domingo, 28 de abril de 2013

El Borda y el Estévez, dos represiones de manicomio, 1971 y 2013

La foto muestra a  la guardia de infantería cargando en un espacio cerrado. Hombres anchos y uniformados, casco, borcegos, bastón y escudo al aire. En otro extremo, el pelo al rape del que huye delata su condición de prisionero, en este caso prisionero de un hospital psiquiátrico, así como la posición de su cuerpo, el torso muy inclinado hacia adelante, un pie que avanza en el aire mientras el otro muestra casi toda su planta (está descalzo, no sé si por hábito o por haber perdido los botines en la huida) toda su postura indica que escapa como puede de una golpiza generalizada que otras fotos mostrarían en toda su dimensión. Así terminó la última asamblea de internos y profesionales de la comunidad terapéutica del Hospital Estévez de Lanús, a comienzos de 1971.  
“Saquen a los comunistas del Estévez” fue la orden de Levingston, el general que vino desde los EEUU a reemplazar a su inefable antecesor, Onganía. Y el trámite se realizó como se realizaba en esa dictadura: blindado, patota, gaseada, palos y clausura.  Clausura del dispositivo, ya que la locura de aquella dictadura no llegaba al punto de cerrar un manicomio. Para su conservadurismo, los locos eran casi tan peligrosos como aquellos a quienes llamaba subversivos y pretendía tener encerrados a unos y a otros.
Aquella dictadura tuvo un destino rico en paradojas. Vino a terminar para siempre con el peronismo y la rebeldía popular y tuvo que dejar el poder de apuro en manos de un gobierno que ganó prometiendo la vuelta de Perón. Expulsó con la noche de los bastones largos  toda una generación de docentes progresistas. Acto seguido, Onganía promovió docentes que lo aliviaban con su filiación cristiana. El resultado: entre los docentes tercermundistas y los que sobrevivieron a la purga supieron acompañar y a veces promover un proceso de democratización y cambio en las universidades y la irrupción del estudiantado setentista. Quiso eliminar la autonomía universitaria, favoreció el mayor acercamiento de la historia entre estudiantes y trabajadores, el que coronó el Cordobazo. Designó Director de Salud Mental al Dr. Estéves, un coronel médico que participaría años después en el genocidio. Pero en esta, su primera gestión en dictadura, profesionales como Grimson y Caminos lograron sustraer espacios manicomiales a la lobotomía y el chaleco químico. En Federación, en el Estévez florecieron las experiencias de comunidad terapéutica, los internos pasaron a ser reconocidos como seres humanos, se horizontalizaron de modo fugaz pero profundo las relaciones entre profesional y persona en asistencia. No eran una política de Estado sino, como pasaba en muchos ámbitos, experiencias innovadoras forzadas por un proceso popular que cobraría todo su vigor en 1973. En las instituciones de salud mental, en cambio, la represión en el Estévez cerró este ciclo de renovación, el manicomio volvió por sus fueros (un mes después del cierre se volvieron a usar los chalecos de fuerza y el chorro de agua fría "para calmar pacientes") hasta cobrar la forma de depósito de famélicos que supimos ver durante el menemismo. Pero la mirada sobre las personas con problemas de slaud mental ya no es la misma, las actitudes institucionales, y profesionales tampoco. Prosperaron otras experiencias más o menos institucionales, como la Carlos Cardel en su momento, la Colifata hoy, el PREA, hay nuevas leyes,la inclusión empuja por hacerse efectiva. Todo, también a propósito de la salud mental, cambió a partir de los ´70.
La foto del Estévez es del 71, pero la debo. 
En  nuestros días, internet es calificada como la nueva panacea que nos iguala: todos accedemos, todos podemos. Pero aún después de navegar horas no encontré aquella foto que tuve que rescatar de mi memoria y no sé si la vi en Crónica, “Confirmado” o “Así”. Es la web: todos accedemos pero no todos tenemos el tiempo ni el material para que esté allí todo lo que la memoria social necesita. Otros sí tienen el tiempo y el recurso para borrar todo vestigio que incomode.  
Estamos en 2013. La foto, otra, muestra otra vez hombros anchos,  cascos, uniformes, borcegos y escudos. Esta vez es entre árboles, el cielo a la vista y los escudos rezan “policía” algunos, “policía metropolitana” otros. Mujeres y hombres caídos en diferentes posiciones, camarógrafos que filman mientras algún bastón les pasa cerca de sus cuerpos, gente que sangra, personas con sus manos extendidas hacia los escudos en gesto de detener una violencia que las supera, escopetas que apuntan a los cuerpos de personas desarmadas. Más tarde se sabrá que algunos recibieron hasta veintiún impactos de balas de goma.
Busco entre los rostros a amigos, compañeros, Willy, psiquiatra del Borda, ex preso de la última dictadura,  ahora detenido por la Metropolitana, el “Nono” Frondizi que viene defendiendo los Talleres hasta lo indecible, Carlos que me cuenta por teléfono que están gaseando y dice sin dudar “en una hora conferencia de prensa”.
