martes, 21 de junio de 2011

Cenizas del progresismo(*)

Dos frentes de centroderecha casi al cierre de las inscripciones. Al fin, tres. El panorama electoral muestra, entre otros rasgos de las crisis partidarias, un progresismo casi reducido a cenizas.

No las cenizas del Puyehue. Les falta sustancia para formar capas de medio metro, conformarse en nubes del tamaño de continentes, capaces de dar la vuelta al mundo. No pueden combinarse con el agua de lluvia en un casi cemento que desploma techos, obstruye caminos, impide a los animales acceder a su alimento. Son sólo cenizas: inertes, inútiles, pomposas al momento en que se levanta viento. Se hinchan y parecen mucho más de lo que realmente son. Cenizas, polvo e imagen engañosa.

Tras la pequeña fachada de Ricardo Alfonsín, todo es derecha. ¿De Narváez? Sí, con Sanz, Aguad, Morales, siguen las firmas. Ocaña acaba de sumarse de la mano de De Narváez.
LA UPD no necesita de la letra “C” para competir con aquel emprendimiento de Alsogaray que tanto aportó al desguace del país. Mientras nuestro gobierno y la mayor parte de los gobiernos de América Latina empujan hacia el nacionalismo, la reparación popular, la unidad sudamericana, la UCR emprende un camino inverso en el que los supuestos progresistas pasan de coexistir con la derecha interna a ofrecerse a cualquier derecha[i] que le sume algún voto y –sobre todo- algún aporte empresarial.

Binner, en tanto trata de cumplir la fácil tarea de correr por izquierda a la UPD mientras incluye a una vice que ya lo dejó atrás en todas las definiciones.
Morandini tiene el raro récord de haberse manifestado contra cada ley popular que discutió el Senado. Sólo la ley de medios no tuvo su voto negativo, porque estuvo ausente.
Tras un nombre y una sigla que rememoran otras gestas y leyendas a ambas márgenes del Río de la Plata, el FAP (Frente Amplio Progresista) tiene la rara virtud de haber capturado a sectores de larga militancia popular, diversos aunque unidos por un denominador común: quieren encontrar una vía para superar al peronismo y quedarse con la conducción del hasta ahora esquivo pueblo argentino. De Gennaro, Lozano y buena parte del sector alternativo de la CTA se codean con Patria Libre en esto de no caerse de un Frente que no promete darles más que los rechazos de Morandini.

Desplazado del FAP en la recta final de la interna, Pino Solanas, candidato por descarte a Jefe de gobierno en Ciudad de Buenos Aires, lanza su propio Frente, aún innominado. ¿Por qué llamarlo frente de centro derecha cuando sus integrantes son Sur, el socialismo de Mazzitelli, el MST?
En primer lugar porque Pino y su aliados no se van del FAP por sus posiciones ni por la referente Morandini, sino porque se quedaron con ganas de tener más cargos.
En segundo lugar porque una política no se caracteriza por su declamación sino su acción y consecuencias: el innominado frente de Pino va a disputar la Ciudad de Bs. As. a sabiendas de que no puede ganar y que su única función sería jugar para la derecha en la contradicción principal: restarle votos al Frente para la Victoria para que no gane la jefatura.
Pero digamos algo más de Pino: iban a arreglar el problema del hambre, el ferroviario, el financiero, el agrario, el “de seguridad” en meses: ¿iban a pararle la mano a los especuladores, el empresariado subsidiario, las mafias policiales, la banca y la oligarquía cuando no pueden pararle la mano a una empleada de Magnetto?

