Hace 29 nacía Messi, el mejor de todos desde hace casi una década.
Hace 81 años Gardel se iba en su última gira. una noche antes cantaba su último tango en público: "tomo y obligo" por una radio de Medelín. Gardel era conservador, dicen, pero su funeral generó una de las movidas más masivas y populares que hubiera conocido Buenos Aires, la Argentina toda.
Hace 16 se nos iba Rodrigo, en un accidente volviendo de un recital.en La Plata. Allí, su última canción había sido "soy cordobés" y su última frase: "nos vemos en el infinito".
¿Qué más?
domingo, 29 de mayo de 2016
MACRISMO: EL DESASTRE COMO POLITICA
"Estos tipos no saben lo que hacen",
"creen que gobernar un país es igual que dirigir una empresa",
"los CEOS no saben gobernar". Varios autores
“Para que nuestro
oponente se someta a nuestra voluntad debemos colocarlo en una tesitura más desventajosa
que la que supone el sacrificio que le exigimos. Las desventajas de tal posición
no tendrán que ser naturalmente transitorias, o al menos no tendrán que parecerlo,
pues de lo contrario el oponente tendería a esperar momentos más favorables y se
mostraría remiso a rendirse”. Von Clausewitz, “De la guerra”
A la vista
de la destrucción derechos populares, soberanía y capacidad productiva que el
macrismo viene realizando, muchos compañeros tienden a creer que buena parte de
las medidas de ajuste y sus consecuencias son efectos no previstos, leche derramada
de quien no sabe calentar una mamadera.
El diagnóstico sobre el desastre es correcto: destrucción
de las trazas de Estado de bienestar que construyera el kirchnerismo en doce
años, cambio de soberanía y emblocamiento americano por alineamiento con EEUU/
buitres/OTAN, timba financiera y exportación primaria en lugar de desarrollo
industrial y mercado interno.
Lo que falla es la explicación. El gobierno, sus
funcionarios, saben lo que quieren hacer y lo están haciendo del modo más
eficaz posible.
Nos demuelen un edificio y, según el nivel de la protesta que se produzca, nos alcanzan
un par de bolsas de residuos para que nos tapemos de la lluvia en basural. Ejemplo: Cresta Roja, 3500 obreros en la calle. Protestan, balas de goma,
gases y manguereada. Luego, 1500 entran como precarizados, sin antigüedad ni
estabilidad, el resto sigue desocupado y mira tras un alambre cómo Macri
anuncia el veto a la ley de emergencia laboral. Otro ejemplo: blanqueo de
capitales fugados para, dicen, pagar el 82% a los jubilados. ¿A todos? No. A
los que les falten aportes su remuneración sería el 82% del salario mínimo porque,
dice el ministro respectivo, “no sería justo que quien tributó cobre igual que
quien no lo hizo”. En su óptica, que trata de masificar como sentido común, sería
justo tratar a fugadores de divisas, lavadores y evasores de impuestos (400 mil millones, dicen muchos
economistas) igual que a quienes tributaron regularmente, pero les parece injusto pagarle toda su jubilación a quienes fueron estafados por empresarios
inescrupulosos y/o no tuvieron el suficiente poder como para que les hicieran
los aportes. La última: tarifazos de
hasta el mil por ciento y tras los reclamos de provincias, oferta de bajar el
tarifazo al ¡500 %! Y con perspectiva de completar el resto antes de fin de
año.
Ejemplos estatales: la idea de vender las acciones
privadas en poder de la ANSES “si no alcanzaran los fondos que vienen del
blanqueo”. O nombrar a cargo de cada ministerio a quienes esos ministerios
debieran controlar o denunciar ante la justicia por evasión, lavado, etc. Otro: despedir
a quienes controlan procedimientos empresariales y emplear a adeptos para que le
hagan marketing a los que debieran ser controlados.
No se pueden evaluar estas acciones con la lógica de un
capitalismo productivista, desarrollista, mesiánico en sus expectativas de
alcance de bienestar. Ese capitalismo, el del Estado de bienestar, fruto tanto
de profundas luchas y sacrificio popular en todo el mundo a la vez que del
enriquecimiento y desarrollo desmesurado de tecnología e industria mediante dos
guerras mundiales y miles de guerras intermedias y posteriores, ese capitalismo
que se creía en desarrollo permanente comenzó a morir en los ´70 y sólo
reaparece en modos inesperados y de la mano de los sectores postergados cuando estallan
las crisis de hegemonía que el modelo neoliberal mismo genera.