Un camarógrafo de Clarín, “Pepe Mateos”, aquel que destapara con sus fotos el asesinato de Kostecky y Santillán a manos de la policía, resultó golpeado y detenido. Clarín, sin embargo, habla de “enfrentamientos”.
En los terrenos del Hospital Borda, más precisamente en sus jardines, trabajadores, internos, diputados de la Ciudad  y periodistas fueron agredidos por la Policía metropolitana que entró sin autorización judicial y contra toda norma vigente con el único fin de garantizar la demolición del edificio del taller.
Más de treinta años han pasado entre aquella represión en dictadura contra  trabajadores e internos del Estévez, en Lomas de Zamora y  esta represión en el hospital Borda. Como en aquellos tiempos resalta la cordura y firmeza de internos y profesionales frente a la virulencia y el cinismo de quienes los reprimieron y quienes ordenaron golpear y gasear. Pero acá terminan las similitudes.
En el Borda no se reprimió como reacción contra lo diferente, por rechazo a la locura, ni  por la moralina que veía como pecaminosa la acción liberadora que promovían las comunidades terapéuticas. Tampoco fue el temor a que la subversión comience por los manicomios, como algún funcionario militar supo decir en los ´70.  Si para los milicos de la época de Onganía, la democracia y la participación en el manicomio eran comunismo, para Macri es comunismo que se use el predio del Borda, el espacio de los Talleres, para la salud de la gente y no para un Centro Cívico que justifique negocios para amigos y allegados.  
La demolición de los talleres protegidos, un espacio que promovía la inclusión de personas con patologías mentales mediante la cooperación productiva, no obedeció que las autoridades de la ciudad antepongan problemas religiosos o filosóficos con respecto a la labor terapéutica de los talleres. Por el contrario y en ánimo de especular hasta podríamos suponer que no se opondrían a que este tipo de talleres funcione en otra parte, fuera de la ciudad,  donde el uso de ese espacio no se contraponga con la especulación financiera, el negocio de las urbanizaciones exclusivas, el desguace de la cobertura pública de salud y la arbitrariedad gubernamental de que hace gala del gobierno de la Ciudad.
Hace 30 años las comunidades terapéuticas, como el movimiento estudiantil, la democracia sindical, la psicodelia o  el rock nacional, estaban en la vereda opuesta de las prácticas y convicciones que sostenía la dictadura. En ese antagonismo la dictadura fundaba su represión y autoritarismo.
Hoy, cuando en el orden nacional se marcha a la inclusión y la ampliación de derechos, el gobierno de la Ciudad manda a demoler los Talleres, aun violando la decisión judicial en contrario,  para construir un centro cívico del que se beneficiarán, vale la pena repetirlo, la especulación financiera, las constructoras amigas y los interesados en el desarrollo de una ciudad cada vez más excluyente, que expulse hacia la periferia a los pobres, indigentes y todo aquel que desentone con su “estilo de vida”.
En nuestro estupor, a muchos nos surge pensar en lo irracional de una represión contra internos de un neuropsiquiátrico, de la falta de límites en la agresión contra gente indefensa. No se trata de irracionalidad sino de otros intereses. La inclusión social va de la mano de la democratización de las FFAA y fuerzas de seguridad, de su subordinación a la constitución, su resguardo de los derechos humanos. Pero cuando lo que se quiere es un modelo de exclusión, lo “racional” es construir una policía brava, fuerzas dispuestas a reprimir a cualquier costo.
Por eso el gobierno de la ciudad  supo designar al “Fino” Palacios al frente de la naciente Metropolitana a pesar de todas las denuncias en su contra. Se cuentan 42 entre 52 agentes "recuperados" de la Federal que se desempeñaron durante la dictadura. Nada más racional que emplear esos personajes si lo que se quiere es conformar una policía que vaya en contra de la ciudadanía y de todos sus reclamos. Para esto los entrenaron.
Los trabajadores del Borda han deliberado y tomaron una decisión: reconstruirán los talleres protegidos. Allí habrá que ir. A construir los que saben, a apoyar, cebar mate, acompañar, los que no. Hablar de la agresión policial con quienes la sufrieron aporta a reparar sus efectos traumáticos, pero si se vuelven a levantar los talleres los internos tendrán un mensaje aún más reparador: la reconstrucción solidaria les dirá que del otro lado de las paredes del predio, en esa sociedad que a veces ven que los rechaza y otras los agrede, también hay personas, muchas que se preocupan de su suerte y los acompañan. 
La lucha de los trabajadores e internos del Borda es algo más que una acción por la salud mental de los pacientes, es por la salud de la sociedad toda, es parte del proceso de inclusión que vive la Argentina, no sólo de inclusión de los postergados en los beneficios de la democracia sino inclusión de la Ciudad de Bs. As en el país, del cual su gobierno toma cada día más distancia.  

