lunes, 10 de agosto de 2015

Las PASO, los pies en el agua



Chau Othacehé, chau Cariglino, Giustozzi, West u otros transformistas y/o patotas desplazados por listas K. Chau De la Sota (otra vez y van...), chau Del Sel, Binner. 
Barbas en remojo para intendentes que siguen, pero se encuentran con que la gente a la que le dieron el sobre en los ómnibus que facilitaban llegar a las escuelas en medio de la lluvia, al entrar al cuarto oscuro cambiaban la boleta y votaban al candidato a gobernador difamado por los medios y dejaban en derrota al que no supo o no quiso evitar farandulizarse en un canal del grupo difamador. 
El FPV perfilado para un  42/44% en un octubre sin segunda vuelta. Ganamos en 20 distritos provinciales de 24, incluso provincias no FPV como Corrientes, las senatoriales de Santa Fe, Máximo con el mayor porcentaje en Santa Cruz. Muchos resultados impensables hace un par de meses. Nos salvamos de tener un nada estadista como presidente o gobernador (entre paréntesis, el 2 ó 3% que faltó para que fuera knock out ya, lo perdimos por las veleidades de ese nada estadista). Perdió la interna Altamira, quedaron sin cupo el MST y otras expresiones de la soberbia auotrreferenciada, también DeGennaro y su CTA apócrifa.

De regreso de la Escuela 16, en sol de Oro, me pierdo por la cortina que forman la lluvia y la oscuridad, el auto casi flotando en la calle cubierta de agua. Una sombra se acerca y la silueta se aclara hasta que veo remar con los pies más que correr a una piba que fiscalizaba las PASO.

Aflojo la marcha, un poco para ver si necesita que la acerque a algún lado. También para que me oriente cómo salir hacia mi barrio.

Ella no afloja la suya, imagino por la lluvia, o por la amenaza que puede significar un auto desconocido que se va deteniendo en medio de la calle desierta.

Sigo buscando y en tanto voy descifrando cómo salir hacia casa caigo en la cuenta que no sé para qué lista fiscalizaba esta piba, pero se ve que se quedó hasta el final, como el resto de nosotros, como todos, a razón de entre 50 ó más sumando president@s de mesa, fiscales, gendarmería, policía, personal escolar, gente del correo, en cerca de cien mil escuelas en todo el pàís. Acá en Ezeiza, en toda la provincia, mientras el temporal se hacía sentir sobre los techos, en alguna filtración, en la ropa empapada de tantas y tantos que vinieron a votar con el agua hasta los tobillos, el viento que hacía poco útil cualquier paraguas.

Tres cosas, entre tantas, me hacen sentir orgulloso.

Una,  tanto sacrificio para poner un voto en una urna en una elección en que ni siquiera se eligen los gobernantes sino candidatos.

Otra, tanto sacrificio para garantizar la elección, tanta responsabilidad por una tarea solidaria, sin un beneficio individual equivalente.

La mayor, que gente común, no profesional de la política, gente a la que se suele estigmatizar por su pasar económico, su lugar de vida o su nivel educativo, muchas veces por ver programas de entretenimiento o nada en lugar de programas políticos, a la hora de decidir lo haga de modo de ir cerrando camino a quienes están contra el interés colectivo, a quienes no son genuinos, a quienes tuvieron que soportar hasta que al fin sienten que ya se puede, porque se gestó una alternativa local, porque ya el rechazo es mayoría, porque hay un contexto general que habilita terminar con esa carga.

Los tiempos de nuestra gente suelen no ser los mismos que los de alguna ansiedad militante. Pero cuando se los acompaña y se los toma en cuenta son efectivos. La ideología y su práctica se conjugan y lo que parecía difícil de resolver de modo colectivo se resuelve como debe resolverse, por la acción colectiva. Aunque sean nada más y nada menos que elecciones.

Otra elección y el FPV renueva su vigencia. 
Que otros repitan nuestras palabras, nuestros modos y consignas puede parecer transformismo, pero cuando nuestras palabras y valores se concretan en la vida de las mayorías hay que pensar que vamos consolidando una cultura.

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