viernes, 28 de junio de 2013

Rayuela, Cortázar y el sexo de los argentinos. cincuenta años

Rayuela cumple cincuenta años desde su primera publicación. cuarenta y seis años, me digo, desde mi primer lectura.
En el fragmento que se adjunta más abajo se ve a Julio Cortázar explicar sin mucho bombo, con suma sencillez y mayor humildad, cómo se permitió crear un tipo de lector, el lector postRayuela: ese tipo que a partir de Rayuela, incluso hoy sin haberlo leído y tal vez sin pensar en su existencia, agarra un libro cualquiera y lo lee a partir de la página que se le ocurre, sigue por ídem y rescata, entiende, proyecta, supone y eslabona en complicidad necesaria con el autor, pero sin que importe demasiado si ese rescate, el entendimiento,  la proyección, lo que supone y concatena, tiene algo que ver con lo que pretendía el autor. 
Ese lector, podemos agregar medio siglo después de aquel momento, que recién con la explosión de internet encuentra el mundo que Rayuela le permitiera entrever desde las páginas comunes y corrientes de ese libro común y corriente que en su aspecto no arriesgaba más novedad que una rayuela dibujada en blanco a mano alzada sobre un fondo negro en el que resalta el nombre de Julio en el lugar que  debía decir "cielo".
Mucho se puede decir -se dijo y se escribió- sobre las tres formas de leerlo que proponía Cortázar y las casi infinitas maneras que emergían como posibles apenas uno tomaba en cuenta la propuesta del autor: si se podía leer de corrido, si se podía leer pasando el capítulo x al  x+5 y de allí al x-3 ¿por qué no hacerlo de otro modo?
Por ejemplo ¿por qué no leérselo a TU Maga a partir de esos polvos a la vez gloriosos y dolorosos en que se enredan Oliveira y la mujer que lo desvela, atormenta y lo lleva al cielo en unos pocos saltos? ¿por qué no ir después a cualquier párrafo o capítulo tras un recorrido de tu propia Maga por tu cuerpo y/o viceversa?
Mucho se ha dicho también respecto de qué tipo de lector abrazó desde el vamos esta novela. Cortázar decía en otra entrevista: "escribí una novela para un lector de mi edad y costumbres. Me encontré con que Rayuela fue leído y aprobado principalmente por los jóvenes, en Argentina y en toda América". 
Seguro que el estilo, las formas, el momento, el autor, todo concurrió a que Rayuela, los jóvenes y Cortázar nos encontráramos unos a otros en esa transición de los derrotados sesentas a los esperanzados setenta y nos hiciéramos inseparables. 
Pero confieso que era poco lo que yo sabía en aquel entonces de estilos y corrientes literarias y sospecho que lo mismo pasaba con la mayoría de los que cambiaron su mirada tras leer unas páginas de Rayuela. Tampoco sabia demasiado de jazz cuando leí "El Perseguidor", pero ese oscuro y provocador antihéroe fue el que me me preparó para Oesterheld y sus personajes. 
El caso es que creo que antes que Cortázar nos abriera un millón de mundos con su mirada lateral hizo algo más, algo que nos capturó para siempre: con Rayuela, tal vez antes pero nunca de un modo tan profundo y arrasador con en sus capítulos, Julio sacó al sexo del pozo en que lo mantuvo sumergido durante décadas la pacatería oligárquica y sus seguidores y colocó al sexo justo al lado, el el lugar y en el camino del amor,  de un modo indivisible, tan doloroso y glorioso como el momento en que cada uno de los jóvenes de aquella generación llegamos a ese mismo lugar que Él era capaz de narrar y discernir por nosotros. 
Siento que con ese sólo acto de traer el sexo desde la nada al centro del amor, nuestro amor presente de jóvenes extrañados en un país que silenciaba el sexo con tanta fuerza como la muerte,. Cortázar contribuyó a inventar una juventud capaz de animarse a todo porque lo que más le gustaba hacer a esa juventud pasó gracias a Cortázar al centro de la escena: amor y sexo, placer y dolor, lo eterno y lo efímero en un entrelazarse de cuerpos, la Maga y Oliveira, ella y yo. Cualquiera con cualquiera, sentenciaría Néstor Perlongher si escuchara esto en algùn pasillo de la Facultad en aquellos días. 
Claro que hubo otros escritores que trazaron coordenada parecidas en otros lugares del mundo e incluso antes, pero este tipo de hablar afrancesado y raro, desde Europa, al  joven argentino ya perdido para convocatorias castrenses, a nosotros los setentistas, nos interpelaba en nuestro descubrimiento carnal y nuestro goce como si hiciera, (hacía) lilteratura de nuestras fantasías y descubrimientos.