domingo, 14 de abril de 2013

Con los inundados: jornada solidaria en Villa Montoro, La Plata

Llegan de a montones, cantan consignas, llevan con orgullo sus remeras de agrupación, caminan, preguntan, vuelven a cantar. 
Por fin se dividen y salen, con pala y bolsas a limpiar las calles, con colchones para quienes tuvieron que tirarlos, con planillas donde consignar en qué casa falta qué. 
Este sábado Villa Montoro,uno de los barrios arrasados por las inundaciones en La Plata,  tuvo la única invasión que puede ser buena, la de la solidaridad. 
Miles y miles de pibes hacen todo lo que se necesite,  cientos de soldados, casi tan jóvenes como ellos dan apoyo, con los camiones, preparando comida para quienes se toman un rato de descanso y enseguida volver a la calle. 
Frente a nuestra carpa, el puesto sanitario, por momentos parece que se va a a hacer un recital o un acto, tanta es la masa compacta que ocupa toda la calle. 
Pibas y pibes chicos, de secundaria, pibes más grandes, pibes que vienen seguramente de barrios no muy diferentes a éste: pobreza, sacrificio, pelear el día a día. 
Pibes de barrios más desahogados, todos mezclados, caras de determinación alternan con risas, bromas. 
Hay quien tiene en claro a qué viene, quien va a aprenderlo hoy y ya no va a olvidarlo. La solidaridad, el esfuerzo compartido los volverá diferentes a a sus casas, a sus lugares de estudio o de empleo. 
En minutos ya están clasificando donaciones en el Centro de Distribución, dentro del Club Tricolores, o salen para diferentes calles con la tarea ya asignada. Apenas se apaga su rumor llegan otros contingentes y todo vuelve a empezar. 
Hace ya 31 años, pibes de estas edades eran enviados a la muerte, cuando la dictadura dejó de tirarlos al mar desde aviones y los mandó en cambio a perder toda esperanza, morir o enloquecer en las Malvinas. Ooficiales entrenados para la tortura, la opresión y el asesinato desentonaron en la guerra. 
HNoy parece que otras son la enseñanazas.
Pibes y soldados vuelven a mirarse las caras. La iniciativa es diferente, la tiene la solidaridad, también la política. 
Denostados por la derecha y los medios corporativos, miles de jóvenes de hoy anuncian que otra gran generación está tomando la posta de la iniciativa popular para hacer un presente de esperanza.