Lejos del concepto de hegemonía gramsciano, el de un
sector de clase que emerge con capacidad de expresar los intereses de la mayor
parte de los sectores sociales y convierte su proyecto de dominación en el
único posible, lo que caracteriza a este nuevo ya viejo capitalismo es su
recaída en crisis permanentes pues no trata de unir a todos tras una gran utopía
sino de demostrar que eso es imposible y que su proyecto es sencillamente el menos peor, el
único viable.
El desprestigio de lo político, del Estado, de lo
colectivo, de los valores que mejor expresan a la humanidad, lejos de
debilitarlo lo consolida. Si todo es malo, mejor que gobiernen los poderosos,
si repartir es delirante, mejor que recuperen la plata los poderosos que, de
última, son los dueños de todo. Cambiar futuro por pasado, como bien lo sintetizara
el inconciente de la actual gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.
Las crisis, lejos de hacerle perder terreno al modelo
posindustrial, le sirven para eliminar competidores en el reparto de la
riqueza. No sólo a trabajadores y productores, sino también a empresas y empresarios,
gobiernos y países que se apropien de lo que los grandes grupos consideran
propio. Las crisis, como siempre lo han sido, pero hoy más que nunca, son vía
de concentración de riqueza y de poder. Los muertos, los desocupados, las áreas que
desguazan, las recesiones, el endeudamiento, son efectos deseados en la
búsqueda de mayor concentración. Como bien dijera Clausewiz, “si tienes que atacar a tu enemigo, hazlo del modo que le causes el
mayor daño posible y que mayor sea su dificultad para devolver el golpe”.
Es lo mismo que CEOs como los del gobierno hacen en el ámbito privado cuando
hay que discontinuar empresas o ramas enteras de la producción en beneficio de “modernizar”
la economía, esto es: derivar capitales al ámbito especulativo, producir cada
vez con menos empleados, eliminar derechos laborales, achicar incluso el número
de empresas que realmente manejan la economía mundial y las locales.
Ni las declaraciones ni las acciones de este gobierno son impensadas:
los brulotes del tipo “remeras en la casa
mientras nieva afuera”, “no daba para comer afuera dos días por semana”, no
son estupidez ni precariedad política, son señales de triunfo hacia un pueblo y un
proyecto que creen derrotados. Mensajes que anuncian que este gobierno puede
ser peor aún de lo que es hoy. Para que ese mensaje cuaje, las medidas tienen
que definir un panorama peor que aquel que corporaciones y oligarquía quieren
imponernos. Clausewitz putro, política de guerra: a un enemigo ni se le dice con
tibieza que se lo va a vencer ni se lo ataca con almohadones, se lo debilita
con acciones agresivas y contundentes, se lo intimida con brutalidad en el
discurso.Ese es el signo de este gobierno, hacer mediante medidas
burocráticas respaldadas por agencias y bancos internacionales, el empresariado
corporativo y partidos definitivamente conquistados por la nueva ola neoliberal
lo que hace 40 años nos hicieran estos
mismos actores manejando vía genocidio.
Así que no, no es ni impericia ni falta de política sino
todo lo contrario. Es el poder y su discurso en su estado más puro.
Nada hay que esperar de este gobierno más que la
repetición de esta conducta en la expectativa de concretar la derrota popular, ese es su objetivo destruir hasta sus cimientos la cultura de participación, reclamo e incidencia
estatal de nuestro pueblo. Aquella que se iniciara en hace más de doscientos
años y renaciera una y otra vez en formas diferentes para proyectarse a los últimos
doce años. La reunificación social, la estabilización económica y el restablecimiento
del desarrollo sólo pueden venir de la mano de la confrontación con estas
políticas destructivas. Sólo de nuestro lado está esa posibilidad de
reestablecer el tejido social y productivo. En nuestra debilidad relativa, esa
posibilidad es la que debiera alentarnos a recuperar la iniciativa.
