lunes, 17 de agosto de 2015

Inundaciones 2. Anonimatos

Maria, Karina, Camila, xx. El nombre no importa. 
Porque la confidencialidad profesional no permite compartirlo. 
Porque a quienes la atendieron en la guardia del Hospital Erill, de Escobar, el nombre y ella le importaron tanto como las posibilidades que tenía de atender una emergencia de su hijo una vez fuera del hospital, de vuelta en su barrio recién desagotado del agua que entró a las casas. 
Xx, entonces, de 17 años, llega con su pareja y su hijo de 3 años al hospital móvil que antendieron residentes del Prim Lanus Residencia Interdisciplinaria hoy lunes 17 de agosto en la Plaza Maquinista Savio, Partido de Escobar. 
El chiquito tiene el rostro muy hinchado, sobre todo los párpados. 
Por lo bajo, Julia me avisa que seguro habrá que llevarlo a, hospital ya que se trata de una reacción alérgica importante. De todos modos, la Medica Generalista hace la entrevista, se informa de que este chico es el primer hijo de Xx, que también tiene una nena de un año y está embarazada, todo con sus 17 años. Su pareja la acompaña. 
Julia confirma la necesidad de administrar una medicación por vena, tener al chico en estudio, hacer analisis. 
No hay ambulancia ("el intendente no quiere tener nada que ver con el operativo provincial" nos informa la gente que colabora. "Tampoco el hospital". Completan). 
Vamos en mi auto, Lorena nos guía. Xx e viene en el asiento de atrás con su hijo en brazos. Consulta ¿"tendrá que venir mi mamá"?. Ahí me enteré de su edad, de sus chicos, de su preocupación por que no la dejen salir de la guardia, siendo menor y con un chico a cargo. La aclaramos que con el nuevo Código Civil eso no corresponde. 
Ya llegamos a la guardia, ven el informe de Julia, "guardia de pediatría, tercer piso" nos indican. ¿¡Tercer piso!?
El ascensor no funciona. No hay cartel, no hay responsable de avisar, sólo alguien que en su propia espera tiene el gesto de evitarte una espera inútil. Escaleras. 
Con mi EPOC, hace años que no subo tres pisos así. 
Pienso en todas las madres y padres que vienen subiendo con hijos en brazos, otros colgados de sus brazos, de sus ropas. Subo sin hacer comentarios. 
Llegamos, Xx entrega sus papeles. Le dicen que espere. Lorena me confirma que ya hicimos lo posible, así que volvemos a la Plaza Savio para ayudar en el móvil. 
Hora y media después me asomo a ver si quedan más chicos para ver. 
Está Xx frente a la escalera, con su hijo. Un frasco de antistaminico en su mano. 
"Me mandaron a casa. Que no era necesario nada de lo que dijo la doctora en el papel. No sé, me trataron mal. Para mí, no lo querian atender"
La escucho, miro a su pareja que no muestra enojo. Casi diría que hay una suerte de comprensión. Voy a avisarle a Julia para ver qué se puede hacer. 
Salgo: Xx, su pareja, el chiquito ya no están. 
"Dijeron que acá cerca hay gente del ANSES anotando por la inundación, que iban a ver", me comenta una señora que espera para que vean a su bebé. Puede ser. 
Mañana tratarán de buscarlos. La evolución positiva del chiquito dependerá de su suerte, de la insistencia de sus padres, de cualquier cosa menos de quienes lo eyectaron de la guardia. Ni siquiera pienso que esos profesionales se equivocaron en el diagnóstico. 
Supongamos que quien los atendió acertó al pensar que ese hincharse y desincharse que el chiquito padecia desde hace 3 días se resolvía sólo con el frasco que puso en manos de su mamá. 
En lo que no acertó es en haberlos tratado de un modo que hizo pensar en desinterés, en rechazo, en molestia hacia quien es el unico motivo para que exista presupuesto de salud, hospital, aparatos, sueldos, becas, etc., etc.: la persona que viene a requerir nuestros servicios.

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