domingo, 24 de marzo de 2013

El flaco Valentín

Tuve la fortuna y el honor de ser compañero de quien llamábamos -llamaban quienes compartían su militancia allá en Córdoba- "Valentín", el Flaco, dirigente de OCPO.
Hoy, lunes 25 de marzo, en la Facultad de Artes, Salón México, Universidad de Córdoba, se hará un homenaje a Rodolfo y otros compañeros secuestrados desparecidos por el terrorismo de Estado.
La foto no alcanza a mostrar el humor ácido y cálido a la vez que lo acompañaba, tampoco su amor por "la gordota" su compañera de vida y militancia, la madre de Luciano.
Sí hay algo que puede verse en la foto: al compartir un momento con Valentín, al escucharlo hablar y percibir su agudeza de análisis, su seguridad, propia de quien ponía el cuerpo al servicio de sus convicciones, uno creía que algo de Él, su rostro, su expresión, había permanecido casi en la infancia mientras el resto crecía hasta hacerse militante.
Hoy en la Plaza cientos miles recordamos a miles. 

Me hubiera gustado ver a mi lado la sonrisa del flaco y sus ojos mirando a todas partes, como para no perderse nada de esa multitud en la que sobresalían los pibes de menos de 30, los hijos de la democracia. Hubiera gozado de ese testimonio vivo de que quienes vinieron después y quienes sobrevivimos estamos siendo capaces de pasar la bandera.

jueves, 21 de marzo de 2013

Francisco, el Vaticano y nuestro terreno


Me lo envía un compañero siempre certero en sus análisis. Un verdadero curso de estrategia política en 60 líneas.

"Queridos compañeros,
Hablando de argentinidad al palo, hay que reconocer que la actividad humana más noble, la política, tiene en Argentina una dimensión incomparable a prácticas afines en cualquier parte del mundo.
Ni que hablar de la capacidad del peronismo para entender en 10 segundos la nueva situación política y darle una respuesta de poder.
Mientras la oposición boba se aprestaba a festejar la entronización de su jefe espiritual como cabeza de la iglesia, ese gigante que parece invertebrado y miope desarrolló la operación de absorción polítíca y simbólica más efectiva de la cual tengamos memoria. Coronada por una puesta en escena de la presidenta Cristina Fernández  digna de El Padrino.
El problema en varios de los escritos de que pudieron verse durante estos días es que parten de una perspectiva contemplativa y prejuiciosa en el sentido estricto del término. Casi todas coinciden en ver la asunción de Francisco como un problema para nuestros pueblos. 
Problemas teníamos en los noventa cuando habíamos perdido la batalla ideológica y nos veíamos obligados a jugar en la baldosa del liberalismo haciendo contorsionismo.
En  verdad, que la iglesia católica haya elegido como jefe a un cura peronista y guardián (1) en un momento de consolidación de los proyectos nacionales y populares en Latinoamérica no debe preocuparnos, es un desafío para la política. Pero es ese sector el que tiene que jugar hoy en nuestra baldosa simbólica, la que construimos del 2003 en adelante. Su opción -conservadora si se quiere- por los pobres, nos obliga a profundizar nuestras políticas, no a retroceder.
La pelea contra el duhaldismo la ganamos con más peronismo, con un peronismo del siglo xxi: Trabajadores, jóvenes, excluidos de todo tipo, minorías sexuales, también burócratas a la  vieja y a la nueva usanza. Amplia constelación de caniches blancos impolutos, dálmatas con algunas manchas y también perros negros como nosotros.
Me cuesta creer que un tipo que llega a ser papa, siendo peronista y guardián, pierda los pocos años que le quedan de vida enredado en una pelea domestica junto a una oposición berreta.
Debemos reconocer que en lo gestual varios compañeros rozaron la indignidad en el apuro, pero lo importante es reconocer el impulso político que la iniciativa de Cristina le da a la disputa del capital simbólico: no regalar al papa, mejor dicho chorearse un papa, y si no da, por lo menos neutralizar, absorber el golpe. No regalar nada.
A muchos les aterra la figura de un papa casi humano, de un cuadro político taimado y con capacidad de comunicación. Para ellos el Benedicto era el papa ideal, no había que discutir nada, era la encarnación del mal, identidad perfecta entre forma y contenido. La impotencia política al extremo. Al extremo de tener que renunciar.
A muchos compañeros los obnubila la figura de Karol Wotjila como combinación dialéctica perfecta y efectiva entre forma y contenido. Un perverso en el frasco de un papa bueno, casi humano. Tan humano que logro horadar los cimientos del Stalinismo hasta hacerlo colapsar.
Pero las analogías historicas sólo sirven para pensar la política del presente.
Ni Bergoglio es Karol Wotjila
Ni Moyano es Letch Walesa
Ni CFK es Jaruzelsky o Breznev.
Tampoco sirve en esta etapa histórica aquella máxima de Gramsci: "pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad", Él la pensó para sostener y encuadrar a una organización política cuando los estaban por liquidar en medio de la ofensiva fascista.
Esta es otra etapa histórica, por lo menos en Latinoamérica: al de “voluntad e inteligencia para ir por más”.
Nadie está pensando en retroceder, esperando los consejos de Francisco. CFK  fue al Vaticano y le dejó tarea: Malvinas, inclusión, memoria y verdad (la justicia es a cargo del Estado), paz.
Se puede complicar,? Y sí, como siempre. Pero es la Politica
Y en este siglo recuperamos la política al servicio de "cosas simples": como el “ser todos los días un poquito mas felices”.