martes, 4 de junio de 2013

Juana Azurduy, Colón y el lugar que te da el pueblo

"Colón en su lugar y Azurduy en Palermo", dice Mempo en Página 12 hoy, 4 de junio. ¿Cuál es el lugar de Colón?¿Cuál el de Juana? 
Va de suyo que ambos ya no viven entre nosotros: la cuestión es qué hacer con estatuas que los sostienen en la memoria colectiva. 
Ese es el valor o desvalor de una estatua: proyectar hacia el futuro virtudes colectivas o individuales, forjar identidad. 
Ahora bien ¿cuál es el lugar de una estatua que no debió ser? Hablo de aquellas estatuas que no resaltan lo mejor de lo humano, sino su negación. En principio, respondo: la piedra sin tallar, el mineral no explotado. O la oscuridad de los depósitos.
Se discute si el último malón se produjo en 1904 en San Javier, Provincia de Santa Fe o en Frotín Yunká, Formosa, en 1909, o… Algo no se discute:  cuando originarios atacaban a blancos se hablaba –y se habla-  de malón, mientras que cada uno de los hechos de agresión que durante siglos se produjeron contra originarios nunca tuvo más nombre que “partida”, “campaña”. En todo caso a lo largo de esos siglos simplemente se lo llamó “progreso”.
El gobierno nacional tuvo en estos últimos días la idea de sacar de Plaza de Mayo el monumento a Colòn, iniciador –conciente o no- de esos siglos de exterminio a partir de una invasión que aún muchos llaman “descubrimiento”. El monumento sería trasladado a Mar del Plata y su lugar sería ocupado por un monumento a Juana Azurduy donado por el presidente Evo Morales.
A partir de allí se abrió un debate, no sobre la oportunidad de hacerlo, lo que en sí es muy opinable, sino sobre si es correcto o no sacar el monumento de la Plaza de Mayo.
Hoy escucho, de paso, en un programa de Canal 7 que dirige el Bahiano: “Juana Azurduy tampoco sería una santa”. Lo dijo un pibe en esa suerte de dispositivo de época por medio del cual victimarios y víctimas resultan “dos campanas” equivalentes. 
Claro, no hay santas fuera de los rituales de la iglesia. Los humanos somos quienes somos en función de otras determinaciones. Por ejemplo: somos fundadores de libertad, como Juana Azurduy, San Martín, Bolívar, Evita, Walsh,  o fundadores de opresión, como aquellos que en su tiempo no tenían empacho de llamarse a sí mismos “conquistadores”.  
La verdad, ya lo decía Nietsche, es una construcción de poder: porque cada vez más excluidos nos incluímos y construimos poder para opinar sobre presente y pasado es que podemos condenar al opresor y revindicar al libertario de hoy y de ayer. Ambas, inclusión y construcción de una verdad democrática, hacen una humanidad mejor y eso se expresa también en símbolos: la imagen de Evita en un billete o en el Ministerio de salud, grandes mujeres nominan un salón en casa de gobierno, Marina Vilte, Guillermo Barros, Requena y otros dirigentes secuestrados y /o asesinados dan su nombre a escuelas, Videla y Bignone ya no se ven en los cuadros en el Colegio Militar. Símbolos: cuadros, estatuas, imágenes, frases, formas de continuidad de culturas que de ese modo se recrean y consolidan. Y se excluyen, porque el quien libera merece el homenaje popular y el quien oprime merece el repudio.
Podría decirse: pero esto es reciente, en cambio la conquista es pasado, ya quedó atrás.
En su artículo en Página 12,  Mempo Giardinelli reflexiona:” La Historia de una Nación no es propiedad de un único conglomerado humano” y agrega “y sobre todo no se cambia de un día para otro”.
En cuanto a lo primero, aún valorando el compromiso y honestidad de Mempo, es preciso afirmar todo lo contrario: la historia sí ha sido propiedad de un único conglomerado humano. En la Plaza hoy en discusión, un 25 de mayo de 1810 se abrió un proceso plurinacional y multirracial tan rico como la gesta de Castelli, Moreno, Belgrano, San Martín y tantos otros. La contrarevolución fue apartando a originarios, gauchos, el interior, genocidios mediante. Se los llamó primero “civilización”, luego “unificación nacional”, después “campaña al desierto”. La oligarquía y los grupos que surgieron a su sombra trataron de liquidar todo vestigio del sueño inicial de patria grande a la vez que construyeron la historia oficial, la que aún hoy se resiste al debate en escuelas y universidades, en calles y plazas públicas.
Así, la estatua del asesino Lavalle sigue frente al lugar en que estaba la vieja casa de su víctima, Dorrego y de cara al mayor símbolo del poder judicial. Otro asesino, más masivo, aunque no sabía cabalgar se erige a caballo en diagonal Sur, amenazante, la vista en la Plaza de Mayo. No es sólo “un monumento” a Roca: es una amenaza, tantas veces cumplida como tantas veces la oligarquía pudo retomar impulso contra el pueblo a sangre y fuego.
Así que Mempo en esto acierta: esa historia no se cambia de un día para otro.
Si el resultado del último genocidio hubiera sido diferente, si Videla y los suyos hubieran podido ir aún más lejos y liquidar todo vestigio del irigoyenismo, del peronismo y los setenta, Alfonsín no hubiera podido emprender el “nunca más”. Néstor no hubiera sido presidente, Tampoco habría ordenado bajar los cuadros. Videla seguiría mirando desde las paredes a cada nueva generación de oficiales, tal vez Astiz estaría en la Rosada, La Nación les cantaría sus loas y esos prohombres esperarían el tiempo en que sus estatuas coronen plazas en todo el país. Hebe y Estela serían una presencia molesta y tal vez se hubieran recuperado menos menos pibes y con menos repercusión. Por supuesto no veríamos a esos pibes cambiar el país desde las bancas del parlamento.
Así que sí, no es de un día para otro que se cambia la historia, Se necesitaron los años de Irigoyen, la década inicial del peronismo, los setenta, también de la resistencia cuando el opresor gobernaba y por fin la década ganada, para que comencemos a revisar qué monumento ven nuestros hijos cuando juegan en las plazas, qué monumentos sufren nuestros pueblos originarios y todo aquel que tiene memoria y repudia caminar entre asesinos, opresores y traidores de piedra o bronce, como quien participa de un engaño centenario.
Pero Mempo agrega: “por respeto a la Historia, la estética y el cuidado de los monumentos públicos en los sitios donde originalmente se los instaló, el de Colón continúe donde fue colocado hace un siglo. (…) Y el mismo reclamo vale para todas las estatuas, esculturas, conjuntos artísticos arquitectónicos y demás ornamentos urbanos”. Y no, justamente por respeto a la Historia, no cualquier historia sino la de los incluidos de todos los tiempos, la de los que vinieron de Europa como bien dice Mempo, pero a trabajar, a vivir una libertad que allá no tenían, la de los originarios que sobrevivieron, la de los que se mezclaron por igualdad no por violación, la de quienes conquistaron derechos para perderlos y volverlos a conquistar dos o tres generaciones más adelante, tenemos el derecho y el deber de decidir cuál es el lugar de cada uno.

