martes, 1 de marzo de 2016

CHUANISIN: LA ABUNDANCIA PERDIDA

 Viendo la maravillosa serie documental "ATLÁNTICO SUR en Canal Encuentro, me entero que los yamanas llamaban a la Isla de los Estados Chuanisin, "isla de la abundancia" . 
Si uno viera ese lugar con ojos de gente urbana de hoy, probablemente pensaría en otras cosas antes que en abundancia: desolación, paisaje desconocido, clima hostil, aislamiento. 
Muchas cosas cambiaron entre aquella cultura y la nuestra.  Dos, creo, son las principales. 
- Para una comunidad que solo buscaba lo que necesitaba para vivir y prosperar como tal, caza para abrigo y alimento, refugio natural, agua potable, algún vegetal, minerales para sus arrestos artísticos, esto que brindaba la isla era LA abundancia. 
En una cultura como la capitalista, en la que todo es ajeno, salvo para una minoria, unos nos matamos trabajando para acceder a lo que siempre parece poco, otros acumulan y explotan porque siendo propietarios de casi todo, también todo les parece poco. Quien explota, quien es explotado, ni uno ni otro puede sentir la abundancia más que en momentos fugaces. Nada más efímero que la satisfacción, la sensación de estar frente a la abundancia. Esa es una de las diferencias.
- La otra diferencia: ningún fenómeno natural, ningún artificio técnico, sacaron a aquellas comunidades de su convivencia con la abundancia. Fue el genocidio perpetrado por gentes empujadas al límite del mundo para sobrevivir, proveedores lejanos de aquellos que se apropiaron de todo en sus tierras de origen. Un poco fueron matanzas acometidas para convertir en desierto lo que no era desierto, apropiar de este modo aquello que ya pertenecía a pueblos que se exterminaba. Otro poco fue exterminio de los animales de que vivían los originarios: lobos de dos pelos, peces, ballenas, pingüinos. Lo que alimentaba a una familia entera por semanas eran dos pesos en el bolsillo de los que cazaban para las factorias de aceite o los comerciantes de pieles. 

La mayor parte de quienes poblamos la Argentina somos descendientes de gente de trabajo, originaria y europea. La gran mayoria. 
Pero todos convivimos con trazas de genocidios que reviven y merodean de época en epoca. A veces como angustia, fantasmas inexplicables, a veces como nuevas matanzas: la colonia, la triple infamia, la "campaña al desierto", la semana trágica, los fusilados de la Patagonia, el Proceso. 
Es entre tanto sufrimiento perpetrado y silenciado que se tejió esta barrera entre los contemporáneos y su posibilidad de ver en aquellas tierras más que pintoresquismo y disfrute estético. 
La abundancia ya no es ni siquiera una ilusion a nuestro alcance.

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