Las últimas dos semanas han llevado al centro de la institucionalidad política los rechazos temores y de buena parte de nuestra sociedad ante los efectos regresivos del proyecto macrista.
La decisión de la mayoritaria de la oposición en diputados para impulsar un ley de suspensión de los despidos, el despacho de un proyecto más lavado, pero con voto opositor casi unánime en el senado. La primera movilización que reunirá a todo el sindicalismo en décadas, justo en un acto de primero de mayo y con señales claras de confrontación si el gobierno no retrocede en su ofensiva contra conquistas históricas y de los últimos doce años. Las incipientes divisiones que surgen en sectores políticos que en los primeros meses actuaban casi como voceros y defensores del nuevo gobierno.
¿Fueron los Panamá papers? Hasta la prensa menos adicta al gobierno va reduciendo espacios para este tema que supo cobrarse ministros en otros países y acá aún no supera el chismorreo. Sea porque la disputa de espacios entre Clarín y las bondades de Macri con Turner se se está resolviendo en un reparto más o menos salomónico, sea por instinto de preservación entre culpables, el caso es que al reducirse el fuego amigo y multiplicarse los involucrados, la noticia languidece a la espera de reacciones sociales que por ahora no se producen.
¿Fue por la cadena de complicidades narco-ocupas de lujo- gubernamentales que llevaron a la muerte de los pibes en la rave de Costa Salguero? Con el correr de los días el tema se va diluyendo en culpables que se victimizan, búsqueda de culpables abstractos que reemplacen a los conocidos y concretos que aloja el gobierno porteño. Hasta Rodríguez Larreta se permite desaparecer por semanas y de ese modo alejarse de un posible síndrome de Cromañón más cercano a sus temores que a la posibilidad real.
¿Serán los despidos, la inflación, los tarifazos, la rendición ante los buitres, la instalación del Departamento de Estado en la Cancillería, el FMI en el Banco Central, el fundamentalismo de recambio en el Nación?
Todo suma, pero a pesar de frustraciones, postergaciones, promesas incumplidas, maltratos y pérdidas, pocos reaccionan hoy de manera impensada, sin medir sus posibilidades de disputa, sus posibilidades de sumar adhesiones, de concretar salidas a una situación que hace apenas unos días parecía incontrolable. Ni los más perjudicados, ni los que temen ser nuevas víctimas saqueo, ni los confundidos por la revolución de la alegría, mucho menos los conformistas o los oportunistas. La nuestra es una sociedad politizada, nuestro pueblo ha experimentado las suficientes derrotas y también los excepcionales tiempos de victoria como para intuir que lo perdido se recupera con mucho sacrificio y unidad, que lo ganado puede perderse en cualquier momento, que nada resulta más costoso que confrontar desde la dispersión.
Entonces: ¿Qué cambió en esta coyuntura para activar divisiones en el bloque político de Cambiemos, mover a la protesta a sectores que participaron de su campaña electoral, vivaron su triunfo y justificaron sus primeras medidas? ¿Qué cambió para que la pasividad o confusión entre funcionarios y referentes kirchneristas vayan dando paso actitudes proactivas, que el resentimiento vaya siendo sustituido por la búsqueda de consensos y propuestas que recalen nuevamente en nuestro pueblo?¿Qué nos trajo a este momento, a estar a horas de una concentración seguramente multitudinaria y con posibilidades de superar las expectativas más optimistas, tanto en número como en reclamos?
Dos eventos.
Uno: la multitud, las multitudes, que el 24 de mayo dieron cuenta en Plaza de mayo y en muchas plazas provinciales que memoria, verdad y justicia están en la conciencia y el sentimiento de nuestra sociedad a pesar del triunfo neoliberal de octubre.
Otro: el raid que inició el 13 de abril Cristina en Comodoro Py que, aún con claroscuros, tuvo un efecto social e institucional tan revelador como dinamizador.
Desde un Bonadío que casi jugó de visitante en el escenario que tanto preparó para un nuevo abuso "judicial" hasta el acto masivo y las movidas de militantes pero tambien de empleados, en repudio al juez dentro de los mismos tribunales. Desde el "deciamos ayer" que instaló Cristina al comenzar su discurso hasta la virtual cadena nacional que la puso a la vista y oídos de toda poblacion, todo concurrió a desnudar la vulnerabilidad politica de un gobierno que cuenta con un fabuloso poder económico, mediático e imperialista pero no tiene comprado el mismo respaldo social ni está asegurado contra las disputas de intereses de los propios, que pujan por hacer su exclusivo y excluyente negocio corporativo.
Y junto a este efecto revelador de la verdadera envergadura de quienes gobiernan, otro efecto revelador y dinamizador: Cristina es la única referente que puede provocar esa situación. Es la única no sólo por su trayectoria política y su capacidad discursiva sino por algo más elemental y trascendente: Cristina, en el llano y ante un gobierno antagónico es la única líder política de la Argentina. Sólo ella puede juntar en su presencia y actitud lo que se jugara el 24 de marzo y la necesidad de retorno a un gobierno popular. Los tibios aumentaron la temperatura de sus diferencias con el gobierno, los pasivos se movillizaron, todos cobraron noción que, con Cristina en movimiento, quien no actura quedaría opacado.
