jueves, 8 de noviembre de 2012

8N O EL MUNDO ES COMO ES


Las concentraciones en obelisco y plazas provinciales se van concretando, veo que algún amigo se va calentando y hay quien se pregunta qué hacer.
¿Ahora, en pleno devenir de la no-convocatoria?¿O mañana?

Para el “ahora”me parece que la mejor es juntarse con compañeros, amigos, bebida fresca, aceitunas, pizza, la cabeza bien abierta y el corazón calentito para darle la bienvenida al capitalismo real: el de la confrontación de intereses. Uno, el de los que tienen la vaca atada y aprovechan a los que se mueven por ellos. Otro, el del pueblo resistente que al fin se encaramó al Estado y lo aprovecha -con más acierto que error, muchas veces al límite de lo posible, otras veces empujado por lo inevitable-en favor de las mayorías postergadas de nuestro país y América.

¿Qué más hacer ahora y mañana?

No calentarse. No todos los que están ahí y mañana verán su imagen en algún informativo van a seguir pensando o actuando igual. Vale la pena recordar la 125 y los muchos que fueron cruzando después. Unos porque hicieron cuentas, otros porque se dieron cuenta de quién festejaba, otros porque sintieron que por fin había un gobierno, políticos, militantes, que se la jugaban por sus convicciones.

No devaluarse. El proyecto de democracia con inclusión sigue representando a la mayoría. Y donde vale, esto es, en los sectores que históricamente se han puesto el país al hombro cuando fue posible.

No perder de vista lo importante: hay gente que se calienta honestamente y esto es posible porque este gobierno, su permanente ampliación de la democracia, ha cambiado el umbral de sensibilidad colectivo. Hemos llevado la democracia y los derechos sociales e individuales tan adelante que un apagón, un colectivo que llega tarde, un impuesto de incidencia desigual o un sueldo que se atrasa un día son un problema a resolver. Se mueven por lo que hemos avanzado con el pueblo, no por nuestras pifiadas.

No olvidar nuestra identidad, seguir avanzando con el proyecto en marcha es restituir y multiplicar bienes y derechos para las mayorías, esto es, para las aspiraciones solidarias de la suma de las minorías postergadas.

Ante el hecho callejero, la ausencia de partidos políticos, alguien menta el 2001. Hace 11 años casi todos los sectores sociales estallaban contra 26 años de imperio neoliberal, la democracia condicionada y la debilidad de los partidos tradicionales. Hoy una mayoría de todos esos sectores acompaña con su trabajo, sus proyectos y también su consumo, el efecto de 11 años de democracia con inclusión.  Una minoría, entre la que seguro habrá víctimas indeseadas del proceso transformador, protesta espasmódicamente.

No organizar ni dibujar a una oposición fantasma. Ayer tenían que ocultarse, no aparecer para que alguna protesta antigobienrno prospere. Uno o dos que se hicieron ver recibieron silbidos y rechazos: no hay, hoy por hoy, ni un sólo referente social y/o institucional de esa multitud dispersa que agita carteles con frases redactadas en multimedios.

No crear seudodirigentes desde la nada: no va ninguno no sólo porque no conducen a nadie sino también porque no se bancarían comprometerse a nada con la gente que está allí. “Seguridad”, pero oportunismo con jefes policíales cuando menos dudosos, “menos impuestos”, pero ajuste, dólar “libre”, pero devaluación, “fuera Moreno”, pero menos producción y empleo nacional y precios de los commodities por las nubes, “menos poder del Estado”, pero más poder a corporaciones y monopolios. En esto también el gobierno tiene su diferencial: se banca el día después. Cristina ganó con propuestas que está cumpliendo día a día. La oposición propone lo que no puede cumplir y silencia lo que sabe que muy pocos aceptarían.

Con la tranquilidad que da la honestidad, hay sí que recrear la imaginación, duplicar la acción política, argumentar, argumentar y argumentar.

Hay quien se preocupa porque no hay una oposición política capaz de coagular enojos. No quisiera que estos y otros conciudadanos sean ganados para el ajuste, para volver a la desnacionalización, al achicamiento productivo, al imperio del dólar en la economía, del mercado en las relaciones formales y del sálvese quien pueda en las relaciones humanas. Si sectores de la oposición recuperan banderas de nacionalidad, inclusión, desarrollo colectivo, diversidad, mejor. Lo que los kirchneristas podemos hacer para que esto pase es seguir adelante: nada convence más a un político interesado en el bien común que el ver que ese bien común se va logrando. 

Lo que obtura la circulación de la palabra es siempre tan nocivo para la salud mental como para la democracia. Al discurso agresivo, etiquetador, desmemoriado, de rechazo e insulto, hay que oponer el discurso de la unidad en solidaridad, la diversidad, la memoria y la justicia.

Al fin, recrear una unidad que no sólo sirva para atraer a los confundidos que ayer protestaron, sino también para recuperar aquello que al compañero se lo ayuda aún en la disidencia. Lo grande se construye con grandeza

MARIO BURGOS

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