lunes, 1 de febrero de 2016

ES LA DERECHA, ¿VISTE?



La derecha es eso que restaura el dominio del capital concentrado mientras muchos nos preguntamos qué es.
Fascismo en las crisis terminales, terrorismo de Estado en las crisis de aquellos países que llegaron tarde al reparto del mundo, neoliberalismo con el avance del complejo militar- financiero sobre el debilitado Estado de bienestar DESDE LOS ´70/´80, , estatismo y negocios para la oligarquía en recomposición de los ´30, desarrollismo multinacional y entregador para los vencedores finales de lo que inició la “Libertadora” , menemismo de lumpen gobernantes y liquidadores eficaces en la captura parcial y temporaria del peronismo en crisis en los ´90.
Deteniéndonos un poco más en la Libertadora, sus poderes en las sombras fueron los mismos que diez años antes soñaron con un gobierno de la Suprema Corte y sólo a regañadientes aceptaron la salida electoral cuando la movilización del 17 de octubre cercó la Rosada. Golpe, gobierno de la Corte, salida electoral aunque gane un enemigo. La derecha es  cualquier cosa menos rígida. Con el poder económico en sus manos puede darse tiempo y encarar salidas a cada crisis.
Si la dominación es clara y la hegemonía del Gran Capital posible, la derecha es eso que sobrevuela y ronda mientras partidos y políticos en decadencia le hacen el trabajo sucio y tratan de entibiarlo con discursos republicanos.
Si la dominación ha sido puesta en peligro y la hegemonía cuestionada, como es el caso de los últimos doce años, al no estar presente la alternativa militar los dueños del país tienen que tomar cartas en el asunto y apelar a sus hombres de confianza absoluta. Como es el caso actual. Cada ministro, secretario, funcionario de mayor o menor rango, debe su lugar y lo ejercita  antes que por su capacidad de manejar lo virtual o disfrazar los obvio, a su incondicionalidad para con la restauración conservadora y con la liquidación de toda traza del Estado de bienestar que kirchnerismo vino a reinstalar aprovechando el vació de hegemonía en que nos sumiera la decadencia del menemismo y la triste experiencia de la Alianza.No son brutos,  bocones ni insensibles: son soldados de una restauración conservadora absoluta.
Entre los muchos debates que abre el traspié de un gobierno popular, nuestro gobierno popular, está el de definir a qué nos enfrentamos, cuáles son los rasgos salientes de ese adversario que ha venido a ocupar nuestro lugar, sus métodos, objetivos, perspectivas, su identidad al fin. Hay compañeros que se sorprenden por la virulencia de estos cincuenta días, otros que aún en su perplejidad ensayan formas de resistencia con los métodos habituales, otros arriesgan que el macrismo no podrá sostener el ritmo actual, otros en fin suponen que el futuro inmediato será más virulento que el actual.
Cada momento dota a las derechas de una impronta, modalidades, sesgos, tics, así como desafecta otros. Lo que no varía es el objetivo central –consolidar el poder del Gran Capital- y el manejo de los tiempos: si la Libertadora ya se planeaba antes del primer triunfo electoral de Perón, este gobierno ya se pensaba en el 2001 y antes aunque con variantes que la política fue descartando. Los dichos de Melconian que durante años se difundieron para solaz de muchos compañeros (“si este modelo se sostiene se va a exportar”) ya lo anticipaban en el 2000. Claro que en aquel tiempo este coestatizador de deuda privada soñaba con un triunvirato dirigido por el FMI mientras ahora vive, desde la presidencia del principal banco oficial, la realidad de un gobierno de derechas electo por la derrota electoral de un gobierno popular.
En un inteligente artículo, "Son otra cosa", Gustavo Varela hace un desarrollo creativo, perspicaz sobre aquellos que enfrentamos. Muchos personajes responden a la impronta que desarrolla, pero  no acuerdo con lo central: no "Son otra cosa” . Este es un gobierno de derecha, de la derecha más recalcitrante que se pueda recordar en un recambio democrático. Viene, vale la pena repetirse, a restaurar el poder absoluto del Gran Capital y a destruir toda la malla de reparación, inclusión y soberanía laboriosamente construida por el kirchnerismo en doce años.