La Plaza de Mayo, quizás el mayor símbolo de participación popular que tenemos, la del pueblo quiere saber de qué se trata, la de liberen a Perón, la de las Madres, esa Plaza puede cobijar a Juana Azurduy, a Walsh, a Artigas, a Azucena Villaflor, a quienes dieron su vida por sus pueblos y su soberanía. El lugar de los que sojuzgaron es el de los cuadros que se bajaron del Colegio Militar. 

martes, 21 de mayo de 2013

Germán, El Eternauta y nosotros como personajes


Ya sé que es una novela, una serie, pero por momentos me saca una lágrima.
Es como en El Eternauta: sabés  el final -al menos el que se mide en términos de una vida individual- y en cada paso de Germán en esta serie sentís que está más acerca de su muerte, la peor de las muertes, la de saber que te precedieron tus hijas.
Por momentos uno desearía que Solá lo actúe mal, que no sea creíble, que su ficción no esté a la altura del personaje y que esa falla, ese defecto, te ayude a dudar de ese final, aunque ya lo hayas vivido.
Quiero volver al tiempo en que mi viejo bajaba del tren los viernes a la noche y caminábamos, mi vieja, él, yo, las trece cuadras que se alargaban desde la estación Torres, del Urquiza, hasta nuestra casa. Mi vieja que hablaba mucho, mi viejo que casi nada, los vecinos y los saludos al paso, obligados, amables, interminables.
Llegar a casa y esperar que el viejo se tome su tiempo para dejar en un tacho los mamelucos para lavar, luego sacarse los zapatos y por fin, mientras mi vieja le prepara su consabido y compartido churrasco con puré,  ver que Él abre su bolso del que sacará un montón de cosas de las que no hay en el pueblo hasta que, por fin, me pondrá en la mano otra entrega de El Eternauta.
Recuerdo hasta ahí, después el hilo se pierde. Si lo pienso estoy seguro que la casa desaparecía tal cual era y todos quedábamos incluidos en el tiempo de las nevadas, los Ellos, los Manos, los Gurbos y la Resistencia.
Sin embargo no es ese mi recuerdo; el viejo me da la revista el viernes a la noche y el sábado estamos en el galpón con Alberto, Leonardo, Martina, el Gordo y el Pulga, algún otro amigo, las cabezas pegadas y la mirada fija en cada tira, las protestas del que lee más rápido y quiere volver la página, los sopapos del más lento, las exclamaciones,  esa tristeza que te invadía a cada cuadro y, sin embargo, esa esperanza que se renovaba a cada fin de tira, cuando lo inevitable otra vez era sorteado y a pesar de todo y contra todo, una nueva salida proyectaba la historia hacia adelante,  hacia otros héroes tan parecidos a las mujeres y hombres que conocíamos todos  y hacia otros  villanos. Esos monstruos malos  que como chicos podíamos  temer, pero como en un juego: el repetido ejercicio de aterrarnos para disfrutar ese alivio interminable que trae la vuelta a la realidad, es decir, el mundo que podíamos comprender como pibes y donde esa maldad parecía no existir.
Faltaban ocho años para que mi viejo - ahora era yo el que llegaba de vez en cuando y Él vivía con mi vieja en la punta del pueblo- una noche comentara al pasar y sin motivo aparente “los porteños son curiosos”. Y agregó: “caían las bombas, rebotaban las balas en la avenida y la gente que se había refugiado en los zaguanes, en los paliers de los edificios, no aguantaba y se asomaba para ver qué pasaba. Y volvían a esconderse, pero al rato otra vez a mirar.” “Cuando bombardearon Plaza de Mayo, digo. Estábamos en ese edificio con Rolando, pintando un departamento, una changa que habíamos conseguido. Y vimos desde la ventana, el fuego, el humo y la gente. Y dejamos todo, cerramos la ventana y bajamos”.  Faltaban ocho años entonces para que yo me enterara que mi viejo era también curioso, como los porteños y para que su relato, que terminó en aquello de la curiosidad sin que pudiera sacarle una palabra más, me hiciera vislumbrar como ningún libro, ninguna discusión de facultad, que la maldad de los Ellos ya convivía con nosotros antes que leyéramos El Eternauta.
Pero en aquellos días del galpón y la espera, la exclamaciones, los pantalones cortos y el tiempo robado al futbol o la gomera, en aquellos día en que todos queríamos ser Juan Salvo o Franco, Germán Oesterheld nos asomaba a un pasado silenciado y nos preparaba para un futuro de dolor, resistencia, muerte, destrucción y esperanza. 
Juan Salvo o Franco, Favalli, Elena –que desde la tira empujaba por ser algo más que el ama de casa que se auguraba a cada mujer en el fin de los cincuenta- siempre buscando su fuerza en los demás, siempre volviendo por el amigo, siempre pensando de conjunto un futuro que vale si se comparte. Como el relato de mi viejo ochos años después (y ese año, recuerdo, asesinaron al Che) a cada tira de Germán todos encontrábamos nuestro lugar como personajes. Algunos, para siempre.
Y ahí está hoy Germán en la tele, 
Un pedazo de uno que quisiera que nada haya pasado y que los nuevos capítulos estén por llegar en el tren del viernes a la noche. 
Un día alguien que hubiera inspirado a Oesterheld resultó presidente. Otro día hubo quien vio la similitud y la tradujo en Nestornauta. Y aunque el Flaco se fue antes de lo esperado, empuja desde la historia como Juan Salvo. Otro pedazo de mí, aquel en el que me reconozco, que siente, siento, que tras la tragedia estoy, estamos, en uno de esos cuadros de la tira en que el misterio abre lugar a la esperanza y todo es posible. 
Y recreo la ilusión, como en aquellos años, porque aunque hoy Germán ya no escribe su historieta, estamos haciendo historia en la clave que supo descubrirnos. Y todo es posible.

