lunes, 15 de septiembre de 2014

El fantasma de la derecha y el progresismo


Las recientes declaraciones de Berni, la actuación fuera de agenda del comandante de Gendarmería Juan Alberto López Torales, al montar una escena de arrollamiento frente a la multinacional LEAR, los últimos desalojos en Lugano, sumados a las declaraciones de alguno que otro operador mediático, activaron una justa y necesaria preocupación en distintos sectores del activismo social y la militancia política.
Junto a las denuncias y acciones (algunas con efecto inmediato, como lo fuera el pase a retiro del "canoso" Galeano, carapintada que ejercía tareas de conducción e inteligencia en operativos de gendarmería) resurge en algunos compañeros y en varios no tanto, la idea de una cierta infección de derecha que afectaría al pueblo argentino y que explicaría estos sucesos. Un cierto "gen" que recuerda al antiguo "enano fascista" que algunos asocian con nuestra civilidad, otros con tradiciones del movimiento popular. Los más historicistas se remontan a los caudillos federales.
Se citan como ejemplos  más cercanos la elección, en su momento, de Patti y Rico, que las diatribas de Berni encuentren cierto eco social, que las represiones a villas tampoco estén tan mal vistas por algunos sectores, por caso, los vecinos de tierras ocupadas por familias sin techo.

Sin duda, en el capitalismo así como siempre encontraremos sectores comprometidos con la soberanía, la nacionalidad y la lucha por la ampliación de derechos, también encontraremos sectores involucrados en la ideología de exclusión, el individualismo, el autoritarismo.
no es una cuestión de cantidad (si hay más de unos o de otros) sino de desarrollo de la identidad popular..
Puede decirse todos los países con grandes movimientos populares hay derechas fuertes. Del mismo modo que el pueblo se fortalece en la lucha por su derechos, las grupos de poder aprenden en la confrontación con el pueblo a desarrollar formas de unidad  propia y de explotación y dominación de las mayorías. Si no, el capitalismo se caería solo.
En la Argentina la oligarquía tuvo que recurrir a más de un genocidio para mantenerse en el poder y cada vez, mediante diversas formas de "arrinconar" a los sectores populares, supo fracturarnos, cooptar algunos como mano de obra de su dominación. Pero no pudo hacer que esto fuera tan masivo como para tener una propuesta de masas propia.
Cuando las mayorías no pudieron resistir, aguantaron, hasta que la reacción se fuera dividiendo, debilitando y vuelta al reclamo, la lucha por la inclusión y la mezcla se iba enriqueciendo, gaucho con indio, criollo con indio, provinciano y porteño: Las divisiones que la oligarquía promoviera se fueran derrumbando en el proceso de lucha.
Si se piensa por lo que el pueblo argentino pasó en nuestra historia, lo increíble no es que haya algunos fachos entre nosotros. Lo increíble es que haya demócratas, que haya sobrevivido el peronismo, la causa nacional, que el pueblo haya apostado cada vez a la paz a pesar de sufrir tanta violencia por siglos.
 

Aunque no se trata de genética sino de tradiciones, identidad y conciencia, si hubiera un gen que rastrear en nuestro pueblo sería el de la inclusión, el de la avidez por ampliar derechos y convertirlos en política de Estado.
Que ganaron Patti, Rico, Otaecé, Posse, etc.? ¿Que una vez Galtieri consiguió juntar gente en la Plaza entrando en Malvinas? ¿Que hubo conducciones gremios en el golpe a Illia, en la Masacre de Ezeiza? Después de cada genocidio, de cada derrota histórica, se puede observar que una parte de los más afectados se aferra a la mano fuerte.
¿Cuánto y con qué magnitud duró, dura, el pinochetismo en Chile o el franquismo en España? Acá en el 73, en el 83, tras la década infame o la fusiladora, siempre la salida mayoritaria fue popular, el autoritarismo minoría.
Podemos ir más lejos aún, si en 600 años un pueblo encaró siempre -en un sentido amplio-para el lado de la solidaridad y la identidad basada en la mezcla, uno puede prever que lo seguirá haciendo. Yankis e ingleses al saqueo, argentinos a laburar y resistir . Como en el escorpión, está en nuestra naturaleza, que es la cultura popular.
Lo de Berni es de otro orden, se lo conoce con el kirchnerismo, no con Duhalde, durante años fue ejecutor y casi garante de la doctrina Nestor (no reprimir la protesta social) así que ahora su mensaje genera reacciones encontradas y hasta algún consenso, pero no se avizora que sea el hombre del año ni que sus actitudes vayan a conseguir una réplica masiva.

El "concepto" de gen fascista o enano fascista es uno de los peores subproductos del progresismo y de la pseudoizquierda argentinos: al no obtener consenso masivo para sus propuestas, en lugar de explicar esta dificultad por errores propios, los explican por  defectos del pueblo al que pretenden guiar y conducir.  Eso sí, siempre bajo la forma de una supuesta autocrítica "no tenemos suficiente experiencia democrática", "tendemos al autoritarismo", etc.
¿Entonces? ¿Hay que despreocuparse de un resurgir de la forma más cerril de la derecha, la de la mano dura, la agresión directa,la escalada genocida? (*)
Por supuesto que no: durante 13 años esta gobierno ha afectado a tantos intereses privilegiados como ha ampliado derechos para tantos sectores. Si, como decía Jauretche, los derechos se disfrutan con alegría y la pérdida de privilegios con rabia, hay que esperar que cada vez más sectores del privilegio intenten retener los suyos de cualquier modo y por cualquier vía, sobre todo cuando sus posibilidades de disputa política institucional son tan precarias, habida cuenta de la lamentable oposición que trata de constituirse en su vocera a sueldo.
Pero entre esto y el fortalecimiento de la derecha hay una distancia: deberemos cometer los suficientes errores y entregar a la derecha los suficientes triunfos como para que nos dispute una mayoría suficiente como para intentar nuevamente arrasarnos, sea como en el ´55, sea como en el ´76.
Lo de Berni no ayuda y es de esperar que lo repare, pero tampoco ayudaría suponer que nuestro pueblo no es, como dijera Evita, uno de los más fuertes del mundo en la lucha por sus derechos. Con ese capital insustituible, el resto es acertar en la propuesta política. Casi nada


 (*) Interesante ejemplo del sitio Blogger. Su diccionario, seguramente español y limitado, por cuestoines de peso de las páginas,  marca como palabra desconocida, la palabra "genocida". Reconoce sí "genocidio", pero a no incluir a quienes ejecutan el mismo -los genocidas- lo deja en el nivel de un fenómeno de la naturaleza ("llueve", "truena", "hace frío"). En Argentina no debe existir una sola persona mayor de 8 ó 9 años que no entienda qué refiere la palabra que este diccionario desconoce.

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