martes, 29 de mayo de 2012

De 1810 al Cordobazo. Apuntes de cara a la división gremial

Mayo, como octubre son meses de identidad para el pueblo argentino. 
El mes de la primera revolución, el mes del Cordobazo, el del del Camporazo. Gestas colectivas que dan una impronta al modo en que nuestra gente encara el bien común cuando se le cierran las puertas: la calle, la organización, la confrontación, la unidad. El fin, transformar el reclamo en política de Estado. También los fracasos, las traiciones, las derrotas están presentes en estos ya 202 años.
"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo..."
Con estas palabras concluía Rodolfo Walsh su crónica del Cordobazo en el periódico de la CGT de los Argentinos. 
El paro activo fue convocado tras semanas de paros parciales, por un acuerdo entre los tres principales referentes del movimiento obrero cordobés: Agustín Tosco (izquierda, Luz y Fuerza), Elpidio Torres (vandorista, secretario del SMATA), Atilio López (peronismo combativo, UTA). 
La unidad del movimiento obrero suele dar a luz epopeyas como aquellas. 
Pero a nivel macional la cosa no era igual. tuvo que caerse de maduro que la dictadura ya no se gobernaba ni a sí misma, que Perón era el eje de unidad de todo el pueblo. Y hasta esperar que una franja de los colaboracionistas se realineara para para que, por fin, 4 años después pudiéramos expulsar a la dictadura LUCHE Y VUELVE y Camporazo mediante.
Había diferencias políticas bastante claras: el peronismo combativo tenía motivos históricos para desconfiar de las bases ideológicas de un dirigente intachable como Tosco. Tosco no confiaba demasiado en el peronismo, que si bien contaba con dirigentes de la talla de Atilio y Raimundo Ongaro, también cobijaba al vandorismo, reducto de acomodaticios, redactores de listas negras y hasta aportantes a futuros grupos de tareas. Gentes que en esos años  trataban de llevarse cargados a los sectores combativos mientras  soñaban con un peronismo sin Perón desde el que aportaron  su apoyo al golpe de Onganía. 
La CGT estaba dividida y el PJ en silencio.
Pero, como se acuñó desde la CGT de los Argentinos, la irrupción del pueblo a la calle, en Córdoba, Rosario, Tucumán, colocó a la dirigencia frente a un dilema, "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes". Más temprano unos, más tarde otros, cada sector fue aportando a la unidad antidictatorial hasta la conquista de la democracia. 
Las divisiones, desdibujadas algunas, latentes otras irían reconfigurándose y reapareciendo hasta estallar en Ezeiza en un proceso que daría fin al periodo que Osvaldo Soriano supo decir "fue el periodo más democrático de la historia argentina". Pero esa es otra historia, incluido este proceso que vivimos desde 2003 y el Gordo no pudo disfrutar.
"El círculo" de perder y volver a empezar, como después supo Rodolfo Walsh, no se quebró.
Se dice en estos días que es lamentable que el movimiento obrero esté dividido. Y es cierto, siempre fue lamentable, ya que cada corriente no es sólo "una corriente" sino la expresión de más o menos compañeros que ven la realidad como esa corriente, se agrupan en ella y actúan en consecuencia. Desde ahí aportan al avance popular, o mantienen una neutralidad que debilita o directamente permiten hechos y decisiones que son contra el pueblo. 
Pero lo más lamentable es que hoy, a 9 años de iniciado este proceso de reparación social, política e  histórica, la división en el movimiento obrero no responde a los ejes por los que se marcha el avance popular, tales como Proyecto Nacional vs. corporaciones, Latinoamérica unida vs. globalización, desarrollo con redistribución vs. "teoría del derrame". 
Ni siquiera campean los ejes de aquel mayo del ´69: colaboracionistas vs. combativos o burocracias vs. sindicalismo de base, clasismo o proyecto nacional.
Lo que se ven son mezclas donde un traidor ya empresario como el "Momo" Venegas cobija toda su enjundia y combatividad junto a Moyano mientras otros traidores y empresarios -Barrionuevo, Lezcano- se escudan en Caló, o una CTA se bandea entre el sindicalismo amarillo y las alianzas con la SRA mientras la CTA oficial debe contentarse con mirar el conflicto de la CGT sin propuesta. 
No es del todo nuevo, no todos los combates de los últimos años buscaban conquistas obreras y populares, no todas las alianzas respondían a ese objetivo. Ahora, cuando la sucesión presidencial en el 2015 se va tornando más visible, cuando la Crisis Mundial y las cuentas pendientes en lo local nos muestran quen para avanzar hay que afectar más intereses y por lo tanto exponerse a más riesgos y perder "amigos" impresentables, lo superficial se separa de los profundo, se desnudan los verdaderos intereses y los rejuntes abundan. 
El pueblo no está combatiendo en las calles, resuelve de otro modo esta coyuntura. Con un Estado que lo reconoce se instala más en lo productivo, en la reconstrucción de sus lazos sociales y familiares, combinando lo polìtico- institucional con lo reparatorio -recuperar el acceso a la institucionalidad, el empleo, a la educación, a la Universidad, al disfrute. La sobrevivencia cotidiana se mezcla con la militancia en parte de los más jóvenes. 
Una nueva franja de trabajadores se percibe en las grandes fábricas que visita Cristina, jóvenes que claramente apoyan a la presidenta y no son remisos a la movilización cuando el proceso lo necesita. Pero a la vez no traducen esa nueva realidad en una renovación sindical que permita que no se use su encuadramiento gremial como moneda de cambio de poderes corporativos.
Esto permite que la dirigencia aún trate de dirimir en su espacio, el corporativo, lo que no sabe consensuar con otros sectores y no quiere llevar al espacio institucional que corresponde. Una dirigencia que pierde de vista que el motor del cambio en esta etapa es el gobierno, no al revés.
Es de considerar la fortaleza de un proyecto nacional como el Kirchnerista, que avanza entre tanta resistencia oligárquica a pesar de estas divisiones y sobre todo, a pesar de esta falta de renovación de las herramientas gremiales.  
Pero la derecha, la oligarquía, los grupos económicos, no van a estar eternamente en este limbo político que hoy los atraviesa mientras sus huestes menos republicanas rompen puertas en los parlamentos, apretan legisladores, amenazan con el hambre y el rechinar de dientes.
Aún la gente no juega su futuro en la calle, pero sería bueno que la dirigencia gremial repase sus alternativas de cara al Cordobazo ya que siempre, desde 1810, habrá un momento en que el pueblo se mueva contra las amenzas o las acciones concretas del antipueblo. Y en cada uno de esos momentos en cuando la consigna de la CGT de los argentinos cobra total vigencia "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes"

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