(1) Calificativo que se daba a los integrantes de Guardia de Hierro en los ´70

miércoles, 13 de marzo de 2013

Bergoglio papa, maquillaje y alineamiento imperial


La iglesia católica, con dos mil años de tradición sobre nuestra pequeñas temporalidades, atenta a jugarnos una mala pasada una y otra vez.  Si, como suele decir un amigo citando a Alan Miller, “siempre tropezamos con la misma piedra”, en el caso de las elecciones papales la piedra la ponemos nosotros.
Es un momento en que algo de nuestra conciencia se resiste a lo fáctico, a todas las evidencias y nos lleva a sorprendernos a la hora de conocer al elegido. 
-          En un mundo que marcha al paso de los dictados del poder financiero, con una Europa embarcada en la austeridad y la restricción de derechos básicos, los EEUU ajustando cuentas  en todo el mundo según su concepto de seguridad mundial, esto es, petróleo, insumos y áreas estratégicas en control directo o mediante personeros locales.
-          En una década en que la iglesia “víctima” de hackers, quintacolumnistas  y de la masividad veloz de las redes sociales, transparentó sus peores lacras: especulación financiera, encubrimiento a estupros múltiples en todos los continentes, el renacer de la discriminación a culturas con otras convicciones e identidades sexuales ídem, el colaboracionismo con dictaduras.
-           En un mundo en que sólo los procesos latinoamericanos alumbran alguna esperanza para los pueblos en el siglo que comienza.
-          Después que la última elección en el Vaticano alumbrara un papa con pasado nazi: ¿Cómo sorprendernos que Jorge Bergoglio sea designado papa?
Algo desvía nuestra mirada objetiva una y otra vez y es la expectativa, latente, oculta, inconciente, de que la iglesia “se aggiorne”, se sobreponga a sus peores pecados,  encare un paso decisivo hacia la necesidad de trascendencia y hermandad humana que anima a muchos de sus fieles, esos que mantienen la esperanza ante cada votación para irla perdiendo con la gestión que sobreviene.
Por otra parte ¿es este un aggiormiento que se puede esperar de la curia vaticana?
Tomemos los últimos 150 años. Después y antes de Juan XXIII ¿qué otra cosa hizo la conducción de la iglesia que no sea consolidar lo establecido, abrir espacios de disputa contra toda forma de cuestionamiento social y político, se trate del marxismo, el tercermundismo, el mundo musulmán o –ayer y hoy- los populismos latinoamericanos?
Entonces ¿cuál sería ese aggiornamiento que puede liderar el ex arzobispo de Buenos Aires, probado consejero de la dictadura del proceso, redactor de listas de curas “díscolos” hoy desaparecidos? ¿qué revisión podría encarar este responsable principal de la ausencia de la iglesia a la hora de memoria verdad y justicia que –salvo el poder judicial- asomó en el  “-----nunca más” y se consolidó y aceleró con la bajada de los cuadros y el pedido de perdón en nombre del  Estado que pronunciara Néstor Kirchner en la ESMA?
Para despejar dudas vale la pena reparar en la frase con que se presenta a la grey en carácter de nuevo papa: "parece que los cardenales me vinieron a buscar al fin de mundo". Nada de tierra de paz, de promisión, de inclusión, de solidaridad o de convivencia entre diferentes. Nos presentó como si viera a la Argentina desde la Europa del coloniaje y el genocidio originario: "el fin del mundo".
En un artículo publicado en el blog El Atrio , hace dos días, el 11 de marzo, José Manuel Vidal, un considerado “vaticanista” en España, ya anunciaba el posible papado de Bergoglio desde una mirada que puede darnos pistas al respecto: “Capaz, inteligente, profundamente espiritual y hombre de una sólida personalidad, no se arredraría a la hora de meter en cintura o de reformar en profundidad a la Curia romana”. Vidal refuerza esta consideración citando al cardenal Kasper,   “la Iglesia necesita transparencia y colegialidad. Hay que salir del cerco del centralismo romano”. Y añade: “Cambiar la Curia es una prioridad”.
Hombre que supo crecer a la sombre de Wojtila al igual que Ratzinger, el renunciante, Jorge Bergoglio podría encarar con más estilo que su antecesor–con  cambios de nombres, pases a retiro, pedidos de disculpas y algunas reconvenciones- el maquillaje institucional de la cúpula que la situación requiere, mientras orienta la acción central de la iglesia a dos tareas complementarias:
-          Bendecir y dar letra a la ola de conservadurismo que se extiende por el mundo occidental y cristiano, con ramificaciones a otros lares.
-          Aportar a limar el ejemplo populista americano que, con variantes que lo hacen más seductor aún, amenaza con extenderse a pueblos de otras regiones.
Difíciles tareas, aún para alguien que (recuerdo la risa de nuestro querido Chavez al referirse a esta verdad de dogma) se considera representante de dios en la tierra. Tan difícil como esperar que los excluidos del mundo se beneficien de su gestión.
Pero vienen por nosotros

