jueves, 24 de octubre de 2013

La farándula, el discurso de la derecha y 678

La derecha ha conseguido pocos pero promocionados personajes de la farándula para reproducir sus valores e ideas. Entre algunos militantes y analistas políticos  surgen algunos cuestionamientos al debate surgido de las declaraciones e insultos al gobierno producidos por Casero, Campanella y otros.
¿Por qué compañeras de la talla de Estela de Carlotto se ocupan entonces de sus dichos?
En particular no me preocuparía por lo que aquellos personajes piensan si no fuera porque sus mensajes públicos son promovidos y difundidos por la derecha en  la estrategia de poner de nuevo en cuestión la política de derechos humanos a través de personajes menos incinerados que la Pando, Lanata, Auad, Carrió o Grondona.
Hay compañeros que hoy dicen que si 678 no hubiera recogido esos decires y quehaceres, si Spolski o Gvitz no necesitaran polémicas para vender sus productos, estos decires trascenderían el brulote. O estos personajes no recrudecerían sus barbaridades.
Ni uno ni otro. 678, Duro de Domar, no hicieron más que analizar lo que ellos dijeron. Les cabe aquello que dijera Pablo Picasso: "esto que muestro no o hice yo, lo hicieron Uds".
Por eso, no me parece pertinente ver si lo que hacen Spolski, Gvitz o sus empresas coincide o no con lo que defienden mis compañeros y amigos. Me ubico en las coordenadas de siempre, reafirmadas por Néstor y Cristina en estos 12 años, sobre los límites que nos fijamos respecto a lo negociable.
Casero, que no es un estúpido sino alguien con elaboradas opiniones opinables, afirmó públicamente y fue reproducido por toda la corporación mediática, una serie de clichés de la derecha. Si sus dichos suenan poco inteligentes es porque chocan con el discurso cotidiano, eso que se fue desplegando por el esfuerzo que hicimos todos por incorporar los horrores del genocidio al sentido común de la sociedad. Tarea nunca terminada y siempre sujeta a ataques. Porque el genocidio es parte de la estrategia de exclusión de siempre de la oligarquía y la condena social de hoy puede dificultar su necesidad de implementarla mañana.  
Veamos por  ejemplo la frase de Casero sobre el “rescate” a Juan Cabandié por parte del asesino de los padres y su apropiador.  Ante esos dichos  no veo que haya que  guardar silencio ya que el agredido por Casero no fue, en principìo, Juan Cabandié sino  las abuelas, las madres, los 30000 compañeros secuestrados y asesinados, el pueblo resistente. También es agredida la conquista de memoria, verdad y justicia que toda la derecha pone en cuestión una y otra vez. Por caso Pagni, Grondona, etc, reclamando amnistía para los genocidas una vez más.
Por esto, no podemos tomar estos debates como secundarios.
Claro que no podemos esperar que se ocupen de ellos los miembros de nuestro gobierno, quienes seguramente están abocados a cuestiones ligadas a su gestión. 
Justamente para eso estamos quienes humildemente adherimos a esta década y dos años ganada: para disputar cada día el sentido común de la sociedad por más solidaridad, inclusión, soberanía, memoria, verdad y justicia

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