Los porqués de este liderazgo incontrastable pueden ser pasto de debate y opiniones diversas. Lo que no se puede ignorar al respecto es que no hay ni entre nuestras filas ni en ningún sector de la dirigencia política alguien con su protagonismo en las conquistas logradas hasta 2015, alguien que resuma en sí mismo los logros y adversidades de los '70, la resistencia al neoliberalismo, el renacer del peronismo, la construcción del gobierno popular.
De esta épica, de la construcción colectiva, el reconocimiento social, la recreación de una identidad, del rescate de un cultura, de esto se nutren los liderazgos cuando una parte importante de la sociedad los convalida.
En los últimos tiempos ha sucedido también un afecto dispersivo entre algunos referentes. Intentos autocríticos que al buscar explicación para la derrota electoral, trazan escenarios imaginarios, sin referencias colectivas, donde la creación política quedaría librada a lo individual o a colectivos parciales sin importar cuál es su vinculo real con el pueblo, cuál es el reconocimiento que nuestra gente les dispensa. Algunos compañeros suponen que las urgencias del pueblo tienen que ver sólo con sus padecimientos, olvidando que venimos de doce años de gobierno popular y que en la conciencia de cada habitante de este país está presente esa referencia, ya sea que esté a favor o en contra. La militancia, los referentes, las estructuras están para más que para sufirir los padecimientos de nuestra gente, se espera que sean vehículo para volver a gobernar a la vez que para impedir que el gobierno actual siga accionando contra los intereses populares. Suponer que vamos a recuperar las conquistas avasalladas sin gobernar, sin recuperar la estructura del Estado es mera ciencia ficción condenada a no tener el acompañamiento de las mayorías.
Nada más cercano a los errores que nos llevaron a la derrota que desperdiciar el capital político que nos permitiera ganar el gobierno y transformar el país durante doce años.
Suponer que será posible volver sin Cristina sería tan descaminado como rehuir a las responsabilidades que cada sector y cada militante tiene en la construcción de ese camino. Son papeles diversos, pero así como el 24 de marzo puntualizó con quienes contamos para retomar la senda, el 13 de abril mostró en quién puede referenciarse ese proceso. Una militancia, estructuras y referentes que buscan encontrarse tras la derrota, una conducción que debe asimilarse al llano para recuperar lo mejor de cada sector y potenciarlo a la victoria. En el encuentro de ambos factores está la posibilidad de lograrla.
Hoy, 29 de abril camino el primero de mayo, podemos sumar un nuevo paso: avanzar hacia la recuperación del movimiento obrero .
El desafío será que nadie se sienta más importante que el conjunto.
ES TIEMPO DE CONSTRUIR LO NUEVO En los mejores días, decíamos "Gracias Flaco y Cristina x hacer lo que dijeron que iban a hacer y parecerse tanto a lo que fuimos y somos". Intentamos un continente en que crecer con solidaridad, inclusión, diversidad, equidad y justicia. Hoy la situación es otra: Un gobierno dirigido realizar su "revolución" conservadora, saquear al pueblo, arrasar derechos y legalizar el nuevo estado de situación. AHORA ES TIEMPO DE IMPEDIRLO Y LO HAREMOS RESISTIENDO UNIDOS
viernes, 29 de abril de 2016
jueves, 24 de marzo de 2016
24 de marzo: CERCA DE LA MEMORIA, LEJOS DEL SUFRIMIENTO
Durante
años, pero sobre todo estos últimos doce, probamos, nos probamos,
incluimos a nuevas generaciones en la prueba de que podemos construir un
país para todas y todos, que fuimos capaces de sobrevivir con nuestro
bagaje de sueños y utopías y concretar muchos, que nuestros compañeros
no cayeron en vano y que el prolongado sùfrimiento de nuestro pueblo
no terminó de borrar su identidad ni sus pretensiones de vida.
Volvieron las mejores palabras y lo que quisieron sepultar recobró su vigencia. Nuestros muertos y desaparecidos salieron de las fotos para ser identidades, un espejo para nuestros hijos y nietos. ¿Qué vida más lograda que aquella en que compartimos luchas, sueños e ideales con quienes engendramos?
El olvido, la mentira, la injusticia tuvieron que ceder paso al reclamo colectivo. Primero la anulación de las leyes de la impunidad, luego los juicios, ver los campos de concentración devenidos en espacios de memoria, los pibes recuperados, los pañuelos como un símbolo que no retrocede, genocidas con la condena oficial y la del desprecio popular.
Cierto, nada es para siempre, vivimos en un mundo y un paÍs más desigual que los que merece nuestra gente. Las conquistas de un momento pueden ser las pérdidas del siguiente.
Sin embargo, desde el genocidio a hoy no sólo pasaron décadas, también quedaron valores que se incorporan al sentir y el vivir de las mayorías.
Veo que muchos amigos y compañeros se resienten al escuchar nuestras palabras en boca de gestores, beneficiarios y cómplices del genocidio. Que el presidente del país más criminal de la historia y del presente visite el Espacio para la Memoria, que otro presidente, el de la restauración neoliberal, se anoticie por primera vez de la conmemoración del 24 de marzo y ponga por primera vez sus pies en espacios de la memoria. Estas escenas pueden ser sentidas como afrentas, como una vejación.
