jueves, 17 de diciembre de 2009

Posse, la educación, el padre , la muerte y sus circunstancias

El diagnóstico de una persona se produce en el seno de la clínica, en el marco de las sesiones en las que el despliegue del discurso permite una aproximación diagnóstica. Pero Freud estableció las líneas centrales sobre la psicosis desde de la lectura de un libro, las “Memorias de un Neurópata”, escrito por el juez Schreber, al que diagnosticó como un ejemplo de esta patología a partir del delirio místico que se despliega en el texto. Daniel Schreber llegó a ser Jefe de la sala de la Corte de Apelación de Dresde. Meses después del nombramiento Schreber termina en un asilo psiquiátrico. Se cerraba el siglo XIX, eran épocas positivistas y la locura y el derecho no podían conjugarse de ningún modo.

Como profesional no llego a esas alturas, pero vivo en Argentina y veo que en estos días el Jefe de la Ciudad nombró Ministro de Educación a Abel Posse. Posse es un reivindicador del genocidio, un ex funcionario de la dictadura, un racista y un fascista manifiesto hoy.

También es afecto a escribir textos , hacer declaraciones y contestar reportajes. Sus dichos son también sus haceres y el problema es que en sus dichos aparecen señales, trazas que trascienden los político para instalarse en el terreno de la salud mental, marcas en las que se confunden el bien y el mal sin solución de continuidad. No se me ocurre otro ministerio en el que esté más justificado analizar la idoneidad de quien es convocado a conducirlo: el Ministerio de Educación es aquel que se ocupa de nuestros chicos y jóvenes, de su valor presente y como futuro presentificado.

Al hablar de su libro: “La muerte del hijo” este hombre lo presentaba como “un libro raro, compuesto de dos partes, etc”.
Ninguna mención al testimonio vivo de la tragedia de perder un hijo que se disparó a la cabeza con una pistola que yo le enseñe cómo encontrar… Es lógico: no es “la muerte de MI hijo”, no se trata de la tragedia de que muera un hijo ni de la tragedia de perder un hijo, sino de especulaciones sobre el ser y la nada porque este hombre no tiene registro afectivo para tales eventos, los cosifica y pasa a otra cosa, deja París y sigue como diplomático en Israel.
Posse relata el proceso de suicidio de su hijo no como el despliegue de una patología hasta consumarse en la muerte del chico, sino como el encadenamiento de sucesos y situaciones por las que pasa su hijo para finalmente acabar con occidente, “el hijo” consuma la destrucción en su propia y heroica muerte. Falta que Posse termine de explicitar -y no es poco- que “la muerte del hijo” viene a completar su vida como hacedor , la dota de aquello de lo que él no fue capaz más que al engendrar a quien al fin lo realizaría. ¿Puede sorprendernos que este hombre aparezca dándole letra a los genocidas a la hora de defenderse en juicio? Si su hijo hace en la individual aquello que Posse fue llamado a hacer sin poder concretarlo, los genocidas en su gesta siniestra son los hacedores mayúsculos de su mundo irrealizado, aquellos que determinan que los hijos mueran por sus padres o que sean asesinados por su padre a los 15 años para aliviarlos del mal de la vida, como escribe en Daimon (1978. ¿ Este es el hombre que va a encargarse de las políticas educativas, de los lineamientos por los cuales nuestros hijos van a vivir colectivamente su crecimiento afectivo, su construcción como sujetos?

Este hombre que describe París como un lugar seguro y sin embargo habilita a su hijo a conocer el lugar dónde está su revólver ‘38 "para evitarle miedo". ¿Este hombre va a encargarse de definir las políticas para la socialización de nuestros hijos? ¿Cómo? ¿Va a incluir prácticas de tiro y autodefensa armada en las currículas? ¿Qué diría de la Masacre de Carmen de Patagones? ¿Que el chico estaba destruyendo occidente? ¿Que estaba haciendo justicia trascendental? ¿Que cumplía con lo que los Kirchner y los docentes no son capaces de garantizar?

Es hora de que consideremos la educación pública como lo que es, el espacio en que se gesta lo mejor y lo peor de nuestra comunidad en la vida y la subjetividad de nuestros hijos, el futuro de nuestra patria, la continuidad de nuestros mejores valores, el reconocimiento de nuestras carencias, la construcción de hombres mejores que lo que pudimos y quisimos ser.

Ni sancionamos la patología ni nos hacemos los sorprendidos cuando la derecha vuelve a encontrarse con la locura y se manifiesta como siempre fue: un canto a la muerte que se nutre de lo peor de la sociedad para realizarse.

Simplemente se trata de no entregar lo mejor que tenemos como sociedad, como personas, como padres a quien no puede valerse ni de sí mismo. Un abrazo

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