lunes, 1 de octubre de 2012

Hobsbawm; un militante entre dos siglos

Ha muerto Eric Hobsbawm: Se nos fue un hombre de la revolución, de todas las revoluciones del mundo. 
Fue el mejor historiador del siglo XX y gracias a su longevidad y su tozudez militante, a los 95 años seguía su trabajo de desbrozar el camino para los pueblos, hoy como uno de los mayores críticos de la ofensiva finacierocentrista llamada globalización. 
Su calidad como investigador y analista de la historia fue tan sostenida y contundente que hoy es posible ver obituarios elegiosos para con Hobsbawm en multimedios de la más variada ideología. Una derecha empeñada en olvidar los crímenes sobre los que sustenta su dominio global,  izquierdas que se han empeñado tanto en adaptarse que ya olvidaron el origen de su existencia,  unos y otros encuentran más cómodo el elogio superficial que el cuestionamiento a un nivel que no podrían alcanzar.
Ha muerto un intelectual de verdad, un hombre capaz de rehacerse una y otra vez en base a cuestionar sus convicciones y revisar las experiencias políticas de los pueblos del mundo. Una y otra vez. 
Los avatares de su vida se manifestaron en su producción teórica. Nacido en Alejandría, Egipto, en 1917 año de la revolución de octubre, , de familia judía, vivió luego e Austria y Alemania hasta que la asunción de Hitler impulsó a su familia a Trasladarse a Londres en 1933. 
La saga familiar se cruzó y entrecruzó con diferentes sagas culturales y políticas reunidas en un antifascismo que mantuvo hasta hoy, desde la lucha contra nazis y fascistas hasta la denuncia a los gobiernos que tras la gran guerra vinieron a sustituir a aquellos en la defensa del gran capital. En el Prefacio a su historia del Siglo XX parte de situarse él respecto al siglo "Mi vida coincide con la mayor parte de la época que se estudia en este libro y durante la mayor parte de ella, desde mis primeros años de adolescencia hasta el presente, he tenido conciencia de los asuntos públicos, es decir, he acumulado puntos de vista y prejuicios en mi condición de contemporáneo más que de estudioso".
Lejos de ceder a las tentaciones de una filiación liberal, socialdemócrata o neocomunista, Hobsbawm ancló en el comunismo como identidad irrenunciable a la vez que confrontaba con sus expresiones más autoritarias. 
Su trasplante de Alejandría a Londres vía Viena y Berlín tampoco fue gratuita: una dificultad persistente en comprender los procesos "periféricos" puede encontrarse en muchos de sus textos. Las formas y contenidos impropios del racionalismo europeo que observaba por ejemplo en América Latina, reactivaban sus temores y desconfianzas respecto al fascismo y su movilización de sectores sociales. 
En el Este europeo, el precario vínculo de los comunistas con las sociedades que gobernaban fue explicado por Hobsbawm como fruto de una asunción religiosa de esta ideología por parte de los pueblos, antes que una identidad política. 
Al principio y sólo al principio aunque algunos oportunistas de nuestro país sigan pasándole factura en 2011, los procesos latinoamericanos de post guerra le parecieron rémoras del fascismo. 
En una primera revisión, en su Historia del siglo XX avanza a un rescate de la base popular y la orgánica política aunque aún dude de los liderazgos y su relación con el pueblo. En este texto, Hobsbawm refiere "Lo que tomaron del fascismo europeo los dirigentes latinoamericanos fue la divinización de líderes populistas valorados por su activismo. Pero las masas cuya movilización pretendían y consiguieron, no eran aquellas que temían por lo que pudieran perder sino las que no tenían nada que perder. Y los enemigos contra los cuales las movilizaron no eran extranjeros y grupos marginales (aunque sea innegable el contenido antisemita en los peronistas y en otros grupos políticos argentinos) sino la “oligarquía”, los ricos, la clase dirigente local. El apoyo principal de Perón era la clase obrera y su maquinaria política era una especie de partido obrero organizado en torno del movimiento sindical que él impulsó." Historia del siglo XX, pag 195. 
Pero Hobsbawm no tenía como norte la autojustificación sino la búsqueda de nuevos caminos para los procesos populares. 
Esto le permitió, a partir de aquella primera visión sobre el peronismo como un movimiento ligado al fascismo, avanzar hacia una comprensión mayor que se va ampliando por décadas hasta afirmar en un reportaje publicado en "Globalización, en 2009: "Pero no me pregunte de la Argentina. No sé lo suficiente de su país. Todos me preguntan por el peronismo. Para mí está claro que no puede ser mirado como un movimiento de extrema derecha. Fue un movimiento popular que organizó a los trabajadores y eso quizás explique su permanencia en el tiempo. Ni los socialistas ni los comunistas pudieron establecer una base fuerte en el movimiento sindical". 
Un marxista de toda la vida que permaneció con esta identidad hasta su último aliento, coloca al peronismo en un lugar que reconoce no fue alcanzado casi por ningún movimiento socialista: la continuidad histórica de su lucha, la posibilidad de renovarse en el tiempo en la lucha contra las diferentes variantes del Capital.
Varios artículos coinciden en este recuerdo de un colega: Me dijo que  que deseaba ser recordado como "alguien que no solo mantiene la bandera volando, sino que demostró que al agitarla se puede lograr algo".
Ha muerto Erick Hobsbawm. No hay homenaje que alcance la altura de este compañero .

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