miércoles, 6 de agosto de 2014

Lila Epelbaum: hoy podemos despedirla, Colegio Nacional 8-08-2014

Lila tenía 16 años cuando alguna vez la vi. 
Como sus hermanos, Luis y Claudio, se veía más joven de lo que era. 
La recuerdo, una imagen fugaz, en un encuentro casual con Luis, "el Largui", con quien en aquel tiempo integrábamos la conducción de la regional Capital. 
Eran épocas de medidas de seguridad y de mucho cuidado del otro, por lo que no se hacían preguntas ni se escuchaba lo que no era de interés compartido, Largui era compañero, su hermano Claudio también pero yo no sabía su parentezco. Y Lila era esa nena que acompañaba a Largui en ese encuentro que me apuré a olvidar: lugar, hora, situación. Lila también era una militante, pero no lo supe hasta que pasaron muchos años..
Tras un par de años sin tregua, la cárcel, algún nombre y apellido escuchado en una visita, leído en las manos de un compañero, de reja a reja, Uhalde, Finger, Camilión, Fesia, nombres y apellidos que no querés escuchar ni ver te dicen que aquel fue secuestrado, aquel asesinado y el afuera se te hace inaccesible. 
Un día mi viejo provoca, en la única visita que tuve en Resistencia, un enojo que tuve que ocultar, no era su culpa: me dice "menos mal que estás acá, afuera los están matando a todos"
 Luego llegó lo de Margarita Belén y Él entendió que las paredes de la cárcel no separaban la vida de la muerte. Paco Urondo, su poesía, otra vez tenían razón. 
Aún así sobrevivir, salir y enterarme recién en el ´83 que los hijos de esa mujer hermosa, valiente y determinada que era René Epelbaum, a quien conocí en la campaña por Augusto Conte al parlamento, aquellos hijos que le secuestraran en unos meses en 1976 y por los
que militaba día y noche, eran el Largui, su hermano y esa chica que los años pasados me pintaban aún más joven.
Casi imposible unir esos recuerdos y lo que se decía del destino de los secuestrados por la dictadura. Casi imposible estar al lado de René, saber de su pérdida y acompañar su energía y su dignidad sin quedarse atrás.
Después la aparición de datos, de los restos de algunos compañeros, pero también la ausencia de los que aún buscamos. 
Y René Epelbaum que se nos va sin encontrar los restos de sus hijos en febrero de 1998, meses oscuros de una democracia denigrada, no antes de decir "El futuro depende de que no se olvide el pasado, la pacificación surge naturalmente de la verdad y la justicia."
En este año que parece ya pleno de realizaciones para esa verdad y justicia, hace unos meses aparecieron los restos de Lila. 
Como otras veces el sentimiento encontrado de recuperar algo de quien se busca, confirmar que ya no hará lugar para la ilusión, imposible pero ilusión al fin, de que su destino haya sido otro que la muerte. 
Este viernes se hará en el colegio Nacional una jornada de homenaje a Lila. 
Las palabras de René lo anticiparon: Lila vuelve al Nacional para que su memoria construya futuro.

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