sábado, 20 de septiembre de 2014

ALMORZANDO EN EL VATICANO

Cristina y el Francisco se encuentran para un almuerzo en el Vaticano.  Invita Francisco.
Cristina en medio de la lucha antibuitres de afuera y de adentro, antes de llevar su discurso a las Naciones Unidas, con buena parte del entorno regional en disputa y con los poderes mundiales visualizándonos como un mal ejemplo periférico.
Francisco en la cúspide y en medio de una iglesia católica necesitada de cambios, deudora acá y allá de corrupción, complacencia con los poderes fácticos y pérdida de expectativas de trascendencia. Pero aun así percibe un mundo en el que el rescate de algunos principios mínimos de la doctrina marcharía a contrapelo de la ofensiva financiero militar emprendida por la coalición EEUU/OTAN.
Dos líderes se encuentran, también dos historias con mucho de divergencia.
Es comprensible y saludable entonces que muchos compañeros duden de un almuerzo entre Cristina/ compañera/ peronista/presidenta con Francisco/Bergoglio/Jorge/Papa, ya que nadie deja de ser quien es sólo con el paso del tiempo.
Saludable también que tengamos en cuenta que los últimos 11 años no sólo son tiempo sino también gobierno popular, necesidades convertidas en derechos, reclamos convertidos en política de Estado, identidades legitimadas y legalizadas, valores recuperados, la reparación social y política llevada hasta el límite de lo posible.
Tiempo y gobierno también pueden enseñarnos para dónde y con quién vamos avanzando en cada momento, ya que lo que sí va cambiando a la gente es su experiencia, de vida, de gestión, de aciertos, errores y derrotas. No hay liderazgo que sobreviva si noes capaz de  reconocer los cambios que experiementan sus referenciados.
Hay compañeros que desconfían porque Francisco antes fue Bergoglio y hubo facturas impagas, laderos dudosos y olvidos no explicados y menos excusados.
A Francisco seguramente le pasa lo mismo y lo opuesto con Cristina.
Sabe que nuestra presidenta no es una chupacirios inquisidora del Opus Dei sino la co-constructora y co-conductora del gobierno más inclusivo de nuestra historia, también que es más posible que haya consolidado sus creencias a partir de Mujica y los curas villeros antes que por las diatribas de monseñor Plaza. Francisco entiende, seguramente, que Cristina que no es una fiel seguidora sino una peronista capaz de utilizar cada fisura institucional en beneficio de nuestro pueblo, ayer con temas de soberanía regional y límites al neoliberalismo, hoy con la lucha antibuitre. 
Pero también supo Francisco y lo confirma todos los días en el Vaticano y en contacto con diversos pueblos, que del menú de opciones que le ofreció su formación y su país de origen,  un discurso que roce lo K era lo único con que Él que podía hacer diferencia dentro la iglesia católica y de cara al mundo actual.
No es la comida, no es el lugar, no es el equipo del cual son hinchas, es lo que cada uno de los dos se ha propuesto para quienes dicen representar y para lo cada uno  pretende hacer con y desde las instituciones a su cargo.
De última, es bueno recordar que con los propios no te alíás: compartís tu pan, tus sueños y tu vida, con los aliados aquello que beneficia a los tuyos

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