sábado, 9 de marzo de 2013

Chávez y su pueblo: verdad popular, superstición y relativismo

1- La película es "Mama" (Así, "Mama" sin acento, concesión que le hago a mi hija, ver juntos una de terror, berreta y cursi como pocas). Desde la cola frente a la boletería veo - casi adivino, con mi presbicia en la distancia shopping- reparo a unos treinta metros en la pantalla de un plasma, en la que se recorta la silueta de Feinmann, filósofo pre-tesis11 . 
Es TVR, pienso a la vez que le digo a Laura "¿qué boludez estará diciendo?". Lo digo, no sin algo de temor ya que el tipo dice cosas que, por imperio de varios malentendidos, alguna gente no avisada piensa que es lo que pensamos todos los K. 
2- Cuando ya creo que voy a quedarme con la duda me llaman al celular. Es Claudio. Lo saludo, le digo qué estoy haciendo, dónde, con quien y él me dice "ah, yo también lo estoy viendo" y con eso confirma lo peor. "¿Qué dijo?", pregunto. "Le preguntaron cómo creía que iba a ser recordado Chávez en el futuro y José Pablo dijo que `los medios, sus opositores lo recordarán mal. Quienes están por la distribución de la riqueza, etc., muy bien. Pero, agregó Feinman, ´la verdad no existe. Es parte de una confrontación, de acuerdo a quién gane será cómo se lo recuerde´". 
Claro, ya lo dijo Nietzsche: "LA VERDAD ES UNA CONSTRUCCIÓN DE PODER". Pero si uno dice que es una construcción de poder no está diciendo que no existe: lo que estoy diciendo es que la verdad existe de esa manera: se manifiesta nuestra verdad -colectiva, ya que de eso se trata la verdad- cuando adquirimos el poder suficiente como para compartirla, conservarla y sostenerla.  
3- Ahora bien, tenemos millones (no pongamos el número, faltan seis días de despedidas y no tenemos idea de cuántas mujeres y hombres más se van a movilizar por esas carreteras muchas veces tortuosas, a través de montañas, selvas y ríos ), millones que comparten horas de espera bajo un sol calcinante para -dicen los periodistas- pasar unos segundos frente al féretro que guarda los restos del Comandante, tenemos la concurrencia al funeral de mandatarios de todos los continentes, ideologías y alineamientos, unidos por la avidez por entender cómo se logra esa devoción, cómo nace una leyenda, cómo, por fin, lograr que su paso por el poder alcance aunque sea un poco de esa comunión entre el líder y su pueblo, tenemos a ese líder que sabiéndose en trance de muerte hizo todo lo necesario para reafirmar con el último triunfo todos los triunfos y reafirmó, al designar a Maduro para la próxima presidencia, que la verdad de su pueblo se expresa por sus decisiones, tenemos la actitud de la derecha, rabiosa hasta lo bizarro y la infamia al reconocer con sus exabruptos que no aspira a sustituir a Chávez en el corazón y las mentes del pueblo venezolano, sino que quiere mostrar los dientes, hacer saber a todos que está dispuesta a lo peor para impedir que esa marea se los lleve puestos sus estructuras, sus privilegios y su anacronismo. Tenemos no sólo soldados o suboficiales, siempre sospechosos de ser pueblo, también oficiales de baja y alta graduación, toda la fuerza armada -eso que supimos conocer como parte de los aparatos represivos del Estado y que no dejan de serlo, pero hoy involucradas con el destino de su pueblo, en esa virtualidad que genera la paridad actual de fuerzas- milicos, como siempre recuerda Hebe, recorriendo el mismo camino de sus compatriotas hasta la capilla ardiente para, como se vio en uno de ellos que pudo resumirlos a todos. uniforme impecable se detiene frente al féretro cuando ya parecía que seguía su camino, se agacha y susurra algo casi pegado a la madera lustrada, mientras la mano se apoya en el pecho, sobre el lado izquierdo, el gesto inmemorial del compromiso. Tenemos gobiernos populares en la región encabezados por estadistas de la talla de Cristina, Evo, Correa, Dilma. 