Tal vez por mi optimismo, tal vez por lo he visto realizarse después de aquellos días en que parecía no haber más futuro, creo que los que padecen la afrenta son aquellos líderes de la impostura: hablan de lo que deploran, reivindican lo que rechazan. Los veo y escucho y siento que en este 24 se reafirma una línea de la que aún no pueden hacernos retroceder porque está en el alma de nuestro pueblo.
Nada es para siempre, pero cuando un valor, una conquista se anidan en el pueblo se necesitan muchas derrotas para se pierda. Los días más felices pueden volver si no nos equivocamos.
Volvieron las mejores palabras y lo que quisieron sepultar recobró su vigencia. Nuestros muertos y desaparecidos salieron de las fotos para ser identidades, un espejo para nuestros hijos y nietos. ¿Qué vida más lograda que aquella en que compartimos luchas, sueños e ideales con quienes engendramos?
El olvido, la mentira, la injusticia tuvieron que ceder paso al reclamo colectivo. Primero la anulación de las leyes de la impunidad, luego los juicios, ver los campos de concentración devenidos en espacios de memoria, los pibes recuperados, los pañuelos como un símbolo que no retrocede, genocidas con la condena oficial y la del desprecio popular.
Cierto, nada es para siempre, vivimos en un mundo y un paÍs más desigual que los que merece nuestra gente. Las conquistas de un momento pueden ser las pérdidas del siguiente.
Sin embargo, desde el genocidio a hoy no sólo pasaron décadas, también quedaron valores que se incorporan al sentir y el vivir de las mayorías.
Veo que muchos amigos y compañeros se resienten al escuchar nuestras palabras en boca de gestores, beneficiarios y cómplices del genocidio. Que el presidente del país más criminal de la historia y del presente visite el Espacio para la Memoria, que otro presidente, el de la restauración neoliberal, se anoticie por primera vez de la conmemoración del 24 de marzo y ponga por primera vez sus pies en espacios de la memoria. Estas escenas pueden ser sentidas como afrentas, como una vejación.
Tal vez por mi optimismo, tal vez por lo he visto realizarse después de aquellos días en que parecía no haber más futuro, creo que los que padecen la afrenta son aquellos líderes de la impostura: hablan de lo que deploran, reivindican lo que rechazan. Los veo y escucho y siento que en este 24 se reafirma una línea de la que aún no pueden hacernos retroceder porque está en el alma de nuestro pueblo.
Nada es para siempre, pero cuando un valor, una conquista se anidan en el pueblo se necesitan muchas derrotas para se pierda. Los días más felices pueden volver si no nos equivocamos.
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miércoles, 2 de marzo de 2016
ANDREW BLAQUE, LA SALUD MENTAL DEL PAÍS A CARGO DE UN PERVERSO
El audio de la reunión de Andrew Blake y su asistente con el personal que decide "discontinuar" de la Dirección Nacional de Salud Mental es todo un testimonio de época.
En un país en el que se produjo un genocidio hace cuatro décadas, se agregó una Guerra de Malvinas que vino a proyectar en el tiempo la liquidación de nuevas generaciones, se le sumo un proceso de destrucción productiva y desempleo que derivó en la ruptura de los lazos sociales y familiares más básicos, el Director Nacional de Salud Mental considera que contar con 600 profesionales en su repartición es "un exceso de personal".
Esto implica al menos tres cuestiones:
- El funcionario cree que su Dirección no tiene que hacer nada respecto a estas referencias históricas, sociales y de deterioro de la salud mental colectiva e iindividual que motivaron la ampliación de la planta de esa dirección.
- Considera que su dirección tiene que dedicarse a tareas "superestructurales" y no a tareas "de infraestructura" como las de ir a barrios y provincias más afectadas por el Terrorismo de Estado y el desguace neoliberal.
- Es y se muestra tan bruto como para reconocer de modo explícito que quiere de este modo convertir a su oficina en "superestructura", es decir un espacio burocrático sin más incidencia santaria que la de emitir informes, memorandums mientras sigue rastreando personal a echar y toma algunos borócratas propios para relleno. La contracara de esa poca profesionalidad es llamar "infraestructura" al trabajo en espacios sociales marginados. Por supuesto, decir las cosas claramente: "desguace" de la Dirección de Salud Mental, resonaría con el eco de otros desguaces y desgracias colectivas cuyos efectos aún estamos tratando de restañar.
- Comunica a los compañeros echados que inicialmente tenía otra perspectiva: trasladar a provincias y gobiernos locales las funciones que el personal realizaba, ¿cuando provincias y municipios están siendo ahogados por el gobinerno nacional? Con la misma bohonomía les dice que como eso no funcionó los rajan sin haber revisado sus expedientes ni controlado la actividad de cada uno.