Sus sujetos, los verdaderos artífices de este gobierno, no son los que nos entibian las orejas mientras nos desocupan, nos basurean y amenazan, en fin nos excluyen. Sus verdaderos sujetos son los que hacen esto último, despedir, entregar patrimonio y soberanía, endeudarnos, conculcar derechos, discriminar, demonizar. Y lo hacen tanto por necesidades del frente interno de la Alianza conservadora (todos quieren más de lo que el gobierno les asigna, todos creen merecer más de lo que les toca) como y principalmente por la tarea que se han asignado: eliminar, esta vez con relativa legalidad institucional, toda esperanza de democracia inclusiva y toda identidad protagónica en las mayorías populares. No pueden hacer otra cosa: o nos derrotan en toda la línea y trasladan la derrota al conjunto del pueblo o volvemos y el reclamo popular será mucho mayor. Más inclusión = menos privilegios. Es la ecuación que vienen a destruir
Cierto que esta coyuntura nos llama a ser creativos y saber leer el discurso y los modos de quienes nos despiertan a la mayoría de los argentinos cada día con una batería de agresiones. Unos con el tono de las telefonistas que te explican por qué está cortada la luz, internet o el teléfono y no se sabe cuándo vuelva. Otros con el tono de “se acabó la fiesta”. Lo primero es no calentarse y no perder de vista que la discusión está en lo que este gobierno está haciéndole al pueblo, a la Nación, a la democracia, antes que en sus modos. En lo segundo está el quid de la cuestión: erraríamos si pensamos que la pasividad de muchos conciudadanos deviene del engaño que les producen los modos macristas: lo que genera cierta disgregación en nuestro pueblo hoy es la percepción de la brutalidad y el fundamentalismo de este gobierno, la sensación de que no va a detener su ofensiva si no es en el marco de una confrontación mayúscula.
Por eso  no se masifican, aún en los sectores más afectados por la ofensiva macrista, las acciones de defensa de los derechos adquiridos.
No es nuevo, lo mismo sintieron los dueños del país en el 2003. Si La Nación le dio a Néstor una año de futuro como presidente, la bajada de los cuadros le vino a indicar al poder real que, excluido el golpe no había herramienta posible para sacarnos del gobierno en lo inmediato y tuvieron que fumarse doce años de compartir poder con un Estado relativamente protector del interés popular. Ahora viene su revancha y en su fundamentalismo no hay otro límite que el que se logre imponerles desde una acumulación popular. Como me señalaba un compañero en estos días es más que una lucha simbólica al que enfrentamos, es lo que hace este gobierno y las consecuencias materiales que produce: cada medida consolida posiciones para el gran capital, pero en mayor medida debilita a los sectores de pueblo y mina su capacidad de disputa. La desocupación es uno de los ejes centrales de este proceso.
Buena parte de nuestro pueblo tiene, aunque a veces cueste percibirlo, la suficiente experiencia política como para saber que los derechos adquiridos en estos doce años fueron adquiridos con el gobierno como cabeza de cada iniciativa y que se necesita de una gran unidad social y de cada resquicio de gobierno que conservamos para retomar el camino de inclusión y soberanía emprendidos en 2003. No es por la confusión que generan los malos repetidores de malos aforismos que el gobierno macrista no encuentra obstáculos serios a su acción restauradora.
Es porque la derrota electoral no termina de procesarse en aquellas herramientas que sirvieron para llegar a donde llegamos, el FPV, el PJ, las mayorías parlamentarias, gobernaciones, gobiernos locales y por supuesto, las organizaciones sociales.
No habrá recomposición popular suficiente sin una señal clara de unidad de estos sectores, nuestra dirigencia, con una clara perspectiva: nada se puede esperar de este gobierno en el sentido de inclusión, soberanía, ampliación de derechos, desarrollo productivo, empleo.
Cada sector social irá tomando nota de esta realidad en diferentes momentos acorde a cómo vaya siendo afectado, pero todas las acciones que se produzcan sólo aportarán a la recuperación de lo que construimos si se la vincula a dos objetivos insoslayables: ganar las legislativas del 2017 para condicionar al gobierno hasta su derrota en 2019.


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