Rápida semblanza de una lacra política argentina:
Néstor mandó a descolgar el cuadro; feneció el ALCA en un dibujo acordado con Fidel, en tándem con Chávez, Lula y Diego; salió del cepo del FMI, derogó obediencia debida y punto final
A partir de allí, un cierto desasosiego se extendió en el progresismo vernáculo, todos sus modos y discursos quedaron viejos.
El progresismo, esa franja política etérea, esa supuesta entidad bienpensante, prolija, con algo de la dignidad del pavo real y la inconstancia de quien igual quiere pertenecer: no ser expulsado del paraíso intelectual armonioso, delicado, tan tranquilizador como falso, que los dueños del poder en cada época habilitaron a quienes querían modernizar sus quehaceres públicos y republicanos sin tocar las bases de su poder. Ese lugar al que, de cuando en cuando, hasta le permitieron entrar a alguno que, desde lo individual, se permitió cuestionar al poder pero que también cuestionó con el mismo vigor a quienes se le oponían. Críticos de almas equidistantes, capaces de absolver al poderoso con el recurso de mostrar que sus lacras también están en el oprimido

Hace unos días. El Roto, humorista español, publicaba una viñeta: “los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron”
Poco después Barone lo retomaba en 6-7-8: “Kirchner baja los cuadros y todos los partidos envejecen”, acierta.
Algunos partidos y políticos ya se sabían viejos, los progresistas no.
Creyeron que el 2001 había marcado su hora, vieron al kirchnerismo como un accidente pasajero, una anomalía. Moraron a su sombra, a la espera de su ocaso, mientras crecían en la crítica: malos modales, demasiado peronismo. Encima el PJ, la CGT. Y esos amigos: Chávez, Fidel.
Pero vino la rebelión sojera contra la 125 y el amo apuró los tiempos. Le bastó con adular al vacilante y mostrarle toda la fuerza al remiso: unos vieron rebelión en el lockout, otros vieron la voz de la tierra en la oligarquía, otros volvieron a viejas alianzas, las del 45, por “la institucionalidad en peligro”, la mayoría se sitió aliviada al apartarse de la crispación del gobierno y la vulgaridad de sus fieles.
Si las derechas partidarias comprendieron mucho antes de 2001 su papel subordinado a las corporaciones, el progresismo creyó que bastaba con adosarse a la Mesa de Enlace, al multimedios o a las oligarquías provinciales como tributo necesario para por fin acceder al gobierno. Ya vendría después el momento en que las cosas se ordenarían y dejarían de tener ese look Cardón, la retórica seminarista de Lilita, la brutalidad desembozada de Biolcatti, el lumpenaje de nuevos ricos de DeÁngelis u Olmedo.

Como Zapatero en España, el PS en Grecia, de tanto anticiparse al reclamo del capital concentrado terminan sobreactuando, despejan el camino a la derecha y encima pagan los costos.

El penúltimo tramo de la carrera electoral los encuentra desnudos de progresismo, ya entregados a las corporaciones y a los aún pocos empresarios que quieren volver a los días de la especulación, el desguace y la entrega. Los días de sueldos magros y trabajadores disciplinados. Ernestina tal vez quiere cosas más concretas: lavar lo de los pibes y no devolver Papel Prensa.
Es difícil vestir estas ambiciones con ropaje progre, por eso sus discursos suenan tan bizarros y sólo se aclaran cuando claudican por derecha. Pino con lo de la seguridad, Ricardito con la Ley de medios, todos tomando distancia de las Madres.
No es para festejarlo. El proceso popular necesita de crítica profunda, debate creativo, de muchas voluntades unidas para construir futuro en un mundo que se ensombrece. Hay mucho para cambiar y el tiempo apremia. En cambio, la estrategia de esta oposición es bajar el nivel de cualquier debate. Así tratan de salvar el abismo cronológico, histórico y de realizaciones que los separa del kirchnerismo.
Habrá que encontrar entonces el modo de debatir dentro del Kirchnerismo y convocar cada día más voluntades en el seno del pueblo para esas grandes realizaciones que pide nuestro futuro como Nación: Ferrocarriles, petróleo y empresas privatizadas, sistema financiero, propiedad de la tierra, un nuevo plan educativo, salud para todos. También cuestiones de soberanía y derechos que no puedan ser afectados por ningún gobierno por venir.
Los 4 años por venir dirán si somos capaces.

(*) Hoy Cristina anuncia que irá por un segundo mandato y todo lo que hace la oposición se desfleca y empalidece. Igual creo necesario publicar esto que escribí un rato antes.


[i] Aporte de Mario Toer en 6-7-8

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