Una última consideración: el desierto en la Plaza de Mayo
este último 25 fue señalado por muchos de nosotros como una carencia del gobierno.
Respecto un 25 como el del 2015, este 25 resultó deslucido, falto de pueblo y
de apoyo popular al gobierno.
Es cierto. Pero esa consideración no puede ignorar un
elemento central: el año pasado éramos gobierno, este año no. Del único modo en
que este 25 de mayo hubiera sido un desaire para el gobierno es si hubiéramos
sabido generar nuestro propio 25 de mayo, el de la multitud de compatriotas que
siguen revindicando la gesta de la independencia y la soberanía. El 9 de julio
está por delante y es probable que el gobierno no juegue la misma carta: en su
política de restauración cultural buscará hacer un bicentenario de estampita
y uniformes con la ayuda de algún gobernador transformista.
Construir un bicentenario del pueblo debiera ser el objetivo de todos los sectores enfrentados a la restauración oligárquica.
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viernes, 29 de abril de 2016
1 de mayo anticipado: cómo estamos hoy
Las últimas dos semanas han llevado al centro de la institucionalidad política los rechazos temores y de buena parte de nuestra sociedad ante los efectos regresivos del proyecto macrista.
La decisión de la mayoritaria de la oposición en diputados para impulsar un ley de suspensión de los despidos, el despacho de un proyecto más lavado, pero con voto opositor casi unánime en el senado. La primera movilización que reunirá a todo el sindicalismo en décadas, justo en un acto de primero de mayo y con señales claras de confrontación si el gobierno no retrocede en su ofensiva contra conquistas históricas y de los últimos doce años. Las incipientes divisiones que surgen en sectores políticos que en los primeros meses actuaban casi como voceros y defensores del nuevo gobierno.
¿Fueron los Panamá papers? Hasta la prensa menos adicta al gobierno va reduciendo espacios para este tema que supo cobrarse ministros en otros países y acá aún no supera el chismorreo. Sea porque la disputa de espacios entre Clarín y las bondades de Macri con Turner se se está resolviendo en un reparto más o menos salomónico, sea por instinto de preservación entre culpables, el caso es que al reducirse el fuego amigo y multiplicarse los involucrados, la noticia languidece a la espera de reacciones sociales que por ahora no se producen.
¿Fue por la cadena de complicidades narco-ocupas de lujo- gubernamentales que llevaron a la muerte de los pibes en la rave de Costa Salguero? Con el correr de los días el tema se va diluyendo en culpables que se victimizan, búsqueda de culpables abstractos que reemplacen a los conocidos y concretos que aloja el gobierno porteño. Hasta Rodríguez Larreta se permite desaparecer por semanas y de ese modo alejarse de un posible síndrome de Cromañón más cercano a sus temores que a la posibilidad real.
¿Serán los despidos, la inflación, los tarifazos, la rendición ante los buitres, la instalación del Departamento de Estado en la Cancillería, el FMI en el Banco Central, el fundamentalismo de recambio en el Nación?
Todo suma, pero a pesar de frustraciones, postergaciones, promesas incumplidas, maltratos y pérdidas, pocos reaccionan hoy de manera impensada, sin medir sus posibilidades de disputa, sus posibilidades de sumar adhesiones, de concretar salidas a una situación que hace apenas unos días parecía incontrolable. Ni los más perjudicados, ni los que temen ser nuevas víctimas saqueo, ni los confundidos por la revolución de la alegría, mucho menos los conformistas o los oportunistas. La nuestra es una sociedad politizada, nuestro pueblo ha experimentado las suficientes derrotas y también los excepcionales tiempos de victoria como para intuir que lo perdido se recupera con mucho sacrificio y unidad, que lo ganado puede perderse en cualquier momento, que nada resulta más costoso que confrontar desde la dispersión.