viernes, 10 de mayo de 2013

EL BONO ARGENTO 2: NO ES AMOR NI CAMARADERÍA. ES PLATA


Muchos conciudadanos comentan, no sin argumentos, que un blanqueo implica beneficiar a los delincuentes y nos perjudica a quienes lo somos.
Lo segundo es parte de una lógica limitada: aquello que me perjudica o beneficia no se mide sólo por lo que obtienen o dejan de obtener otros, sino principalmente por el perjuicio o la mejora que aporta a mi propia situación.
Lo primero es juntar en la misma bolsa a especuladores de monta y aquellos que por ejemplo huyeron con lo que pudieron rescatar frente al corralito o cualquiera de las sacudidas que la oligarquía y los grupos económicos nos regalaron década tras década.
En los dos casos, lo otro que se pierde de vista es que no se trata de hacerse amigo de nadie sino recuperar fondos que los necesitamos. ¿Para qué? para continuar adelante con un proyecto de inclusión, desarrollo y soberanía. ¿Con qué garantías? Las de quien quien gobierna, es decir quién va a controlar el proceso de repatriación: un gobierno popular.
Alguien decía, por ejemplo, menos mal que Aguad está procesado, si no, lo beneficiaban con el blanqueo. La respuesta es que está procesado, no por casualidad, sino porque es un proyecto popular el que está en curso. Si fuera un gobierno neoliberal estaría en un ministerio. Esa es la diferencia. 
Veamos, si el gobierno saliera a pedir plata al exterior ¿qué condición habría que poner para aceptarla?¿que no venga de la droga? NO HAY, ¿que no venga de la expoliación de pueblos postergados? NO HAY ¿Que no venga de los recursos que roban de países invadidos? NO HAY ¿que no venga de embargar casas de miles de familias engañadas con burbujas finacieras? NO HAY. ¿Alguien cree que los dólares que gestiona el FMI, la banca Morgan o el Santander (de paso ahora es chino) es más "limpio" que el que puedan repatriar con el bono?. 
Sugiero ver "Un oso rojo" y una de las mejores frases del cine argentino: "toda la guita es robada". Por supuesto el personaje no se refiere a la que la ganamos con gasto de nuestra propia vida, sino a la guita en serio, la grande, la que sirve para concretar sueños. 
Otra salida sería: como toda la guita que puedo obtener tiene origen espurio, me arreglo con lo mío. Es lo que venimos haciendo, de hecho más este último año. La oposición lo comenta como un estigma "nadie nos quere dar plata". Si así fuera tendría que decir que somos unos genios creciendo sin crédito. 
Pero el crecimiento en el capitalismo -también en el socialismo- tiene ese problema: cuanto más crecés más recursos necesitás. Así que, o vamos bajando la cortina o vemos  dónde los obtenemos. 
Abundan las ironías "les pedimos por favor a los caceroleros" o las bravuconadas "¿por qué no los metemos en cana?" ¿Alguien se dio cuenta que hace 3 años que no se puede implementar la Ley de medios audiovisuales y diez que no se le pueden cobrar doscientos palos a La Nación por una cautelar? ¿por qué? ¿por falta de decisión? ¿por descuido?¿por complicidad? NO. Porque la mayoría de la sociedad está dispuesta a pelear por recuperar YPF y no por castigar a "La Nación". Y tiene su razón, una medida fortalece sustancialmente al proceso popular, aporta energía para el desarrollo, más y mejores empleos, etc. La otra por el momento o la arregla el gobierno burocráticamente o se deja para mejores tiempos. Esto se llama consenso en la correlación de fuerzas: hacemos lo que la mayoría comprende, apoya y está dispuesta a bancar con su sacrificio. Lo que no, no podemos. 
Esta que vivimos desde el 2001 es una crisis de hegemonía: la derecha argentina, como la boliviana, venezolana o ecuatoriana, aún con el poder económico en sus manos no puede convencer a la mayoría de la sociedad para que acompañe su proyecto de exclusión y tampoco puede apelar a gobierno militares. Así que resigna parte de sus ambiciones, boicotea nuestros avances, no puede ofrecer soluciones pero sí perjudicar, trabar, dividirnos. Es su debilidad no nuestra gran fuerza la que marca las condiciones de esta disputa. 
Por eso este es un gobierno de inclusión, no el fin de la explotación del hombre por el hombre, tampoco del dominio imperial. 
Hace treinta años muchos aprendimos esto con sangre, cárcel, tortura y exilio. ¿qué aprendimos? No es que no se puede cambiar el mundo. En esa seguimos y Cristina al frente. Lo que aprendimos y por eso hoy gobernamos es que los cambios a producir dependen de la organización y disposición popular, de la correlación de fuerzas en lo interno, en lo regional (la mejor de la historia, pero no alcanza y si no, pregúntenle a Maduro) y en lo mundial (el imperio está ocupado en otras cuestiones, pero nos hace todo el mal posible)
Este es otro beneficio de discutir el bono argentino: aclarar por qué suceden algunas cosas que a muchos les parecen "debilidades" de nuestro gobierno: no es por iulusos que pagamos la deuda externa o tratamos de negociar con los ingleses por Malvinas o aceptamos algunas de sus multinacionales en el país, sino porque el kirchnerismo ha encontrado la forma de sobrevivir con estas carencias mientras el país crece en inclusión desarrollo, soberanía e integración regional. Esa es nuestra fuerza. 