Tenemos entonces, todo lo indica así, todo el poder que se puede reunir para el pueblo dentro del viejo sistema.
¿Qué más se precisa para tomar partido por una verdad como la que afirma el pueblo venezolano y confirman gentes del común, activistas y militantes de toda América y buena parte del mundo? ¿qué más se necesita para llevarla como bandera, más allá de todas la victorias, incluso hasta aquellos momentos en los que la derrota pone todo en duda?
En el triunfo y la derrota. Porque eso de que la verdad es una construcción de poder no sólo se refiere a cuando vamos ganando o sacamos un empate. No es una cuestión de éxito, rating, "trunfo". ¿Cuantos años de realización popular pudo tener el pueblo argentino en los casi 70 años que van desde 1945 hasta el presente? No llegan a veinte contra décadas de dictaduras, traiciones, democracias entregadas. Menos años, menos realizaciones, menos poder y sin embargo, cuando ya parece que esa cultura quedó reducida a cenizas, el peronismo, la gesta del pueblo por su reivindicación, resurgen desde profundidades que no podemos alcanzar en toda su dimensión. Pero están allí, existen porque fueron construidos por la acción del pueblo, permanecen. Cuando la oligarquías y sus voceros los niegan, no lo hacen ya en nombre de "otra verdad", "su verdad" en la que por supuesto algunos creen, sino que escamotean todo lo que se parezca a ello, motorizados por el temor a perder. Por eso, a pesar que en Telesur y medios amigos vimos esas columnas de chavistas casi infinitas, al momento de buscar en la web en los sitios más importantes no se encuentra una sola foto o se las encuentra recortadas,
4- Así que sí, Feinman:  para quienes estamos dispuestos a sostenerla, la verdad del pueblo existe y se recrea. Existe veces en la oscuridad de la resistencia,  de lo que se niega al olvido y la desaparición a pesar de todas la evidencias en contra, a veces en el esplendor de millones que peregrinan fuera de sus pueblos y labores para reafirmarla con sus cuerpos.
La verdad acerca del futuro de Chavez está siendo construida de ese modo colectivo y es así: Chávez junto a Bolívar componen, en la convicción de millones de mujeres y hombres, no en un renglón de diario, una línea que une la liberación nacional con la liberación  social (otras viejas verdades del pueblo que se niegan a fenecer) con la fuerza de sostenerse en doscientos años de épica popular y de reafirmarse en la marea de inclusión, integración y desarrollo que atraviesa toda América Latina. 
5- "Los filósofos no han hecho más que interpretar  el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo", nos dijo Marx en su tesis 11 sobre Feuerbach. Dicho de otro modo, construimos las condiciones para cambiar el mundo o le dejamos le lugar a quienes conservan el statu quo. En términos de verdad, ninguna verdad es independiente de lo que cada quien hace para construirla. .. 
José Pablo Feinmann vuelve a sincerarse: a la hora de comprometerse con aquella verdad del pueblo la reduce a una versión, con tanta sustancia como la del antipueblo.  Vuelvo a la película y me digo que la imagen de la niñita grafica la situación de algunos intelectuales en la actualidad: la chiquita, en la superstición de creer que vida y muerte son lo mismo,, en lugar de quedarse con su hermana y padres que habrán de quererla, se va con el fantasma que le quita la vida.