- Por si faltaba algo que agrave lo que sucede, esta discusión se produce a seis años de vigencia de la Ley nacional de salud mental n° 26.657, instrumento por el cual un estado presente comenzaba a hacerse cargo de desmantelar el aparato manicomial y a responsabilizarse de los males que habían producido décadas de gestiones anteriores. Como otros funcionarios, Blake viene a destruir el marco legal del espacio institucional que toma a su cargo.
En estos tiempos de retorno del relativismo neoliberal, alguien podría decir que es lo esperable de un funcionario del PRO y que no hay por qué sorprenderse ni se comprendería por qué, los compañeros se resienten y mortifican por el trato que reciben, las actividades que se eliminan, las personas que dejan de recibir atención.
No es mi caso.
Hay algo que diferencia a los trabajadores que discuten y el funcionario y su asistente.
Los compañeros saben que sus argumentos deben estar del lado de la salud mental, es decir, conformes a criterios de verdad, de responsabilidad social, de ejercicio profesional y por lo tanto no pueden ponerse del lado del cinismo.
Al contrario, buscan argumentos, se amocionan, hasta las lágrimas alguno. En cambio Blake, un profesional de salud mental que hace de esto un trámite cuando su mayor o menor formación profesional debería indicarle que que está atentando contra la salud mental de quienes dialogan con él, contra la salud mental de quienes dejan de recibir la atención de estos profesionales, quien en ejercicio de esa Dirección hace esto es simplemente un perverso y no hay nada que lo excuse.
En un país en el que se produjo un genocidio hace cuatro décadas, se agregó una Guerra de Malvinas que vino a proyectar en el tiempo la liquidación de nuevas generaciones, se le sumo un proceso de destrucción productiva y desempleo que derivó en la ruptura de los lazos sociales y familiares más básicos, el Director Nacional de Salud Mental considera que contar con 600 profesionales en su repartición es "un exceso de personal".
Esto implica al menos tres cuestiones:
- El funcionario cree que su Dirección no tiene que hacer nada respecto a estas referencias históricas, sociales y de deterioro de la salud mental colectiva e iindividual que motivaron la ampliación de la planta de esa dirección.
- Considera que su dirección tiene que dedicarse a tareas "superestructurales" y no a tareas "de infraestructura" como las de ir a barrios y provincias más afectadas por el Terrorismo de Estado y el desguace neoliberal.
- Es y se muestra tan bruto como para reconocer de modo explícito que quiere de este modo convertir a su oficina en "superestructura", es decir un espacio burocrático sin más incidencia santaria que la de emitir informes, memorandums mientras sigue rastreando personal a echar y toma algunos borócratas propios para relleno. La contracara de esa poca profesionalidad es llamar "infraestructura" al trabajo en espacios sociales marginados. Por supuesto, decir las cosas claramente: "desguace" de la Dirección de Salud Mental, resonaría con el eco de otros desguaces y desgracias colectivas cuyos efectos aún estamos tratando de restañar.
- Comunica a los compañeros echados que inicialmente tenía otra perspectiva: trasladar a provincias y gobiernos locales las funciones que el personal realizaba, ¿cuando provincias y municipios están siendo ahogados por el gobinerno nacional? Con la misma bohonomía les dice que como eso no funcionó los rajan sin haber revisado sus expedientes ni controlado la actividad de cada uno.
- Por si faltaba algo que agrave lo que sucede, esta discusión se produce a seis años de vigencia de la Ley nacional de salud mental n° 26.657, instrumento por el cual un estado presente comenzaba a hacerse cargo de desmantelar el aparato manicomial y a responsabilizarse de los males que habían producido décadas de gestiones anteriores. Como otros funcionarios, Blake viene a destruir el marco legal del espacio institucional que toma a su cargo.
En estos tiempos de retorno del relativismo neoliberal, alguien podría decir que es lo esperable de un funcionario del PRO y que no hay por qué sorprenderse ni se comprendería por qué, los compañeros se resienten y mortifican por el trato que reciben, las actividades que se eliminan, las personas que dejan de recibir atención.
No es mi caso.
Hay algo que diferencia a los trabajadores que discuten y el funcionario y su asistente.
Los compañeros saben que sus argumentos deben estar del lado de la salud mental, es decir, conformes a criterios de verdad, de responsabilidad social, de ejercicio profesional y por lo tanto no pueden ponerse del lado del cinismo.
Al contrario, buscan argumentos, se amocionan, hasta las lágrimas alguno. En cambio Blake, un profesional de salud mental que hace de esto un trámite cuando su mayor o menor formación profesional debería indicarle que que está atentando contra la salud mental de quienes dialogan con él, contra la salud mental de quienes dejan de recibir la atención de estos profesionales, quien en ejercicio de esa Dirección hace esto es simplemente un perverso y no hay nada que lo excuse.
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martes, 1 de marzo de 2016
CHUANISIN: LA ABUNDANCIA PERDIDA
Viendo la maravillosa serie documental "ATLÁNTICO SUR en Canal Encuentro, me entero
que los yamanas llamaban a la Isla de los Estados Chuanisin, "isla de la
abundancia" .
Si uno viera ese lugar con ojos de gente urbana de hoy, probablemente pensaría en otras cosas antes que en abundancia: desolación, paisaje desconocido, clima hostil, aislamiento.
