jueves, 16 de enero de 2014

Gelman y una tarde con Fogwill

Aquella tarde, Fogwill afirmó, (*) fuera de tema y con ese tono asertivo que nunca supo faltarle: "el Nobel debieran dárselo a Gelman"
Ni Claudio, ni Antonio ni yo hicimos comentarios, fuera porque estábamos de acuerdo (yo nunca lo pensé pero es que a mí el Nobel mucho no me dice), tal vez porque era evidente que Fogwill no esperaba respuesta alguna. 
Su mirada no iba, en muchos aspectos, por los recovecos que siempre siguó la de Gelman, tampoco compartían generación ni expectativas. Supongo que simplemente un poeta le reconocía su lugar y su valía  a otro, sin más.
En estos días de la partida de Juan comienzan a pulular los analistas. Hay quien seperan su poesìa de su militancia (peronismo y poesìa ¡qué lejos le queda al pensamiento liberalprogre esta conjunción) hay quienes, más meticulosos aislan incluso su "poesía testimonial" de su "poesía" a secas.
Más abajo transcribo algo de Juan, "María la sirvienta", una poesía que supo llevarnos, junto a tantas cosas, a los jóvenes de los ´70 a militar los barrios sin más objetivo que hacer que María sonría con pajaritos y no envuelva en los diarios más que sus sueños o los huevos del mercado. Por ejemplo "desdeluegoquerida" ¿en qué casillero de la crítica entraría?
Pienso en Fogwill, tan lúcido en su acidez, tan conciente de las reglas del mundo al que arrojaron a nuestras generaciones, tan alejado de toda expectativa de que cambien. Pienso en Juan, tan lúcido en su convicción de que habrá 
-alguna vez y por cierto vaya a saberse cuándo- VICTORIA, tan alejado de toda expectativa de resignación y de abandono. Pienso en los dos, encoclopédicos en el mejor sentido, el uno tan compadre como el otro ruidoso, los dos tan persistentes, tan argentinos como para que baste citar su apellido y saber de quiénes se trata.
Pienso (y me esfuerzo ya que no es lo mío) si flasheáramos para jugar un rato con un lugar en el que puedan encontrarse, ahora que ya los dos no están entre nosotros. 
¿Cómo sería ese encuentro? ¿qué dirían?
Tal vez Fogwill sabría primerearlo con un: "¿cómo te sentís de este lado Juan? Me sacaste un duelo nacional de ventaja, pero también cuánta gilada se puso en movimiento con tu partida. ". Imagino a Juan convidando un cigarrillo y prendiendo el suyo para luego contestar
"extraño reconocer la sonrisa de mi hijo en la de Macarena, extraño las discusiones eternas, la rebeldía del peronismo, unas piernas. Pero los traigo conmigo"

MARIA LA SIRVIENTA

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, 
era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos, 
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios 
de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre 
los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución, 
rememoraban sus hazañas con chirusas diversas 
y decían severos: desdeluegoquerida.

En la comisaría fueron decentes con ella, 
sólo la manosearon de sargento para arriba, 
pero María se ocupaba de llorar, 
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia 
de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del
amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia 
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban
con ardor
por el niño que decía la verdad, 
por el niño que era puro, 
por el que era tierno, 
por el bueno, 
en fin, 
por todos los niños muertos que cargaban en las
valijas del alma
y empezaron a heder súbitamente 
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

(*) Eterno reconocimiento a Claudio por aquella tarde con Fogwill y a pesar del oxígeno y su respiración ruidosa. Hasta allí todo mi contactohabía consistido en tenerlo de titular de la cátedra de "Propaganda y mercado" en la facultad, allá por el ´85.

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