jueves, 9 de mayo de 2013

El Bono argentino: blanqueo y proyecto nacional


APOYO LA EMISIÓN DEL BONO ARGENTINO, MAL LLAMADO BLANQUEO DE CAPITALES
Quiero que el proyecto popular siga adelante con la vitalidad que lo ha caracterizado durante una década, a pesar de la situación mundial provocada por la ofensiva del gran capital financiero, ofensiva que sólo estamos frenando en una porción de nuestra región. 
Y para que este proyecto de inclusión, desarrollo y soberanía siga adelante seguir adelante se necesitan fondos: o los obtenemos endeudándonos a tasas tan duras como las que bancos y agencias les imponen a los malos ejemplos mundiales (eso somos) o somos creativos y rascamos de donde sea para no entrar en ese circuito. 
Algunas voces de entre nosotros rechazan hacerlo por la vía de este proyecto. Argumentan que sería premiar al especulador, al evasor. Es tan así como decir que dar un buen crédito a GM hace un par de años fue premiar al monopolio multinacional o ...
En el 2009 hubo un blanqueo y se pusieron en funcionamiento en la economía formal casi 5000 millones de dólares. ¿Hay claridad sobre cuántos puestos de trabajo, cuánta actividad productiva significa esa cifra?
Celebramos YPF hace un año: ¿cómo se la quiere recuperar en lo productivo? Con ganas, con compromiso, pero sobre todo con fondos para explorar, proveer maquinaria, desarrollarla. Ese es el destino de los fondos que se pretende recuperar para la actividad económica.
Alguien diría: investiguemos, encontremos los fondos y expropiemos. 
Expropiar lo que está afuera es de por sí imposible. Y lo que está acá no está disponible de acuerdo a la correlación de fuerzas. 
El conflicto por la125 lo demostró, no sólo por la virulencia oligárquica que conocíamos de sobra, sino también por la dificultad para ganar consenso mayoritario y desde allí avanzar. ¿Cómo se salió de aquella situación que nos puso contra las cuerdas? Evitando confrontaciones en las que el gobierno se quede solo, avanzando por donde el neoliberalismo no pueda poner grandes obstáculos  (AFJP, AUH, por ejemplo) . 
Los recursos que el proyecto kirchnerista necesita para seguir, no se pueden lograr de otro modo que no sea con el apoyo de la mayor parte de los argentinos. Y dentro esa mayor parte -así como algunos bancan y otros acompañan el proyecto- son mayoría los argentinos que intuyen, perciben, las difíciles condiciones en que se dan hoy sus logros y acompaña al gobierno en lo que parece viable, así como prende la luz de alerta y pone límites cuando la propuesta no se ve clara. 
A diferencia de muchos activistas y militantes, hay en nuestro pueblo una sabiduría que tiene que ver con el Estado y quién lo tiene a cargo: hoy hay un gobierno popular con todo lo que eso significa, quien lo preside -Cristina- es quien mejor lo expresa y hoy estuvo parte de los mejores cuadros defendiendo el proyecto de Ley. Esta confianza no se sostiene en el seguidismo, nace de reconocer que hemos pasado por las suficientes pruebas en estos diez años como para saber que las propuestas no van a ir contra el pueblo -lo repitió ayer Cristina- ni tienen el objetivo de debilitarnos..
Así que no es que lejos de blanquear para beneficiar especuladores: lo que estamos haciendo es conceder el blanqueo a cambio que vengan esos fondos para poder seguir con el proyecto popular adelante