martes, 5 de marzo de 2013

Chávez, el líder irreemplazable, el amigo

Pienso un "hasta siempre comandante" para Chávez y me duele.
Quisiera estar en "El 23", junto a Nicky y tantos amigos y compañeros, como en aquellas elecciones en Caracas, cuando la derecha creyó que daba una vuelta de hoja en la historia y en realidad no fueron más que el prólogo para una nuevo y definitivo avance del chavismo en su paìs y América toda. 
Por un momento no quisiera creer nada de lo que nos traen los canales de tv, el dolor en los rostros de la gente en las calles de Venezuela, el rostro sombrío de Evo en un improvisado homenaje desde Bolivia. "Vivimos momentos difíciles" dice Evo, que no se deja ganar por la consigna fácil ante la pérdida del líder, el compañero, el amigo.
Hoy, yo quisiera vivir de nuevo aquel estadio mundialista en Mar del Plata, cuando tuve la suerte de estar casi a su lado en el palco oficial, en medio de los festejos por la derrota del ALCA. Aquella vez que Chávez nos convenció de que las tormentas se aventan soplando todos a la vez hacia el cielo. O al menos nos convenció de hacerlo, como jugando. Y salió del sol después de toda una mañana de lluvia. Aquella vez, la primera en toda la historia de los EEUU, que un presidente yanky fue con una imposición a una conferencia internacional y volvió derrotado. Gracias a Néstor, Gracias a Chávez, gracias a Lula, a la vez presidentes constitucionales y confabulados, subversivos frente a la cultura del amo y los sirvientes que los EEUU sostuvieron por casi dos siglos.  
Este gran proceso que vivimos en América Latina aún descansa fundamentalmente en nuestros dirigentes, les pide su sangre y sus energías, compensan con su carne el retraso que nos impusieron las derrotas de los setenta, los miles de compañeros caídos, los genocidios, el desguace los estados, la entrega de recursos y soberanía que siguieron a aquellas dictaduras sangrientas. 
La historia de América siempre nos ha cobrado la emancipación en las vidas de nuestros mejores mujeres y hombres o en su salud. En esta década de inclusión, desarrollo, soberanía e integración, volvió a suceder. Y duele.
La tarea de ampliar nuestra base popular y dar a luz una nueva generación de cuadros dirigentes es la tarea de la hora. No para reemplazar a Hugo y Néstor, nunca vamos a reemplazarlos. 
Eso que "a los caídos no se los llora, se los reemplaza" es en todo caso para esos momentos efímeros, cuando se está en medio de una batalla sangrienta. En las luchas de todos los días, las gestas ora silenciosas ora multitudinarias que encaran nuestras comunidades, para construir a un dirigente se necesita una riqueza de espíritu, una calidad humana y una entrega y sabiduría que sólo pueden construirse en años de trabajo con el pueblo. 
Más pueblo y más dirigentes para que esta gesta prospere, eso podemos proponernos para cumplir los sueños que nos animan hace siglos, los que vamos a concretar porque, como diría Tomás Borge "hacemos cosas grandes porque vamos sobre los hombros de gigantes"
Cristina suele decir que como nunca hoy, en América, los presidentes, los dirigentes  se parecen a sus propios pueblosLloro a Chávez como a un amigo perdido, quizás porque como Néstor, al descuido te parecían más amigos de siempre que sesudos dirigentes.