viernes, 25 de agosto de 2017

Las PASO: El escándalo, el lobo y los corderos

Muchos se preguntan, tras las PASO y la novela de los resultados ¿Por qué Cambiemos no reconoció hasta hoy el triunfo de Cristina en Buenos Aires, ni reconoció antes el de Agustín Rossi en Santa Fe? ¿No hubiera sido mejor decir la verdad y evitar el escándalo de la mentira descubierta?
Las respuesta es que no son esas las prioridades de Cambiemos ni es esa su manera de evaluar los riesgos.
Por ahora el escándalo, bastante entibiado por una acción mediática sin antecedentes, es un costo mínimo en relación a dos cuestiones que vale la pena considerar.
Una, ningunear el triunfo de Cristina, llevarlo al limbo de lo sin final. Despojarlo de contundencia al paso de los días y la sucesión de nuevos ejes de interés.
Triunfo en mano, a Unidad Ciudadana se le podría haber ocurrido volver a llenar Arsenal, o la Universidad de Matanza o el lugar que sea. O, a Cristina, saludar a todo el pueblo, agradecer y convocarlo a retirarse a descansar y celebrar la democracia. O llamarlo a velar por ella. Un amplio pliego de posibilidades para quienes ganaron la provincia más numerosa y la tercera, tras meses de darse por terminada su vida política. Fuera la que fuera su decisión, la contundencia de esa foto no hubiera requerido zócalo, efectuaba un corte en la realidad por su propia presencia.
Ejecutada la maniobra conteo sesgado-planillas triple cero- interrupción programada, hubo que emplear energías, muchas, en computar progresiones, lograr difusión a la madrugada, controlar papeles y ánimos, y contrarrestar los carteles televisivos de "empate técnico", lo de las "picardías", etc.
Si Cambiemos hubiera aceptado el triunfo el mismo domingo se exponía, en su óptica, a que el lunes Cristina inicie el día con un pliego de reclamos y una, ¿quién sabe? convocatoria al PJ nacional. El cómplice directo de la maniobra, Massa, 1Pais todo, hubiera tenido que saludar a la ganadora y reconocer su vigencia en lugar de afirmar que el electorado de la provincia había votado,"contra lo viejo".
La segunda y no menor cuestión: Mostrar poder, capacidad para hacer a lo que les resulte necesario desde el gobierno. 

¿Mostrarle poder a quién?
- En primer lugar a los amos del Norte. El vicepresidente yanqui vino a comprobarlo in situ. Si no se pudo ganar al menos reducir la derrota, disfrazarla de triunfo. Ellos saben de eso y en principio parece bastarles, sobre todo porque no ponen un dólar.
- A la tropa propia el mismo domingo (en todas las elecciones que el PRO o Cambiemos perdieron, en Capital y Santa Fe, Macri se reclamó como ganador y reclamó el reconocimiento de parte de los que finalmente demostraron haber ganado).
- Al frente oligárquico- corporativo (subió la bolsa, se paró un poco la suba del dólar y todos sus referentes salieron a celebrar el Cambio, Roca en punta).
- A todas las argentinos y argentinos que aún no ven una alternativa. En momentos de confusión social, la ejecutividad, la firmeza en la toma de decisiones, suelen dar un poco de tiempo al gobierno. 

Es cierto, esto puede tener un costado efímero, pero también uno acumulativo. Cada día que tarda en develarse la real respuesta electoral, es día ganado para más medidas de traslación de riqueza y derechos desde el pueblo hacia los sectores más concentrados del poder, más acumulación para el gran capital, fragmentación para las mayorías. 
Si no se comprende su lógica, la de Cambiemos, se corre el riesgo de ir del exitismo a la desazón frente sus acciones. No es nuestra lógica, no son como nosotros, se comportan más como un ejército de ocupación que como compatriotas o conciudadanos.
Salvando las distancias, vale recordar una anécdota sobre Alemania 1933. Se duda si el actor principal fue Heidrich o Goebbels. Ya en las escalinatas del Reichstaig, camino a jurar por sus escaños obtenidos en elección, uno de los nazis que resultara electo comenta al resto: "el lobo entra al corral de los corderos".
¿Es exageración recordar aquello? Habida cuenta de la situación de quiebra económica, moral y social a que ha llevado al país en busca de acabar con nuestra cultura de inclusión, es el bloque de poder el que debe demostrar que tiene límites. Hasta ahora lo ha intentado todo, desde el genocidio hasta nuestra cooptación y, tras la resurrección 2003/2015, vuelve a sus peores prácticas.
Hoy, en conferencia de prensa por la quema de dos automóviles frente al MINISTERIO DE SEGURIDAD de la Provincia de Bs. As.,  frente a lo que cree un atentado porque en los automóviles habría pólvora y petardos, el ministro Ritondo informó tener dos hipótesis:
A. El atentado habría sido obra de "un desprendimiento de la marcha de hoy" (por la aparición de Santiago Maldonado) "donde se observaron actitudes de provocación reiteradas, a las que no se respondió para no generar hechos más graves". Es decir, los que reclamamos y nos movilizamos por la aparición con vida de Santiago y el juzgamiento a sus secuestradores, seríamos capaces de cometer atentados contra ministerios.
B. Podrían haberlo producido las mafias que se sienten afectadas por las acciones de la gobernación que, "como se sabe, se ve obligada (la gobernadora) a vivir en un cuartel por las amenazas". Para esta segunda hipotesis desplegó un arco que abarcaba desde Etchecolatz y la lesa humanidad hasta ¡La Salada y Castillo! Faltaron los trapitos. No los mapuches que estarían comprendidos, se sabe, en la hipótesis A.
A propósito de una opereta tara-service el ministro Ritondo, que no explica ni le preguntan, cómo puede no haber cámaras de seguridad frente a un ministerio de seguridad se permite, al asignarles ese atentado como posibilidad, poner del mismo lado a las y los luchadores por la democracia, a los genocidas y a corruptos y traficantes. Gracias a Cambiemos el país evolucionó hacia 3 demonios, en lugar de los tradicionales dos.
Tanto el prime time de anoche y como el de hoy a la mañana tuvieron como eje los autos quemados, sin que siquiera asome el rostro de Santiago Maldonado.
¿Berreta? Por supuesto, no son Oliver Stone, ni Favio, ni los hermanos Cohen.
Pero si se tiene al Estado, se cuenta con los dueños del país, con los medios, con la complicidad de la tercera fuerza política y con unos cuantos de los perdidos en combate 2015/2017, el efecto de verdad puede entonces ser efímero pero no deja de ser acumulativo. No es el amor popular, ni el consenso lo que buscan, sino más poder y el pueblo dividido, para seguir adelante sin demasiadas trabas, sin demasiada resistencia.
Por eso es inútil confiar en que se vayan enredando solos, esperar su autofagocitación. No va a pasar.
Para disputar con una acumulación de poder así, se necesita de la memoria y de el Estado.
Al Estado tenemos como horizonte recuperarlo en un par de años y nada debe distraernos de ese objetivo y de los pasos a seguir para lograrlo. Las PASO muestran, ante todo, una buena respuesta popular a nuestro diagnóstico de situación y a nuestra decisión de expresarlo desde los mismo sectores que lo padecen. Ahora es necesario que irrumpa la esperanza, un compromiso y medidas claras hacia la salida de estos tiempos difíciles.
Memoria nos sobra y hay que apelar a ella cada vez que la situación pinte confusa. Está en nosotros y si alguna vez se nos oscurece, está el pueblo, solo hay que saber buscarla.

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