Muchas cosas cambiaron entre aquella cultura y la nuestra. Dos, creo, son las principales.
- Para una comunidad que solo buscaba lo que necesitaba para vivir y prosperar como tal, caza para abrigo y alimento, refugio natural, agua potable, algún vegetal, minerales para sus arrestos artísticos, esto que brindaba la isla era LA abundancia.
En una cultura como la capitalista, en la que todo es ajeno, salvo para una minoria, unos nos matamos trabajando para acceder a lo que siempre parece poco, otros acumulan y explotan porque siendo propietarios de casi todo, también todo les parece poco. Quien explota, quien es explotado, ni uno ni otro puede sentir la abundancia más que en momentos fugaces. Nada más efímero que la satisfacción, la sensación de estar frente a la abundancia. Esa es una de las diferencias.
- La otra diferencia: ningún fenómeno natural, ningún artificio técnico, sacaron a aquellas comunidades de su convivencia con la abundancia. Fue el genocidio perpetrado por gentes empujadas al límite del mundo para sobrevivir, proveedores lejanos de aquellos que se apropiaron de todo en sus tierras de origen. Un poco fueron matanzas acometidas para convertir en desierto lo que no era desierto, apropiar de este modo aquello que ya pertenecía a pueblos que se exterminaba. Otro poco fue exterminio de los animales de que vivían los originarios: lobos de dos pelos, peces, ballenas, pingüinos. Lo que alimentaba a una familia entera por semanas eran dos pesos en el bolsillo de los que cazaban para las factorias de aceite o los comerciantes de pieles.
La mayor parte de quienes poblamos la Argentina somos descendientes de gente de trabajo, originaria y europea. La gran mayoria.
Pero todos convivimos con trazas de genocidios que reviven y merodean de época en epoca. A veces como angustia, fantasmas inexplicables, a veces como nuevas matanzas: la colonia, la triple infamia, la "campaña al desierto", la semana trágica, los fusilados de la Patagonia, el Proceso.
Es entre tanto sufrimiento perpetrado y silenciado que se tejió esta barrera entre los contemporáneos y su posibilidad de ver en aquellas tierras más que pintoresquismo y disfrute estético.
La abundancia ya no es ni siquiera una ilusion a nuestro alcance.
Si uno viera ese lugar con ojos de gente urbana de hoy, probablemente pensaría en otras cosas antes que en abundancia: desolación, paisaje desconocido, clima hostil, aislamiento.
Muchas cosas cambiaron entre aquella cultura y la nuestra. Dos, creo, son las principales.
- Para una comunidad que solo buscaba lo que necesitaba para vivir y prosperar como tal, caza para abrigo y alimento, refugio natural, agua potable, algún vegetal, minerales para sus arrestos artísticos, esto que brindaba la isla era LA abundancia.
En una cultura como la capitalista, en la que todo es ajeno, salvo para una minoria, unos nos matamos trabajando para acceder a lo que siempre parece poco, otros acumulan y explotan porque siendo propietarios de casi todo, también todo les parece poco. Quien explota, quien es explotado, ni uno ni otro puede sentir la abundancia más que en momentos fugaces. Nada más efímero que la satisfacción, la sensación de estar frente a la abundancia. Esa es una de las diferencias.
- La otra diferencia: ningún fenómeno natural, ningún artificio técnico, sacaron a aquellas comunidades de su convivencia con la abundancia. Fue el genocidio perpetrado por gentes empujadas al límite del mundo para sobrevivir, proveedores lejanos de aquellos que se apropiaron de todo en sus tierras de origen. Un poco fueron matanzas acometidas para convertir en desierto lo que no era desierto, apropiar de este modo aquello que ya pertenecía a pueblos que se exterminaba. Otro poco fue exterminio de los animales de que vivían los originarios: lobos de dos pelos, peces, ballenas, pingüinos. Lo que alimentaba a una familia entera por semanas eran dos pesos en el bolsillo de los que cazaban para las factorias de aceite o los comerciantes de pieles.
La mayor parte de quienes poblamos la Argentina somos descendientes de gente de trabajo, originaria y europea. La gran mayoria.
Pero todos convivimos con trazas de genocidios que reviven y merodean de época en epoca. A veces como angustia, fantasmas inexplicables, a veces como nuevas matanzas: la colonia, la triple infamia, la "campaña al desierto", la semana trágica, los fusilados de la Patagonia, el Proceso.
Es entre tanto sufrimiento perpetrado y silenciado que se tejió esta barrera entre los contemporáneos y su posibilidad de ver en aquellas tierras más que pintoresquismo y disfrute estético.
La abundancia ya no es ni siquiera una ilusion a nuestro alcance.
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miércoles, 3 de febrero de 2016
DE BUITRES, AGUAS Y TITANIC
Si se pagara a los buitres italianos en las condiciones que anunciaron
Prat Gay y Peña no sólo seria una rendición del actual gobierno, Macri y los suyos se estarían
sumando al ejército invasor y sauqueándonos para su corona: el capital
financiero internacional.
Son 1350 millones hoy y un futuro de 200 mil o la cifra que seamos capaces de pensar para nuestros hijos, nietos y los que vengan después.
