jueves, 3 de julio de 2014

Mundial y giladas- 2- Enemigos íntimos

Ah no! con los brasileños siempre hubo bronca!, Se puede cambiar brasileños" por "uruguayos", "chilenos", "colombianos", siempre el discurso de la "autonomía del fútbol" en la misma onda: el fútbol estaría más allá de la Patria grande, la solidaridad entre los pueblos, la hermandad de origen y de identidad.
CORTEMOS CON LO DE JUSTIFICAR LA CONFRONTACIÓN SALVAJE EN EL FÚTBOL. 
No se justifiquen en ciencias que no manejan ni en referencias históricas sacadas de contexto. 
Lo que brutaliza hace unas décadas la confrontación entre clubes, entre barrios y entre pueblos, lo que posterga la solidaridad y fraternidad en beneficio de la discriminación y el disfrute de la humillación ajena no es la supuesta independencia del fútbol: es el capitalismo, sobre todo en su versión neoliberal, que en el mismo proceso que rompe lazos sociales, de nacionalidad, familiares, fogonea el enfrentamiento entre los fragmentos resultantes. No siempre fue así.
Cuando en nuestra sociedad todavía resonaban los ecos del primer peronismo ocupando espacios de identidad social como nunca antes ni después, estaba mal visto vanagloriarse públicamente del mal paso ajeno en lugar de festejar el logro propio. 
Incluso en los 60/70 tipos para nada hinchas de Racing o de Independiente seguíamos finales de América y del mundo como tales. El Brasil del '70 era la admiración de todos y a nadie se le cruzaba hablar de Peñarol, Nacional o el Santos con términos ofensivos. Al contrario: eran los que hacía morder el polvo a los europeos en las finales de copa de clubes. Jodas entre amigos, entre compañeros de laburo o de estudios, sí, pero paradójicamente como modo de consolidar la amistad compartiendo la diferencia. 
Alguien puede decir, "sí, pero yo tenía un tío, un vecino" o "pero, alguna vez vi una revista deportiva, un suplemento...". Claro, siempre existieron minorías que actuaban como loros de la xenofobia oligárquica, siempre hubo medios dedicados a usar el deporte como vía para romper la unidad de los pueblos, pero las mayorías andaban en otra. Para quien quiera ampliar esto, recomiendo ver el reportaje al Negro Jefe un tiempo después del Maracanazo. Verán que le dedica a semejante gesta no más del 20 por ciento de sus palabras: el resto está dedicado a narrar la lástima que le produjo la tristeza de los brasileños, a denunciar cómo el triunfo de la selección charrúa fue usado por la dirigencia del fútbol y la política en Uruguay .

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