domingo, 28 de abril de 2013

El Borda y el Estévez, dos represiones de manicomio, 1971 y 2013

La foto muestra a  la guardia de infantería cargando en un espacio cerrado. Hombres anchos y uniformados, casco, borcegos, bastón y escudo al aire. En otro extremo, el pelo al rape del que huye delata su condición de prisionero, en este caso prisionero de un hospital psiquiátrico, así como la posición de su cuerpo, el torso muy inclinado hacia adelante, un pie que avanza en el aire mientras el otro muestra casi toda su planta (está descalzo, no sé si por hábito o por haber perdido los botines en la huida) toda su postura indica que escapa como puede de una golpiza generalizada que otras fotos mostrarían en toda su dimensión. Así terminó la última asamblea de internos y profesionales de la comunidad terapéutica del Hospital Estévez de Lanús, a comienzos de 1971.  
“Saquen a los comunistas del Estévez” fue la orden de Levingston, el general que vino desde los EEUU a reemplazar a su inefable antecesor, Onganía. Y el trámite se realizó como se realizaba en esa dictadura: blindado, patota, gaseada, palos y clausura.  Clausura del dispositivo, ya que la locura de aquella dictadura no llegaba al punto de cerrar un manicomio. Para su conservadurismo, los locos eran casi tan peligrosos como aquellos a quienes llamaba subversivos y pretendía tener encerrados a unos y a otros.
Aquella dictadura tuvo un destino rico en paradojas. Vino a terminar para siempre con el peronismo y la rebeldía popular y tuvo que dejar el poder de apuro en manos de un gobierno que ganó prometiendo la vuelta de Perón. Expulsó con la noche de los bastones largos  toda una generación de docentes progresistas. Acto seguido, Onganía promovió docentes que lo aliviaban con su filiación cristiana. El resultado: entre los docentes tercermundistas y los que sobrevivieron a la purga supieron acompañar y a veces promover un proceso de democratización y cambio en las universidades y la irrupción del estudiantado setentista. Quiso eliminar la autonomía universitaria, favoreció el mayor acercamiento de la historia entre estudiantes y trabajadores, el que coronó el Cordobazo. Designó Director de Salud Mental al Dr. Estéves, un coronel médico que participaría años después en el genocidio. Pero en esta, su primera gestión en dictadura, profesionales como Grimson y Caminos lograron sustraer espacios manicomiales a la lobotomía y el chaleco químico. En Federación, en el Estévez florecieron las experiencias de comunidad terapéutica, los internos pasaron a ser reconocidos como seres humanos, se horizontalizaron de modo fugaz pero profundo las relaciones entre profesional y persona en asistencia. No eran una política de Estado sino, como pasaba en muchos ámbitos, experiencias innovadoras forzadas por un proceso popular que cobraría todo su vigor en 1973. En las instituciones de salud mental, en cambio, la represión en el Estévez cerró este ciclo de renovación, el manicomio volvió por sus fueros (un mes después del cierre se volvieron a usar los chalecos de fuerza y el chorro de agua fría "para calmar pacientes") hasta cobrar la forma de depósito de famélicos que supimos ver durante el menemismo. Pero la mirada sobre las personas con problemas de slaud mental ya no es la misma, las actitudes institucionales, y profesionales tampoco. Prosperaron otras experiencias más o menos institucionales, como la Carlos Cardel en su momento, la Colifata hoy, el PREA, hay nuevas leyes,la inclusión empuja por hacerse efectiva. Todo, también a propósito de la salud mental, cambió a partir de los ´70.
La foto del Estévez es del 71, pero la debo. 
En  nuestros días, internet es calificada como la nueva panacea que nos iguala: todos accedemos, todos podemos. Pero aún después de navegar horas no encontré aquella foto que tuve que rescatar de mi memoria y no sé si la vi en Crónica, “Confirmado” o “Así”. Es la web: todos accedemos pero no todos tenemos el tiempo ni el material para que esté allí todo lo que la memoria social necesita. Otros sí tienen el tiempo y el recurso para borrar todo vestigio que incomode.  
Estamos en 2013. La foto, otra, muestra otra vez hombros anchos,  cascos, uniformes, borcegos y escudos. Esta vez es entre árboles, el cielo a la vista y los escudos rezan “policía” algunos, “policía metropolitana” otros. Mujeres y hombres caídos en diferentes posiciones, camarógrafos que filman mientras algún bastón les pasa cerca de sus cuerpos, gente que sangra, personas con sus manos extendidas hacia los escudos en gesto de detener una violencia que las supera, escopetas que apuntan a los cuerpos de personas desarmadas. Más tarde se sabrá que algunos recibieron hasta veintiún impactos de balas de goma.
Busco entre los rostros a amigos, compañeros, Willy, psiquiatra del Borda, ex preso de la última dictadura,  ahora detenido por la Metropolitana, el “Nono” Frondizi que viene defendiendo los Talleres hasta lo indecible, Carlos que me cuenta por teléfono que están gaseando y dice sin dudar “en una hora conferencia de prensa”.