Si pagáramos -todos los argentinos, no sólo el gobierno- el 150% del capital que reclaman estos bonistas que no acordaron quita, vendrían todos los que acordaron quitas y reclamarían al menos su 100%. Grecia en América del Sur.
¿Y las aguas?
Del lado del pueblo estarán los dirigentes que hoy convoquen a impedir esta entrega, los que no la habiliten en el Parlamento, los que ionterrumpan vacacionese internas y se la jueguen unidos y los que se la jueguen por una repuesta UNIDA, en cada puesto en que se encuentren.
¿Y el Titanic?
Discutir hoy otra cosa, sea cual sea, sería discutir con qué música bailar mientras el agua nos va tragando. Internas, resistencia, despidos, represión, cuadros bajados, genocidas reciclados, todo se subsume en estos dólares comprometidos y todo se podrá realizar si damos el primer paso de no permitirlo.
(Con la esperanza de que estos inmensos, maravillosos doce años tengan mejor destino que el musgo y que estas reflexiones no sean esas las botellas al mar de las que hablaba Marechal)
Son 1350 millones hoy y un futuro de 200 mil o la cifra que seamos capaces de pensar para nuestros hijos, nietos y los que vengan después.
Si pagáramos -todos los argentinos, no sólo el gobierno- el 150% del capital que reclaman estos bonistas que no acordaron quita, vendrían todos los que acordaron quitas y reclamarían al menos su 100%. Grecia en América del Sur.
¿Y las aguas?
Del lado del pueblo estarán los dirigentes que hoy convoquen a impedir esta entrega, los que no la habiliten en el Parlamento, los que ionterrumpan vacacionese internas y se la jueguen unidos y los que se la jueguen por una repuesta UNIDA, en cada puesto en que se encuentren.
¿Y el Titanic?
Discutir hoy otra cosa, sea cual sea, sería discutir con qué música bailar mientras el agua nos va tragando. Internas, resistencia, despidos, represión, cuadros bajados, genocidas reciclados, todo se subsume en estos dólares comprometidos y todo se podrá realizar si damos el primer paso de no permitirlo.
(Con la esperanza de que estos inmensos, maravillosos doce años tengan mejor destino que el musgo y que estas reflexiones no sean esas las botellas al mar de las que hablaba Marechal)
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lunes, 1 de febrero de 2016
ES LA DERECHA, ¿VISTE?
La
derecha es eso que restaura el dominio del capital concentrado mientras muchos
nos preguntamos qué es.
Fascismo
en las crisis terminales, terrorismo de Estado en las crisis de aquellos países
que llegaron tarde al reparto del mundo, neoliberalismo con el avance del complejo
militar- financiero sobre el debilitado Estado de bienestar DESDE LOS ´70/´80, , estatismo y
negocios para la oligarquía en recomposición de los ´30, desarrollismo
multinacional y entregador para los vencedores finales de lo que inició la “Libertadora”
, menemismo de lumpen gobernantes y liquidadores eficaces en la captura parcial
y temporaria del peronismo en crisis en los ´90.
Deteniéndonos
un poco más en la Libertadora, sus poderes en las sombras fueron los mismos que
diez años antes soñaron con un gobierno de la Suprema Corte y sólo a regañadientes
aceptaron la salida electoral cuando la movilización del 17 de octubre cercó la
Rosada. Golpe, gobierno de la Corte, salida electoral aunque gane un enemigo.
La derecha es cualquier cosa menos
rígida. Con el poder económico en sus manos puede darse tiempo y encarar salidas
a cada crisis.
Si
la dominación es clara y la hegemonía del Gran Capital posible, la derecha es eso
que sobrevuela y ronda mientras partidos y políticos en decadencia le hacen el
trabajo sucio y tratan de entibiarlo con discursos republicanos.
Si
la dominación ha sido puesta en peligro y la hegemonía cuestionada, como es el
caso de los últimos doce años, al no estar presente la alternativa militar los
dueños del país tienen que tomar cartas en el asunto y apelar a sus hombres de
confianza absoluta. Como es el caso actual. Cada ministro, secretario,
funcionario de mayor o menor rango, debe su lugar y lo ejercita antes que por su capacidad de manejar lo
virtual o disfrazar los obvio, a su incondicionalidad para con la restauración
conservadora y con la liquidación de toda traza del Estado de bienestar que kirchnerismo
vino a reinstalar aprovechando el vació de hegemonía en que nos sumiera la
decadencia del menemismo y la triste experiencia de la Alianza.No son brutos, bocones ni insensibles: son soldados de una restauración conservadora absoluta.
Entre
los muchos debates que abre el traspié de un gobierno popular, nuestro gobierno
popular, está el de definir a qué nos enfrentamos, cuáles son los rasgos
salientes de ese adversario que ha venido a ocupar nuestro lugar, sus métodos,
objetivos, perspectivas, su identidad al fin. Hay compañeros que se sorprenden
por la virulencia de estos cincuenta días, otros que aún en su perplejidad
ensayan formas de resistencia con los métodos habituales, otros arriesgan que
el macrismo no podrá sostener el ritmo actual, otros en fin suponen que el
futuro inmediato será más virulento que el actual.
