A todas y todos nos dejaste algún momento personal.
Algo que, en presencia o a la distancia, nos hizo compartir tu gesta, más acá de la militancia, de los sueños, de la historia.
¿Quién de nosotros no quiso sumergirse en un mar de compañeros unidos por la emoción de tener al fin un presidente de verdad? ¿Quién de nosotros no quiso, antes de saber que eso era posible, ver a un presidente pedir perdón, Él, que no callaba, perdón por el silencio de quienes lo precedieron tras el horror y el despojo?

Algo que, en presencia o a la distancia, nos hizo compartir tu gesta, más acá de la militancia, de los sueños, de la historia.
¿Quién de nosotros no quiso sumergirse en un mar de compañeros unidos por la emoción de tener al fin un presidente de verdad? ¿Quién de nosotros no quiso, antes de saber que eso era posible, ver a un presidente pedir perdón, Él, que no callaba, perdón por el silencio de quienes lo precedieron tras el horror y el despojo?

¿Quién de nosotros no quiso abrazar a Cristina y sentir que su fuego descansa por un momento en ese abrazo?
¿Quién de nosotros no quiso mirar a un presidente yanky y decirle "basta", mirarlo cara a cara de un modo que hasta esa palabra sea innecesaria, verlo partir de nuestra Patria derrotado por una vez?
¿Quién de nosotros no quiso, si hay que partir, se sabe, quedar en la memoria de todas y todos para siempre?
¿Quién de nuestra generación no quiso ser por un momento Juan Salvo, el Eternauta, dándole pelea al invasor junto a nuestra gente? Vos lo fuiste al punto de reemplazar su rostro cuando se lo evoca.

¿Quién de nosotros no quiso mirar a un presidente yanky y decirle "basta", mirarlo cara a cara de un modo que hasta esa palabra sea innecesaria, verlo partir de nuestra Patria derrotado por una vez?
¿Quién de nosotros no quiso, si hay que partir, se sabe, quedar en la memoria de todas y todos para siempre?
¿Quién de nuestra generación no quiso ser por un momento Juan Salvo, el Eternauta, dándole pelea al invasor junto a nuestra gente? Vos lo fuiste al punto de reemplazar su rostro cuando se lo evoca.

En cada momento volvés desde la nada como Juan, para decirnos que otra vez hay que pelear, resistir, reconstruir, que vos ya lo viste y que es posible, que la calma es un momento cuando el mundo es de otros que no saben ni quieren compartir.
Como hoy, como cuando nos conocimos, como siempre en estas tierras.
Ayer, por y a pesar de tu cumpleaños, quise esquivar ese minuto que ninguno de nosotros hubiera querido vivir pero todos llevamos dentro, de acuerdo a dónde nos encontró la noticia. A mí en casa, preparando café y mate, con facturas, esperando a quien resultó ser una piba, para el censo del 2010. La TV estaba en modo silencio tras una charla por teléfono y la veo ahora, otra vez en silencio como aquella vez, cuando suena otra llamada y entre llantos me dicen que estás muerto y el cartel fijo me lo confirma en la pantalla.

Como hoy, como cuando nos conocimos, como siempre en estas tierras.
Ayer, por y a pesar de tu cumpleaños, quise esquivar ese minuto que ninguno de nosotros hubiera querido vivir pero todos llevamos dentro, de acuerdo a dónde nos encontró la noticia. A mí en casa, preparando café y mate, con facturas, esperando a quien resultó ser una piba, para el censo del 2010. La TV estaba en modo silencio tras una charla por teléfono y la veo ahora, otra vez en silencio como aquella vez, cuando suena otra llamada y entre llantos me dicen que estás muerto y el cartel fijo me lo confirma en la pantalla.

¿Quién de nosotros no quisiera que hagas hoy lo de siempre, lo del líder, mostrar que cada uno, que cada una es capaz, que hay que hacerlo y que es posible. Que ni siquiera la muerte, ni siquiera la vida son excusa para sacarle el cuerpo?
Y volvés, como Juan Salvo en su eterno irse y volver a través del tiempo, a buscarnos, a sumarnos de cara a lo grandioso y a lo minúsculo, cotidiano.
Hola Néstor, vamos juntos, sigamos.















Es decir, hasta que no terminen el patriarcado, el machismo o la costumbre de jugar rugby entre varones, el patoteo que concluye en asesinato sería algo cotidiano.
Es extraño que estos autores no se pregunten por qué la práctica del mismo deporte arrojó en la dictadura el secuestro y seguro asesinato a todos los integrantes de La Plata Rugby Club a manos del Estado, pero arroja hoy una decena de asesinos que acaban con la vida de un pibe.
Pero así como los virus son pobres causas de enfermedades cuando hay pobreza, el sexo y el género no alcanzan a explicar lo que engendran las perversiones de Estado.
Una patota actuó con la moral Chocobar, como los gendarmes en el Sur con Santiago y Rafael, como validaban Bulrich y Macri.
A esos pibes, devenidos en asesinos, no se los formó con la historia y el ejemplo de los jugadores de La Plata Rugby Club sino con la tradición de las patotas oligárquicas: muchos contra uno, sin límites, la hazaña consistente no en la valentía, menos en el honor, ni hablar de la solidaridad, simplemente consistente en hacer algo con la seguridad que no se va a pagar por ello.
Pero estos pibes no son los gendarmes que Bulrich se negaba a arrojar por la ventana, ni los beneficiarios de las impunidades de 2015/2019, son sólo una mala copia y para colmo con la época ya lanzada a un proceso de cambio, pero de cambio real.
Asi que ahora, en tren de seguir exculpando a grandes responsables, se arremete contra la patota criminal pero relacionandola con abstracciones. Nada de parecidos con Bulrich, con Macri felicitando a Chocobar o al carnicero.
Este asesinato no es un hecho que pueda explicarse sin atender las consecuencias en la salud mental de la población que dejó el macrismo.
Néstor Kirchner produjo el hecho sanitario más significativo de los 12 años 2003/2015, en su discurso desde la ESMA, cuando separó la responsabilidad del Estado en el genocidio de la responsabilidad ciudadana. La sociedad parió a la Madres, las Abuelas, resistió, retrocedió ante lo monstruoso e inhumano, volvió a resistir.
Lo venimos planteando desde la subcomisión de Salud Mental del Instituto PATRIA aún en pleno auge del macrismo: un gobierno impune, sin moral cívica, corre los límites de lo que está mal, generaliza las conductas antisociales, vuelve a las personas en contra de las personas, así como el discurso meritocrático las vuelve, en la imposibilidad de sobrevivir con su esfuerzo, contra sí mismas.