Un camarógrafo de Clarín, “Pepe Mateos”, aquel que destapara con sus fotos el asesinato de Kostecky y Santillán a manos de la policía, resultó golpeado y detenido. Clarín, sin embargo, habla de “enfrentamientos”.
En los terrenos del Hospital Borda, más precisamente en sus jardines, trabajadores, internos, diputados de la Ciudad  y periodistas fueron agredidos por la Policía metropolitana que entró sin autorización judicial y contra toda norma vigente con el único fin de garantizar la demolición del edificio del taller.
Más de treinta años han pasado entre aquella represión en dictadura contra  trabajadores e internos del Estévez, en Lomas de Zamora y  esta represión en el hospital Borda. Como en aquellos tiempos resalta la cordura y firmeza de internos y profesionales frente a la virulencia y el cinismo de quienes los reprimieron y quienes ordenaron golpear y gasear. Pero acá terminan las similitudes.
En el Borda no se reprimió como reacción contra lo diferente, por rechazo a la locura, ni  por la moralina que veía como pecaminosa la acción liberadora que promovían las comunidades terapéuticas. Tampoco fue el temor a que la subversión comience por los manicomios, como algún funcionario militar supo decir en los ´70.  Si para los milicos de la época de Onganía, la democracia y la participación en el manicomio eran comunismo, para Macri es comunismo que se use el predio del Borda, el espacio de los Talleres, para la salud de la gente y no para un Centro Cívico que justifique negocios para amigos y allegados.  
La demolición de los talleres protegidos, un espacio que promovía la inclusión de personas con patologías mentales mediante la cooperación productiva, no obedeció que las autoridades de la ciudad antepongan problemas religiosos o filosóficos con respecto a la labor terapéutica de los talleres. Por el contrario y en ánimo de especular hasta podríamos suponer que no se opondrían a que este tipo de talleres funcione en otra parte, fuera de la ciudad,  donde el uso de ese espacio no se contraponga con la especulación financiera, el negocio de las urbanizaciones exclusivas, el desguace de la cobertura pública de salud y la arbitrariedad gubernamental de que hace gala del gobierno de la Ciudad.
Hace 30 años las comunidades terapéuticas, como el movimiento estudiantil, la democracia sindical, la psicodelia o  el rock nacional, estaban en la vereda opuesta de las prácticas y convicciones que sostenía la dictadura. En ese antagonismo la dictadura fundaba su represión y autoritarismo.
Hoy, cuando en el orden nacional se marcha a la inclusión y la ampliación de derechos, el gobierno de la Ciudad manda a demoler los Talleres, aun violando la decisión judicial en contrario,  para construir un centro cívico del que se beneficiarán, vale la pena repetirlo, la especulación financiera, las constructoras amigas y los interesados en el desarrollo de una ciudad cada vez más excluyente, que expulse hacia la periferia a los pobres, indigentes y todo aquel que desentone con su “estilo de vida”.
En nuestro estupor, a muchos nos surge pensar en lo irracional de una represión contra internos de un neuropsiquiátrico, de la falta de límites en la agresión contra gente indefensa. No se trata de irracionalidad sino de otros intereses. La inclusión social va de la mano de la democratización de las FFAA y fuerzas de seguridad, de su subordinación a la constitución, su resguardo de los derechos humanos. Pero cuando lo que se quiere es un modelo de exclusión, lo “racional” es construir una policía brava, fuerzas dispuestas a reprimir a cualquier costo.
Por eso el gobierno de la ciudad  supo designar al “Fino” Palacios al frente de la naciente Metropolitana a pesar de todas las denuncias en su contra. Se cuentan 42 entre 52 agentes "recuperados" de la Federal que se desempeñaron durante la dictadura. Nada más racional que emplear esos personajes si lo que se quiere es conformar una policía que vaya en contra de la ciudadanía y de todos sus reclamos. Para esto los entrenaron.
Los trabajadores del Borda han deliberado y tomaron una decisión: reconstruirán los talleres protegidos. Allí habrá que ir. A construir los que saben, a apoyar, cebar mate, acompañar, los que no. Hablar de la agresión policial con quienes la sufrieron aporta a reparar sus efectos traumáticos, pero si se vuelven a levantar los talleres los internos tendrán un mensaje aún más reparador: la reconstrucción solidaria les dirá que del otro lado de las paredes del predio, en esa sociedad que a veces ven que los rechaza y otras los agrede, también hay personas, muchas que se preocupan de su suerte y los acompañan. 
La lucha de los trabajadores e internos del Borda es algo más que una acción por la salud mental de los pacientes, es por la salud de la sociedad toda, es parte del proceso de inclusión que vive la Argentina, no sólo de inclusión de los postergados en los beneficios de la democracia sino inclusión de la Ciudad de Bs. As en el país, del cual su gobierno toma cada día más distancia.  

