Movilización
de obreras textiles de Nueva York el 8 de marzo de 1857, 120 mujeres asesinadas por la represión policial. 25 de marzo de 1911, arde el edificio de la fábrica de camisas Shirthwaist, en Nueva York, con las salidas bloquedas por los dueños mueren 146 trabajadoras.Mucho antes que la UN, Clara Zetkin propuso celebrar en el recuerdo de sus luchas y martirio, el día de la mujer trabajadora.
El patriarcado, el sometimiento a las mujeres y a las diversidades, las violencias con que siempre se sostiene la violencia del sometimiento, la violencia de la postergación, existieron antes de capitalismo. Pero el capitalismo los llevó hasta el paroxismo.
El derecho a votar, el derecho a la propiedad, el derecho a la misma remuneración por el mismo trabajo, el derecho a expresarse, el derecho a ser de un modo no impuesto, nunca llegaron temprano a las mujeres, nunca sin lucha, nunca sin sangre.
Mi saludo a mi hija Laura, a mi compañera Ceci, mi saludo a mi vieja, que un día descubrí que sólo hablaba después que mi viejo ya se había expresado, pero otro día, antes, cruzó la calle para esperar al cura del pueblo y pedirle ayuda por su hijo preso (y nunca me lo dijo, tampoco que solo recibió rechazo por este gesto), mi saludo a mi abuela india, que no llegó a conocerme pues murió a un mes de parir a su onceavo hijo, mi padre, mi abuela paterna rescatada de todos los silencios filiales gracias a un relato de ese tío que vivía en la calle, mi saludo a mi abuela materna, que copiaba todo el autoritarismo precedente para hacerse su propio lugar, mi saludo a todas las compañeras, a Ana Mohaded, que está y me sigue llenando de orgullo saberla amiga, a Analía, Cristina Fontanellas, asesinada junto a tantas por la dictadura y con quien me enorgullece también haber compartido la militancia, mi saludo a mis amigas, a mis compatriotas, que con sus luchas nos van descubriendo un mundo mejor a pesar de y con nuestras taras masculinas ancestrales a cuestas.
Una historia de postergación, humillación y crímenes precede estos días en que las conquistas de género conviven con femicidios, prohibiciones inmorales y patológicas.
Pero el voto, el cupo, la potestad, la identidad de género, pronto la despenalizalizacion del aborto, se erigen como realidades en nuestra Patria, con tanta fuerza como las movilizaciones de pañuelos verdes, con la fuerza de haber parido a Eva, a Hebe, a Estela, a Cristina, a tantas y tantas que desde el anonimato han sostenido nuestra sociabilidad y nuestra esperanza hasta cuando parecía imposible hacerlo.
No se puede volver atrás el reloj de la vida y la historia. No puedo soñar con mi madre, mis tías, sus amigas de aquel tiempo, desplegando todo su potencial en el mundo en que crecí. Ni soñar qué tanto más grande hubiera sido mi generación en un mundo así.
Pude en cambio compartir desde la militancia y la vida con otras mujeres este mundo que estamos construyendo, poblado de logros y retrocesos.
Puedo aspirar, gracias a eso, a que las generaciones que nos sucedan hagan que toda discriminación sea nada más que el recuerdo de una época de vergüenza, sólo rescatada por la dignidad de las luchas que la dejaron atrás.

















Es decir, hasta que no terminen el patriarcado, el machismo o la costumbre de jugar rugby entre varones, el patoteo que concluye en asesinato sería algo cotidiano.
Es extraño que estos autores no se pregunten por qué la práctica del mismo deporte arrojó en la dictadura el secuestro y seguro asesinato a todos los integrantes de La Plata Rugby Club a manos del Estado, pero arroja hoy una decena de asesinos que acaban con la vida de un pibe.
Pero así como los virus son pobres causas de enfermedades cuando hay pobreza, el sexo y el género no alcanzan a explicar lo que engendran las perversiones de Estado.
Una patota actuó con la moral Chocobar, como los gendarmes en el Sur con Santiago y Rafael, como validaban Bulrich y Macri.
A esos pibes, devenidos en asesinos, no se los formó con la historia y el ejemplo de los jugadores de La Plata Rugby Club sino con la tradición de las patotas oligárquicas: muchos contra uno, sin límites, la hazaña consistente no en la valentía, menos en el honor, ni hablar de la solidaridad, simplemente consistente en hacer algo con la seguridad que no se va a pagar por ello.
Pero estos pibes no son los gendarmes que Bulrich se negaba a arrojar por la ventana, ni los beneficiarios de las impunidades de 2015/2019, son sólo una mala copia y para colmo con la época ya lanzada a un proceso de cambio, pero de cambio real.
Asi que ahora, en tren de seguir exculpando a grandes responsables, se arremete contra la patota criminal pero relacionandola con abstracciones. Nada de parecidos con Bulrich, con Macri felicitando a Chocobar o al carnicero.
Este asesinato no es un hecho que pueda explicarse sin atender las consecuencias en la salud mental de la población que dejó el macrismo.
Néstor Kirchner produjo el hecho sanitario más significativo de los 12 años 2003/2015, en su discurso desde la ESMA, cuando separó la responsabilidad del Estado en el genocidio de la responsabilidad ciudadana. La sociedad parió a la Madres, las Abuelas, resistió, retrocedió ante lo monstruoso e inhumano, volvió a resistir.
Lo venimos planteando desde la subcomisión de Salud Mental del Instituto PATRIA aún en pleno auge del macrismo: un gobierno impune, sin moral cívica, corre los límites de lo que está mal, generaliza las conductas antisociales, vuelve a las personas en contra de las personas, así como el discurso meritocrático las vuelve, en la imposibilidad de sobrevivir con su esfuerzo, contra sí mismas.