Entonces: ¿Qué cambió en esta coyuntura para activar divisiones en el bloque político de Cambiemos, mover a la protesta a sectores que participaron de su campaña electoral, vivaron su triunfo y justificaron sus primeras medidas? ¿Qué cambió para que la pasividad o confusión entre funcionarios y referentes kirchneristas vayan dando paso actitudes proactivas, que el resentimiento vaya siendo sustituido por la búsqueda de consensos y propuestas que recalen nuevamente en nuestro pueblo?¿Qué nos trajo a este momento, a estar a horas de una concentración seguramente multitudinaria y con posibilidades de superar las expectativas más optimistas, tanto en número como en reclamos?
Dos eventos.
Uno: la multitud, las multitudes, que el 24 de mayo dieron cuenta en Plaza de mayo y en muchas plazas provinciales que memoria, verdad y justicia están en la conciencia y el sentimiento de nuestra sociedad a pesar del triunfo neoliberal de octubre.
Otro: el raid que inició el 13 de abril Cristina en Comodoro Py que, aún con claroscuros, tuvo un efecto social e institucional tan revelador como dinamizador.
Desde un Bonadío que casi jugó de visitante en el escenario que tanto preparó para un nuevo abuso "judicial" hasta el acto masivo y las movidas de militantes pero tambien de empleados, en repudio al juez dentro de los mismos tribunales. Desde el "deciamos ayer" que instaló Cristina al comenzar su discurso hasta la virtual cadena nacional que la puso a la vista y oídos de toda poblacion, todo concurrió a desnudar la vulnerabilidad politica de un gobierno que cuenta con un fabuloso poder económico, mediático e imperialista pero no tiene comprado el mismo respaldo social ni está asegurado contra las disputas de intereses de los propios, que pujan por hacer su exclusivo y excluyente negocio corporativo.
Y junto a este efecto revelador de la verdadera envergadura de quienes gobiernan, otro efecto revelador y dinamizador: Cristina es la única referente que puede provocar esa situación. Es la única no sólo por su trayectoria política y su capacidad discursiva sino por algo más elemental y trascendente: Cristina, en el llano y ante un gobierno antagónico es la única líder política de la Argentina. Sólo ella puede juntar en su presencia y actitud lo que se jugara el 24 de marzo y la necesidad de retorno a un gobierno popular. Los tibios aumentaron la temperatura de sus diferencias con el gobierno, los pasivos se movillizaron, todos cobraron noción que, con Cristina en movimiento, quien no actura quedaría opacado.
Los porqués de este liderazgo incontrastable pueden ser pasto de debate y opiniones diversas. Lo que no se puede ignorar al respecto es que no hay ni entre nuestras filas ni en ningún sector de la dirigencia política alguien con su protagonismo en las conquistas logradas hasta 2015, alguien que resuma en sí mismo los logros y adversidades de los '70, la resistencia al neoliberalismo, el renacer del peronismo, la construcción del gobierno popular.
De esta épica, de la construcción colectiva, el reconocimiento social, la recreación de una identidad, del rescate de un cultura, de esto se nutren los liderazgos cuando una parte importante de la sociedad los convalida.
En los últimos tiempos ha sucedido también un afecto dispersivo entre algunos referentes. Intentos autocríticos que al buscar explicación para la derrota electoral, trazan escenarios imaginarios, sin referencias colectivas, donde la creación política quedaría librada a lo individual o a colectivos parciales sin importar cuál es su vinculo real con el pueblo, cuál es el reconocimiento que nuestra gente les dispensa. Algunos compañeros suponen que las urgencias del pueblo tienen que ver sólo con sus padecimientos, olvidando que venimos de doce años de gobierno popular y que en la conciencia de cada habitante de este país está presente esa referencia, ya sea que esté a favor o en contra. La militancia, los referentes, las estructuras están para más que para sufirir los padecimientos de nuestra gente, se espera que sean vehículo para volver a gobernar a la vez que para impedir que el gobierno actual siga accionando contra los intereses populares. Suponer que vamos a recuperar las conquistas avasalladas sin gobernar, sin recuperar la estructura del Estado es mera ciencia ficción condenada a no tener el acompañamiento de las mayorías.
Nada más cercano a los errores que nos llevaron a la derrota que desperdiciar el capital político que nos permitiera ganar el gobierno y transformar el país durante doce años.