Cada
momento dota a las derechas de una impronta, modalidades, sesgos, tics, así como
desafecta otros. Lo que no varía es el objetivo central –consolidar el poder
del Gran Capital- y el manejo de los tiempos: si la Libertadora ya se planeaba
antes del primer triunfo electoral de Perón, este gobierno ya se pensaba en el
2001 y antes aunque con variantes que la política fue descartando. Los dichos
de Melconian que durante años se difundieron para solaz de muchos compañeros (“si
este modelo se sostiene se va a exportar”) ya lo anticipaban en el 2000. Claro que
en aquel tiempo este coestatizador de deuda privada soñaba con un triunvirato
dirigido por el FMI mientras ahora vive, desde la presidencia del principal
banco oficial, la realidad de un gobierno de derechas electo por la derrota
electoral de un gobierno popular.
En un inteligente artículo, "Son otra cosa", Gustavo Varela hace un desarrollo creativo, perspicaz sobre aquellos que enfrentamos. Muchos personajes responden a la impronta que desarrolla, pero no acuerdo con lo central: no "Son otra cosa” . Este es un gobierno de
derecha, de la derecha más recalcitrante que se pueda recordar en un recambio
democrático. Viene, vale la pena repetirse, a restaurar el poder absoluto del Gran
Capital y a destruir toda la malla de reparación, inclusión y soberanía laboriosamente
construida por el kirchnerismo en doce años.
Sus
sujetos, los verdaderos artífices de este gobierno, no son los que nos entibian
las orejas mientras nos desocupan, nos basurean y amenazan, en fin nos excluyen.
Sus verdaderos sujetos son los que hacen esto último, despedir, entregar
patrimonio y soberanía, endeudarnos, conculcar derechos, discriminar, demonizar.
Y lo hacen tanto por necesidades del frente interno de la Alianza conservadora
(todos quieren más de lo que el gobierno les asigna, todos creen merecer más de
lo que les toca) como y principalmente por la tarea que se han asignado: eliminar,
esta vez con relativa legalidad institucional, toda esperanza de democracia
inclusiva y toda identidad protagónica en las mayorías populares. No pueden hacer otra cosa: o nos derrotan en toda la línea y trasladan la derrota al conjunto del pueblo o volvemos y el reclamo popular será mucho mayor. Más inclusión = menos privilegios. Es la ecuación que vienen a destruir
Cierto
que esta coyuntura nos llama a ser creativos y saber leer el discurso y los modos
de quienes nos despiertan a la mayoría de los argentinos cada día con una
batería de agresiones. Unos con el tono de las telefonistas que te explican por
qué está cortada la luz, internet o el teléfono y no se sabe cuándo vuelva. Otros
con el tono de “se acabó la fiesta”. Lo primero es no calentarse y no perder de
vista que la discusión está en lo que este gobierno está haciéndole al pueblo,
a la Nación, a la democracia, antes que en sus modos. En lo segundo está el
quid de la cuestión: erraríamos si pensamos que la pasividad de muchos
conciudadanos deviene del engaño que les producen los modos macristas: lo que genera
cierta disgregación en nuestro pueblo hoy es la percepción de la brutalidad y el
fundamentalismo de este gobierno, la sensación de que no va a detener su
ofensiva si no es en el marco de una confrontación mayúscula.
Por
eso no se masifican, aún en los sectores
más afectados por la ofensiva macrista, las acciones de defensa de los derechos
adquiridos.
No
es nuevo, lo mismo sintieron los dueños del país en el 2003. Si La Nación le dio
a Néstor una año de futuro como presidente, la bajada de los cuadros le vino a
indicar al poder real que, excluido el golpe no había herramienta posible para
sacarnos del gobierno en lo inmediato y tuvieron que fumarse doce años de
compartir poder con un Estado relativamente protector del interés popular.
Ahora viene su revancha y en su fundamentalismo no hay otro límite que el que
se logre imponerles desde una acumulación popular. Como me señalaba un
compañero en estos días es más que una lucha simbólica al que enfrentamos, es
lo que hace este gobierno y las consecuencias materiales que produce: cada
medida consolida posiciones para el gran capital, pero en mayor medida debilita
a los sectores de pueblo y mina su capacidad de disputa. La desocupación es uno
de los ejes centrales de este proceso.
Buena
parte de nuestro pueblo tiene, aunque a veces cueste percibirlo, la suficiente experiencia
política como para saber que los derechos adquiridos en estos doce años fueron
adquiridos con el gobierno como cabeza de cada iniciativa y que se necesita de
una gran unidad social y de cada resquicio de gobierno que conservamos para retomar
el camino de inclusión y soberanía emprendidos en 2003. No es por la confusión
que generan los malos repetidores de malos aforismos que el gobierno macrista no
encuentra obstáculos serios a su acción restauradora.
Es
porque la derrota electoral no termina de procesarse en aquellas herramientas
que sirvieron para llegar a donde llegamos, el FPV, el PJ, las mayorías
parlamentarias, gobernaciones, gobiernos locales y por supuesto, las
organizaciones sociales.
