jueves, 24 de marzo de 2016

24 de marzo: CERCA DE LA MEMORIA, LEJOS DEL SUFRIMIENTO

Durante años, pero sobre todo estos últimos doce, probamos, nos probamos, incluimos a nuevas generaciones en la prueba de que podemos construir un país para todas y todos, que fuimos capaces de sobrevivir con nuestro bagaje de sueños y utopías y concretar muchos, que nuestros compañeros no cayeron en vano y que el prolongado sùfrimiento de nuestro pueblo no terminó de borrar su identidad ni sus pretensiones de vida.
Volvieron las mejores palabras y lo que quisieron sepultar recobró su vigencia. Nuestros muertos y desaparecidos salieron de las fotos para ser identidades, un espejo para nuestros hijos y nietos. ¿Qué  vida más lograda que aquella en que compartimos luchas, sueños e ideales con quienes engendramos?
El olvido, la mentira, la injusticia tuvieron que ceder paso al reclamo colectivo. Primero la anulación de las leyes de la impunidad, luego los juicios,  ver los campos de concentración devenidos en espacios de memoria, los pibes recuperados, los pañuelos como un símbolo que no retrocede, genocidas con la condena oficial y la del desprecio popular.
Cierto, nada es para siempre, vivimos en un mundo y un paÍs más desigual que los que merece nuestra gente. Las conquistas de un momento pueden ser las pérdidas del siguiente.
Sin embargo, desde el genocidio a hoy no sólo pasaron décadas, también quedaron valores que se incorporan al sentir y el vivir de las mayorías.
Veo que muchos amigos y compañeros se resienten al escuchar nuestras palabras en boca de gestores, beneficiarios y cómplices del genocidio. Que el presidente del país más criminal de la historia y del presente visite el Espacio para la Memoria, que otro presidente, el de la restauración neoliberal, se anoticie por primera vez de la conmemoración del 24 de marzo y ponga por primera vez sus pies en espacios de la memoria. Estas escenas pueden ser sentidas como afrentas, como una vejación.
Tal vez por mi optimismo, tal vez por lo he visto realizarse después de aquellos días en que parecía no haber más futuro, creo que los que padecen la afrenta son aquellos líderes de la impostura: hablan de lo que deploran, reivindican lo que rechazan. Los veo y escucho y siento que en este 24 se reafirma una línea de la que aún no pueden hacernos retroceder porque está en el alma de nuestro pueblo.
Nada es para siempre, pero cuando un valor, una conquista se anidan en el pueblo se necesitan muchas derrotas para se pierda. Los días más felices pueden volver si no nos equivocamos.

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