Suponer que será posible volver sin Cristina sería tan descaminado como rehuir a las responsabilidades que cada sector y cada militante tiene en la construcción de ese camino. Son papeles diversos, pero así como el 24 de marzo puntualizó con quienes contamos para retomar la senda, el 13 de abril mostró en quién puede referenciarse ese proceso. Una militancia, estructuras y referentes que buscan encontrarse tras la derrota, una conducción que debe asimilarse al llano para recuperar lo mejor de cada sector y potenciarlo a la victoria. En el encuentro de ambos factores está la posibilidad de lograrla.
Hoy, 29 de abril camino el primero de mayo, podemos sumar un nuevo paso: avanzar hacia la recuperación del movimiento obrero .
El desafío será que nadie se sienta más importante que el conjunto.
La decisión de la mayoritaria de la oposición en diputados para impulsar un ley de suspensión de los despidos, el despacho de un proyecto más lavado, pero con voto opositor casi unánime en el senado. La primera movilización que reunirá a todo el sindicalismo en décadas, justo en un acto de primero de mayo y con señales claras de confrontación si el gobierno no retrocede en su ofensiva contra conquistas históricas y de los últimos doce años. Las incipientes divisiones que surgen en sectores políticos que en los primeros meses actuaban casi como voceros y defensores del nuevo gobierno.
¿Fueron los Panamá papers? Hasta la prensa menos adicta al gobierno va reduciendo espacios para este tema que supo cobrarse ministros en otros países y acá aún no supera el chismorreo. Sea porque la disputa de espacios entre Clarín y las bondades de Macri con Turner se se está resolviendo en un reparto más o menos salomónico, sea por instinto de preservación entre culpables, el caso es que al reducirse el fuego amigo y multiplicarse los involucrados, la noticia languidece a la espera de reacciones sociales que por ahora no se producen.
¿Fue por la cadena de complicidades narco-ocupas de lujo- gubernamentales que llevaron a la muerte de los pibes en la rave de Costa Salguero? Con el correr de los días el tema se va diluyendo en culpables que se victimizan, búsqueda de culpables abstractos que reemplacen a los conocidos y concretos que aloja el gobierno porteño. Hasta Rodríguez Larreta se permite desaparecer por semanas y de ese modo alejarse de un posible síndrome de Cromañón más cercano a sus temores que a la posibilidad real.
¿Serán los despidos, la inflación, los tarifazos, la rendición ante los buitres, la instalación del Departamento de Estado en la Cancillería, el FMI en el Banco Central, el fundamentalismo de recambio en el Nación?
Todo suma, pero a pesar de frustraciones, postergaciones, promesas incumplidas, maltratos y pérdidas, pocos reaccionan hoy de manera impensada, sin medir sus posibilidades de disputa, sus posibilidades de sumar adhesiones, de concretar salidas a una situación que hace apenas unos días parecía incontrolable. Ni los más perjudicados, ni los que temen ser nuevas víctimas saqueo, ni los confundidos por la revolución de la alegría, mucho menos los conformistas o los oportunistas. La nuestra es una sociedad politizada, nuestro pueblo ha experimentado las suficientes derrotas y también los excepcionales tiempos de victoria como para intuir que lo perdido se recupera con mucho sacrificio y unidad, que lo ganado puede perderse en cualquier momento, que nada resulta más costoso que confrontar desde la dispersión.
Entonces: ¿Qué cambió en esta coyuntura para activar divisiones en el bloque político de Cambiemos, mover a la protesta a sectores que participaron de su campaña electoral, vivaron su triunfo y justificaron sus primeras medidas? ¿Qué cambió para que la pasividad o confusión entre funcionarios y referentes kirchneristas vayan dando paso actitudes proactivas, que el resentimiento vaya siendo sustituido por la búsqueda de consensos y propuestas que recalen nuevamente en nuestro pueblo?¿Qué nos trajo a este momento, a estar a horas de una concentración seguramente multitudinaria y con posibilidades de superar las expectativas más optimistas, tanto en número como en reclamos?
Dos eventos.
Uno: la multitud, las multitudes, que el 24 de mayo dieron cuenta en Plaza de mayo y en muchas plazas provinciales que memoria, verdad y justicia están en la conciencia y el sentimiento de nuestra sociedad a pesar del triunfo neoliberal de octubre.