domingo, 14 de abril de 2013

Con los inundados: jornada solidaria en Villa Montoro, La Plata

Llegan de a montones, cantan consignas, llevan con orgullo sus remeras de agrupación, caminan, preguntan, vuelven a cantar. 
Por fin se dividen y salen, con pala y bolsas a limpiar las calles, con colchones para quienes tuvieron que tirarlos, con planillas donde consignar en qué casa falta qué. 
Este sábado Villa Montoro,uno de los barrios arrasados por las inundaciones en La Plata,  tuvo la única invasión que puede ser buena, la de la solidaridad. 
Miles y miles de pibes hacen todo lo que se necesite,  cientos de soldados, casi tan jóvenes como ellos dan apoyo, con los camiones, preparando comida para quienes se toman un rato de descanso y enseguida volver a la calle. 
Frente a nuestra carpa, el puesto sanitario, por momentos parece que se va a a hacer un recital o un acto, tanta es la masa compacta que ocupa toda la calle. 
Pibas y pibes chicos, de secundaria, pibes más grandes, pibes que vienen seguramente de barrios no muy diferentes a éste: pobreza, sacrificio, pelear el día a día. 
Pibes de barrios más desahogados, todos mezclados, caras de determinación alternan con risas, bromas. 
Hay quien tiene en claro a qué viene, quien va a aprenderlo hoy y ya no va a olvidarlo. La solidaridad, el esfuerzo compartido los volverá diferentes a a sus casas, a sus lugares de estudio o de empleo. 
En minutos ya están clasificando donaciones en el Centro de Distribución, dentro del Club Tricolores, o salen para diferentes calles con la tarea ya asignada. Apenas se apaga su rumor llegan otros contingentes y todo vuelve a empezar. 
Hace ya 31 años, pibes de estas edades eran enviados a la muerte, cuando la dictadura dejó de tirarlos al mar desde aviones y los mandó en cambio a perder toda esperanza, morir o enloquecer en las Malvinas. Ooficiales entrenados para la tortura, la opresión y el asesinato desentonaron en la guerra. 
HNoy parece que otras son la enseñanazas.
Pibes y soldados vuelven a mirarse las caras. La iniciativa es diferente, la tiene la solidaridad, también la política. 
Denostados por la derecha y los medios corporativos, miles de jóvenes de hoy anuncian que otra gran generación está tomando la posta de la iniciativa popular para hacer un presente de esperanza.