domingo, 4 de julio de 2010

Argentina en el Mundial: Diego vuelve a casa


Miles de pibas y pibes, de familias con banderas, con carteles hechos de apuro en cualquier papel y con marcador grueso.
Diez km de caravanas, en la Ricchieri y en la 205, el himno en el "o-o-o-o-o" que resuena una y otra vez con una alegría que merecería de los Abrahm, Sebreli y Sarlo la calificación de "patrioterismo autista" o, por qué no, de "autismo patriotero".
¡¿Festejábamos un 0-4 en contra?! ¡Osábams mezclar lo síimbolos patrios con el fútbol!
Y esperábamos a Diego y la selección ansiosos como quien espera a vencedores
Nuestro pueblo es insondable para quien no se siente pueblo.
Estábamos ahí para bancar a los jugadores en su dolor como los disfrutamos en sus triunfos.
Estábamos ahí para decirle a Diego que queremos que siga. Mínimo hasta ganar el Mundial en Brasil, en el 2014.
Estábamos ahí, frente al predio de la AFA (ojo, no olvidarse que es nuestro, está en terreno del Estado nacional y que debe seguir siendo nuestro) porque el pueblo los sabe sus hijos y no quiere perder sus 24 enviados tanto fárrago mediático y marketinero.
Estábamos ahí porque, aunque a veces parece que ya no, cuando el pueblo argentino logra que se abra la canilla se vuelve insaciable de participación.
Y nada más.
Un abrazo a Diego y a los 23.
Y como no me olvido que esto es jugar a la pelota, ¡vamos Diego que hay que formar más "10", más "5", más "laterales"!
Para jugar la nuestra cada vez mejor. Se ganará o se perderá, pero el placer, como en la vida, en la política, está antes en confirmar quiénes somos que en negar nuestra identidad para robar un resultado.

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