No
habrá recomposición popular suficiente sin una señal clara de unidad de estos
sectores, nuestra dirigencia, con una clara perspectiva: nada se puede esperar
de este gobierno en el sentido de inclusión, soberanía, ampliación de derechos,
desarrollo productivo, empleo.
Cada
sector social irá tomando nota de esta realidad en diferentes momentos acorde a
cómo vaya siendo afectado, pero todas las acciones que se produzcan sólo aportarán
a la recuperación de lo que construimos si se la vincula a dos objetivos
insoslayables: ganar las legislativas del 2017 para condicionar al gobierno hasta
su derrota en 2019.
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Derechas,
exclusión,
resistencia,
restauración conservadora
lunes, 23 de noviembre de 2015
BALLOTAJE, MEMORIA, IDENTIDAD, RESPETO
Veo con preocupación que algunos compañeros y amigos ironizan o directamente atacan con promesas de desastre a quienes no votaron nuestra propuesta. "Ahora vas a ver...", "votaste para que te hagan esto...", etc.
Ayer cerca de la mitad de nuestros compatriotas votó por la continuidad de nuestro proyecto. Un poco mas de la mitad votó a Macri. En el primer caso se trató de refrendar una experiencia de gobierno, de ciudadanía, de vida. En el segundo se votó un discurso.
Para más de veinte millones, la experiencia de CABA es demasiado diferente, lejana y limitada como para que puedan dar por sentado cómo será la próxima gestión. Dirigentes y milititantes podemos prever cómo será, es parte de nuestro posicionamiento en el mundo, y de nuestra responsabilidad.
No es así con quienes no hacen de la politica su eje de vida. Otras determinaciones -afectos, sueños, apetencias, aspiraciones, necesidad de trascendencia, familia, calidad de vida, empleo, etc, etc- pesan en su existencia con tanta legitimidad como sustancia. De hecho son estas cuestiones las que conforman nuestra existencia (la vida es aquello que pasa mientras estamos ocupados en lo importante, dijo alguna vez John Lenon).
En todo caso, ni nuestro ejercicio de la politica garantiza por sí solo que voy a acertar siempre, ni el ejercicio esporádico que realiza cualquier compatriota implica que se equivoque.
Lo que no hay que olvidar es que el verdadero sujeto del cambio es el pueblo y que siempre aquello que el pueblo esté dispuesto a hacer será lo que defina si mi propuesta politica es viable o no.
Ahora bien, el encuentro entre ambos planos, la politica y la vida se da, y la elección lo demuestra, de modo diverso.
Nada más alejado de la acción politica, sobre todo de una identidad popular, que erigirse en juez de las decisiones mayoritarias. Empeora las cosas cuando el juicio se complementa con condena y resentimiento.
La militancia exige entender las acciones de la mayoría, comprender sus motivaciones, saber traducirlas en propuestas de participación, organización y sostén en momentos propicios para el avance popular, de resistencia y lucha cuando avanzan las políticas antipopulares.
Todo distanciamiento entre la militancia y sectores del pueblo redunda en el debilitamiento de uno y otro. El pueblo se pierde nuestro aporte, nosotros perdemos nuestro vínculo con nuestra gente. Nada trascendente puede surgir de ese divorcio, sólo su aprovechamiento por parte de la derecha.
Cerca de la mitad de nuestra ciudadania votó nuestra propuesta de gobierno. deberíamos alegrarnos de su reconocimiento, el reconocimiento a lo hecho estos doce años, a la gestión y conducción de Cristina, al esfuerzo de Scioli. Faltó poco para que ese voto alcance para nuestra continuidad y reafirmación.
Un poco más de la mitad votó a un gobierno que, sabemos, gobernará en contra de la mayoría y tratará de eliminar conquistas, desmontar los avances del pueblo en el Estado.
Cada una de las dos mitades necesita de nuestra acción y nuestra presencia para enfrentar los dias por venir.
Ya vivimos una etapa, la de gobernar todo el país durante doce años, ahora viene la de gobernar provincias, municipios y trabajar para recuperar el gobierno nacional mientras resistimos los intentos neoliberales de desguace y entrega.
Enfrentemos esta nueva etapa con alegría y dejemos el resentimiento para "La Nacion", la derecha toda, que sufre el saber que no ha podido esta vez terminar con el kirchnerismo y su impronta, que sólo ha ganado una batalla y ya nos aprontamos para recuperar lo perdido.
Un poco más de la mitad votó a un gobierno que, sabemos, gobernará en contra de la mayoría y tratará de eliminar conquistas, desmontar los avances del pueblo en el Estado.
Cada una de las dos mitades necesita de nuestra acción y nuestra presencia para enfrentar los dias por venir.
Ya vivimos una etapa, la de gobernar todo el país durante doce años, ahora viene la de gobernar provincias, municipios y trabajar para recuperar el gobierno nacional mientras resistimos los intentos neoliberales de desguace y entrega.
Enfrentemos esta nueva etapa con alegría y dejemos el resentimiento para "La Nacion", la derecha toda, que sufre el saber que no ha podido esta vez terminar con el kirchnerismo y su impronta, que sólo ha ganado una batalla y ya nos aprontamos para recuperar lo perdido.
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militancia,
resistencia
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