Otro: el raid que inició el 13 de abril Cristina en Comodoro Py que, aún con claroscuros, tuvo un efecto social e institucional tan revelador como dinamizador.
Desde un Bonadío que casi jugó de visitante en el escenario que tanto preparó para un nuevo abuso "judicial" hasta el acto masivo y las movidas de militantes pero tambien de empleados, en repudio al juez dentro de los mismos tribunales. Desde el "deciamos ayer" que instaló Cristina al comenzar su discurso hasta la virtual cadena nacional que la puso a la vista y oídos de toda poblacion, todo concurrió a desnudar la vulnerabilidad politica de un gobierno que cuenta con un fabuloso poder económico, mediático e imperialista pero no tiene comprado el mismo respaldo social ni está asegurado contra las disputas de intereses de los propios, que pujan por hacer su exclusivo y excluyente negocio corporativo.
Y junto a este efecto revelador de la verdadera envergadura de quienes gobiernan, otro efecto revelador y dinamizador: Cristina es la única referente que puede provocar esa situación. Es la única no sólo por su trayectoria política y su capacidad discursiva sino por algo más elemental y trascendente: Cristina, en el llano y ante un gobierno antagónico es la única líder política de la Argentina. Sólo ella puede juntar en su presencia y actitud lo que se jugara el 24 de marzo y la necesidad de retorno a un gobierno popular. Los tibios aumentaron la temperatura de sus diferencias con el gobierno, los pasivos se movillizaron, todos cobraron noción que, con Cristina en movimiento, quien no actura quedaría opacado.
Los porqués de este liderazgo incontrastable pueden ser pasto de debate y opiniones diversas. Lo que no se puede ignorar al respecto es que no hay ni entre nuestras filas ni en ningún sector de la dirigencia política alguien con su protagonismo en las conquistas logradas hasta 2015, alguien que resuma en sí mismo los logros y adversidades de los '70, la resistencia al neoliberalismo, el renacer del peronismo, la construcción del gobierno popular.
De esta épica, de la construcción colectiva, el reconocimiento social, la recreación de una identidad, del rescate de un cultura, de esto se nutren los liderazgos cuando una parte importante de la sociedad los convalida.
En los últimos tiempos ha sucedido también un afecto dispersivo entre algunos referentes. Intentos autocríticos que al buscar explicación para la derrota electoral, trazan escenarios imaginarios, sin referencias colectivas, donde la creación política quedaría librada a lo individual o a colectivos parciales sin importar cuál es su vinculo real con el pueblo, cuál es el reconocimiento que nuestra gente les dispensa. Algunos compañeros suponen que las urgencias del pueblo tienen que ver sólo con sus padecimientos, olvidando que venimos de doce años de gobierno popular y que en la conciencia de cada habitante de este país está presente esa referencia, ya sea que esté a favor o en contra. La militancia, los referentes, las estructuras están para más que para sufirir los padecimientos de nuestra gente, se espera que sean vehículo para volver a gobernar a la vez que para impedir que el gobierno actual siga accionando contra los intereses populares. Suponer que vamos a recuperar las conquistas avasalladas sin gobernar, sin recuperar la estructura del Estado es mera ciencia ficción condenada a no tener el acompañamiento de las mayorías.
Nada más cercano a los errores que nos llevaron a la derrota que desperdiciar el capital político que nos permitiera ganar el gobierno y transformar el país durante doce años.
Suponer que será posible volver sin Cristina sería tan descaminado como rehuir a las responsabilidades que cada sector y cada militante tiene en la construcción de ese camino. Son papeles diversos, pero así como el 24 de marzo puntualizó con quienes contamos para retomar la senda, el 13 de abril mostró en quién puede referenciarse ese proceso. Una militancia, estructuras y referentes que buscan encontrarse tras la derrota, una conducción que debe asimilarse al llano para recuperar lo mejor de cada sector y potenciarlo a la victoria. En el encuentro de ambos factores está la posibilidad de lograrla.
Hoy, 29 de abril camino el primero de mayo, podemos sumar un nuevo paso: avanzar hacia la recuperación del movimiento obrero .
El desafío será que nadie se sienta más importante que el conjunto.
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